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Editoriales y Columnas
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDITAR – De potros cruzárabes en doma
19/ene/2012

La mansedumbre que se logra, tras una buena doma, es fundamental para pruebas de resistencia. No gana el que llega primero, sino el que marcha más rápido y se recupera en menos tiempo.

Por: Pedro Álvarez Bustos (*)

Cielo tormentoso. Nubes que amenazaban agua con gotas gruesas. Gente que esperaba ansiosa se aplacaran los días tórridos que venía sufriendo y la sequia -que ya había provocado una declaración de emergencia y desastre agropecuario- cesara.

Viaje a Uriburu. El abuelo invita a uno de sus ocho nietos a visitar a Angel, el domador; en Uriburu, próximo a Santa Rosa, La Pampa. Ya ha adiestrado con eficacia a otros ejemplares (v. gr. Muñeca TR, Cicatriz TR y Corazón TR) que vienen compitiendo en el país.

Allá van ambos y observan detenidamente los dos cruzárabes que están en amansadura. Dama Atrevida TR, una colorada fogosa y ardiente y Relmú TR, un tordillo canela no tan impetuoso. Los dos con maneas en las manos y atados a palenques. Ambos inscriptos en la Asociación Argentina de Criadores de Caballos Árabes.

Cayó sin haber subido. El abuelo observa ambos animales. Proceden del Haras Travuntué y en ellos tiene cifradas grandes esperanzas -en un futuro no inmediato- en pruebas de endurance. Comenzarán con 25 y 40 km; luego, ya federados, correrán 80, 120 y, posiblemente, puedan llegar a competir en 160 km.

No puede con su genio el “Tata”. Hace muchos años que conoce el tema y a veces olvida que suma más de media docena de décadas; es “setentista” y fue medio “montonero”, pero de los que le adjudican a Güemes, en la Guerra Gaucha. No obstante, don Martín Miguel Juan de la Mata de Güemes, jamás fue Jefe montonero, lo fue de milicias disciplinadas y sujetas a reglas.

Examina la alzada de los animales, sus cabezas en forma de cuña y con perfil cóncavo; orejas pequeñas, colas con nacimiento elevado, fosas nasales grandes y extremidades bien plantadas.

Observa, contempla y hace saber que una de las maneas se ha enredado.

Abstraído por el porte y garbo de los cruzárabes, en un segundo ve que uno de los ejemplares gira en el palenque plantado en el centro del corral y le puede hacer daño. Rápido de reflejos, intenta rotar sobre su cuerpo para alejarse. Pero claro, el almanaque indica que su agilidad ya no es la misma y un pie pisa al otro y se “piala”, cuando estaba casi de espaldas al montaraz. Su humanidad da por tierra. Se levanta por sí solo, mientras el nieto ofrece su asistencia y junta algunos efectos personales que se habían esparcido por el suelo.

“Caí, sin haber subido”, comenzó a decir. “No pasó nada; la culpa es mía por acercarme tanto”, concluyó.

Horas más tarde, los dolores. No tuvo fracturas, pero si graves molestias en la zona sacro ilíaca izquierda. En veinticuatro horas había vuelto a la normalidad, pero con la promesa de no ingresar más a la zona de palenques.

El nieto. Desde muy pequeño, Marco sintió atracción por los equinos. Calzaba pañales y ya andaba a caballo. A los 4 años intervenía en pruebas de salto, categoría “cruzaditas”. Posteriormente, ha venido participando en diversas jornadas de endurance, categoría Menores, tanto en La Pampa, como en la provincia de Buenos Aires (Pinamar y Junín). Triunfó en alguna e integró podios en otras.

Por cumplir 14 años, en los primeros días del 2012, ahora ingresó en la categoría Young Rider. Tiene conciencia que es más disputada y por ello se prepara para tener a mano sogas, montura, vendas, herraduras, etcétera mientras piensa en el trote para calentar previo a una largada y en ese pulular de relinchos que ponen música a las mañanas de las competencias.

No se pierde detalle. “Conversa” con sus montados y los palmea. Prefiere correr en la naturaleza abierta, en la llanura pampeana, en territorios serranos o montañosos, en los medanales vecinos al mar o en la zona del caldenal. Eso no impide que parte del training lo realice en un hipódromo.

Consectario. Los cruzárabes son ejemplares tranquilos, inteligentes, dóciles y competitivos. Deben exhibir velocidad y robustez. Ello no implica que proceda a exigírseles en demasía; hasta “romperlos”. Son demasiado nobles.

Es preciso que el jinete o la amazona conformen un binomio indestructible. La mano de quien monta y su relación con el caballo, debe ser capaz de que alguien cabalgue haciendo de dos cuerpos uno solo.

La mansedumbre que se logra, tras una buena doma, es fundamental para pruebas de resistencia. No gana el que llega primero, sino el que marcha más rápido y se recupera en menos tiempo.

Y en esto, como en todo, no se deben desoír las leyes naturales. Las etapas se deben cumplimentar en tiempo y forma.

(*) Productor agropecuario de tercera generación, abogado y escritor.

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