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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION – Categórico espaldarazo del Papa Francisco al Cooperativismo, confiándole nuevos desafíos
08/mar/2015

“Las cooperativas deben seguir siendo el motor que levante y desarrolle la parte más débil de nuestras comunidades locales y de la sociedad civil”

Por: Aldo Norberto Bonaveri

@AldoBonaveri

@PregonAgro

El último día de Febrero en el Vaticano, el Papa Francisco recibió en audiencia a la Confederación de Cooperativas Italianas, ocasión en la que pronunció un discurso memorable que constituye un respaldo categórico para el mayor movimiento social del mundo.

La pieza oratoria del Sumo Pontífice (del que reproduciré textualmente varios párrafos) abarcó un reconocimiento por la labor desarrollada por el cooperativismo en el mundo, enfatizando los logros alcanzados tanto en Italia, como en el orden internacional. Asimismo el mensaje fue abundante de estímulos para el sector, cargado de nuevos desafíos.

El santo padre comenzó su alocución expresando: “¡Las cooperativas lo desafían todo, incluso desafían la matemática, pues, en una cooperativa, uno más uno da tres! Y, en una cooperativa, un fracaso es medio fracaso.”

Seguidamente se refirió a que el cooperativismo significa: “la memoria viva de un gran tesoro de la Iglesia italiana.”, rememorando que muchas cooperativas agrarias y de crédito, que en el siglo XIX, fueron creadas por sacerdotes; puntualizando que en la actualidad, en varias diócesis italianas, se sigue recurriendo a la cooperación como remedio eficaz para el problema del desempleo y contra las diferentes formas de malestar social.

Francisco destinó varios minutos de la disertación al problema imperante del trabajo, donde la demanda por estos días supera a la oferta, cavilando: “hay una cola de gente que busca trabajo: si a ti no te gusta, a aquel otro le gustará. Y el hambre, el hambre nos hace aceptar lo que nos dan, el trabajo en negro… Yo podría preguntar, para citar un ejemplo, acerca del personal doméstico: ¿a cuántos hombres y mujeres que trabajan como personal doméstico se les pagan los seguros sociales con vistas a su jubilación?”

Sobre el particular; sostuvo que: “la Iglesia siempre ha reconocido, apreciado y alentado la experiencia cooperativista.” Remontándose a sucesos y documentos que así lo registran, citando la encíclica Rerum novarum, redactada en 1891 por Papa León XIII, destacando el apotegma allí consignado: «¡Todos propietarios, y no todos proletarios!». Recordó que Benedicto XVI en su Encíclica Caritas in veritate, subrayó la importancia de la economía de comunión y del sector. Señalando que su antecesor fue explícito cuando indicaba que nuestro mundo necesita una economía capaz de dar vida a empresas inspiradas en el principio de la solidaridad.

A continuación el obispo de Roma manifestó: “Hoy quisiera que nuestro diálogo no mirara tan solo al pasado, sino que se dirigiera, sobre todo, hacia delante: a las nuevas perspectivas, a las nuevas responsabilidades, a las nuevas formas de iniciativa de las empresas cooperativas. Se trata de una auténtica misión que exige de nosotros fantasía creativa para encontrar formas, métodos, actitudes e instrumentos para combatir la «cultura del descarte»: la que vivimos hoy, «la cultura del descarte» que cultivan los poderes que dirigen las políticas económico-financieras del mundo globalizado, en cuyo centro está el dios dinero.”

Trascartón el Papa se refirió a la globalización con su óptica peculiar: “Globalizar la solidaridad –esto es lo que hay que globalizar: ¡la solidaridad!– significa, hoy en día, pensar en el vertiginoso aumento de los desempleados; en las lágrimas incesantes de los pobres; en la necesidad de reanudar un desarrollo que constituya un auténtico avance integral de la persona, que necesita ciertamente un beneficio económico, ¡pero no solo económico! Pensemos en las necesidades sanitarias, que los sistemas de asistencia social tradicional no logran ya satisfacer; en las exigencias apremiantes de la solidaridad de poner nuevamente, en el centro de la economía mundial, la dignidad de la persona humana, como habéis dicho.”

En sintonía con lo expresado, le indicó a la dirigencia cooperativa que no se limiten a contemplar lo que han sabido realizar, los instó a continuar perfeccionando, fortaleciendo y actualizando las buenas y sólidas instituciones construidas; al mismo tiempo de convocarlos a transpolar las experiencias acumuladas y eficientes metodologías empleadas, a los efectos de: “llevar la cooperación a las nuevas fronteras del cambio, hasta las periferias existenciales donde la esperanza necesita salir a flote y donde, por desgracia, el sistema sociopolítico actual parece, por el contrario, fatalmente destinado a ahogar la esperanza, a robar la esperanza, incrementando riesgos y amenazas.” Agregando inmediatamente: “Este gran salto adelante que nos proponemos dar a la cooperación os confirmará que todo lo que ya habéis hecho no solo es positivo y vital, sino que sigue siendo profético. Para ello debéis seguir inventando –esta es la palabra: «inventar»– nuevas formas de cooperación, ¡porque también se aplica a las cooperativas la advertencia de que cuando el árbol produce nuevas ramas, sus raíces están vivas y su tronco es fuerte!”

Haciendo un repaso y referencia de las actividades cooperativas allí representadas, resaltó que bien se podía interpretar el gran valor del sistema cooperativo, advirtiendo la necesidad de seguir avanzando, destacando cuan valioso y creativo ha resultado frente a tantos desafíos superados. En virtud de ello el Santo Padre se pronunció con estímulos concretos: “las cooperativas deben seguir siendo el motor que levante y desarrolle la parte más débil de nuestras comunidades locales y de la sociedad civil. De esto no es capaz el sentimiento. De ahí la necesidad de dar prioridad a la fundación de nuevas empresas cooperativas, junto con un desarrollo adicional de las existentes, con vistas a crear, sobre todo, nuevas posibilidades de trabajo que hoy no se dan.”

Se refirió a los jóvenes, habida cuenta que el desempleo juvenil, (al que calificó de dramáticamente elevado), citando que en algunos países de Europa ronda el 40% o el 50%, destruye en ellos la esperanza. Sin soslayar que muchas mujeres tienen necesidad y voluntad de insertarse en el mundo del trabajo. Al referirse a las dificultades que atraviesan las empresas, enfatizó en el rol asumido por el cooperativismo en las denominadas «empresas recuperadas» por los trabajadores bajo el formato de la economía solidaria.

También el Sumo Pontífice sugirió que el cooperativismo asuma el protagonismo de pergeñar nuevas formas de asistencia social, especialmente en el campo sanitario, acotando que se trata de un ámbito delicado en el que tantos pobres no encuentran ya respuestas adecuadas a sus necesidades. Acotando: “Sé lo que realizáis desde hace años con corazón y pasión, en las periferias de las ciudades y de nuestra sociedad, a favor de las familias, de los niños, de los ancianos, de los enfermos, de las personas desfavorecidas y en dificultad por diferentes razones, llevando a sus casas corazón y asistencia. ¡La caridad es entrega! No es un mero gesto para tranquilizar el corazón, sino una entrega! ¡Cuando hago la caridad, me entrego en persona! Si no soy capaz de entregarme, eso no es caridad. Una entrega sin la cual no se debe entrar en casa de quien sufre. En el lenguaje de la Doctrina Social de la Iglesia, esto significa hacer palanca sobre la subsidiaridad con fuerza y coherencia: ¡significa aunar fuerzas!” Al concluir sus alegatos sobre el particular, remató el tópico manifestando: ¡Mucho es lo que habéis hecho, y mucho lo que aún queda por hacer! ¡Sigamos adelante!

Al referirse a la economía, abogó por la justicia social, la dignidad y con el valor de las personas. Advirtió que cierto liberalismo preconiza producir primero riqueza, para después promover alguna política redistributiva por parte del Estado. Consignó que otros piensan que debe ser la misma empresa la que dispense los remanentes de la riqueza acumulada, cumpliendo así con la propia denominada «responsabilidad social»: con ello, se corre el peligro de creer que se está haciendo el bien, mientras que, por desgracia, no se hace más que marketing, sin salir del círculo fatal del egoísmo de las personas y de las empresas que ponen en el centro al dios dinero.

En contraposición, consideró que el cooperativismo puede posibilitar una nueva de economía, sostenida en la capacidad de hacer que las personas crezcan en todas sus potencialidades; ejemplificando: “el socio de la cooperativa no debe ser solo un proveedor, un trabajador, un usuario bien tratado, sino que debe ser siempre el protagonista; ha de crecer, mediante la cooperativa; crecer como persona, social y profesionalmente, en la responsabilidad, en la concreción de la esperanza, en la colaboración. No digo que no tenga que crecer el beneficio, pero ello no es suficiente: es preciso que la empresa dirigida por la cooperativa crezca de manera realmente cooperativa, es decir involucrando a todos. ¡Uno más uno, tres! Esta es la lógica.”

Aclaró: “Cooperari, en su étimo latino, significa «operar juntos», «cooperar», y, por consiguiente, «trabajar, ayudar, contribuir a alcanzar un fin». No os conforméis jamás con la palabra «cooperativa» sin tomar conciencia de la auténtica sustancia y del alma de la cooperación.”

El Papa estimó que el movimiento cooperativo está en condiciones de desempeñar una importante función con vistas a apoyar, facilitar e incluso animar la vida de las familias. Expresó su conocimiento que las entidades solidarias proponen ya muchos servicios y diferentes fórmulas organizativas, tal como la mutualista, que responden a las exigencias de todos: de los niños y de los ancianos en especial, desde los jardines de infantes hasta la asistencia a domicilio. Ponderando la forma que concibe el cooperativismo en la administración de los bienes comunes. Advirtiendo que dichos bienes que no deben ser solo propiedad de unos pocos y, que tampoco que no deben perseguir fines especulativos.

Asintiendo que para concretar estas propuestas se requiere dinero y, a sabiendas que el cooperativismo no persigue lucro; no obstante para estos emprendimientos: ¡Tenéis que invertir, y que invertir bien!, continuando: “La solución que os propongo es la siguiente: Acopiad con determinación medios buenos para realizar obras buenas. Colaborad más entre cooperativas bancarias y empresas; organizad los recursos para que las familias vivan con dignidad y serenidad; pagad salarios justos a los trabajadores, invirtiendo sobre todo en las iniciativas que sean realmente necesarias.”

Prosiguió parafraseando a Basilio de Cesarea, (Padre de la Iglesia del siglo IV) y por San Francisco de Asís, para agregar: “Ahora lo repite también el Papa: «¡El dinero es el estiércol del diablo!». Cuando el dinero se convierte en un ídolo, rige las decisiones del hombre. Y entonces arruina al hombre y lo condena, esclavizándolo. El dinero al servicio de la vida puede ser administrado de manera justa por la cooperativa, siempre y cuando esta sea una cooperativa auténtica, verdadera, en la que no es el capital el que manda sobre los hombres, sino los hombres los que mandan sobre el capital.”

Para redondear el concepto no ahorró críticas a las pseudo cooperativas, puntualizando: “Por eso os digo que hacéis bien –y os digo también que lo hagáis cada vez más– en contrarrestar y en combatir las falsas cooperativas, las que prostituyen el propio nombre de cooperativa –es decir de una institución muy buena– para engañar a la gente con fines de lucro contrarios a los de la cooperación verdadera y auténtica. Hacéis bien, os digo, porque, en el campo en el que actuáis, adoptar una fachada honrada y perseguir, en cambio, finalidades indecorosas e inmorales –encaminadas con frecuencia a la explotación laboral o a las manipulaciones de mercado, e incluso a tráficos escandalosos de corrupción–, es una mentira vergonzosa y gravísima que no debe absolutamente aceptarse. ¡Luchad contra esto! Pero ¿cómo luchar? ¿Solo con las palabras? ¿Con las ideas? Luchad con la cooperación justa, con la verdadera, con la que siempre triunfa.”

Con la misma contundencia persistió remarcando: “La economía cooperativa, si es auténtica, si pretende desempeñar una fuerte función social, si quiere ser protagonista del futuro de una nación y de cada comunidad local, debe perseguir finalidades transparentes y limpias. ¡Debe promover la economía de la honradez! Una economía sanadora en el insidioso mar de la economía global. Una economía auténtica, promovida por personas que en el corazón y en la mente solo tienen el bien común.”

Recordó que las cooperativas son portadoras de una gran tradición internacional; acentuando la vigencia del movimiento que fue precursor a organizaciones posteriores. Citó al nuevo orden mundial, afirmando que el cooperativismo no puede permanecer ajeno a la globalización económica y social, cuyos efectos se perciben en todos los ámbitos. A los efectos de aclarar conceptos sobre el particular manifestó: “Pero ¿las cooperativas participan en la globalización al igual que las demás empresas? ¿Existe una forma original que permita a las cooperativas afrontar los nuevos desafíos del mercado global? ¿Cómo pueden participar las cooperativas en el desarrollo de la cooperación, salvaguardando los principios de la solidaridad y de la justicia? Os lo digo a vosotros para decírselo a todas las cooperativas del mundo: Las cooperativas no deben permanecer encerradas en casa, pero tampoco deben salir de casa como si no fueran cooperativas. Este es el doble principio: no deben permanecer encerradas en casa, pero tampoco deben salir de casa como si no fueran cooperativas. No: no se puede concebir una cooperativa de dos caras. Hay que tener el valor y la fantasía necesarios para construir el camino recto para integrar, en el mundo, el desarrollo, la justicia y la paz.”

El Papa Francisco destacó la integración cooperativa y estimuló la alianza entre pares, resaltando la gran importancia de alcanzar la mayor unidad del movimiento.

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