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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoTrump y su letal negación de la realidad
11/jul/2020

Más de 130.000 estadounidenses muertos, explosión de las cifras de contagio. A pesar de las evidencias, Trump quiso negar la pandemia, y ahora amenaza con llevar a su país al abismo, opina Ines Pohl, desde Washington.


Por: Ines Phol

El mundo del presidente de EE.UU. es pequeño y predecible: solo percibe lo que le conviene. Elimina de su entorno a las personas con opiniones que le incomodan. La crítica se castiga con la expulsión. Ignora los hechos que perturban sus cálculos políticos, hasta la muerte, si es necesario.

Su agenda política se rige por la misma regla: dar a los que ya tienen mucho, para que se enriquezcan aún más. Y para mantener felices a las sectas religiosas extremistas, asegurándose así sus votos en cualquier caso.

Tácticas largamente probadas

Esta táctica funcionó hasta el comienzo de la crisis del coronavirus. La economía funcionaba sin problemas, las cifras de desempleo mejoraban y el núcleo duro de sus partidarios disfrutaba de su hombre fuerte en la Casa Blanca, que mostraba al mundo entero el gran país que es Estados Unidos, sobre todo cuando se ocupa de sí mismo.

Y de pronto llegó el virus mortal, invisible e impredecible. E hizo tambalear el dorado castillo de naipes del Presidente de Estados Unidos número 45.

Mientras el mundo entero debatía cuán duras debían ser las medidas de protección, Trump se negó a enfrentar la realidad desde el principio. Era como si todavía estuviera presentando su "reality show” en un estudio de televisión, donde solo él escribía el guión.

Cálculo cínico

En un cálculo brutalmente cínico, él y algunos de sus asesores estaban dispuestos, desde el primer día de la pandemia, a sacrificar a los ancianos y enfermos, con tal de no poner en peligro su reelección con unas cifras económicas pobres. Todo tenía que continuar como antes. Nada de cerrar tiendas, nada de aceptar pérdidas de facturación. Pero Nueva York se convierte en un infierno. A más tardar ahí, Trump debería haber aceptado la responsabilidad y haber priorizado la salud de sus ciudadanos. Luego tendría que haber propagado el uso de mascarillas y la distancia social para evitar algo peor. Pero no hizo nada de eso.

El mundo del presidente de EE.UU. es pequeño y predecible: solo percibe lo que le conviene. Elimina de su entorno a las personas con opiniones que le incomodan. La crítica se castiga con la expulsión. Ignora los hechos que perturban sus cálculos políticos, hasta la muerte, si es necesario.

Su agenda política se rige por la misma regla: dar a los que ya tienen mucho, para que se enriquezcan aún más. Y para mantener felices a las sectas religiosas extremistas, asegurándose así sus votos en cualquier caso.

Tácticas largamente probadas

Esta táctica funcionó hasta el comienzo de la crisis del coronavirus. La economía funcionaba sin problemas, las cifras de desempleo mejoraban y el núcleo duro de sus partidarios disfrutaba de su hombre fuerte en la Casa Blanca, que mostraba al mundo entero el gran país que es Estados Unidos, sobre todo cuando se ocupa de sí mismo.

Y de pronto llegó el virus mortal, invisible e impredecible. E hizo tambalear el dorado castillo de naipes del Presidente de Estados Unidos número 45.

Mientras el mundo entero debatía cuán duras debían ser las medidas de protección, Trump se negó a enfrentar la realidad desde el principio. Era como si todavía estuviera presentando su "reality show” en un estudio de televisión, donde solo él escribía el guión.

Cálculo cínico

En un cálculo brutalmente cínico, él y algunos de sus asesores estaban dispuestos, desde el primer día de la pandemia, a sacrificar a los ancianos y enfermos, con tal de no poner en peligro su reelección con unas cifras económicas pobres. Todo tenía que continuar como antes. Nada de cerrar tiendas, nada de aceptar pérdidas de facturación. Pero Nueva York se convierte en un infierno. A más tardar ahí, Trump debería haber aceptado la responsabilidad y haber priorizado la salud de sus ciudadanos. Luego tendría que haber propagado el uso de mascarillas y la distancia social para evitar algo peor. Pero no hizo nada de eso.

Fuente: DW

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