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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoGESTA DE LA 125: El éxito del campo en el conflicto, depende de la inteligencia con que lo maneje de ahora en más
15/mar/2018

Lo trascendental es que el campo en su conjunto advierta cuanto ha conseguido desde el 12 de marzo a la fecha, independientemente de cuanto se logre modificar, la importancia alcanzada por las asambleas de base diseminadas por todo el país, la unidad del sector, la coordinación en el accionar conjunto de las cuatro entidades y, primordialmente, la cantidad de productores que abandonaron la comodidad de la platea para subir a escena, significan un avance que por su significado debe interpretarse en su justa dimensión.

A finalizado la segunda etapa del conflicto que este año vienen librando el gobierno y el campo y, al mismo tiempo comenzó una nueva, la que aparenta tendrá aristas diferentes a las anteriores, aún cuando las razones y el objetivo es el mismo que dio lugar a la protesta.

El gobierno, (me refiero a la gestión K desde su comienzo en 2003), no sabía lo que era tener una resistencia tan firme a una medida, como la expresada por el sector agropecuario. Por cierto, que la sucesión de errores burdos en la materia cometidos por la administración kirchnerita y, fundamentalmente por las ignominias que el agro ha sido objeto, han dado sobrados motivos para que se “despertara un gigante dormido”.

Desde el poder también se perpetraron abusos en otras áreas, de la misma manera que en reiteradas ocasiones se violó a la república misma; (Súper poderes, uso y abuso de los decretos de necesidad y urgencia, soslayo del Congreso, etc.), no obstante, tales desatinos no mellaron la credibilidad del gobierno; por distintas causas Néstor Kirchner no solamente salió ileso de esos entreveros, sino que llegó a acumular apoyos cuantiosos, (algunos por convicción y otros por conveniencia). Las filípicas públicas del mandamás humillaron a empresarios sin otra consecuencia que el silencio y el acatamiento de los aludidos; el manejo férreo de la verticalidad, fue suficiente para que legisladores oficialistas perjuraran de lo que habían preconizado y votado durante su época de “adláteres” menemistas; la debilidad de la oposición, sumada a la apatía y desidia del pueblo, le permitieron a las huestes K, avanzar sobre la institucionalidad del país y el despojo al interior, si tener que pagar costo alguno por ello.

Cebado por los resultados obtenidos con esta táctica, animado con el rédito emanado por las “jugadas fuertes” y, envalentonado por el éxito electoral que llevó a Cristina Fernández a la casa rosada, la administración gubernamental no dudó en ir por más; en noviembre le asentó un nuevo golpe al campo, elevando considerablemente las retenciones (entre un 27,27% para la soja, hasta un 50% a las harinas y aceite de girasol). Como el impacto quedó de alguna manera disimulado por el alza experimentada en los granos, el 11 de marzo con la Resolución 125 se consumó un nuevo despojo. Pero como todas las cosas tienen un límite, justamente dicha norma, constituyó el punto de inflexión de la tolerancia paciente.

Con el avance de la protesta y la cohesión verificada, en las cercanías del poder se fueron percatando que el agro no estaba dispuesto ha aceptar el menoscabo impuesto, en virtud de ello, puso en marcha una serie de estratagemas, subterfugios y manipúlelos, con propósitos embozados de dividir el frente compacto conformado por las entidades por un lado, y por el otro, enfrentar a la opinión pública con el campo. El acierto con que el comando ruralista unificado condujo las acciones, el compromiso responsable asumido por bases y, la estrategia adecuada de ilustrar a la población, determinaron que esta vez no funcionaran los artilugios que hasta entonces le habían redituado al gobierno.

Durante el mes de tregua, además de continuar con las artimañas mencionadas, desde las esferas oficiales no ahorraron recursos en pos de lograr el desgaste de la dirigencia; marchas, contramarchas, acuerdos no efectivizados, postergaciones, contradicciones, provocaciones, acusaciones y otros menesteres de tal naturaleza, estuvieron al orden del día durante todo abril. Pese a tanto desden, los negociadores sin resignar la firmeza, emanada de su convicción, nunca perdieron la prudencia, mostrándose siempre a la altura de las circunstancias.

Fenecido el intervalo concedido para la negociación y habida cuenta del fracaso de la misma, el campo retorno al estado de alerta y movilización; aún cuando en el sector y fundamentalmente entre las bases impera una gran exacerbación, las medidas adoptadas a priori surgen como las más acertadas, el retorno a las rutas tiene como prioridad profundizar el esclarecimiento de la problemática del sector. Los volantes que se están entregando son precisos y a la postre constituyen la medicina más certera para desbaratar la prédica oficial.

Teniendo en cuenta lo acontecido, no es fácil mantener la mesura, pero es muy importante que ella perdure. Conforme a los antecedentes y metodologías del gobierno, aún cuando el conflicto le está resultando mucho más oneroso de cualquier cálculo previo, difícilmente vaya a flexibilizar demasiado su posición. Saben que se han equivocado, más la soberbia imperante en el pináculo del poder les condiciona una rectificación; el diferendo se deglutió al Ministro de Economía, allí el gobierno perdió una buena oportunidad para “barajar y dar de nuevo”, por el contrario, el presidente consorte (quien habla y actúa como si todavía ocupara el sillón de Rivadavia), no perdió ocasión en denostar al campo.

En virtud de lo expresado, el cuadro de situación es complejo y, para el agro amerita actuar de manera inteligente. El cambio operado en la opinión pública de los grandes conglomerados, el espacio ganado en los medios, sumado a las fisuras, (que aunque intentan disimular), se están produciendo dentro de los factores de poder, especialmente entre gobernadores e intendentes, constituyen puntos favorables para el sector más productivo del país; no obstante, para lograr resultados será menester consolidar tanto la imagen como el proceder.

Seguramente antes de ceder en algunos de los reclamos y, fundamentalmente en la cuestión de las retenciones, el gobierno va apelar a determinados trucos, probablemente, sin dejar de utilizar los recursos conocidos, apostará a que una eventual desinteligencia entre las conducciones de las entidades y los auto-convocados, lleve a estos a cortar las rutas y provocar el desabastecimiento, con lo que se daría un escenario propicio para un repudio popular.

La forma que se ha llevado la protesta hasta la fecha ha sido la adecuada, el desafío es seguir superando los obstáculos; la tarea no ha sido sencilla y tampoco lo será de ahora en más. Lo trascendental es que el campo en su conjunto advierta cuanto ha conseguido desde el 12 de marzo a la fecha, independientemente de cuanto se logre modificar, la importancia alcanzada por las asambleas de base diseminadas por todo el país, la unidad del sector, la coordinación en el accionar conjunto de las cuatro entidades y, primordialmente, la cantidad de productores que abandonaron la comodidad de la platea para subir a escena, significan un avance que por su significado debe interpretarse en su justa dimensión.

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