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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoGESTA DE LA 125: Contribuciones, secuelas y conclusiones que arrojó la protesta agraria
13/mar/2018


05 abril 2008

Tras veintiún días de paro, de vigilia en las rutas del país, de masticar bronca, de estar pendientes de una enmienda sobre el atropello estatal y, de explicar a cuanto ignaro en la materia se le cruzaba, sobre la tribulación que pesaba sobre el sector; muchos productores se sintieron abatidos, decepcionados, muy amargados por la negativa del gobierno a “dar marcha atrás”, ganados por la impotencia, con más enfado que cuando comenzó el conflicto; dolidos por el perjuicio, pero más apesadumbrados aún por el “fracaso” de un reclamo, al que por justo le habían puesto tanta dedicación y pasión.

Estas sensaciones, si bien llegaron a embargar a productores de distinto tamaño y generación, repercutieron con mayor fuerza en los jóvenes, es lógico, su mayor idealismo y “menor recorrido” les hizo poner más énfasis en el reclamo y, fundar más expectativas en una solución. Pero… sin negar a nadie el legítimo derecho de considerarse defraudado y vejado, creo que ha llegado el momento de hacer una evaluación pormenorizada de la situación, al respecto, estoy persuadido que el resultado de la protesta es muy positivo y, seguramente marcará un jalón trascendental en la historia agraria nacional. Es más, estos 20 días de protesta y movilización ya constituyen una bisagra; de ahora en más nada será igual. Aunque el desánimo prime todavía en los más escépticos, sin el campo sabe interpretar lo que logró en los dos últimos decanatos de marzo y, al mismo tiempo es capaz de capitalizarlo adecuadamente, en el futuro será mucho más difícil someterlo.

CORTES DE RUTA

Fiel a mi forma de pensar, corresponde decir que no comparto la metodología de cortar las rutas, siempre entendí que “mis derechos terminan donde comienzan los de los demás”, creo que cualquier argentino debe tener la posibilidad de transitar libremente, estoy convencido que es tan legítimo el derecho a huelga como genuina la elección de trabajar; con total sinceridad siento que incurriendo en esa práctica se viola la ley y, como respetuoso de ella no estoy de acuerdo en infringirla. Además, expresiones de esta naturaleza, son caldo de cultivo para el desencadenamiento de situaciones violentas, y/o el surgimiento de episodios imprevisibles, con dificultades para ser impedidos o neutralizados por cabecillas responsables.

Es evidente que estos escenarios corren muchos riesgos de desbordarse y en consecuencia, producir eventuales perjuicios y efectos contraproducentes para el reclamante. Inclusive, los cortes no seducen ni forman parte del bagaje de herramientas predilectas para la mayoría de los dirigentes rurales. Pero lo concreto, es que más allá de las preferencias personales, las protestas se materializaron tal como se observó mediante la excelente cobertura periodística; como no podía ser de otra manera, ante tan generalizado acatamiento, tanto celo y afán puesto al servicio de la causa y, la prolongación en el tiempo, tuvieron lugar algunos excesos, se crearon ciertas arbitrariedades y causaron determinados menoscabos.

No se puede ocultar que originaron contratiempos, que los afectados se han visto damnificados injustamente; no obstante cabe reconocerlo, los detrimentos ocasionados fueron mínimos y se vieron relativizados, considerando la cantidad de piquetes diseminados por todas las provincias agrarias, como así también la magnitud de la lucha. La providencia estuvo presente y el costo fue ínfimo con relación a lo que en definitiva la expresión de referencia aportó. Nadie puede negarlo que hubo suerte, está no siempre jugará a favor, eso tendrán que entenderlo los productores y por lo tanto, será oportuno que no reincidir con la metodología. Es verdad, el cuadro de situación generado por la absurda confiscación del gobierno despertó una reacción así, (posiblemente la única manera de hacerse oír), pero será fundamental en lo sucesivo buscar otra forma de protesta, más imaginativa, menos peligrosa, más respetable.

REIVINDICACIÓN DEL INTERIOR

El campo constituye la columna vertebral de la economía nacional y el motor del interior, estas definiciones que para mucha gente resultaron históricamente frases teóricas, han comenzado a ser dilucidadas por la sociedad. Las explicaciones brindadas por los dirigentes en sus distintos niveles de responsabilidad, ya sea en los grandes medios nacionales, o ante los comunicadores regionales; la excelente concientización emanada por la variedad de folletos entregados en los piquetes y, la coherencia de la soflama, más allá de los matices e improntas propias de 300 puestos de manifestación erigidos en los caminos de la patria, poseyeron el don de trasmitir no sólo de la afrenta que era objeto el sector, sino demostrar de que forma el gobierno central avasalla al interior.

La comprensión de la situación por parte del argentino común que no tiene relación alguna con el campo es muy importante, no menos trascendente ha resultado que merced a dicha prédica, numerosos intendentes de Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos, La Pampa, etc., se hayan interiorizado que significan las retenciones en materia de recursos fiscales, cual es la magnitud que estas alcanzan con la resolución del 11 de marzo, el tremendo perjuicio que ocasionará a los estados provinciales en materia de coparticipación y por ende, las nefastas consecuencias que acarreará a las finanzas municipales.

Los gobernadores, que si sabían cuanta riqueza de sus distritos resignaban a favor del poder central, no se animaban a plantear la sinrazón con el énfasis correspondiente, el temor a la represalia, el peso de sus deudas y la dependencia de las “dadivas”, actuaban como silenciador de sus derechos y destructores de la dignidad. Si bien la férrea disciplina impuesta por la dinastía K, tratará por todos los medios de mantener inalterable la hegemonía económica, a partir del paro agropecuario, en la medida que los mandatarios provinciales estén dispuestos a revalidar sus jerarquías y, cumplir con los deberes conferidos por quienes los eligieron, cuentan frente así con un escenario diferente, mayor comprensión de sus gobernados y como quedó evidenciado, con la convicción y el compromiso del campo.

En tal sentido la “rebeldía” empieza a emerger, a la hasta entonces solitaria observación de Binner y la crítica sin tapujos de Rodríguez Sa, los últimos días, se han sumado la insinuación de Schiaretti y Das Neves, como así también las diferencias marcadas por Reutemann, por solo nombrar a algunos notorios que han hecho público su malestar. No cabe la menor duda, en la Casa Rosada ha caído muy mal que ahora no solo lo sepa el intelectual, el economista o el periodista informado, ahora Doña Rosa también sabe que en concepto de retenciones, el Estado central se lleva de una provincia tanto como es su presupuesto y, en el caso de los municipios, dependiendo la aptitud productiva de la zona en que se encuentre, el éxodo de divisas al erario nacional es equivalente a 15, 20 o 25 veces el presupuesto del gobierno local.

APOYO DE LA SOCIEDAD

Uno de los puntos fuertes de la lucha planteada radica en el amplio y variado apoyo recibo, entidades y productores se han encontrado con la aquiescencia y el acompañamiento de distintos sectores de la comunidad. Tamaña comprensión y semejante consenso, no registra parangón en los anales de la nación, se superó así, el más optimista de los cálculos del sector, sorprendiendo que tal consentimiento se mantuviera aún cuando el desabastecimiento se torno preocupante.

Las actividades comerciales e industriales vinculadas al sector prontamente se pusieron al lado de la protesta, los Centros Comerciales de todo el país convocaron a sus asociados para adherirse, consientes del rol que desempeña el agro en el desarrollo mercantil del interior, entidades profesionales como APRESID y AACREA que siempre se mantuvieron al margen de los reclamos rurales, no dudaron en expresarse en forma contundente, prestadores de servicios, empleados, obreros y muchos particulares sin ninguna ligazón con el sector, acompañaron en silencio o, concurrieron a los actos, caravanas, etc.

Pero lo más novedoso y llamativo consistió en los cacerolazos que tuvieron su inicio en distintos puntos de la Capital Federal y, rápidamente se multiplicaron en las ciudades de tierra adentro, el concierto de ollas y cucharones se hizo sentir con nitidez en las puertas mismas de la quinta presidencial. El mensaje es claro y sería muy bueno que el gobierno sepa descifrarlo para su propia salud, el exabrupto cometido con el campo y su posterior terquedad en sostenerlo, hizo despertar en la civilidad su potestad de reprobar los excesos del poder.

ACATAMIENTO y PARTICIPACIÓN

La organización de un plan de lucha y las medidas para efectivizarlo no significan una tarea sencilla, máxime cuando sus convocantes revisten características horizontales y, mucho menos aún; cuando esas asociaciones no están entrenadas para la movilización, ni sus dirigentes por naturaleza, están convencidos y consustanciados con tales metodologías. Pero en la ocasión, la sumatoria de ignominias que el campo viene soportando de dos años a esta parte y, el último saqueo perpetrado, no resistió tibiezas ni indecisiones. No solamente que las bases se encolumnaron con lo resulto de sus entidades madres, sino que sacudieron la modorra aquellos productores menos comprometidos, quienes a la postre actuando como “auto-convocados”, fueron los más duros y fervorosos exponentes del lockout.

Quedo perfectamente reflejado que muy lejos de ser una ocurrencia de los dirigentes, el paro fue una decisión generalizada del campo en su conjunto, con el consentimiento expreso de los afiliados a las organizaciones primarias, ratificadas en las asambleas de segundo grado, pero además con la anuencia implícita de quienes carecen de representantes.

El resultado del compromiso y participación asumido por las bases en la ocasión, es un caso excepcional que amerita una exhaustiva evaluación. Es normal que cuando una medida de fuerza se prolonga se produzcan desgastes y por consiguiente, derive en deserciones, contrariamente, la protesta se profundizo con el avance de los acontecimientos, no hay una sola explicación para ello; por una parte insidió la gravedad de la medida, pero tampoco se puede desconocer que en sus intentos por justificar el absurdo, el gobierno contribuyó a cohesionar a los agropecuarios, cada declaración de ministros y funcionarios arrimó más gente a los piquetes.

El gobierno se extralimitó, cebado por el temor sembrado entre quienes osaron contradecir los designios oficiales durante el primer gobierno kirchnerista, no dudó en apelar a la descalificación. Esta vez se equivocó, intentó entonces acudir a bravucones y chupópteros sin poder amedrentar y, lo que es peor, por lo que significa su investidura, la presidenta cometió el error garrafal de querer vincular a la dirigencia rural con el golpismo.

UNIDAD

Con frecuencia los productores fueron críticos de su dirigencia, a muchos les costaba entender la división que aquejaba al sector; para el hombre de campo sin una militancia activa, las diferencias ideológicas y metodológicas entre las cuatro entidades: Federación Agraria Argentina “FAA”, Confederación Intercooperativa Agropecuaria “CONINAGRO”, Sociedad Rural Argentina “SRA” y Confederaciones Rurales Argentina “CRA”, no podían ser tan profundas como para impedir consensuar el discurso ante los diferentes gobiernos.

Tales apreciaciones tienen su asidero y, ello ha quedado de manifiesto en estas jornadas. Como nunca, los referentes de las entidades dejaron traslucir que actuaron con grandeza, más allá de algunos enfoques distintos que naturalmente y, saludablemente existen en los cuerpos colegiados, tras exponer sus ideas y defenderlas en los necesarios debates para arribar a una síntesis, supieron en todo momento alcanzar el punto de equilibrio y trasmitir la cohesión que las bases anhelan, la opinión pública rescata, el periodismo destaca y, al gobierno le preocupa.

Atento a la unidad demostrada, desde las esferas oficiales intentaron directa e indirectamente provocar el divisionismo; el menú de opciones transitó por llamados discriminados, críticas veladas con reminiscencias de antaño para tal o cual institución, pretendiendo reavivar enconos que otrora supieron disgregar al sector, promoviendo tratamientos diferenciados, etc. En tal sentido corresponde destacar que los dirigentes no cayeron en ninguna de las celadas tendidas desde el poder y, a propósito, si bien todas las conducciones de las entidades estuvieron a la altura de la circunstancias, el proceder de FAA amerita una mención especial, habida cuenta que los retoques ensayados en el último intento oficial por quebrar el paro, en tanto y en cuanto se cumplan, favorecerían preferentemente a sus afiliados.

El paso dado significa un avance impredecible poco tiempo atrás, denota una madurez de la dirigencia hasta ahora no desarrollada. Como todo logro importante genera el desafío de consolidarlo, cierto es que quienes ostentan la responsabilidad de dirigir sus destinos, tienen el compromiso mayor, pero no es exclusiva obligación de ellos, si bien están compelidos ha ahondar el entendimiento, los dirigidos no pueden darse el lujo de desentenderse de la situación. La unidad del campo es esencial para lograr el respeto y reconocimiento que el sector se merece; pero así como el paro no fue consecuencia de un arreglo de cúpulas, la participación de las bases es fundamental, tanto para aportar nuevas ideas, para apuntalar la gestión de sus representantes, como para observar y plantear alternativas cuando estos por acción u omisión puedan equivocarse.

Otro tema a resolver será el de auto-convocados, el despertar de su conciencia participativa es muy positivo, sin embargo, no se puede soslayar que al tratarse de voluntades espontáneas aumentan los riesgos de desbordes y accionares contraproducente, en virtud de ello, se plantean retos muy importantes de zanjar; para este segmento de productores, comprender que la añorada unión del sector es responsabilidad de todos y, no potestad exclusiva de sus dirigentes, que para alcanzar la reivindicación que el campo merece es necesario actuar en forma planificada y orgánica; para las entidades el desafío consiste en escucharlos, explicarles los preceptos del funcionamiento institucional y, crear las condiciones propicias para la incorporación a sus filas, sin presionar para que se sumen a una u otra organización.

OTRAS SECUELAS

Por todo lo expuesto queda muy en claro que el esfuerzo realizado no ha sido en vano, no obstante, las consecuencias de la medida no se agotan con lo expresado, a ello deben agregarse otros comportamientos verificados ya en distintos ámbitos, tales como; mayor interés de la oposición por lo que pasa con el campo (a las pocas voces que se hicieron sentir desde que comenzaron la desventura, se sumaron muchas más), caída considerable de la imagen positiva de la presidenta, menor impacto en los grandes conglomerados urbanos de la perorata oficial para enfrentarlos con el agro, mayor conciencia en la opinión pública para pedir cuenta por el destino de sus tributos, ect.

Los sucesos acaecidos dan lugar al abordaje de muchos temas más, pero ellos serán el fundamento de una próxima editorial: Redistribución, gasto público, el Congreso, ¿retenciones si – retenciones no?,


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