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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION – Más de una década con la brújula extraviada
05/dic/2011

La desazón no pasa por ganar o perder elecciones, en política no siempre los triunfos significan aciertos y, las derrotas equivocaciones; sabido es que en los resultados influyen factores de diversa índole y situaciones inmanejables.

Por: Aldo Norberto Bonaveri

@AldoBonaveri

En el mundo, es frecuente que los partidos políticos en algún momento entren en crisis, bien puede decirse que estos trances son naturales; empero, no es normal que las principales fuerzas de un país persistan en ésta situación durante períodos demasiado prolongados.

El proceso de decadencia y frustración que está atravesando la Unión Cívica Radical se viene extendiendo desde principio de siglo, cuando el Gobierno de Fernando de la Rúa se mostró impotente para resolver los problemas que le acosaban; en tanto el partido, que por entonces exhibía diversos disensos con la gestión, no supo aportar soluciones alternativas, para corregir el rumbo. A los desaciertos que venía incurriendo el ex jefe de Gobierno porteño, se le agregó la “gota que colmó el vaso”, con la designación de Domingo Felipe Cavallo en la cartera de economía, un hombre que independientemente de haber competido por la carrera presidencial, expresaba la antítesis de la plataforma de la Alianza.

Tras la humillante deserción de De la Rúa, el viejo partido centenario entró en un tremendo desconcierto, del que pese ha algunos infructuosos intentos no ha encontrado el sendero de una recuperación real. Más de una década con la brújula extraviada es un tiempo mucho más que prudencial, sobre todo tratándose de una fuerza protagónica que aportó 6 presidentes al país, con gravitación en todo el territorio nacional.

El lema instaurado por su fundador, Leandro N. Alem, fue “Que se ropa y no se doble”, pero en el tiempo que estamos analizando, al peligro de ruptura que sobrevuela, se le suman los dobleces de varios encumbrados dirigentes, Entre 2005/6 proliferaron los radicales “K”, los que fácilmente seducidos por la chequera oficial, no vacilaron en convertirse en partenaires del kirchnerismo, los entonces encabezados por Julio César Cobos, a la postre compañero de formula de Cristina Fernández en 2007, llegando por ende la vicepresidencia de la Nación.

Si bien la relación del binomio presidencial expiró con el voto “no positivo” del mendocino en el conflicto de la 125, no todos los tránsfugas desandaron el camino; algunos gobernadores, legisladores e intendentes otrora “boinas blancas”, prefirieron permanecer al abrigo del Frente para la Victoria, en tanto Cobos y quienes regresaron con el, debieron esperar el indulto de la Convención Nacional, habida cuenta que con la cabriola inicial, habían sido expulsados del padrón radical.

La declinación radical tuvo sus puntos más críticos en las elecciones presidenciales de 2003 y 2007. En el primer caso, Leopoldo Moreau en la catástrofe electoral más grande de la UCR, donde tal solo cosecho el 2% de los votos, en tanto cuatro años después, en pos de una performance más decorosa, el partido se encolumna con la candidatura del ex ministro de Duhalde y Kirchner, Roberto Lavagna, aportando para el segundo término de la formula al jujeño Gerardo Morales.

A lo largo y lo ancho del país, pululan los afiliados que no alcanzan a comprender la falta de recuperación del partido. Intendentes de este signo gobiernan centenares de pueblos y ciudades de distintas provincias, muchos de los cuales han exhibido gestiones exitosas que les han posibilitado su reelección, no obstante la redención no se vislumbra en el plano nacional, e inclusive en el de varias provincias.

Es evidente que quienes han tenido la responsabilidad de conducir el partido y, sus figuras con aspiraciones, no han estado a la altura que las circunstancias requieren. La sucesión de fracasos y errores cometidos son tales, que el panorama se complica cada vez más. La desazón no pasa por ganar o perder elecciones, en política no siempre los triunfos significan aciertos y, las derrotas equivocaciones; sabido es que en los resultados influyen factores de diversa índole y situaciones inmanejables. En definitiva, el desempeño de una fuerza política no debe medirse exclusivamente por el volumen de votos que logra capitalizar. La mayor decepción es que el electorado no considera a la Unión Cívica Radical como una alternativa válida de gobierno.

La propia historia de la UCR da muestras elocuentes de adversas vicisitudes que debió afrontar y logró superar; en sus anales se registran sacudones que le valieron una postergación, no obstante la autocrítica y los recambios de hombres y/o tendencias supieron subsanar. El derrocamiento de Yrigoyen, la muerte de Alvear, los errores de la Unión Democrática, la división de 1957, por sólo citar algunas de las más notorias contingencias, hablan a las claras de cómo le ha sido posible sobreponerse. Ello no implica que en la mayoría de estas ocasiones haya tenido que ejercer la oposición, pero siempre que le toco desplegar dicho rol, lo hizo mostrándose como una opción autentica, en condiciones de ser la alternancia que el sistema democrático exige.

En el lapso que nos ocupa la UCR ha padecido de falencias substanciales, las que de no empezar a corregirse en el corto tiempo, acechan con supervivencia misma del partido:

• Proliferación de discusiones, pero carencia de un debate profundo en lo ideológico y programático.

• Diferentes intentos de reformas de Carta Orgánica, empero estas iniciativas han sido elaboradas para zanjar situaciones coyunturales y, no elaboradas con el proósito de aggiornar el partido a las exigencias del Siglo XXI.

• Pases constantes de un sector interno a otro, evidencia que las apetencias personales priman sobre los intereses partidarios, contribuyendo a la confusión de sus simpatizantes.

• Falta de liderazgos naturales y, sobreabundancia de “iluminados” que se auto consideran herederos de la historia y la tradición radical.

• Oposición sistemática. En su afán de diferenciarse con el oficialismo se contrapusieron a cualquier iniciativa gubernamental, inclusive desaprovechando instancias que le eran favorables, por su condición de gran fuerza nacional, debió haber dirimido sus candidaturas en las PASO, ello habría posibilitado resolver aspiraciones mediante el voto soberano (evitando así dejar un reguero de disconformes), a la vez de efectuar una movilización generalizada del partido, que tan beneficiosa le hubiera resultado.

• Contradicciones frecuentes que incurren los referentes en aspectos ideológicos o estratégicos. Como ejemplo: Sin entrar a considerar si la alianza con De Narváez fue atinada o equivoca, la determinación marca una gran inconsistencia global. Si el acuerdo era viable con el candidato a gobernador bonaerese, entonces ¿Porqué no se hizo otro tanto con Mauricio Macri? ¿Cuál es la diferencia ideológica o conceptual entre ambos?.

No hay duda que la UCR está frente a un gran desafío, el que exige cambio de conductas, gran humildad de la dirigencia y masiva participación de sus afiliados. El debate tendría que fomentarse en cada uno de los comités de circuitos, departamentales, provinciales y obviamente a nivel nacional.

Al no existir una genuina confrontación de ideas, surgen simplificaciones e imputaciones descalificantes, es normal advertir que se eligen los medios para invalidar opiniones de correligionarios. Cuando se apelan a estas artimañas generalmente se están soslayando conductas y procederes que fueron emblemas en la vida partidaria. En su centenaria vigencia la UCR se nutrió de disteintas corrientes ideológicas que con su diferencia de matices convivieron. A través de los tiempos: Hipolito Yrigoyen, Moisés Lebenshon, Amadeo Sabattini, Crisólogo Sarralde, Arturo Frondizi y Raúl Alfonsín (por citar los más emblemáticos) abrevaron en la centro izquierda; en tanto Marcelo Torcuato de Alvear, José Tamboríni, Miguel Angel Zavala Ortiz, Carlos Humberto Perette, Ricardo Balbín y Fernando de la Rúa expresaron a la centro derecha o al centro.

Históricamente la UCR ha hecho gala de su democracia interna, con gran intervención de los núcleos o corrientes que la integraron. Vale recordar “personalistas” y “antipersonalistas”, “unionistas” e “intransigentes”, “Línea Nacional” y “Renovación y Cambio”; en todas estas etapas los afiliadas tenían muy claro quienes eran sus referentes.

Es menester saber diferenciar, no es lo mismo elecciones internas (sustento fundamental en la vida de los partidos) que “internismo” (que solo alienta “roscas” y posicionamientos individuales, lo que a la postre explica la decadencia actual).

Los cuadros partidarios tienen la inmensa responsabilidad de estar a la altura de las circunstancias,

¿Encontrarán la brújula extraviada?

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