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Editoriales y Columnas
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoPARECE QUE EL CAMPO YA NO ES UN LUGAR SANO DONDE VIVIR
02/ene/2013

Hay actividades que demandan muchos años desarrollar y que en tan solo un par de años se las deja languidecer, demostrando la insensibilidad de las personas que están a cargo y que no saben del esfuerzo del trabajo rural.

Por: Ing. Agr. Daniel Carlos Besso

Cuando se estaba discutiendo la ley de tierras en el congreso, muchos profesionales del medio agropecuario dimos nuestras respectivas opiniones sobre el tema.

Sobre el particular escribí una nota que circuló por Internet y en alguna que otra publicación gráfica. Se llamó: “Pasen y vean la gran liquidación,….extranjerización de la tierra”.

Existe una dispersión muy grande de opiniones al respecto. Todas tienen que ver con el uso que se le ha de dar a las tierras, en especial a aquellas pasibles de ser trabajadas en agricultura, ganadería o mixtas. Los otros usos más intensivos, aparentemente no entran en la gran discusión del tema por ser áreas relativamente menores. Por lo general en aquellas tierras destinadas a actividades más intensivas, el capital y el trabajo invertido es mucho mayor.

Lo que se ha modificado en las últimas dos décadas, en nuestro país, no es ya “la tenencia”, sino el usufructo.

Las nuevas tecnologías, que han probado acabadamente su gran capacidad de producción, han centrado su eficiencia en la aplicación de PAQUETES COMPLETOS DE SISTEMAS Y MEDIOS (no es conveniente aplicarlos “a medias”), como así también en la división de roles.

Explicación muy sucinta para los profanos

Un propietario alquila o cede el uso de su propiedad por un ciclo productivo y su renta es remunerada por un equivalente en un número predeterminado de quintales de la producción. Esto puede ser menor y asegurado, o mayor y “a porcentaje” (comparte el riesgo). El que organiza la siembra se hace cargo de la compra de las semillas, por lo general transgénicas y con marca registrada de una compañía de genética. También se hace cargo de la compra de los insumos, como ser: fertilizantes, inoculantes, herbicidas, insecticidas; y de las aplicaciones de estos. Además se encarga de contratar las labores de siembra, aplicaciones y cosecha.

Luego un contratista de maquinarias, lleva a cabo los trabajos. También hay contratistas que habiendo alcanzado cierto volumen, ellos mismos arriendan y siembran por su cuenta. Estos contratistas, muchas veces poseen también superficies propias, que trabajan a la par que trabajan campos alquilados y a veces siembran el préstamo de las rutas (desde las banquinas hasta el alambrado).

Los profesionales agronómicamente más conservadores, podemos tener cada uno criticas diversas a este sistema de producción y muy bien fundadas; lo que no podemos negar en absoluto son sus resultados, que hasta el momento y medidos en qq/ha son verdaderamente exitosos.

Pero en los últimos tiempos, aquello que veníamos previendo los “más entrados en almanaques”, empezó a cumplirse. Es decir, los “santos remedios” empezaron a fallar. La naturaleza, como era de suponer, empezó a responder con sus contramedidas de variaciones genéticas resistentes, aparición de nuevas especies ocupando nichos vacantes, etc.

Convengamos, para ilustración de los profanos, QUE NO EXISTE ACTIVIDAD PRODUCTIVA HUMANA QUE NO TENGA ALGÚN IMPACTO EN EL MEDIO AMBIENTE. Cuando los ecologistas, verdes (claros u oscuros), realizan críticas, muchas veces lo hacen cargados de buenas intenciones pero con argumentos débiles que demuestran que el campo lo conocen en el mejor de los casos “desde la banquina”. Esto, lamentablemente, termina haciendo daño a su propia causa.

No quiere esto decir que no se pueden hacer las cosas mucho mejor en relación al cuidado del medio ambiente y aún de la misma producción de la que se trate.

Muchas son las razones que han llevado a la situación actual. En primer lugar las inexistentes, cuando no desastrosas políticas oficiales, que “DE LA BOCA PARA AFUERA” tienen el relato de querer proteger a los pequeños y medianos productores y por el otro le cierran el camino a las producciones mixtas, añaden trámites farragosos para la comercialización, generan costos innecesarios que son mucho más gravosos para los pequeños que para los grandes productores, etc.

No por nada han cerrado tantos tambos pequeños en todas las cuencas lecheras a la vez que los grandes se han agrandado más.

Es indudable que las economías de escala, en un contexto como el nuestro favorecen la concentración. Esto ocurre en el terreno de cualquier tipo de producción.

Si bien el gobierno del matrimonio Kirchner, tomado en su conjunto, terminó dándole un golpe cuasi mortal a la ganadería, ésta ya “SE VENÍA EN FALSA ESCUADRA” desde mucho antes. Las razones pueden ser muchas, pero la principal fue de que: se gana más plata haciendo agricultura y se trabaja muchísimo menos. Esto último no deja de ser una razón de peso.

Pero para eso están los ministerios de Agricultura y Ganadería, para corregir las tendencias circunstanciales, descomprimiendo impositivamente, con ayudas crediticias y quitándole cargas, tasas, gabelas diezmos y demases que también pesan sobre cualquier actividad desfavorecida circunstancialmente. A eso se lo llama “fomento a la producción”.

Hay actividades que demandan muchos años desarrollar y que en tan solo un par de años se las deja languidecer, demostrando la insensibilidad de las personas que están a cargo y que no saben del esfuerzo del trabajo rural. Concurren a esta cuestión dos importantes elementos, NO SABEN UN BLEDO.….Y LES IMPORTA UN BLEDO. Ejemplos:

Un yerbatal demanda 10 años para que pueda entrar en plena producción. Lo mismo ocurre con los montes frutales, olivares, viñedos,…etc. La producción forestal demanda aún una mayor seguridad en cuanto a las políticas. Hay industrias forestales que tienen que ver con la elaboración de pulpa de cartón (para hacer maples de huevos o de manzanas y otros envases), para la industria del encajonado de frutas, para la producción de carpintería de obra y una enorme cantidad de aplicaciones. Cuando se detiene la industria de la construcción, se detiene la carpintería de obra y baja la demanda de madera para ese efecto. Imagínese el lector, como se podría pensar en la forestación con robles para hacer toneles o alcornoques para la industria de los corchos, indispensables par los vinos de guarda. Cabe señalar un roble requiere 35 años cuando menos para alcanzar un tamaño “maderable”. Recordemos que nuestros vinos habían conquistado importantes mercados y proporcionado muy buenos ingresos al país.

Un tambo, desde que se toma la decisión de comenzar hasta “que agarra trote” pasan no menos de 8 o 10 años.

Cuando allá por el 2000, hablando con gente “feedlotera” yo les advertía que seguirían la misma parábola balística de la producción de pollos de las décadas del 60 y parte del 70, en la que “el cabañero que producía los pollitos” no los criaba, “el que los criaba, muchas veces no los mataba” y “el que los mataba y distribuía, no lo criaba”

En el caso de los feedlots, dependían de un abasto constante de terneros de destete que ellos no producían ni les convenía hacer. Esto, finalmente, signó su suerte, era inevitable. Por otra parte la cría bovina demanda un elemento nuevo para ese sector: PACIENCIA PARA ESPERAR LOS TIEMPOR BIOLÓGICOS. En cambio, con los pollitos, desde que se propone producirlos hasta que nacen los primeros, no pasan más de 210 días como mucho, empezando de cero.

Se expulsó la ganadería en forma excluyente de la zona agrícola y se la mandó “en penitencia” al NEA y al NOA, o al las islas del Paraná. Es encomiable el esfuerzo que se ha hecho para tratar de hacer genética “masticable” en esas otras condiciones. Se han logrado avances. Pero todo esto no alcanzó para impedir que este año llegáramos al mínimo histórico de exportaciones de carne vacuna.

Ahora, retomemos el hilo inicial. Son las empresas pequeñas y medianas, familiares, las que generan la mayor cantidad de puestos de trabajo y esto es así tanto en la industria manufacturera como agropecuaria, se logró transformar nuestras zonas rurales en desiertos verdes y recordemos que no solo son desiertos los lugares secos y sin vegetación, desiertos son los lugares en donde no hay gente.

Para lograr una forma de explotación más amigable con el medio ambiente, mantener una mayor biodiversidad, aumentar la retención de carbono, disminuir el rastro de carbono en la producción de alimentos (en forma más local). Es necesario un manejo más conservador agrológicamente hablando, con rotaciones en la que entre, aunque sea en pequeña escala, la ganadería en cualquiera de sus formas.

Además que es mediante las rotaciones que se logra disminuir la incidencia de las plagas de cada cultivo, alternándolo con otros y cortando los ciclos biológicos de esos agentes perjudiciales.

Para que en una misma explotación conviva la ganadería con la agricultura, es indispensable que en ella habite gente que se haga cargo del cuidado de los animales.

Para este esquema deberemos tener en cuenta que no podemos pulverizar agroquímicos, sobre la casa o cercano a ella, donde vive una familia que quizás tengan una quinta y animales para consumo doméstico.

Hasta ahora los “santos remedios” dieron la falsa sensación que se podía burlar a la naturaleza POR SIEMPRE. Esto permitió el enorme cambio socio cultural que ocurrió en el medio rural argentino.

Imaginemos pues la posibilidad de recrear las explotaciones mixtas y los tambos pequeños, con salida industrial de su leche, demandará quizás más tiempo del que llevó su destrucción. Por lo general siempre es así, pero en algún momento habrá que empezar. Este camino de amontonar gente como “piojo en costura”, ya está haciendo crisis. Las ciudades y en especial sus cordones externos, están siendo tapadas de basura, con gente sin la cultura básica mínima del reciclado y lo que es infinitamente peor, SIN LA CONCIENCIA DE QUE ESTÁ PRODUCIENDO COTIDIANAMENTE LOS ELEMENTOS TÓXICOS QUE HAN DE TRANSFORMAR SU VIDA EN UN INFIERNO. (SI YA NO LO ES).

También caben una multitud de opciones que nunca, ni siquiera se nos ocurrió pensar y vemos como nuestros vecinos SÍ implementan. Muchas de ellas presupondrían la necesidad de un repoblamiento rural, tal vez no de la forma anterior, pero inevitablemente la reubicación de familias en el medio. Esto demandará a las provincias a reabrir escuelas, destacamentos policiales, salas de primeros auxilios, prestar atención en la infraestructura vial, más una gran cantidad de cosas y las obligará a desviar y sustraer fondos a otras formas de captación de adeptos que no son necesariamente HACER LAS COSAS BIEN.

Como vemos son dos visiones encontradas sobre el uso de la tierra, una la concibe como un bien de cambio, un elemento necesario para amasar fortuna y la otra la concibe como un lugar para vivir.

Para avalar la primera postura, se recurre al argumento “POLÍTICAMENTE CORRECTO” de que “EL MUNDO DEMANDA CADA DÍA MÁS ALIMENTOS PARA UNA POBLACIÓN QUE SE EXPANDE”, argumento falaz si los hay, que se desmorona con el inocultable interés en los biocombustibles, que muestra la hilacha de su codicia, VERDADERO MOTOR DE SU SÚBITA FILANTROPÍA.

En contraposición la idea de que la tierra es un lugar en donde vivir, incluye a la gente, las personas, las familias “DE ESTE PAÍS Y QUE POR EL MOMENTO VIVEN ACINADAS EN LOS CORDONES MISEROS DE LAS CIUDADES”. Es verdad que el mundo se encamina hacia el desabastecimiento de alimentos, pero por el momento, la caridad bien entendida empieza por casa.

Podemos comprender, a poco de pensar, que este tipo de modo de producción va a ocasionar algunas cosas, a saber:

1) Las producciones récord que favorecen el negocio de muy poca gente dejarán de existir o simplemente disminuirán su tamaño.

2) Momentáneamente descenderán las exportaciones de soja y otros granos que demanden aplicaciones de agrotóxicos en cantidad en relación a lo posible.

3) De a poco la producción de carne vacuna se irá incrementando. Esto claro está a partir de que el estado no siga trabajando para Brasil y Uruguay.

4) Aumentará el número de pequeñas industrias familiares o cooperativas, para producir localmente a partir de producciones primarias locales. Eso claro está si los organismos nacionales de contralor, cambian su política de poner palos en la rueda por una de ayuda y asesoramiento.

5) Aumento de la producción de lanares y caprinos de carne, leche y lana.

6) Industrialización de estos subproductos.

7) Aumentará la exportación de quesos y subproductos lácteos

8) Aumento de la producción porcina. Por un lado la de cerdos para mostrador, tecnificada y desarrollada y por otro, la producción de porcinos para producción de salazones y charcutería de calidad, de menor escala, más artesanal pero más diseminada.

9) Disminuirá el consumo de energía no renovable.

10) Aumentarán a mediano plazo los recursos forestales

11) Aumentarán las exportaciones no tradicionales de productos, subproductos y elaborados de origen rural (por ejemplo pellets de alfalfa deshidratada, especias, azafrán, verduras liofilizadas, etc.)

La cantidad de cosas que los argentinos estamos en condiciones de producir por nuestras ventajas comparativas, es enorme. Recordemos que aunque últimamente se está enojando con nosotros y con razón,…PARA NUESTRO EQUIPO, DIOS JUEGA AL ARCO.

Lo único que demanda el pueblo argentino para encarar esas producciones, a nivel de pequeñas empresas, es que LO DEJEN TRABAJAR.

Que cuando logre poner en marcha su proyecto, NO SE CAIGAN con imposiciones caprichosas, del Ministerio de encarajinamiento, con tasas de inscripción en el registro único de SALAMES QUE LES GUSTA TRABAJAR, más palos en los rayos de las ruedas, más piedras por delante.

Dado el inacabable ingenio de nuestro pueblo para insistir en trabajar y producir en condiciones de semiclandestinidad, para sortear los impedimentos; nuestra clase política ha desarrollado a su vez, métodos más sutiles para parasitar. El resultado esperable se da, al igual que en la naturaleza, el animal sobrepasado de parásitos, se entrega y se deja morir.

Pero al igual que en la naturaleza, los piojos, garrapatas y otros parásitos, se desprenden del animal moribundo. No desean correr su suerte.

Es quizás por eso, que luego de las crisis terminales y recurrentes de nuestra economía, los que sobreviven, renacen florecientes luego de esas cruentas catarsis.

Lo cierto y lamentable, es que hasta el momento, el modelo de “la tierra como lugar donde vivir” no le mueve la aguja del manómetro a ningún estamento de poder. Como se dice popularmente,….”NO LE VEN LA PATA A LA SOTA”,…y por si no lo recuerdan, en la baraja, la sota es el 10 (diez).

Auspiciantes

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