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Editoriales y Columnas
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoNo somos aprendices del Dr. Mengele
05/may/2018

¿Cómo nos podremos oponer tan solo con la realidad y verdad científica a personas así de ignorantes, siendo que además son ungidas por la institucionalidad y el voto popular? ¿Acaso no es que “vox populi, vox Dei”.

Por: Ing. Agr. Daniel Carlos Besso

El célebre cosmólogo y divulgador científico Carl Sagán, al ver la pérdida del rumbo en que empezaba a sumirse la humanidad, cuando desde el periodismo amarillista y desde grupos pseudo ambientalistas, se atacaban sin fundamento los avances tecnológicos, ensayó el siguiente pensamiento:

A la humanidad, puede que le aguarde otra era oscura, le esperan grandes retrocesos tecnológicos, en cuanto estas conquistas científicas son puestas en duda por grupos de personas con escasa preparación técnica pero gran poder de difusión.

Para peor, estos avances son limitados y cuestionados, desde las instituciones de la democracia como el poder legislativo y el poder judicial. Nos consta el bajísimo nivel de conocimientos técnicos y científicos de casi todos los componentes de esos poderes.

Además, ¿Cómo nos podremos oponer tan solo con la realidad y verdad científica a personas así de ignorantes, siendo que además son ungidas por la institucionalidad y el voto popular? ¿Acaso no es que “vox populi, vox Dei”.

Puede que no esté relatando sus palabras con precisión, pero no me desvío de su concepto ni un milímetro.

Me resulta inevitable caer en la sospecha de que está ocurriendo un plan sistemático sobre los avances de la humanidad, logrados al día de hoy. Veamos:

En el campo de la salud:

1) Existan grupos de personas organizándose para ir contra la inmunología y la aplicación de VACUNAS, contra las enfermedades endémicas. Es a estas alturas, algo verdaderamente asombroso. Llegan a poner en riesgo la vida de sus propios hijos al no vacunarlos.

Además se constituyen en un riesgo sanitario para toda la sociedad como grupo de riesgo, eventuales transmisores y propagadores de los males para los cuales no se quieren vacunar.

2) Otros niegan la utilidad de antibióticos y quimioterápicos.

Por ejemplo convencen a personas que padecen cáncer, a intentar terapias “alternativas” apartándolas de las aplicaciones de quimioterápicos que sin lograr 100 % de remisiones, logran cada día, más casos de remisiones completas y curas definitivas.

3) Se intenta convencer a las personas que consumiendo determinados alimentos se logra resguardarse de graves enfermedades. Esto confunde al público con lo que debe ser la medicina científica.

Hay más, pero no se trata de hacer aquí y ahora, un compendio. El lector tiene ya el sentido para advertirlo.

La creación de “fantasmas” sobre los transgénicos, cuando no se tiene real idea de que son y que la misma naturaleza realiza transgénesis. Se asusta a la población haciéndoles creer que son dañinos.

Asustar a la gente, al público en general, sobre el uso de agroquímicos, siendo que se usan domésticamente, en las propias casas, en dosis diez veces mayores. Lógicamente todos odiamos que al ir a dormir, los mosquitos nos piquen en las manos, pies y nos zumben en la oreja.

La vida cotidiana, realmente nos expone a gran cantidad de sustancias químicas, muchas de ellas con efectos no deseados. Pero no se puede prescindir de ellas si pretendemos tener acceso a cierto grado de confort.

Estamos inundados de ondas electromagnéticas con todos los artilugios que nos rodean, desde celulares, controles remotos desde el televisor, aire acondicionado hasta los de los portones elevadizos, capaces de emitir señales capaces de ejecutar su trabajo desde más de 100 metros de distancia. Todos pretenden el confort, pero nadie quiere tener la torre de la compañía de telefonía celular en los fondos de sus casas.

De algún modo viene a ser un caso semejante, no quieren las aplicaciones de plaguicidas en frutales, pero tampoco toleran la presencia de gusanitos en manzanas, peras y duraznos.

Estoy seguro que una gran proporción de los compradores de los casi 800.000 automotores que se vuelcan en el mercado año a año, creen en alguna de estas fantasías propuestas por la ciencia basura, que crean esos miedos infundados. Sin embargo, participarán en volcar toneladas y toneladas de gases de escape a la atmósfera y toneladas de caucho que quedarán por desgaste en las calles y fatalmente terminarán esas sustancias órgano sulfuradas, en los cursos de agua o el mar.

No tienen una somera idea de cómo sería producir sin agroquímicos. ¿Les gustarán las galletitas, los bizcochuelos, los panes y los fideos con gorgojos, carcomas, polillitas, o sus gusanitos talvez?

¿Les gusta tanto cortar un durazno o una manzana y encontrar gusanos de Carpocapsa, Grapholita o de mosca de los frutos?

¿Tendrán idea de cuál sería la pérdida sin el control de malezas, insectos, hongos y bacterias? Porque aún para quienes los bichitos, les resultan simpáticos, debo recordarles que merman mucho la producción y resta de la oferta de alimentos, fibras y maderas para el uso de la sociedad.

¿Tendrán un idea de cómo sería la producción ganadera, sin ivermectina, o sin antibióticos ni quimioterápicos?

“NADA DE AGROTÓXICOS” como esa gente denomina a los productos para sanidad, vegetal o animal. Pero me gustaría verlos al encontrar gusanitos en la lechuga o pulgones en las coles.

Las pérdidas en la producción de alimentos, no es solo “PÉRDIDA A SECAS” para el productor y “QUE SE JODA”; LA PÉRDIDA ES PARA LA SOCIEDAD EN SU CONJUNTO QUE TENDRÁ MENOS OFERTA Y EL PRECIO SE ELEVARÁ.

Voy a relatarles un caso que me ocurrió personalmente:

Unos años atrás, escuché por Radio Continental de la capital federal a un supuesto médico, hablando de lo perjudicial que era para la salud, consumir pollos del tipo comercial de las cadenas e integraciones. Que no en vano tenían esas velocidades de crecimiento espectaculares y tenían esas masas musculares tan desarrolladas. “que eso no era normal y que sin duda obedecía al uso de hormonas y/o anabólicos”.

Al día siguiente me comuniqué con la emisora para solicitar copia de la grabación de dicho programa, para ejercer como profesional de la producción animal, mi derecho (nuestro derecho) a iniciar acciones legales, por una grave difamación que nos ponía al borde de la violación de normas de sanidad y de derechos humanos.

La secretaria que me atendió, me solicitó el nombre y nº de teléfono fijo. Me preguntó si podía atender a la gerencia de la radio. Asentí, lógicamente.

A los pocos minutos se comunicó conmigo, el gerente de la emisora, para interiorizarse de la cuestión.

Le informé que yo había estado relacionado con la industria avícola, porcina y en general de la producción animal que recibía alimentos y raciones balanceadas, desde 1975. Le relaté sucintamente mis antecedentes para que comprendiera la seriedad que demandaba el caso.

Lo puse al corriente del nivel académico de todos los profesionales que convergen en la actividad.

Le expliqué que todos nosotros los profesionales ya habíamos colmado nuestra capacidad de tolerar semejante difamación y que a partir de ese momento, reclamaríamos la retractación o ratificación. Que paralelamente desde las empresas que algunos de nosotros administrábamos y conducíamos, reclamaríamos compensaciones millonarias en dólares por la caída de las ventas ocasionadas por una alarma instalada mendazmente en la sociedad.

Era imaginable el susto de ese señor, no era para menos.

Me ofreció la posibilidad de responder al aire en el mismo programa (matutino, a media mañana), el tiempo que fuese necesario para explayarme sobre el tema.

Relaté en esa oportunidad, que la extraordinaria performance de la producción avícola tanto en carne como en huevo, se debía a los grandes avances en genética, nutrición, sanidad y manejo.

Que lo mismo ocurría en otras ramas de la producción animal, como ganaderías de carne y leche.

Que no eran temas técnicos de fácil comprensión si no se tenían conocimientos mínimos de agronomía, veterinaria o biología. Pero que el público debía tener la plena confianza, en tanto y en cuanto, nosotros mismos y nuestras familias consumíamos más que abundantemente, los productos que producíamos. QUE LO MÁS OFENSIVO PARA NOSOTROS ERA QUE TÁCITAMENTE NOS EQUIPARARAN AL DR. JOSEPH MENGELE, EXPERIMENTANDO CON HUMANOS.

Tan obvia era la explicación que la emisora pidió disculpas públicas por los dichos de trasnochado galeno.

Se me hace que en estos momentos, nos encontramos ante un panorama semejante.

Los profesionales, técnicos, científicos y desarrolladores de técnicas y prácticas novedosas, no tenemos nuestras familias viviendo en otro planeta, ni alimentándose de vituallas marcianas.

No nos creemos infalibles, no hay obra humana que lo sea. En los ámbitos académicos somos muy críticos de como implementamos los avances. Lo hacemos desde el conocimiento científico con los debidos resguardos y somos implacables con nosotros mismos. No somos para nada corporativos, pues como expresé, NUESTRAS FAMILIAS VIVEN EN ESTE PLANETA.

Los productos que se usan normalmente en la producción agropecuaria, fueron el resultado de años de investigación y desvelo de nuestros colegas, que trabajaron como lo hacemos todos con el pensamiento puesto en el bien de la sociedad. QUIEN PONGA BAJO SOSPECHA LAS BUENAS INTENCIONES DEBERÁ PROBARLO. En nuestra sociedad democrática nos regimos por el PRINCIPIO DE INOCENCIA, nadie es culpable hasta que se demuestre lo contrario Y NO SE PUEDE NI DEBE INVERTIR LA CARGA DE LA PRUEBA. Es decir que los que acusan y difaman a Ingenieros Agrónomos, los médicos Veterinarios, Biólogos, Bioquímicos, Inmunólogos, Zootecnistas, Fitotecnistas; deberán probar técnica y científicamente semejantes infundios, hacerse cargo de sus dichos y afrontar las consecuencias. NO VAMOS A TENER SIEMPRE TANTA PACIENCIA.

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