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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION – Cooperativistas: vamos bien, pero podemos estar mucho mejor
19/ago/2015

Aun, cuando existen sobrados motivos para destacar la performance alcanzada por el cooperativismo nacional, lejos se está de aprovechar todas las posibilidades que el sistema proporciona y del potencial que existe en el país para hacerlo prevalecer.

Por: Aldo Norberto Bonaveri

@AldoBonaveri

@PregonAgro

El cooperativismo en Argentina cuenta con una vasta trayectoria, diseminándose a lo largo y ancho del territorio nacional, evidenciando una amplia diversificación en cuanto a actividades en que participa activamente.

El involucramiento del movimiento en los diferentes rubros, se expandió en consonancia con los requerimientos socio-económicos de las distintas zonas y comunidades del país, ya sea para oponerse a los monopolios, contrarrestar las ausencias de los Estados, defender la producción y el trabajo, para dotar de tecnologías innovadoras o prestar servicios eficientes en mercados menos atractivos para grandes empresas privadas.

Actualmente el movimiento cooperativo argentino está compuesto por cooperativas agropecuarias, de servicios públicos, seguros, consumo, crédito, viviendas, trabajo, etc. Las entidades de base o cooperativas de primer grado, están nucleadas sectorialmente en Federaciones provinciales, regionales o nacionales y, estas a su vez agrupadas en Confederaciones Nacionales (entidades de tercer grado).

Las cooperativas argentinas cuentan con más de 10.000.000 de socios, generan directamente 500.000 puestos de trabajo; proveen energía eléctrica a más de 7.000.000 de personas, prestando dicho servicio en 72% de su extensión territorial; las agrarias suman 122.000 productores asociados, registran 40.000 trabajadores en relación de dependencia, comercializando más del 25% de la producción agrícola nacional, participando en el 5,7% de las exportaciones primarias y agroindustriales; abasteciendo el 15% del mercado farmacéutico, abarcando alrededor del 12% del rubro seguros, en tanto 2.500.000 compatriotas cuentan con cobertura de sistema de salud cooperativa.

Bien puede aseverarse que el cooperativismo argentino ejerce un rol protagónico, con presencia estratégica, repercutiendo decididamente en el desarrollo de las comunidades donde opera. Si bien los beneficios del sistema de economía solidaria se advierten en cualquier escenario donde se practique correctamente, son en las pequeñas y medianas localidades donde se verifican los mayores beneficios, en virtud de cumplir el cometido de contrapesar excesos de competidores hegemónicos o, prestando servicios donde no llegarían o resultarían onerosos.

Nutrido por la doctrina sustentada en sus principios y valores, el movimiento cooperativo ha demostrado en el mundo y por ende tierra adentro, que es una realidad en crecimiento. Un sistema afianzado en iniciativas concretas, presentes en los diferentes ámbitos donde se practica.

El historial da cuenta de múltiples entidades y diferentes actividades que, a lo largo de todo el territorio nacional, al margen de constituir una alternativa válida en lo económico, contribuye notoriamente en el ascenso de la calidad de vida de sus socios y, desarrollo de las comunidades mediante la transformación social que viene proporcionando, dentro de los imperativos enmarcados por la equidad, solidaridad y demás preceptos cooperativos.

Aun, cuando existen sobrados motivos para destacar la performance alcanzada por el cooperativismo nacional, lejos se está de aprovechar todas las posibilidades que el sistema proporciona y del potencial que existe en el país para hacerlo prevalecer.

Las cooperativas como cualquier otra organización son perfectibles y, necesariamente depende de cómo son administradas y quienes la componen. La experiencia indica que determinadas entidades son altamente asociativas pero débiles en su gestión empresarial, otras en cambio son sólidas en ese aspecto, pero sus asociados no despliegan su potencial asociativo.

Esta característica no es menor, puesto que las cooperativas son por antonomasia entidades asociativas. Habida cuenta que no tienen un propietario en particular sino que sus dueños son sus asociados.

La condición de asociativa es sin duda una fortaleza, no obstante en la práctica es frecuente observar que presenta algunas dificultades, la falta de conciencia para actuar en forma colectiva, en pos de un objetivo común, actúa como limitante para apuntalar opiniones o propósitos “ajenos”, con la misma convicción de una iniciativa particular.

En nuestro carácter de Asociados, somos usuarios de la cooperativa, acedemos a servicios que nos son vitales, colocamos nuestra producción o suscribimos a un crédito, empero hasta ahí somos meros clientes; el interés y reciprocidad por la cooperativa es lo que empodera al individuo y lo convierte en un efectivo integrante.

Sin lugar a duda, la participación de los socios es de vital importancia para las cooperativas, y las que logren reunir un buen caudal de miembros comprometidos con “su” entidad de base, se posicionan inmejorablemente para capitalizar las inmensas posibilidades que el sistema le proporciona.

Para la salud de una cooperativa no existe mejor medicina que los asociados concurran a las asambleas, se interesen por sus estatutos, se interioricen en los proyectos, estén prestos a formar parte de los órganos de control e integrar el Consejo de Administración.

En síntesis, COOPERATIVISTAS: VAMOS BIEN, PERO PODEMOS ESTAR MUCHO MEJOR

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