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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoCHINA VUELVE A COMPRARNOS ACEITE DE SOJA Y, SURGEN NUEVAS OPORTUNIDADES
14/oct/2010

Dejar de lado pertinacias cuyas consecuencias nos han impedido aprovechar en plenitud, las excelentes oportunidades que nos está concediendo un mundo necesitado, como nunca antes

Por: Aldo Norberto Bonaveri
Twitter: @AldoBonaveri

Las variables económicas internacionales determinan en gran medida las posibilidades de cada país; los cambios de escenario obedecen a distintos factores, en muchas ocasiones de índole política, pero también influenciados por otros agentes, como pueden ser de tipo climáticos o consecuencia de proyecciones erróneas de actores importantes.

Tras la finalización de la Segunda Guerra Mundial, los primeros 5 años resultaron muy propicios para los países productores de alimentos; los efectos devastadores de la conflagración causaron estragos en los stocks de granos y demás productos agrarios. Esta bonanza comenzó a declinar en el comienzo de la década del 50’, por entonces, el reacomodamiento operado en los países centrales, determino que los mismos tomaran determinados recaudos, varios de los cuales aún se mantienen, tal es el caso de los subsidios agrícolas y, fundamentalmente dichos estados se aferraron a la “División Internacional del Trabajo”, teoría que dividía al mundo en dos: un reducido grupo de naciones consagradas a generar bienes industriales y el resto de los países dedicados a producir materias primas.

Los resultados son conocidos, en el comercio internacional las materias primas, perdieron valor relativo en comparación a los bienes industrializados, en un fenómeno que dado en llamar “Deterioro de los términos de intercambio”. Como consecuencia de ello, los países productores de materia prima se vieron gradualmente obligados a producir más para comprar lo mismo, lo que trajo aparejado una descapitalización de estos en beneficio de los industrializados.

Con variantes propias de ciclos, o atribuible a factores coyunturales, esta relación se mantuvo hasta el advenimiento del Siglo XXI, basta mencionar que en el 2000 la soja sin retenciones, cotizaba a u$s 150 la TT. Recién en el 2002 comienza el recobro gradual y sostenido de los precios agrícolas, lo que a la postre constituye en nuestro país la recuperación de la economía, tras la crisis que desencadenó la renuncia de Fernando de la Rúa.

Con el derrumbe de la economía internacional operado en septiembre del 2008, como no podía ser de otra manera, los productos agropecuarios acusaron el impacto, operándose un descenso que en un principio encendió alarmas amarillas. No obstante, ni la caída fue tan pronunciada como en otros rubros y, la redención de los precios comenzó a producirse antes de lo previsto, con lo que es más importante, acentuando la tendencia hasta retornar a valores en el caso de los granos comparables al de 30 meses atrás.

Tampoco se vislumbra un cambio de escenario a futuro, que salvo vaivenes estacionales (los que naturalmente se presentan de manera coyuntural) modifique la predisposición que por estos días exhibe el mercado.

Las razones de esta transformación en los valores de intercambio, no es dable atribuir a la voluntad política de los líderes del mundo industrializado, sino por imperio de reglas impuestas por la realidad de un planeta que cada vez requiere más alimentos, potenciado por la caída de las reservas de petróleo, lo que gradualmente va requiriendo más biocombustibles para el corte de los carburantes tradicionales. Al respecto los números son categóricos: en 2007 se exportaron 168.364,9 TT de biodiesel, dos años más tarde las ventas externas se ubicaron en 1.149.663,4 TT, en tanto que hasta agosto del corriente año se habían embarcado principalmente a la Unión Europea 882.944,1 TT.

Por los granos el mundo está pagando mucho más de lo que hubiéramos imaginado hace 10,20, 30 o 40 años atrás, el mismo destino les depara a los derivados oleaginosos, con un aceite de girasol que va reposicionándose por su calidad y, que decir del de soja, cuya demanda crece a pasos agigantados.

Los movimientos acontecidos en los últimos días nos dan una pauta concreta sobre la avidez marcada en la materia. India que hasta el año pasado era un cliente menor del citado producto, durante el año en curso se estima que las transacciones del rubro totalizarán u$s 1.500.000.000, (60% más que durante el 2009), en tanto que la proyección estimada por los expertos indios, expresan que la demanda de aceite de soja será de 17.000.000 para el 2021, volumen que para el 2026 se extenderá a 27.000.000 de TT.

El caso de China requiere un análisis más detallado, tanto por el peso específico del gigante asiático, como por los entretelones que rodearon a las idas y venidas con nuestro país. Cabe recordar que en el mes de abril, el gobierno de Hu Jintao anunció la suspensión de la compra de aceite de soja a nuestro país, la escusa adoptada en la ocasión fue el tenor de residuos de exano (el solvente utilizado en la molienda de la soja) •Ver: CHINA APRIETA PARA NEGOCIAR EN VENTAJA

Esta semana, tras haber transcurrido siete meses de aquella determinación y, distintas gestiones infructuosas intentadas por funcionarios argentinos, incluso la visita de nuestra presidenta a Beijín, la República Popular China anuncia que volverá a comprar aceite de soja argentino, lo que fue recibido con alborozo, tanto por la industria oleaginosa, como por el Gobierno nacional, pues significa la reapertura de un mercado con un presente de u$s 2.000.000.000. Al mismo tiempo que cobró cuerpo la versión que la oficialización de la reanudación se concretaría con una vista próxima a nuestro país, del ministro de Agricultura chino, Han Changfu.

El peso específico de China como comprador de aceite de soja es tremendo, como así la importancia que para ese país tiene Argentina como proveedor. A los efectos de refrescar los datos sobre el particular, corresponde decir que esa nación absorbía el 45% de nuestras exportaciones en el rubro, en tanto las ventas de nuestro país constituían el 70% de las importaciones de la populosa nación de dicho producto.
El pretexto esgrimido por el Gobierno de Beijín cuando canceló las operaciones, no podía ser considerado como real por ningún diplomático nacional que se precie de tal; el propósito implícito fue trasmitir un mensaje subliminal cuya traducción no requería códigos complejos: Las autoridades chinas no estaban dispuestos a aceptar sin más, las restricciones impuestas por sus pares argentinos a las importaciones de unos 400 artículos procedentes del gigante asiático, rotuladas como medidas antidumping, pero sin que mediara ninguna resolución al respecto.

Los chinos hábiles negociadores consuetudinarios una vez más hicieron gala de sus aptitudes, si bien la necesidad de la soja es muy grande, tanto a nivel del poroto al que le dan preferencia para agregarles ellos el valor, como con el aceite, jugaron en la ocasión al límite. Como primera reflexión cabe expresar que en ningún momento dejaron de aprovisionarse de aceite, en reemplazo del producto argentino se abastecieron con mercadería semejante de Estados Unidos y Brasil, (con tenores de hexanos análogos).

Esto complicó bastante a la industria aceitera nacional, puesto que le trajo aparejado problemas de almacenaje, y por carácter transitivo a reducir considerablemente su producción efectiva. Si bien lo que no que dejaron de comprar los chinos pudo colocarse, parte en la India y el resto se reasignó a la elaboración de biocombustibles; pero la reubicación no resultó gratis, este proceso significó reducción del precio entre los u$s 50 y u$s 70 por TT, amen del lucro cesante citado. .

Con la reapertura de la compras de aceite de soja por parte de China, desde el punto de vista formal no se aparenta marcha atrás por parte de nuestro país, tampoco al Gobierno de Hu Jintao le preocupan demasiado las formas. En Abril, tomaron la determinación de discontinuar las importaciones mediante un comunicado emitido por la agencia Reuter, y ahora actuaron del en consecuencia.

Para entender mejor el cuadro de situación, cabe expresar que durante la visita efectuada por Cristina Fernández de Kirchner a Beijín, ambos mandatarios acordaron la creación de una comisión bilateral de comercio argentino–china, de la que participarán funcionarios técnicos del Ministerio de Industria y la Cancillería, por parte de Argentina, y del Ministerio de Comercio chino. El objeto de ese foro es discutir entre las partes, situaciones que se puedan plantear en el comercio bilateral, tales como investigaciones, situaciones de dumping y otras cuestiones por el estilo, que deberán evaluarse previo a adoptarse medidas concretas que limiten la importación de bienes.

Aunque el cambio simula ser una cuestión menor, no lo es tanto, cuando de no existir estos procedimientos, se dan lugar a medidas inconsecuentes como las antes citadas, dispuestas por Guillermo Moreno para restringir el ingreso de productos chinos.

Por cierto que además de estos recursos gráciles, la determinación china de reabrir las importaciones de aceite de soja viene acompañada de los movimientos operados últimamente en el mercado granario. No resulta neutra la carrera ascendente en las cotizaciones de las commodities agrícolas, las nuevas estimaciones de producción mundial en reducción con relación a los cálculos de meses atrás, que se refleja sobre todo en la gran caída de la producción triguera en Rusia y Ucrania, también influye la reducción en Estados Unidos de la cosecha de maíz e, incluso las consecuencias negativas que podría tener “la niña” en el MERCOSUR respecto al cultivo de Soja.

Si bien el capitulo del aceite de soja y su interrupción en el mercado chino no constituye un dato menor, en el marco de una política comercial consistente la lectura debería ser de un error, el que correspondería capitalizarse para no reincidir. ¿Está el Gobierno dispuesto ha aprender de traspiés de ésta naturaleza, donde hay mucho más para perder que ganar?. Ojala así sea. No solamente para no ser recurrente en este tipo de yerros, sino para dejar de lado pertinacias cuyas consecuencias nos han impedido aprovechar en plenitud, las excelentes oportunidades que nos está concediendo un mundo necesitado, como nunca antes, de lo que Argentina produce.

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