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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoLA SITUACIÓN DEL SECTOR TRIGUERO
10/mar/2015

Informe del Centro Argentino de Ingenieros Agrónomos “CADIA”

“Importan más los hechos y las políticas que los discursos”
Thomas Piketty
-
Economista francés, autor del libro El Capital en el siglo XXIen su reciente visita a la Argentina

La no política es la falta de política. Las medidas coyunturales atentan a la planificación. El corto plazo no es sinónimo de previsión futura. La visión macro y microeconómica requiere de medidas concretas y continuidad en el tiempo. Decidir sin conocimiento es casi imposible.

El trigo pertenece a la familia de las gramíneas y es uno de los tres granos más ampliamente producidos globalmente, junto con el arroz y el maíz. Además es el más consumido por el hombre en la civilización occidental desde la antigüedad. En el mundo, el trigo es asociado principalmente como producto panificable, destinado a la alimentación humana. (N. Barberis, INTA 2014)

En el mes de enero de 2015 el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA) estima que la producción mundial de trigo 2014/2015 será de 723,38 millones de toneladas (715,36 en la campaña anterior), cerca de 1,2 millones más de lo estimado un mes anterior. Los principales países productores son: la Unión Europea con 155,5 millones de toneladas, China 126 millones de t, India 95,9 mill. t, Rusia 59 y Estados Unidos con 55,1 mill. de toneladas. La producción argentina de trigo representa el 1,5 por ciento de ese total.

En la Argentina, el trigo es uno de los cultivos invernales más importantes; se destaca por su importancia en la rotación, ya que éste se hace imprescindible para recuperar nutrientes del suelo y asegurar su potencialidad. (N. Barberis, INTA 2014)

Según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, al 15 de enero terminada la campaña de trigo, alcanzó un volumen final de producción de 11,2 millones de toneladas, sobre una superficie cosechada de 3.940.000 hectáreas, y un rinde promedio nacional de 28,4 qq/ha (1,4 qq/ha por debajo del promedio del último quinquenio). Este resultado fue consecuencia de elevadas temperaturas invernales que adelantaron las etapas reproductivas del cultivo en la principal área de producción. También en otras zonas se registraron abundantes lluvias que afectaron el estado de los cultivos con enfermedades y plagas y dificultades para realización de prácticas de re fertilización y también el lavado de nutrientes en el perfil del suelo. Sintetiza el informe: …”en consecuencia, luego de registrarse un incremento interanual de 15% sobre el área sembrada a nivel nacional, las pérdidas de superficie se estimaron en 260.000 ha y gran parte de ellas responden a las inundaciones, relevadas durante el ciclo sobre el centro, este y sur de la región bonaerense. Dentro de este marco de situaciones, la producción nacional superó en 10,9% al volumen recolectado al cierre del ciclo anterior”. La magra cosecha de trigo 2012/2013 fue producto de una baja intención de siembra, motivada principalmente por la necesidad de evitar mercados intervenidos (informe Globaltecnos sa para AACREA).

En la campaña 2000/2001 la superficie implantada fue de 6.496.600 ha, cosechada 6.408.045, una producción de 15.959.350 t y un rendimiento de 2.490 kg/ha. Para la campaña (récord de la última década) 2007/2008 los valores fueron 5.947.817 y 5.773.967 ha implantada y cosechada, respectivamente, con una producción de 16.347.722 toneladas y un rendimiento de 2.831 kg/ha (SIIA,2014). Es indudable que hay fuerte reducción en superficie cultivada que tuvo su correlato en la producción obtenida y sólo mantenida la producción por unidad de superficie por mejora tecnológica. La política hacia el cultivo aquí ha tenido una incidencia negativa fundamental. La distribución del área sembrada de trigo por provincias coloca a Buenos Aires como el principal distrito, seguido de Córdoba, Santa Fe, La Pampa, Entre Ríos y las provincias del NOA y del NEA.

El destino de la producción triguera argentina se divide en el mercado interno y la exportación. Mientras el primero se mantiene relativamente estable, el segundo depende de la producción y oferta. Las necesidades locales se acercan a las 5-6 millones de toneladas, para abastecer a la molinería, principalmente para alimentación, elaboración de panificados y pastas. El resto fuera de una reserva prudencial (stock) tiene que ser destinada al comercio exterior. No puede existir el sector si se traba uno u otro de los mercados. Es decir, que a los volúmenes de producción actual un 50% se destina al consumo interno y el restante 50% se debería exportar en tiempo y forma que permite obtener divisas y recursos para los productores en forma fluida.

El rendimiento industrial de la harina de trigo es del 75% aproximadamente. El principal subproducto de la industria molinera, en volumen, es el afrechillo y en valor, el germen de trigo, que se destina a la industria aceitera y farmacéutica. El afrechillo de trigo es un integrante importante en las dietas balanceadas para animales y es muy utilizado en los establecimientos tamberos como suplemento alimenticio para las vacas en ordeñe. (García, Dimeagro, 2005)

Las exportaciones argentinas de trigo evolucionaron en los últimos 20 años, con mayor participación de productos procesados. Según Garzón (2012) nuestros envíos pueden ser clasificados como exportaciones sin procesar (trigo en sus diferentes variedades) casi el 70%, exportaciones semiprocesadas (harina y salvado de trigo) un 11% y exportaciones procesadas (pan, pastelería y pastas) en crecimiento. El principal destino es el Mercosur (Brasil 50%) y ocasionalmente algún país de África.

En síntesis:

- El trigo como cultivo de invierno es fundamental en un esquema de rotaciones para recuperar nutrientes en el suelo.

- Si bien el clima puede influenciar la producción, los rendimientos y la calidad comercial, la tecnología disponible permite lograr buenos resultados.

- Dado que la producción lograda tiene por destino el consumo interno (estable) y la exportación (saldos exportables) se debe contar con políticas activas que permitan la colocación en los mercados transnacionales.

- Siendo la demanda de alimentos inelástica, es decir, que una baja de precio no necesariamente está acompañada proporcionalmente por un mayor consumo, no hay que temer a las variaciones de mercado. En caso de reducción de la oferta local se puede importar temporalmente de los países limítrofes.

- Hay que evitar mercados intervenidos.

- La intervención oficial a través de precios máximos, indicativos u otros; ROE y cupos para la exportación no deben ser causales para distorsionar los precios y limitar la venta de la producción en distintos momentos del año.

- Es necesario contar con estadísticas suficientes y amplias.

¡CADIA Sembrando políticas para el sistema agropecuario argentino!

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