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Editoriales y Columnas
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoCRISTINA, LOS CHINOS Y CUENTOS CHINOS
08/feb/2010

Desde luego, la nuestra fue una gran frustración, pero no tanto si se compara con los 20 mil millones de dólares que amagaron invertir en Argentina hace unos años a cambio de facilidades comerciales, que ventajeros sacaron provecho

Por  Dr. Rubén Emilio García. 

  Los historiadores afirman que los sumerios hace más de cuatro mil años en sus escritos cuneiformes fueron los primeros cuentistas de la humanidad. Pero quienes más cuentos contaron fueron los chinos, de tal forma, que a fines de la edad media habían escrito más cuentos que todos los representantes juntos de las civilizaciones conocidas. Nada más, que en nuestro mundo occidental, sus sublimes cuentos, degeneraron en una forma de ingenio que define distintos tipos de engañifas propinados a sujetos desprevenidos. No se sabe si el origen del concepto se debe a la cantidad de cuentos de los asiáticos, algunos muy fantasiosos, o debido a que nadie entendía el chino el cuento tornábase indescifrable.

 La cuestión, que  nuestra Presidenta, aprovechando la barahúnda política del momento, se mandó una especie de cuento chino al suspender el viaje a china. Por la sencilla razón de no dejarle su  lugar al Vicepresidente Cleto, y que éste en su ausencia se le ocurriera mandarse otro  cuento y cambiando de opinión llame a sesión extraordinaria del Congreso para que trate los famosos DNU, hoy parados en sede  judicial.

Para los opinólogos de la diplomacia fue un exabrupto diplomático de incalculables consecuencias. La oposición al gobierno aduce que agudiza nuestro aislacionismo internacional, y según los mercantilistas perderemos oportunidades comerciales y negocios futuros. Esto último parece que no es tan así, pues nuestros empresarios partieron igual para convenir alguna forma de compra-venta. Viajaron representantes de distintos grupos económicos, entre ellos, los sempiternos adherentes de fierro de los gobiernos de turno. 

En cuanto a los otros aspectos de la crítica debe relativizarse, pues bien se sabe que los chinos son campeones universales del exabrupto y del aislamiento, y hechos de esta naturaleza no les va ni les viene. En realidad, a los chinos, de nuestro país únicamente le interesan los commodities de la pampa húmeda. Es decir los granos de cereales, preferentemente la soja pues le sirve de alimento y para elaborar sustancias que reemplaza al plástico, utilizado en la fabricación de artículos de alta tecnología y supercherías menores que luego nos venden a nosotros.

Tampoco les interesan mayormente los productos de nuestras economías regionales.  Ni tan siquiera la carne pampeana, la mejor del mundo, que la sustituyen por otras de menor calidad como la de perros,  o si no veamos este cuento:

A mediados de 1993, con los técnicos del SENASA, recibimos a la delegación sanitaria de la República Popular de China. Venían con el fin de estudiar los avances de la aftosa en Argentina, y si la situación favorecía firmar tratados comerciales que permitiera enviar nuestras carnes al gran país asiático. Durante cuatro días los expertos expusieron documentos, mapas y pormenorizaron cada región del país que, entre otros, lucía orgulloso la ausencia de la enfermedad.  El Último día de inspección el jefe de la delegación sanitaria oriental aceptó los argumentos técnicos y el óptimo estatus de nuestro país frente a la aftosa. Ergo, con la aprobación  del examen, se redactó el acta de acuerdo y el proyecto del convenio a firmarse. Como se trataba de borradores y debían estar escritos en los idiomas de ambos países, los chinos llevaron copias a su embajada para traducirlo y luego rubricarlos al otro día.   Retirada la trouppe amarilla nos quedamos exultantes, pues no podíamos creer tamaño entendimiento que aparejaba grandes expectativas comerciales. Con solo pensar que cada chino agregara a su dieta 100 gramos de carne anual, la exportación crecería en miles de toneladas. Se entiende entonces la alegría del ambiente.

Al otro día, muy sonrientes, los chinos traían el acuerdo con una salvedad, a trueque de la firma del tratado la Argentina debía importar carne de cerdo de la China en igual proporción al volumen exportado. Imposible, primero porque ese tema no estaba en discusión y, segundo, China registraba en sus piaras Peste Porcina Africana, enfermad exótica en nuestro país y, por lo tanto, hacía inviable su tratamiento. Como dejaron de sonreír y se pusieron firme en su propósito, cual chantaje, el acuerdo redactado no se firmó y fue a parar al rincón de los olvidos.

Desde luego, la nuestra fue una gran frustración, pero no tanto si se compara con los 20 mil millones de dólares que amagaron invertir en Argentina hace unos años a cambio de facilidades comerciales, que ventajeros sacaron provecho. Como se aprecia, ambas expectativas, la compra de carne y los veinte mil millones fueron cuentos chinos, como el suspendido viaje de Cristina, que al final, si muchos consideran un exabrupto mayor, también debe considerarse, salvando la distancia,  una especie de vendetta en sanidad. Sanidad, que dicho sea de paso, le está faltando a la política en Argentina y a muchos políticos.

 

 

 

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