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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEL DIAGNÓSTICO EMERGE CLARO, LA SOLUCIÓN IMPERCEPTIBLE
05/oct/2008

Esta realidad aparece cuando el gobierno muestra una dependencia creciente en la recaudación proveniente de los derechos de exportación. Estos irremediablemente están condenados a decrecer considerablemente; menores embarques de lácteos y carne, la abrupta caída en la producción de trigo es irreversible, en maíz, el descenso de la producción se puede vaticinar como muy parecido; solo la soja aparece como manteniendo la extensión o incluso aumentarla.


Por: Aldo Norberto Bonaveri

Como es de público conocimiento el mundo está consternado, la enorme crisis financiera desatada en Wall Street ha calado muy hondo en las bolsas del planeta y, sus consecuencias se están expresando con diferente magnitud en la economía de todos los países.

Argentina, aún cuando no es de las naciones más afectadas, tampoco es una isla. Si bien es prematuro vaticinar cuales serán las secuelas, es evidente que las convulsiones se están haciendo sentir, fundamentalmente por el derrumbe de los precios agropecuarios. Pese a que no es mi propósito, ni tampoco me considero en aptitud de analizar las vicisitudes financieras, si cabe mencionar que existen datos inherentes a necesidades, prioridades y posicionamientos internacionales de los commodities aquí producidos, que permiten deducir que una vez pasado los remezones y, ocurrido el reacomodamiento de los mercados, estos productos aún cuando difícilmente reiteren los valores alcanzados 90 días atrás, improbablemente caigan a niveles que por sí destruyan toda rentabilidad.

Por cierto que tal viabilidad será imposible de alcanzar con las actuales reglas de juego imperantes en nuestro país. El distorsivo intervensionismo estatal aplicado, la carencia de políticas productivas y, la desmedida presión fiscal sobre el campo constituyen en este momento, un cóctel destructivo sobre la mayoría de las actividades agrarias y, seguramente resultaran letales si se insiste en hacerlas perdurar a futuro.

El gobierno de los Kirchner, para bien del país, ha tenido una suerte inusitada en el comportamiento de las variables económicas internacionales; indudablemente la formidable revalorización de los productos agropecuarios constituyó el factor preponderante de la recuperación del país. A los efectos de ubicar a los lectores en perspectiva, infiero apropiado recordar que la soja en el 2000 se cotizaba a u$s 160 la TT en contraposición a los u$s 600 alcanzado en julio, o la leche en polvo que en el 2003 la tonelada se colocaba a u$s 2.000 versus los u$s 5.200 obtenidos meses atrás.

Semejante evolución superó ampliamente cualquier pronóstico del santacruceño cuando se instaló en Balcarce 50; políticamente capitalizó al máximo las mieles de tan notable cambio de escenario, mas el primero y Cristina despues, no elaboraron planes y estrategias que contemplaran una desoptimización de las corrientes favorables.

El gasto público no paró de crecer, no se efectivizaron inversiones en la matriz energética, la “renta extraordinaria” del campo pasó a ser una tabla de salvación para el erario y, en consecuencia, cualquier desajuste de caja podría corregirse con un aumento en los derechos de exportación. El grado de improvisación fue tal, que se soslayó las normales fluctuaciones que históricamente oscilaron en la producción agropecuaria.

El fetén sobrevenido de las cuantía en las cotizaciones de los commodities, fue acompañado por la gran tecnificación agrícola y las voluminosas inversiones en la agroindustria; la obtención de cosechas récord y la industrialización de buena parte de ella, posicionaron muy bien a nuestra producción, sin dejar de mencionar que si la expansión no fue significativamente mayor, ello se debe a la señalada falta de políticas agrarias, lo que queda totalmente reflejado en el desaprovechamiento verificado en la ganadería, la lechería y diversos rubros de las economías regionales.

Como corolario de tantas imprevisiones e improvisaciones, las dificultades se presentan potenciadas con respecto a la naturaleza del sacudón. Los entretelones y el funcionamiento de las variables económicas vivenciadas en el país desde el 2003 hasta nuestros días, dieron cabida a un sistema de retenciones, lo que no quiere decir que estas fueran de la magnitud que se establecieron y, lo que es peor, que la recaudación se haya utilizado para atender gastos corrientes y financiar un poder concentrado, con excesiva abundancia de dudosos subsidios y enmarañadas resoluciones.

La sumatoria de desaciertos ha desencadenado complicaciones serias en la economía argentina. El retroceso de los precios agropecuarios internacionales, sumados al fuerte encarecimiento de insumos básicos para la producción, no tolera el nivel de retenciones vigentes. La liquidación de vientres y la faena de vacas preñadas son la muestra elocuente que la ganadería va camino de reducirse a una mínima expresión.

Los problemas que prevalecen en la lechería son de una gravedad incontrastable, ello se traduce en el constante cierre de tambos, la matanza de terneros machos porque no conviene criarlos que supera los 500.000 cabezas anuales y, persianas que se bajan en Pymes de la industria láctea, conforman la postal que grafica la triste actualidad.

En los momentos que el “oro blanco” atravesaba en el mundo su etapa más promisoria, fronteras adentro, una alícuota inverosímil de derechos de exportación, que a la postre significó un precio máximo, (llegó a representar el 55% del valor de venta), determinó que los tamberos tuvieran que movilizarse y ejercer distintas acciones de protestas, mendigando una rentabilidad que le permitiera seguir en el negocio; mientras esto sucedía, los argumentos oficiales de regular el mercado para que los lácteos llegara a la mesa de los argentinos a precios accesible, se estrellaba contra la realidad comprobada en las góndolas de los supermercados, proceso que aún persiste hoy con ejemplos verificables por cualquier consumidor.

Tan verosímil como ello es la desproporción generada en la ganadería; dos años y medios atrás, el precio del kilo vivo en Liniers era igual (o superior) al que perciben hoy los ganaderos, no obstante el valor de la carne en el mostrador se ha duplicado.

Por si esto fuera poco, la ineficiente demagogia edificada en aras de la defensa del consumo interno y, los obstáculos instrumentados para la posponer exportaciones determinaron el incumplimiento de operaciones concertadas; la avidez de los mercados internacionales, producto de la creciente demanda, hizo que se disimularan las informalidades y violaciones comerciales incurridas por nuestro país; la necesidad creciente relativizó entonces el malestar; más hoy, con la incertidumbre que el mundo esta viviendo y, la reacción propia de la recesión que ello genera, influye negativamente para que quien aplacen las operaciones de nuestros productos sean ahora los compradores.

Esta realidad aparece cuando el gobierno muestra una dependencia creciente en la recaudación proveniente de los derechos de exportación. Estos irremediablemente están condenados a decrecer considerablemente; menores embarques de lácteos y carne, la abrupta caída en la producción de trigo es irreversible (tanto por la merma de la superficie sembrada, como por los efectos de la sequía, y consecuencia de la menor tecnología utilizada), en maíz, el descenso de la producción se puede vaticinar como un gran parecido a lo sucedido con el trigo; solo la soja aparece como manteniendo la extensión o incluso aumentarla.

Leyendo el presupuesto de cálculos y recursos ingresado al Congreso de la Nación, se advierte que el gobierno no contempló en el la reducción del área de siembra, y por lógica el descenso de los precios internacionales. Atento a ello el defasaje se perfila como muy importante. Por otra parte, habida cuenta de que la caída de rentabilidad en el sector agropecuario, como en varios a el relacionados, la recaudación por impuesto a las ganancias va a registrar un detrimento significativo.

¿Cómo va a resolver el problema el gobierno?. Aquí surge la gran encrucijada a la que no se le ve la solución. Para el repertorio K, en circunstancias complicadas apelaba al incremento de las retenciones, ahora más allá del propósito de aplicarlas, a todas luces esa salida se advierte como impracticables. El diagnóstico emerge claro, la solución imperceptible

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