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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoDE LOS CHIVOS Y SUS DUEÑOS
06/ene/2015

La producción caprina se mantiene en el mismo atraso que la caracterizó históricamente. Fuertemente condicionada por la marginalidad de los productores, la mejora productiva depende de un abordaje integral. En la provincia buscan generar herramientas en base a la genética tradicional.

Por: Juan Manuel Fernández/ Federico Aguer

Como sus dueños, las cabras en Argentina son invisibles. Los datos estadísticos disponibles distan de la realidad, por lo que cualquier intento de desarrollar el sector no cuenta con base sólida. Y los productores, en consecuencia, cuentan con escasas chances de que su especialidad los saque de la pobreza y la marginalidad, característica que los iguala en todo el país, del mismo modo que el atraso y la falta de energía eléctrica, gas, red ferroviaria y telecomunicaciones. Por lo tanto, el progreso del sector es un desafío político y social, antes que económico o tecnológico.

El diagnóstico le pertenece a uno de los expertos en la materia más reconocido del país, Patricio Dayenoff, doctor en veterinaria y técnico de la EEA Rama Caída del INTA (San Rafael, Mendoza), quien visitó por quinta vez el norte santafesino para acompañar a José María Perren, Coordinador de la Ley Caprina en la provincia, en la detección de reproductores destacados de la raza criolla para conformar un banco genético sobre el cual -en el futuro- se pueda impulsar una mejora de la producción local. “Hasta ahora, en Argentina no hay ninguna raza que de más de lo que da el criollo”, afirmó el experto en base a sus 36 años de trayectoria, más de 200 trabajos publicados y más de 100 conferencias sobre la genética nativa.

Solos y a ciegas

Autodefinido como “un enamorado de la cabra y del productor”, el especialista explicó a Campolitoral que, al igual que en toda Latinoamérica, la producción caprina nacional no cambió en los últimos 35 años: los productores siguen siendo marginados, aislados, sin tecnología ni crédito y con necesidades básicas insatisfechas. Por este motivo, “si le caes al campo a un tipo a mejorarle la productividad exclusivamente, no te da ni tronco de bola”.

La caracterización social del sector caprino sorprende cuando se traduce en números. Como docente de la universidad, Dayenoff cuenta con datos que recaban a campo los estudiantes para sus tesis finales. De ahí surge, por ejemplo, que la edad promedio del productor caprino es de 62 años y el 80% sin primario completo. “El abandono rural es impresionante”, dijo, por lo que no hay campesinos entre 18 y 50 años. Como encargado de diseñar el capítulo caprino del PEA (Plan Estratégico Agroalimentario), cuando llevó su diagnóstico al centro del poder político argentino “no podían creer que no había tren, gas, luz, caminos...”. A su vez, citó estadísticas de CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe de la ONU) que confirman las urgencias de la “ruralidad profunda”: el analfabetismo es 6 veces mayor que en las ciudades y la pobreza es 10.5 más grave que en los centros urbanos.

Simultáneamente, en términos productivos no hay estadísticas confiables. El stock oficial de cabras en Argentina es de 4.5 millones de cabezas, pero sólo incluye a “los que declaran”. Para confirmar la penumbra del sector agregó que el censo oficial de faena acusa 200.000 cabritos al año en el país. “Si a eso le sumo la reposición y los muertos, me faltan 1.5 millones de cabritos en el mercado. Están, pero fuera del canal oficial de comercialización”.

En la provincia, Perren indicó que según los registros de Senasa las existencias serían de 82.000 cabezas, aunque suponen que ronda los 310.000 animales.

“Cuál es el nivel de productividad no lo sabemos, a grosso modo estimamos entre 65 y 68% de cabrito destetado”, calculó el referente del INTA. El promedio sería de 1.1 cabrito logrado por cabra al año, por debajo de 1.4 que podrían conseguirse con planteos de alta eficiencia en base a tecnologías de muy bajo costo (de toma de decisión, por ejemplo eliminar las cabras improductivas).

Lejos de la sustentabilidad

En un hato (majada) bien manejado, el 70% de las cabras paren doble, el 25% simple y el 5% triple. Este esquema permite lograr 140 cabritos cada 100 madres. “Con monta natural y con buen manejo se puede”, aseguró Dayenoff. Pero el problema en Argentina no es la eficiencia productiva sino la escala comercial. Con 400 cabras y manejo eficiente se puede tener un negocio rentable, “el problema es cuando el productor tiene un promedio de 40, 60 u 80 cabras, que es lo que pasa en todo el país”. Con excepción de Malargüe y el norte de Neuquén, donde el hato promedio es de 600 cabras “y ahí si el productor escucha los consejos del técnico”.

Según el especialista, el rebaño promedio en el país es de 120 cabras con una producción de 144 cabritos, con lo que “el productor sigue siendo pobre”. En el norte santafesino -al igual que otras regiones- “ese menos que eso”. Perren sostuvo que en la provincia la media por productor es de 60 animales y que el 80% se concentra en el centro norte.

El cálculo de Dayenoff indica que para que un productor salga de la pobreza necesita contar con 320 madres y una eficiencia del 80% de cabritos logrados. “Según los indicadores de pobreza urbana, porque el rural nadie lo calculó”. Pero como en el campo son otros los recursos y los hábitos de consumo la necesidad de dinero es menor, por lo que también podría ser menor la “Unidad Económica” cabritera. “Podrían ser 180 madres”, arriesgó el especialista.

En la provincia, Perren indicó que la productividad, cercana a 1.2 cabritos por madre, es de casi 3 pariciones cada dos años (en Mendoza 1 por año) debido al sistema de ambientes y la producción de forraje.

Primer paso

Dayenoff afirmó que “hasta ahora en Argentina no hay ninguna raza que se haya traído que de más de lo que da el criollo”. La adaptación a través de los siglos y la cantidad de animales disponibles para hacer mejoramiento genético, son la principal ventaja. “Te muestro los números y vas a ver que con una lechera criolla gano más plata que con una Saanen (Suiza) o una Anglo Nubian (Británica) vendiendo quesos”, aseguró.

En la provincia, el rodeo provincial se fue modificando con la introducción de razas exóticas. La Angora es quizás la más antigua y demostró la mejor adaptación a los Bajos Submeridionales, particularmente a las inundaciones. La Anglo Nubian desembarcó hace unos 15 años; y 8 a 10 años atrás también llegó la Boer. Todas con la expectativa de mejorar le ganado criollo. De ahí que hoy “la mayoría de los hatos tienen algún grado de cruzamiento en su composición genética y no quedan prácticamente planteles criollos puros”, detalló Perren. Y entre los pocos que lo mantuvieron “por falta de intercambio de reproductores y falta de selección han generado cosanguinidad”.

En este contexto, el objetivo de la cabaña -que ya trabaja en el mejoramiento de reproductores ovinos y ahora incorporará los caprinos en Las Gamas- es resguardar el material genético criollo y evaluarlo en el centro genético para que los productores tengan un punto de referencia. “Por un lado para mantener la genética y por otro para probarlo en cruzamientos”, indicó Perren. El objetivo último es inducir al productor a seleccionar y no hacer grandes inversiones para buscar genética afuera. “Ahora vamos a armar un núcleo y con Patricio vamos a definir un plan de acción para hacer mediciones y ofrecer datos útiles al productor, además de comparar con otras regiones”, agregó.

El dato

Herramienta oxidada

La Ley para la Recuperación, Fomento y Desarrollo de la Actividad Caprina (Nº 26.141) se sancionó el 30 de Agosto de 2006 y su ejecución se inició en Noviembre 2009. El objetivo es mejorar la eficiencia de la producción y para acceder a los beneficios se debe presentar un proyecto que, tras ser aprobado a nivel provincial por una Unidad Ejecutora, se acepta o rechaza en Buenos Aires. Esta herramienta actualmente está desfinanciada al continuar con el mismo presupuesto de $10 millones que se asignó al ser sancionada. “Más allá de la inflación, hoy es la misma plata pero con mas cantidad de gente que quiere ingresar”, explicó Patricio Dayenoff.

También con ovejas

Cabaña Ovina y Caprina

En el Centro Operativo Tito Livio Coppa que funciona en la Estancia Las Gamas, la provincia desarrolla una cabaña ovina y caprina, bajo la coordinación del veterinario José María Perren. Los primeros pasos ya se dieron con el ganado ovino. Los trabajos se basan en el mejoramiento genético para una mejor adaptación al norte provincial. Para ello se utilizan distintas razas y se practican varios cruzamientos. Por un lado se incorporó la “Magraria”, creado en al Facultad de Ciencias Agrarias de Rosario del cruzamiento de las razas Ideal y Texel que se llevó a cabo desde 1986 bajo la Dirección de la Dra. Liliana A. Picardi como proyecto del CIURN. Esta raza se está cruzando con Santa Ines (brasileña, de pelo) y White Dorper (australiana, de poca lana). “El objetivo es un biotipo sin lana”, anticipó Perren.

También trabajan con la Hampshire Down, raza doble propósito de carne y lana (aunque de fibra más gruesa)

Costumbre alimenticia y mercado, amenazas y oportunidades

El ideal de faena de un cabrito es a los 40/45 días de vida y 9 kilos de peso. Así “todos se venden y bien, el tema es llegar a eso”, advirtió Patricio Dayenoff. Sin embargo, “el sistema productivo está por debajo de lo que demanda el mercado y hace que esté insatisfecho”.

En el país hay 87 frigoríficos habilitados, pero sólo 14 están funcionando. La costumbre es comer cabrito, pero ese producto es estacional y no contribuye a incorporarlo al hábito alimenticio del consumidor, lo que se transforma en una debilidad del sistema. En Mendoza, para corregir esto, diseñaron un plan para “tratar de cubrir mayor tiempo de carne caprina en la góndola” y desestacionalizar la oferta, además de darle continuidad al frigorífico. Consiste en derivar los cabritos que no dan el estándar en tiempo y forma (entre 25/30%) como capones a un sistema de engorde para terminarlos en 3, 6, 9 y 12 meses. “Lo que promocionamos es trozarlos y venderlos envasado al vacío, por ejemplo una paleta de 4kg, un costillar de 5kg o una pierna de 6kg; y eso es ideal porque no solamente se puede asar, sino también hornear o meterlo en la cacerola”, explicó el especialista del INTA Rama Caída.

En Villa Minetti, José María Perren comentó que ya se hace algo similar. “Pero a ese producto hay que instalarlo”, aclaró. Y destacó la experiencia que vivió con el stand oficial en Agroactiva, donde las amas de casa mostraron interés en las chuletas al vacío y el público hizo cola para comer un sandwich del mismo corte.

Fuente: CAMPO LITORAL

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