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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoACTUALIDAD ECONÓMICA: LA ILUSIÓN DE LO QUE VIENE
13/oct/2015

Todo el mundo está expectante sobre lo que vendrá. Todos esperan un cambio favorable. ¿Lo habrá?

Por: Héctor Blas Trillo

Si prestamos mínimamente atención a la tediosa campaña política que nos invade en la radio y en la televisión a través de "los espacios cedidos a los partidos políticos" , o nos atenemos a lo que declaran los principales candidatos presidenciales en distintos reportajes, está muy claro que todos prometen mejorar la situación actual de la economía. Y todos lo hacen desde una perspectiva más o menos similar: atraer inversiones, bajar la inflación, eliminar el cepo cambiario y respetar las instituciones devolviendo al menos en lo posible la República.

En el caso del oficialismo se producen cortocircuitos importantes, especialmente porque el sciolismo y el cristinismo son como el agua y el aceite. Y la visión de Kicillof, tan destructiva y negadora, parece ser el motor de búsqueda elegido por la presidenta para avanzar por un camino sin retorno. Sin embargo, cabe recordar por ejemplo que en la negociación inicial con los llamados Fondos buitre, se había alcanzado un acuerdo del cual seguramente tendrá noticias el ex presidente del Banco Central Juan Carlos Fábrega, que fue volteado a último momento por la presidenta Cristina Fernández, que convirtió a Kicillof en su vocero. Muchos recordamos a aquel Kicillof que evitó usar la palabra "buitre" en aquel discurso, digamos, conciliador; para salir pocas horas después con los tapones de punta blandiendo la épica espada de una justicia incómoda y cargada de falacias. Hay que recordar también el arreglo con el Club de París y con Repsol, intentando la buena letra y abandonando la posición de "guapo" que parecía arrogarse este personaje que fue presentado como "brillante" y terminó siendo un aprendiz de brujo.

Cuando Scioli sale a decir que va a atraer capitales por 30.000 millones de dólares por año o que va a bajar la inflación se choca con una presidenta que no admite que ella y su gobierno espantaron todas las inversiones, y que tampoco admite la inflación. Y la gran incógnita es si, llegado el caso, Scioli hará algo más que rendirse a la "jefatura natural" de Cristina, o no. Y también abandonará estas afirmaciones voluntaristas que en sí mismas y como tales, no tienen ningún asidero.

Por el lado del macrismo y del massismo las propuestas son muy parecidas en la materia. Massa se ha rodeado de De la Sota y de Roberto Lavagna. Este último aparece como una especie de panacea de la verdad revelada, cuando fue el que dejó a la Argentina colgando de un pincel con el default de una deuda que hasta hizo borrar de la contabilidad como si hubiera dejado de existir en 2005. Y que derivó en una ley tapón de aquel "pelito para la vieja" de que quien no entraba y aceptaba la quita, se embromaba. Eso entre otras bellezas, como la aplicación de retenciones a las exportaciones para "disciplinar" los precios internos. Un sofisma autoritario y voluntarista a la vez, de tan poco vuelo que derivó luego en las restricciones a las exportaciones (medida claramente inconstitucional) y a las importaciones, para las cuales hay que pedir permiso (otra inconstitucionalidad flagrante). Lavagna llegó a decir en su momento que los que querían que bajara el precio del dólar era porque querían viajar a Miami, por ejemplo, mientras ordenaba la emisión de moneda para comprar caro lo que podía comprar más barato: tales dólares. Naturalmente que quienes estaban en condiciones de viajar a Miami en aquellos años, poco les importaba la cotización. Pero a los productores locales cuyos insumos debían pagar a esos valores, sí. Y De la Sota es un político cuyo discurso se ha basado, al menos desde que lo conocemos, en prometer y salir a ayudar a todos aquellos que están en dificultades, en lugar de resolver los problemas para que tales dificultades no existan. Su discurso no ha variado en al menos 25 años. También Martín Redrado juega sus cartas en este "espacio" como se le llama ahora a las construcciones políticas. Un Redrado que oscila entre el vedetismo y la farándula, y su indudable capacidad profesional. Nunca es fácil conciliar la política que intenta prometer el oro y el moro, y la economía, que impone restricciones insalvables, como ocurre en cualquiera de nuestros hogares.

De Macri y sus colaboradores podemos decir también unas cuantas verdades. Macri ha oscilado entre acercarse al peronismo massista o distanciarse y cortarse solo. Se ha manejado y se maneja a dos aguas, inaugurando un monumento a Perón al lado de personajes del más rancio sindicalismo de origen fascista. Buscando así atraer los votos que claramente le faltan para llegar al balotaje, mientras el oficialismo gasta fortunas en los medios oficiales y oficiosos para intentar desprestigiarlo. Tomando casos concretos, como el de Fernando Miembro, (amplificado hasta lo indecible) o inventando otros a partir de pequeñas chicanas de comité.

Sus economistas van desde la seriedad de un Federico Sturzenegger, hasta el histrionismo de un Carlos Melconián.

Su "espacio", denominado "Cambiemos", incluye figuras tan disímiles como las de Elisa Carrió o el propio Ernesto Sanz, que, hay que decirlo, se ha movido con inteligencia como para intentar acercar posiciones, pero con un resultado relativo, dada la dispersión ideológica que existe.

Como decimos, las promesas se basan en establecer un marco de confianza, que atraiga capitales, que permita terminar con el cepo cambiario. Que a su vez posibilite bajar el déficit fiscal, que reduzca la necesidad de emitir moneda, al menos con financiamiento externo y sin emisión espuria. Intentando mantener, en lo posible, lo que la presidenta llama "logros" de esta década.

No vamos a entrar en todo el detalle de tales "logros", muchos de los cuales son puro "relato" y una genuina entelequia. Pero digamos que si tenemos hoy por hoy casi la mitad de la población recibiendo alguna forma de subsidios, ello se debe a que en todos estos años no se han generado las condiciones para que tales subsidios resulten innecesarios. De modo que lo que se presenta como logro es, en verdad, un fracaso estrepitoso.

Claro, ni Massa ni Macri se atreven a decir que habrán de suprimir tales subsidios, al tiempo que desde el oficialismo se juega canallescamente con el miedo de que, especialmente Macri, estaría dispuesto a dejar en Pampa y la vía a millones de subsidiados. Un sinsentido que haría caer su gobierno en 24 horas.

En esta materia, entonces, estos candidatos opositores empiezan a hablar de selectividad, que es lo mismo que hizo el gobierno nacional desde 2007 aproximadamente: intentar que los subsidios lleguen a los más necesitados, mientras se castiga a quienes no los necesitan. Así surgieron planes de ajustes de tarifas eléctricas, barrios seleccionados ad hoc donde se suprimieron subsidios, beneficios para quienes redujeran sus consumos de gas, etc etc. Es decir, lo mismo.

Si uno observa en el conjunto los discursos, éstos parecen moverse al ritmo de las encuestas y de las necesidades conyunturales de decir lo conveniente. ¿Cómo lograremos recuperar el autoabastecimiento energético? ¿Cómo recompondremos las reservas del Banco Central? ¿Cómo arreglaremos con los holdouts?, ¿cómo bajaremos la inflación? ¿cómo terminaremos, con (o reduciremos) los subsidios? ¿cómo atraeremos capitales?, ¿cómo estabilizaremos la moneda? ¿cómo podremos dar créditos en pesos a 30 años?. En definitiva, cómo haremos que el mundo vuelva a confiar en un país como la Argentina, que se ha cansado de incumplir contratos, de insultar y descalificar a los presidentes de las principales potencias, que se ha acercado a regímenes deleznables como el venezolano o el iraní de Ajmadinejad, que está sospechado de amplísima corrupción, que ha violado toda clase de contratos, que confiscó empresas, etc etc

Siempre hemos pensado que para remontar esta cuesta hace falta por lo menos una suerte de "Pacto de la Moncloa" entre los principales referentes políticos. Una línea de acción común más allá de las diferencias ideológicas. Esto es hoy imposible con lo más rancio de los grupos afines al cristinismo, que no están dispuestos ni mental ni culturalmente a entender cuál es el problema. La llamada "grieta" no ha de ser tan grande como lo es hoy, esperamos. Pero la grieta sí existe. Existen los hijos y los entenados, los protegidos, el "capitalismo de amigos", las listas negras de intelectuales, actores, directores de cine, empresarios o escritores. Existe en el sindicalismo, existe en el periodismo, existe en la política en su conjunto.

No va a ser nada fácil revertir esto. Va a llevar tal vez mucho tiempo rotar el viento. Encima con un panorama internacional que ya no es tan favorable con los precios a aquellos bienes en los cuales la Argentina ha sido siempre muy competitiva. Y encima ahora que ha dejado de serlo por imperio de políticas restrictivas que nos dejaron sin trigo, sin vacas, sin maíz y sin sobrantes de petróleo y derivados.

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