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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoDE COLOQUIOS Y ENTELEQUIAS
26/oct/2014

De la nada al todo. De la patria defendida desde un bolsillo lleno a la miseria de millones de desamparados que sobreviven con eternas “ayudas” oficiales.

Por: Héctor Blas Trillo

Hace ya medio siglo que el Instituto para el Desarrollo Empresarial de la Argentina realiza anualmente su reconocido coloquio, al que asisten empresarios de todo tipo y color, banqueros, políticos y economistas. Más allá de toda otra consideración, toda persona de cierta relevancia es invitada sin discriminación alguna, que sepamos. Con lo cual la razón de ser de este coloquio, como debe ser, es la de reunir a un grupo de personalidades, más o menos relevantes, para debatir determinados temas de la actualidad económica y política y arribar a ciertas conclusiones, en acuerdo o desacuerdo. Nada más democrático que eso.

Como en prácticamente todos los aspectos de la vida política y económica argentina, el actual gobierno rehúye el debate y prefiere descalificar a quienes asisten a él, con lo cual lo que viene ocurriendo en los últimos años es que ningún funcionario del gobierno nacional asiste a este coloquio, bajo diversos argumentos descalificatorios en algunos casos, y bajo ningún argumento en otros.

En la última edición, que finalizara el viernes pasado, se pudo observar entonces una vez más la profunda grieta que se ciñe entre el empresariado, la banca y la profesión económica, y el gobierno nacional, focalizado desde hace más de una década en críticas y acusaciones basadas en teorías especulativas y conspirativas carentes de asidero lógico y, sobre todas las cosas, tan recurrentes como indemostradas.

Mientras en el encuentro en Mar del Plata se multiplicaban las críticas al gobierno y a sus funcionarios, desde éste último se gestó un “contracoloquio” como una patética muestra de aquella contracumbre encabezada por Diego Maradona, Hugo Chávez y Luis D´Elía en oportunidad de la visita de George W. Bush que derivara en serios incidentes y destrozos en comercios a cargo de facciones nazifacistas que pretendieron, de manera tan torpe como deprimente, cambiar los destinos del mundo para volcarlos a la infelicidad de los peores regímenes autoritarios, al tiempo que buscaban claramente dejar mal parado al presidente norteamericano, al que formalmente el gobierno de Néstor Kirchner había invitado.

En esta oportunidad, en el coloquio hubo discursos altisonantes y muy críticos. Ellos parecieron servir de catarsis a una expresiva gama de empresarios que durante muchos años vienen silenciando sus disconformidades, temerosos de las represalias que el régimen kirchnerista ha demostrado que puede tomar en contra de ellos. Es de destacar la exposición del constitucionalista Daniel Sabsay, que no trepidó en poner sobre la mesa varias de las peores aberraciones de un gobierno que intenta claramente poner a salvo a sus principales funcionarios de futuras acciones legales consecuencia de sus actos sospechados de irregularidades de todo tipo y color. Consideramos que este profesional se excedió en sus calificaciones; especialmente al exigir a la presidenta que exhiba su título de abogada. Pero también es cierto que en general existe una profunda disconformidad con la manera en que el gobierno de Cristina Fernández ignora todas y cada una de las cuitas que sufren los principales hacedores de la riqueza del país. La sensación que uno tiene es la de que los empresarios, banqueros y profesionales están cansados de ser descalificados, vapuleados, desoídos y acusados de golpistas sin pruebas de ningún tipo.

El “contracoloquio” organizado por sectores afines al gobierno no fue solamente un verdadero y lamentable fiasco. Fue también la prueba palpable del infantilismo con el que se ha manedajo el kirchnerismo en todos estos años. El ministro de economía, cuya asistencia a tal “contracoloquio” se esperaba, prefirió no asistir. En cambio, llevó a cabo las correspondientes declaraciones tildando a los asistentes de “nostálgicos de los noventa” que pretenden volver a lo que él llama el “neoliberalismo”.

Cuesta entender por qué razón el ministro en ninguna de sus alocuciones destina aunque más no fuera un parrafito a explicarnos a todos los mortales de manera técnica y preclara cuál será el camino que habrá de seguir para ajustar las cuentas públicas, para bajar la inflación, para resolver el problema del cepo cambiario o para establecer un marco institucional de respeto de contratos y del comercio en general. Todas sus exposiciones apuntan a buscar culpables, contubernios, intentos “destituyentes” y en general todas las formas imaginables y no de teorías conspirativas.

Aplicando la lógica más elemental cabría preguntarse por qué quienes desde distintos sectores asisten al Coloquio añoran retornar a los años 90 si tanto la presidenta como su difunto esposo se cansaron de repetir a los cuatro vientos y en cada oportunidad que pudieron que los empresarios ganaron muchísima plata (“se la levantaron con pala”, dijo la presidenta” en los años kircneristas. Escarbando un poco más, cabe preguntarse por qué el sector agropecuario reniega hoy de un gobierno que en su momento salió a salvar mediante redescuentos la crítica situación de muchos productores endeudados como resultado de la crisis originada en el congelamiento del tipo de cambio durante más de 10 años. Es curioso que todos ellos añoren volver a una década política aciaga que los dejó literalmente en la lona, intentando para ello boicotear al gobierno que les permitió “llevársela con pala”..

Y en este marco, y dado que el ministro habla recurrentemente de “neoliberalismo”, es oportuno dedicar unas líneas al asunto. Porque el ministro, lo mismo que el grupo faccioso autodenominado “Carta Abierta” y gobierno en su conjunto, utilizan una y otra vez esa calificación para referirse a los años del menemismo. El ministro volvió a acusar al “neoliberalismo” de los años 90, y metió en él a todos los participantes del Coloquio marplatense, en un ejercicio de sectarismo y facciosidad digno de mejor causa; sin explicar cómo es posible que un determinado esquema económico esté basado en el liberalismo con un control estricto del tipo de cambio durante más de 10 años. Porque la verdad es que eso fue la llamada la convertibilidad: un riguroso control cambiario que permitía demandar infinitos dólares al mismo precio, con funcionamiento nulo de la ley de oferta y demanda. Y en definitiva con un ceñido corsé de los precios de toda la economía, basado justamente en el control del cambio.

Ya no esperamos que el ministro nos explique mínimamente estas contradicciones. Su discurso es obvio que le gusta a la presidenta, a la cual en cierto modo emula. Pero eso no quita que expongamos una vez más la falta de profesionalismo, la endeblez ideológica de un técnico a cargo de las finanzas públicas del país todo, que ni por un minuto duda en salir a intentar descalificar de manera absurda a quienes con todo el derecho del mundo expresan libremente lo que piensan. Nos guste o no.

El actual gobierno ha evidenciado durante todos estos años ese comportamiento fundamentado en un maniqueísmo de adolescencia. Es un dato que durante no menos de una década ningún funcionario tuvo permitido asistir, por ejemplo, a la exposición agrícola ganadera de la Sociedad Rural, siendo que es obvio que el país sobrevive gracias a la soja. Oleaginosa que dicho sea de paso dejó de ser el “yuyo” y el cuco que supo ser para la propia presidenta.

El tantas veces mentado diálogo, incluso con los “dueños de la pelota” anunciado por la presidenta en 2011, no dejó de ser un patético bluf que no duró más que un par de reuniones entre amigos.

Mientras el ministro Kicillilof habla de que sí hay diálogo, lo cierto es que todo lo que hay es algún permiso especial, o alguna exigencia, para que algún sector, tal o cual, se junte con los funcionarios para lograr un intercambio de favores, en una verdadera rémora del régimen feudal de la Colonia. Ora las cerelaeras, ora las automotrices, todos buscan interrelacionarse para lograr algún apoyo sectorial. Nada de dialogar con la oposición política para intentar trazar un trayecto común basado en algunas premisas básicas, como ocurrió en España en tiempos del Pacto de la Moncloa, o con México más recientemente.

Vemos con envidia cómo en Brasil se realizan debates entre los candidatos presidenciales. O en Chile en su momento. Mientras que acá entre nosotros basta con tener ideas disidentes con el actual régimen para ser considerado un Demonio con tridente y todo.

Tomarse la molestia de leer cualesquiera de los documentos de “Carta Abierta” es un ejercicio tedioso en cuanto se trata de traducir al castellano coloquial (justamente) lo que esta gente dice de manera intrincada y con colosales errores idiomáticos. Pero, supuesto que uno puede traducir sus expresiones, puede encontrarse con una verdadera facción política que no sólo considera que el kirchnerismo es la verdad histórica y revelada; sino que quienes no adhieren a esta idea son algo más que infames traidores a la patria. Somos, para mejor decir.

La ironía del irrealismo de un grupo de trasnochados que, en el otoño de sus vidas, han decidido acusar a millones de compatriotas de vendidos al imperialismo, colaboradores de la antipatria, soñadores de un “neoliberalismo” que no existe, y en definitiva y trágicamente, malvados infames entreguistas de la patria, que ellos dicen defender al tiempo que reciben sustanciosos emolumentos que pagamos todos, incluso nosotros, los infames enemigos de la patria. El coloquio a la entelequia en su tris. De la nada al todo. De la patria defendida desde un bolsillo lleno a la miseria de millones de desamparados que sobreviven con eternas “ayudas” oficiales. Todos y cada uno partícipes de la entelequia de un gobierno que descalifica al Coloquio de IDEA, pero al mismo tiempo y por el mismo precio intenta contraponer un coloquio propio. Demostrando así cuánto le importa y le duele. Y cuánto miedo tiene de debatir libremente, como ocurre en las democracias, incluso de nuestros vecinos del continente.

Fuente EL AGORA

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