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Editoriales y Columnas
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoCOMO AFECTARÁN LAS INUNDACIONES Y EL CAMBIO CLIMÁTICO A LAS ACTIVIDADES AGROPECUARIAS
20/oct/2015

Con el advenimiento del cambio climático, la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, las actividades agropecuarias se ven afectadas de tal modo, que no están en condiciones de recuperarse tan fácilmente.

Por: Ing. Agr. Daniel Carlos Besso

Esto que sigue es un resumen sumamente simplificado. Tiene por objeto ser un aporte más al entendimiento de los fenómenos que refieren al cambio climático y sus consecuencias para las actividades agropecuarias y la economía general del país.

No pretende establecer recomendaciones en particular para cada caso. Solo busca promover el razonamiento, de cómo se habrán de enfrentar las nuevas contingencias y describir las debilidades del sistema productivo, tal como está planteado actualmente.

Las actividades agropecuarias, como todas las actividades humanas se ven afectadas en forma muy importante por las inundaciones.

Sabemos que estos fenómenos son propios de la geografía y clima de nuestro país.

Se puede observar en la geomorfología de las zonas afectadas, las huellas que estos fenómenos han dejado a lo largo de los tiempos.

Ha habido inundaciones, en las mismas cuencas afectadas, antes de la presencia humana en nuestro territorio.

De todos modos, las obras introducidas por el hombre, en muchos casos han venido a complicar la situación, en tanto y en cuanto interrumpen el escurrimiento natural. La zona más afectada es una gran cuenca que desagua la llanura pampeana, desde el sur de Córdoba hacia el río Salado y que finalmente desemboca en la bahía de Samborombón.

De algún modo, si se traza una línea desde La ciudad de La Plata (Capital de la Provincia de Buenos Aires), hasta la Ciudad de Rosario (Prov. de Santa Fe), se puede observar que desde esa línea parten, a modo de abanico, muchas rutas y vías férreas.

Estas vías de transporte, se fueron construyendo con el propósito de acarrear los productos de exportación de origen agropecuario, hacia los puertos donde serían embarcados.

Todas estas infraestructuras cortan el curso del desagüe de esa gran cuenca.

Mientras los eventos extremos de lluvias, estuvieron dentro de lo que se podría denominar valores normales en cuanto a intensidad y frecuencia, las actividades agropecuarias se veían indudablemente afectadas de un modo que el sector soportaba en mayor o menor medida.

Con el advenimiento del cambio climático, la frecuencia e intensidad de fenómenos extremos, las actividades agropecuarias se ven afectadas de tal modo, que no están en condiciones de recuperarse tan fácilmente.

Siendo que en todas las actividades, los avances tecnológicos, fueron imponiendo un mayor uso de tecnología con el consecuente aporte de capital, las pérdidas, cada vez son más gravosas.

Las inundaciones, solo son una consecuencia de un tipo de evento extremo que son las precipitaciones muy copiosas y registradas en lapsos muy cortos de tiempo.

Cuando los volúmenes de agua caída en una región, supera la capacidad momentánea de absorción de los suelos, más el escurrimiento superficial hacia los cursos de agua, la capacidad de transporte de esos cursos de agua, más la evaporación o evapotranspiración; el agua se junta por sobre la superficie de esa región o zona.

Vemos que lo poco que se puede hacer es: Mantener los cauces de agua libres de obstáculos y las superficies de los campos, lo más absorbente posible sin permitir la erosión.

Talvez sería necesario mejorar el paso de los mantos líquidos, de un lado a otro de los terraplenes de rutas y vías férreas.

Dado que no se puede modificar la escasa pendiente de la cuenca, solo resta como posibilidad, la profundización por dragado, de los ríos y afluentes.

A esto apuntó el Plan Maestro del Agua que solo se ejecutó parcialmente y se abandonó. Correspondería entonces que se continuara y replanteara en función de su atraso. Para ello será menester que se repongan los fondos que se destinaron por ley con ese objetivo. Haber destinado los fondos, reasignando prioridades en forma discrecional hacia otros fines, fue una clásica “malversación de fondos públicos”.

Pero convengamos que estas obras no impedirán futuras inundaciones, sino que mitigarán algunos de sus efectos, solamente.

El cambio climático, nos presenta otros eventos extremos que habrán de afectar profundamente las actividades agropecuarias.

Como contrapartida de las inundaciones, se darán períodos de falta de precipitaciones.

Los registros de temperaturas mínimas medias, máximas medias y medias, tenderán a ser muy variables en términos de temporada. Variarán mucho de campaña a campaña, complicando la elección de las semillas, variedades y cultivares a implantar, de los distintos cultivos.

Variedades que eran adaptadas a zonas más cálidas, encontrarán la posibilidad de ser usadas en zonas que históricamente tenían temperaturas más bajas y la variación climática las favorecerá. También se darán los casos inversos.

Otro elemento sobre el que se terminará experimentando variantes, serán las fechas de siembra.

Se ha podido comprobar últimamente, que en años extraordinarios, los cultivos de segunda o tardíos en su siembra, lograron mejores rindes por “escapar a la sequía con su momento crítico o de floración”.

La suma de todas estas variaciones se pondrán de manifiesto en mayores riesgos de fracaso de los cultivos.

Si bien no necesariamente se pueda hablar de fracaso liso y llano, rindes mediocres harán menos atractivas determinadas actividades.

Aquellas siembras, cultivos o actividades que demanden mucha inversión de capital y puedan ser amenazadas por eventos extraordinarios, perderán atractivo económico.

El riesgo probable, deberá ingresar en las ecuaciones de costo beneficio, eso es obvio.

De algún modo es dable pensar que podría producirse un retroceso en cuanto a aplicación de nuevas tecnologías que conlleven mucha inversión de capital.

La capacidad de contar con variantes y alternativas que minimicen las pérdidas o aún mejor, que permitan tener alguna rentabilidad en caso de eventos desfavorables, marcará posiblemente el éxito de la empresa.

En los casos de aquellas explotaciones que se permitan la explotación agrícola y también ganadera, tendrán por lo pronto el capital invertido en actividades de diferente capacidad de absorción del impacto negativo, tanto de inundaciones, como de sequías.

Los nuevos modos de organización de la producción, en especial la agrícola; son absolutamente rígidos para absorber el impacto de estos eventos extremos. No tienen recursos alternativos. Por ejemplo: Si en una campaña de grano grueso, sorprende con muchas hectáreas de maíz implantado, una sequía a la floración, de no contar con el recurso ganadero para transformar la materia seca de los maizales malogrados en carne; todo se transformará en pérdida, absoluta.

La contratación de seguros de cosecha de algún modo resolvería la situación del productor, pero sigue siendo una pérdida, no importa quién se haga cargo. De última el costo del seguro, en caso de un año normal, restará de los beneficios.

A nivel regional o nacional, las pérdidas de producción son ni más ni menos que eso: “pérdidas”.

Cuando se producen grandes pérdidas por eventos climáticos extraordinarios, no solo pierden los productores, pierde la sociedad toda, pierde todo el país.

Las toneladas de granos que no estén o las cabezas de ganado y los kilogramos de carne que falten, restan de la riqueza de toda la sociedad tomada en su conjunto.

De allí la preocupación del C.A.D.I.A. (Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos, www.cadia.org.ar ), para plantar la semilla del pensamiento alternativo, para hacer frente a estos nuevos desafíos que se avecinan.

Será menester que todas las actividades agropecuarias, se replanteen, a la luz de estos nuevos cuadros de situación modos alternativos para superar estas contingencias.

Aunque durante un tiempo se aquieten los eventos extraordinarios y hasta tanto, los indicadores o datos de diagnóstico, no retornen a los antiguos valores, todo plan de inversiones, desarrollos, instalaciones fijas al suelo, deberán ser debidamente estudiadas.

Galpones y pistas de engorde de cerdos, avicultura, plantas de elaboración de raciones, alimentos, suplementos nutricionales, etc., como plantas de silos y playones de silo bolsa, deberán ser ubicados en cotas más elevadas. También los conos de los silos y fosas de norias y balanzas, deberán prestar especial atención a posibles ascensos de las primeras napas freáticas.

Lo que ya está hecho se irá mejorando o adaptando en función de los recursos de capital. Pero todas aquellas instalaciones nuevas merecerán la consideración respectiva. Por ejemplo: en caso de hacer nuevas instalaciones de un tambo, sería conveniente no hacerlas alejadas de los asfaltos. Sin duda los productores serán racionales al momento de invertir.

Los productores, deberán adquirir una nueva capacidad adaptativa como otrora tuvieron, bajo otros contextos.

Los profesionales también deberán ofrecer alternativas a sus asesorados.

La versatilidad se impondrá, no ya como una virtud, sino como una necesidad de supervivencia.

El encarecimiento de los costos, que impondrán las nuevas condiciones, en muchos casos irá a formar parte de instalaciones nuevas y acondicionamiento de las viejas. El incremento de la valorización de dichas instalaciones, no deberían ser consideradas un incremento patrimonial ni ganancias contables. Todo por el contrario, significan un aumento de costos en los que se debe incurrir para adaptar las explotaciones a las nuevas condiciones.

El estado deberá abandonar las regulaciones burocráticas aplicándose a un rol de asistencia y promotor de alternativas tecnológicas.

Imponer regulaciones en momentos de extrema urgencia, como son las inundaciones y las sequías, opera en sentido opuesto y en el momento más inoportuno.

Si el Estado (Nacional, Provincial y Municipal), NO APORTA SOLUCIONES,…ES PARTE DEL PROBLEMA.

Debe ocuparse de aquello a lo que las leyes referidas a estos temas, obliga; que es a cumplir con las obras de ingeniería hidráulica.

Para estas obras fueron destinados los recursos de dineros, provenientes de alícuotas especiales a los combustibles.

Estos fondos fueron desviados a otros emprendimientos de mayor rédito electoral como así también a otras obras que no estaban previstas en la ley respectiva para el control de inundaciones en la gran cuenca del Río Salado.


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