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Editoriales y Columnas
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoDIVERSAS CULTURAS
22/ene/2011

RECUERDOS CAMPESTRES ESCOLARES


Por: Pedro Álvarez Bustos (*)


La escuela primaria y rural me permitió compartir diferentes culturas; especialmente dos.

La mayoría de los que habitaban en Colonia Devoto (centro oeste de La Pampa, a 35 kilómetros al oeste de la localidad de Quehué), en un porcentual muy significativo, eran “alemanes del Volga” e incluso en esos hogares no se hablaba el español o castellano.

Por otra parte, la minoría de quienes residían allí y zona colindante, como la vecindad de la explotación agropecuaria de mi familia, eran criollos y descendientes de españoles e italianos.

A los colonos se los denominaba directamente “rusos”.

Alemanes del Volga: su origen.

Los alemanes del Volga se originan después de mediados del siglo XVIII (alrededor de 1760/65), con la instalación de un grupo numerosos de alemanes a orillas del río Volga, en Rusia, invitados por la zarina Catalina II, la Grande (de sangre alemana), para colonizar las provincias ubicadas al sur del importante río. Esto ocurrió después de la guerra de los 7 años y realmente la emigración fue masiva.

Quienes viajaron gozaron de ventajas importantes respecto a su vida social y religiosa, excepción de impuestos y servicio militar (que duraba entre 5 y 7 años), por el término de cien años.

Cien años después.

Pasado el periodo de gracia apuntado, el zar Alejandro II ordenó a partir de 1870 una política de rusificación.

Ante ello los alemanes del Volga, que también eran conocidos como “Pueblo del Camino”, comenzaron a emigrar y se dirigieron a Estados Unidos, Canadá, Brasil, Uruguay y Argentina.

Arribo a Argentina.

Los primeros inmigrantes del Volga llegan a nuestro país a partir de 1877 (con motivo de haberse sancionado la ley de inmigración y colonización, durante la presidencia del Dr. Nicolás Avellaneda) y, posteriormente, comienzan a establecerse en La Pampa en el año 1909, al fundar la colonia Santa María y otras, como San José, Santa Teresa, etcétera.

En la década del ´30 varios inmigrantes, radicados en La Pampa, parten hacia el impenetrable Chaco, buscando nuevos horizontes y varias colonias quedan despobladas.

Entre quienes siguieron viviendo en Colonia Devoto, se pueden mencionar a las familias de Alejandro Kissner (la más numerosa, con 24 hijos y en cuya propiedad se construyera la capilla “San José”), Lucía Kraemer de Pessano (propietaria del edificio escolar), Teodoro Hirtz, Atanasio Falkenstein, Matías Hirtz, Daniel Ruckert, Miguel Thomas, Alejandro Waigel, Gaspar Desch, Mónica Desch de Kissner, Ignacio Holzman (en cuya casa funcionara la primer capilla catòlica en 1925), Juan Holzman, Antonio Holzman, Juan Masson, Emilia Katrein de Solainer y Adolfo Marchinsky.

Va de suyo que en la colonia había otras familias residentes, a saber, de Alejandro y Ramón Stefanazzi, Rómulo San Vicente, Justo Azcona y Vicente Ribas (estos dos de origen español), Angel Paglia (descendiente de italianos), etcétera.

La amplia mayoría, económicamente pobres, espiritualmente ricos, con gran vocación por la cultura del trabajo, honestos y con una fuerza y ofrenda total para ver crecer e instruir a sus hijos, logrando de ellos personas de bien.

Convivencia criolla.

Fue así como pude interactuar, desde los primeros años de mi vida, en un mundo de gauchos auténticos (v.gr.: las familias de Domingo y Agustín Alzuri, de los Torres, de los García del “Huitrú”, de Pedro y Ángel Cuevas en el lote 21, de los Stefanazzi (los únicos de origen suizo), de los Peralta, los Córdoba, los Lezcano, los Sánchez Millau, los Mora, los Ibañez, los Otamendi, los Ganuza, los Domiguez (Esteban y familia, Felipe y Antonio), los Peñín y los Benz e Hirtz -alemanes del Volga, estos últimos, acriollados- , no gauchos de “sastrería”.

De todos los auténticos me permito rescatar y destacar a Nicanor “Rubio” Stefanazzi; todo un señor que vivió sembrando su sapiencia gaucha, hasta hace un par de años en que regresara a la casa del Altísimo.

Gauchos errantes.

Conocí también gauchos nómades; v.gr.: Juan “Zurdo” Gómez o santiagueño Gómez, Santiago Ferreyra -bautizado así, cuando finalizaba la Campaña al desierto, dado que se decía hijo del capitanejo Mariano Huincafil-, Juan Gatica -un indio ranquelino de pureza total-, Santos “Manco”Acosta -llegado de los pagos de La Pastoril-, Armando Costa o “Costita” -arribado de la zona de Víctorica-, etcétera.

No llegué a conocer personalmente al “Rubio” Lezcano o “Mecha Blanca”, un buen vecino -decía mi padre- que “un día se alzó contra la comunidad”, uniéndose a la banda de Juan Bautista Bairoletto y, apresado, su destino fue la austral cárcel de Ushuaia, para luego morir confinado en otro establecimiento carcelario de Mendoza.

Los primeros nombrados, en este apartado, eran hombres confiables, pero de cuidado. Diestros en el manejo de armas blancas (v.gr.: cuchillos o facones) y del “poncho” que, en peleas o reyertas, usaban en el otro brazo para “parar golpes” que pudieran tener destino de puñaladas mortales. Eran o habían sido, en general, muy buenos jinetes, quizá superiores a los mongoles y a los cowboys. Además, duchos en el manejo del lazo, boleadoras, etcétera.

Los conocí ya muy mayores, cuando carentes de bienes, recursos, “servicios sociales” y jubilaciones, abatidos por la edad o sentirse con la salud quebrantada, recurrían a mi progenitor quien les daba albergue y manutención hasta el fin de sus días; además les tramitaba asistencia sanitaria en los Hospitales públicos de Santa Rosa o General Acha. En muy limitados casos logró que alojaran a alguno de ellos en el Asilo de Ancianos de General Acha.

Interculturidad

Este vivir entre diferentes culturas conllevaba la superación de cualquier tipo de hegemonía de alguna de ellas.. Si las diferencias son fundamentales, en la vida de los individuos, con mucha mas razón se dan en la realidad de las comunidades. Las culturas son un elemento fundamental en la naturalidad humana.

De todo ese proceso multiplicado en el país, como paradigma, fue surgiendo la verdadera identidad del pueblo argentino, superador del individualismo. Fruto del diálogo dialogado. La interculturalidad surge de la comunicación, de una permanente ida y vuelta de enriquecimiento entre todos.

Logrado primero entre escolares, luego entre familias, avanzó sobre las propias culturas y conllevó al conocimiento intelectual y espiritual.

Obsérvese que, por ejemplo como ya se señalara, entre los alemanes del Volga no se hablaba castellano, sino un dialecto que resultaba una mezcla de ruso y alemán. Por ende, los docentes se convertían en una suerte de “profesores” o, al menos, “expertos” en idiomas y las escuelas en “cuasi” bilingües.

Consectario

Hasta hace 5 ó 6 décadas se daba gran importancia a la educación, que implicaba conocimiento y desarrollo. No solo se actuaba de esa manera para no perder el rastro de la vida, ni extraviarse en la huella donde “el no saber” o la ignorancia suelen apretarse como enredaderas.

La debacle, que nos afecta hoy en día, solo puede revertirse con una educación que sea el pedernal basal del conocimiento Con raigambre en la escuela de Sarmiento, Argentina llegó a liderar la educación en América Latina. Debemos retornar a transitar aquellos senderos y superar objetivos logrados.

Estas notas han sido como un viaje en el tiempo., Donde HOY es AYER. Y no hay mañana sin ayer. Ni se construye un futuro sin mirar el pasado y el futuro es hoy.

La historia de uno se va convirtiendo, paulatina y despaciosamente, en historia de todos y uno mismo en historia.


PD. Bibliografía: Libro “CAMINO AL CENTENARIO”, ps 220, edición 2005, agotada;
del mismo autor
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(*) Productor agropecuario de tercera generación y abogado
pab@cpenet.com.ar
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