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19/abr/2010

Si el oficialismo ha negado su derrota en las urnas, ¿por qué no negar un fracaso en el ámbito parlamentario?

Por: Gabriela Pousa

Si algo ha caracterizado al gobierno nacional ha sido su coherencia. Desde el mismo día de su asunción ha sido fiel a aquello que se diera en llamar el “estilo K”. A partir de allí, y descripto de una y mil maneras las características intrínsecas de la concepción política del kirchnerismo, se podía prever, sin necesidad de auxilio de ninguna ciencia, que todas las “sorpresas” serían posibles.

En ese contexto, las novedades brillan por su ausencia y lo que aflora en este ‘ahora’ es básicamente la esencia de ese estilo, sostenido en el principio de lucha, y en una construcción mediática de la realidad capaz de erradicar todo atisbo de verdad para reemplazarla por un relato oficial.

De este modo, si el oficialismo ha negado su derrota en las urnas, ¿por qué no negar un fracaso en el ámbito parlamentario? Ante todo coherencia. El único problema que enfrenta el kirchnerismo hoy en día es la ausencia directa de un enemigo, y la lista de aquellos que ha inventado para que ocupen ese rol desde el vamos se ha acotado por sobremanera. Es por ello que surge nuevamente Julio César Cobos como uno de los principales adversarios, aún cuando posicionándolo en ese pedestal le otorgan mayor beneficio electoral.

Si ellos mismos aseguran que la oposición es tan sólo “una bolsa de gatos”, unida por el espanto más que por las coincidencias, no es fácil atribuir a ésta una conspiración orquestada ni tampoco elevarla a la categoría de fuerza capaz de dirimir un poder cuya debilidad se evidencia en el uso y abuso de banales y efímeras estrategias.

Aun así es factible admitir que el Gobierno continúa haciendo y deshaciendo aquello que el pueblo le deja hacer y deshacer. En este sentido es necesario asumir que el mismo está sumido en cuestiones sustancialmente diferentes a las que se halla la clase dirigente en general, y la política en particular. Ciertamente la coparticipación federal afecta, de una u otra manera, la vida provincial pero para la mayoría de la población argentina, el binomio que domina hoy circunstancialmente la escena, es de un tecnicismo supino.

La coparticipación es una palabra sin significado para el hombre cotidiano, y el federalismo es directamente un concepto vacío (o vaciado).

Por otra parte, es legítimo que la ciudadanía caiga en la apatía. ¿De qué le sirvió preocuparse por el uso de reservas y la titularidad del Banco Central, o de su transformación en “Alter Ego” del gobierno, si hoy el mismo Parlamento que lo cuestionó, lo avala sin que se dé demasiada explicación? Ni el cumpleaños del nieto de un senador ni sus causas políticas, devenidas jurídicas, atañen a la población.

Todo cuanto ocurre en el ámbito del poder político se halla a años luz de aquello que acontece en el escenario de la gente común. No hay en el Congreso ni en Balcarce 50 góndolas y changos, cuotas de colegio que aumentan, tarifas de servicios que no son, ni mucho menos existe en esa geografía el peligro que implica ser peatón o mismo conductor en una ciudad donde la delincuencia tiene más derechos que un simple trabajador.

Sin ir más lejos, la única medida por excelencia que se ha tomado en materia de educación se limitó a un anuncio repetido de tecnología que no se aplica, y a la determinación de transmitir los partidos de fútbol del campeonato mundial por televisión. La otra postal no aporta mucho más al tema: los autodenominados estudiantes insultan y promueven la violencia en la asunción misma de un rector. Fotografías todas de una Argentina donde las prioridades están a la luz del día.

Atrás quedó la merluza congelada y las filas para comprarla en una suerte de furgón sin las más mínimas condiciones de higiene y limpieza; atrás quedó el crédito para inquilinos donde la cuota se correspondería con el costo del alquiler; atrás quedó el tren bala, la valija incautada por Seguridad Aeroportuaria, la bolsa de Felisa Micelli en el baño de su despacho, atrás los dos millones de dólares que Néstor Kirchner compraba mientras su mujer advertía que quién lo hacia era directamente un “vende-patria”…

Algunos ejemplos bastan para darse cuenta de que esta problemática de la coparticipación ha de ser tan furtiva como funcional a quién la sitúa en el eje de las noticias.

¿Para qué sirve discutir una ley que de todas formas será vetada? Posiblemente la única utilidad sea la de develar una vez más, y poner en evidencia la irreverente forma de hacer política que tiene el gobierno nacional o quizás sea más fácil descartarla por lo “complicada” que resulta ser.

Lo verdaderamente grave o al menos conflictivo de esta problemática radica en el ejemplo que se supone debe darse a la ciudadanía. Porque si el Ejecutivo niega y rechaza media sanción a una ley, ¿cómo frenar el rechazo que los llamados “asambleístas” pretenden dar al fallo del máximo Tribunal de la Haya si éste se expide en su contra respecto al tema de las pasteras uruguayas?

Los discípulos de Romina Picolotti -cuyo paradero es desconocido así como lo es la causa del enriquecimiento que envolvió a su hermano en su momento-, aseguraron que van a desconocer una sentencia favorable a Botnia. Es decir, no son ni obran u obrarán sino como émulos del gobierno nacional.

Esta situación pone de manifiesto el verdadero modelo kirchnerista que se está plasmando en la sociedad argentina: la contraofensiva por la contraofensiva misma. Lejos de todo razonamiento, ajenos a códigos -ya sean impresos o de ética y comportamiento-, sublevados por “derechos humanos” que nacieron como monedas de un solo lado, es decir sin sus correspondientes deberes que los sustenten, y embebidos en la “lógica” de la ley del más fuerte o del más convincente en el relato aunque sea falso.

A la sombra de todo ello se está forjando la actual Argentina, donde el “vale todo” es más que un juego.

Qué semejante modelo se inserte en el mundo no depende entonces de canjes de deuda ni de otras falacias de cumplimiento, sino del paso de generaciones enteras que, una vez anoticiadas de estar viviendo en una selva, adviertan que el problema dista de ser una interpretación de reglamentos, o de reparto de subsidios sean o no encubiertos, etc.

Mientras eso no suceda, no es de extrañar que el próximo paso del gobierno sea directamente negar la próxima derrota electoral, para la cual vienen trabajando a destajo con una eficacia proporcional a esa coherencia que están venerando desde el vamos.


Fuente: ECONOMIA PARA TODOS

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