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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoMÁS QUE UNA ÉPOCA DE CAMBIOS, EL PAÍS NECESITA UN CAMBIO DE ÉPOCA
04/nov/2015

“Ni la justicia social ni la libertad – recíprocamente apoyadas – son comprensibles en una comunidad integrada por hombres que no se han realizado plenamente en su condición humana”

Por: Arq. Luis Esterlizi

Los cambios de gobierno

En el modelo actual, está firmemente promocionada la idea de la enorme importancia que tienen los procesos electorales donde el ciudadano mediante la emisión de su voto puede incidir en la renovación o consolidación de mandatos y explicitación de diferentes propuestas, por lo que constituye una de las prerrogativas que insistentemente se destaca del régimen democrático. Pero por las decepciones ocurridas en los últimos 30 años, nos merecemos una reflexión a través de la cual podamos evaluar hasta donde dicho acto por si solo, concluye con los dilemas nacionales que hoy aquejan a nuestro país.

En primer lugar en las elecciones realizadas el 25 de Octubre, sin temor a equívocos vemos que el signo más evidente de la exigencia popular lo constituyó la necesidad de cambios. Y esa sola explicación nos lleva a admitir distintas calificaciones sobre lo que cada ciudadano exige cambiar. En segundo término se afianza la presunción de que la sola emisión del voto popular no asegura los cambios trascendentes y la restitución de verdadero sentido de la democracia que es la participación y el protagonismo de la sociedad. Y finalmente, ante la complejidad de cambios que explicita la sociedad resulta más entendible hablar de un cambio de época, donde la misma signifique el fin de los gobiernos elitistas y autocráticos que impide el protagonismo social. De ponerle fin a la corrupción y a las especulaciones subalternas; de recuperar la cultura del trabajo y terminar con los planteos clasistas que en el fondo constituyen señales palpables de un proceso de degradación política y social.

En los últimos 30 años, fue notorio como los candidatos fueron dándole forma a los gobiernos de elites ocultando sistemáticamente, durante este largo camino democrático los datos fidedignos de la real situación en la que se encontraba o como hoy se halla el país ante el despunte de una nueva crisis nacional, regional y mundial.

Esperemos que en esta última etapa denominada balotaje, las dos expresiones en pugna que por el momento expresan parcialidades, extiendan ante la sociedad un manto de luz sobre el verdadero estado de las cuentas públicas y muestren cuáles serán los argumentos, los caminos y la forma de encarar entre todos, su superación.

La crisis política exige un cambio de época

Ante el grave trasfondo económico, político y social que ha abierto enormes grietas en la sociedad no fáciles de sortear y que ponen en grave riesgo la paz social y el despliegue nacional, las medidas a implementar carecerán de sustento popular si la clase dirigente no cuenta con una autoridad prestigiada al momento de concertar con las fuerzas organizadas e institucionalizadas de la Sociedad un plan de contingencias como así también elaborar un proyecto de mediano y largo plazo. Si esto fuera posible, el pueblo de seguro asumiría el compromiso de recuperar y recomponer en sus verdaderos roles y funciones a todas las instituciones, única manera de evitar el caos y la anarquía.

Pero, ¿el gobierno elegido dispondrá nuevamente de la paciencia y bonhomía del pueblo para poder conducir a toda la comunidad hacia la solución integral de los problemas que la aquejan? ¿Tomará conciencia de que es imprescindible gobernar con el pueblo ya que es el actor fundamental de una democracia y el que tiene todo el derecho de exponer con claridad que futuro desea a partir de las cualidades de vida que merece?

Los últimos 30 años de democracia nos demuestran que la sola reiteración de los procesos electorales no aseguran la institucionalidad de un proyecto de país con condiciones de vida digna para todos los argentinos ni garantiza el predominio de las ideas fuerzas para reconstruir el sentido de Unidad Nacional, más allá de los disensos que pueden y deben existir entre los sectores políticos, sectoriales y sociales pero buscando armonizar y equilibrar esfuerzos y beneficios para la Comunidad.

El futuro nacional

Para ello, debemos salir del acostumbramiento al reiterado escenario pos-electoral donde nos conformamos por haber cumplido con la obligación cívica de emitir el voto, aunque al poco tiempo comprobamos que es necesario superar la inmovilidad frustrante en espera de los beneficios prometidos. Esta situación determina que si el pueblo no es parte de la decisión y realización de las políticas de estado, corre el riesgo de quedar fuera de los resultados.

En estos pocos días que quedan para el balotaje, lamentablemente comprobamos que el reclamo de cambios que predomina en el pueblo, carece del acuerdo social tan necesario como imprescindible para participar solidariamente como también para asumir responsabilidades y compromisos por parte de cada uno de los sectores organizados como de las demás instituciones públicas y privadas. Todo nuevamente vuelve a quedar en manos del futuro Presidente.

Esta preocupación se basa en el hecho de que el pueblo no salió masivamente a festejar porque aún no hay nada qué festejar. Más bien parece estar madurando la convicción de que estamos culminando con la etapa de la emisión del voto, pero que ello no alcanza para cerrar un proceso trascendente. Debemos prepararnos para protagonizar el futuro.

Resulta insoslayable disponer del esfuerzo y la inteligencia de toda la dirigencia y entidades intermedias para establecer un plano de discusión que permita consensuar un proyecto a largo plazo conteniendo propuestas sobre el resguardo de nuestros recursos estratégicos, la definición del perfil y crecimiento de la producción, del trabajo y del consumo, incluyendo la defensa de nuestra cultura, nuestra forma de vida, costumbres y tradiciones, etc., etc., etc.

La existencia de la pluralidad y la diversidad inserta en nuestro pueblo, la debemos evaluar como uno de los valores que poseemos ya que sin clasismos ni diferencias de razas y religiones, solo nos debe preocupar la convergencia de todos ellos en pos de un proyecto que nos contenga y con ello, la necesidad de la integración como única posibilidad de construir una Nación, donde la realización individual sea consecuencia de la realización de la sociedad en su conjunto.

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