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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoAFTOSA EN BARILOCHE
06/jun/2014

CAPÍTULO XI

EFECTOS Y SECUELAS.

LAS RESOLUCIONES CONTRADICTORIAS DE CANÉ Y AMAYA.

Por: Dr. Rubén Emilio García


En la época del frente de Bariloche, quien supo aparecer como observador y tirar algunas palabras de aliento fue el Dr. Alberto Pecker, miembro de FADEFA, una fundación de lucha contra la aftosa e integrante de la CONALFA. Mantenía cierto resquemor con las autoridades del SENASA por el llamado a concurso de uno de los cargos gerenciales, recusando el procedimiento. Si algún prurito hubo entre las partes, el mismo fue superado a través del trato racional. En el ambiente sanitario se lo respeta por su conocimiento en temas de aftosa. De todas formas, ocupó el cargo de la gerencia luego de la renuncia del Dr. Martínez Almúdebar y fue obligado protagonista de las resoluciones contradictorias 964 y 971.

Partidario el también del levantamiento de la vacunación contra la aftosa, nos encontramos el 30 de abril de l999 en Colonia Caroya, el día de la inoculación de la última vacuna, corolario final del Plan Nacional de Erradicación.

El llamado a concurso para ocupar las gerencias del SENASA viene por el lado de la reforma del estado. Se objeta la metodología de preparación del puntaje valorativo del currículum y su falta de transparencia, por lo tanto, no deja conforme a nadie y genera maledicencias. Personalmente, nunca estuve de acuerdo que se concursen

las gerencias, un puesto si bien técnico es mucho más político, no porque responda al partido gobernante, sino porque debe ligarse únicamente a la máxima autoridad del Servicio, quien debe nombrarlo en el cargo e integrar su equipo de trabajo. Es el hombre de confianza, su mejor intérprete y el ejecutante de las directivas. De lo contrario, tiempo más o menos, se van creando desconfianzas y las relaciones se resienten con todos los perjuicios que la situación acarrea. Uno de los ejemplos típicos, es el nexo del gerente haciendo Bay pass con la Secretaría Agraria, sorteando al Jefe. Lo contrario, el gerente relegado al freezer, y los temas de su gerencia tratados directamente con subalternos, quebrándose la natural cadena de mandos. En este ambiente bien pueden saltar las disimuladas disputas intestinas, e inducir a los protegidos de políticos de peso o militantes de líneas contrarias, común en los organismos del Estado, a serrar tímidamente al principio y con mayor energía después la poltrona de su adversario. Es el internismo, que le dicen, responsable de socavar hasta el hartazgo a la institución u organismo donde se presenta.

Además, si el nombramiento viene directo del Jefe sanitario, se evita la supuesta trampa de armar el concurso por terna, como denuncian algunos. La misma se ajusta de acuerdo al currículum del postulante que quiere favorecerse y luego, en el examen selectivo, se le mete en el trío de aspirantes. Una vez adentro y como la elección queda a criterio del Superior, por supuesto será nombrado en el cargo. Así interpretó el Dr. Pecker, por eso apeló en defensa de su postura. Supo manifestar su descontento mediante una carta a los medios de prensa, que yo le contesté en nombre del Servicio. Tal vez tuvo razón, a lo mejor no, pero el episodio me da pie para expresar mi opinión en el tema del nombramiento de gerentes.

En los otros cargos jerárquicos, a concursarse, lo más justo es adoptar el procedimiento académico universitario: antecedentes reales, examen oral y luego que una mesa examinadora de expertos califique.

Hablo de antecedentes reales, porque muchos inflan el currículum con cursos, cursillos, jornadas, asistencias a eventos y reuniones que algunos pueden hacerlo y otros no tanto, ya sea porque su tarea no le permite, la participación llega tarde o no llega, o directamente no lo invitan. Como estas son agachadas propias de la viveza criolla, las cito al pasar, para que se tenga en cuenta y se estudie la manera ecuánime de brindar a todos la posibilidad de concursar.

No se crea que esto se da solamente en el SENASA, es común en instituciones de parecida organización.

Otro que supo aparecer en forma muy lábil, fue el Dr. Jorge Amaya, técnico del INTA, quien en esa época cumplía funciones en la Patagonia. Según rumores, reportaba directamente al Ingeniero Solá las novedades de la aftosa en Bariloche. Tal vez sea cierto, porque fue Solá quien lo nombró en mi reemplazo cuando renuncié al cargo de Subadministrador. Bernardo Cané jamás le habrá perdonado cuando lo tildó de negligente por ese brote de aftosa. De todas formas, el subyacente enfrentamiento, se trocó en realidad cuando chocaron al dictar las resoluciones contradictorias 964 y 971, firmada por uno y rectificada por el otro.

Las entradas de Amaya y Pecker al SENASA, desgastaron aun más el poder de Cané, pues, junto al Gerente de Expo-Impo Ingeniero Griguoli, no le respondían. Por lo menos Amaya y Griguoli eran hombres del Secretario de Agricultura, quien estaría refocilándose por la debilidad de su antiguo Director de Ganadería en los tiempos de Gobernar Cafiero la Provincia de Buenos Aires. En verdad, Cané seguía al frente del SENASA por voluntad del Dr. Cavallo. Le reconocía la tarea desplegada en el control de la aftosa y le daba su apoyo sobre Solá, de quién guardaba el concepto de confabulador y responsable de erosionar el lugar del Ingeniero Marcelo Regúnega, un gran colaborador suyo, en la Secretaría de Agricultura y Ganadería.

En versiones de corrillos políticos se rumoreaba que Solá perdía protagonismo como Diputado Nacional, mientras el prestigio de Cané crecía. En virtud de esa realidad, comenzó un trabajo de zapa en los alrededores del Presidente Menem, para roer la estabilidad del Secretario Regúnega, venido del social cristianismo, y ocupar su lugar. Logró su cometido mediante su raedura insistente y los buenos oficios en pro de su designación de peronistas de peso de la Provincia de Buenos Aires.

Arribado al cargo de Secretario de la SAGPyA, su próximo objetivo, según sus allegados, apuntaba opacar el brillo del Administrador General.

Bernardo Cané nunca fue Caballista. Como Solá, surgió de las filas del Cafierismo Bonaerense. El roce entre ellos, según conmilitones, comenzó con los celos de Solá por la inteligencia manifiesta del médico veterinario, y las muestras de reconocimiento por su destacada actuación en la lucha contra la aftosa. Esta consideración general, lo convertía en el único militante competitivo en robarle espacio político en el ámbito agropecuario partidista. Creció más su antipatía, tras el revuelo nacional por el éxito del Plan de Control de la Aftosa 90/92 y el lanzamiento del Plan de Erradicación 93/97, en el Salón Blanco de la Casa Rosada, con Cané junto al Presidente de la Nación.

El Dr. Bernardo Cané, como todo profesional de la sanidad en función pública, tuvo y tendrá sus equivocaciones. A lo mejor, sopesando en la balanza sus aciertos y errores, los platillos queden nivelados, pero si cargamos en el recipiente de aciertos los planes de Control de la Aftosa 90/92 y el programa Mesopotámico, el fiel se inclinará marcadamente a su favor.

Debe destacarse que en su doble rol de funcionario y conductor técnico en la lucha contra la aftosa, supo mancomunar con estrategia los últimos estertores de la CONASA, las Regionales y el trabajo de las COPROSA y, con el SENASA a la cabeza, concretar con pericia la campaña de vacunación donde otros habían fracasado. Se debe admitir, que el éxito alcanzado fue hazaña en la Argentina de los olvidos de las cosas buenas y recuerdos dolientes, y reconocer, sin egoísmos, que el hecho le permitirá quedar en la historia sanitaria del país, como el médico veterinario que domó la aftosa en Argentina.

¿El brote de Bariloche? Ya está incluido en el platillo de los desaciertos y es nada comparado a la epopeya 90/92.

Si me dicen ser contradictorio con mis referencias a Cané, pues, por un lado le soy crítico y por otro lo pondero, no es así, yo relato mis verdades según lo visto y palpado, no con el ánimo de esparcir reproches a Cané, ni de aquellos que he nombrado en su condición humana. Nada que ver; mi relato se centra en señalar la responsabilidad del hombre como funcionario público y de cómo sus actos repercuten de alguna forma en la sociedad en general y en el ámbito sanitario en particular.

Me interesa el Servicio Nacional como organismo. Es el objeto de mi atención y todo lo que aquí refiero, tiene como fin desnudar su endebles y se reaccione intentando cambios, no solo en la forma de conducir, sino en la reforma estructural de su dimensión institucional, ahora, con mayor responsabilidad, al tener adosado al IASCAV, otro organismo de magnitud.

Ocultar la realidad de la estructura técnica y organizativa del SENSA es como esconder basura bajo la alfombra, tarde o temprano saldrán los detritus.

LAS RESOLUCIONES CONTRADICTORIAS DE CANÉ Y AMAYA

A pesar de la experiencia aftósica de Bariloche y del gran quebranto económico que la enfermedad infrigió a la Nación, no por eso cejaron los reclamos de los habitantes de Río Negro y Neuquén, por culpa, como siempre, del alto precio de la carne. Paradójica fue la disminución del precio del kilo en el país, de 90 a 60 centavos de dólar, consecuencia de la sobre oferta debido al cierre de los mercados internacionales, sin que repercutiera en la zona Patagónica, donde al contrario, los precios subían por la veda de introducir animales desde el norte del Río Limay.

Indudablemente, al desempeñar sus tareas en la zona patagónica, el Dr. Jorge Amaya no podía ser indiferente al reclamo de los lugareños y de la COPROSA de Río Negro, quienes pedían facilidades en la

introducción de ganado en pie, como forma de aumentar la oferta y suavizar el precio de la carne. El panorama, recurrente en la región, habrá condicionado su ánimo y en cuanto pudo, firmó la Resolución Nº 964. Decisión que escondía iguales errores sanitarios del año anterior, referidos a la extracción de animales de zona infectada y con destino de faena al frigorífico Arroyo, el mismo matadero donde se obvió la cremación de menudencias y, consumidos por los cerdos, provocara el brote de aftosa en Bariloche.

Si al cuestionado establecimiento faenador no lo habían clausurado por el delito sanitario cometido, permitirle faenar pocos meses después de ser partícipe directo de la de aftosa en Bariloche, fue como darle un premio y decir acá no paso nada. El brote no fue casual, y tuvo el frigorífico, gran responsabilidad de la epizootia y del estropicio sanitario y económico que sufriera el país.

En oposición a la medida, Cané, como máxima autoridad del SENASA, dicta la contra-resolución 971, desautorizando totalmente al Dr. Amaya y generando un cortocircuito donde alguno de los dos saldría quemado. En este caso, quien salió ileso fue Cané, bajo la tutela de Cavallo.

Cada cual habrá tenido sus razones en firmar las chocantes resoluciones, uno, para atenuar el desabastecimiento, el otro, por no repetir experiencias pasadas. Pero, sin duda, la relación urticante entre ambos terminada en ruptura, es la clara demostración del internismo en el Servicio, Amaya con el respaldo de Solá y Cané sostenido por Cavallo.

El choque de los bandos en pugna, indudablemente, perjudicó el orden en la Institución, escenario involuntario de las presiones de arriba y las peleas de abajo.

En la oportunidad, la pieza teatral y los actores, reflejan los siguientes desórdenes:

1) De orden Administrativo: el Subadministrador Amaya nunca se hubiera animado a firmar la Resolución 964 a espaldas de Cané, sin el visto bueno de la SAGPyA. Sabía lo que se venía y las consecuencias, dada la posición contraria del superior. Una determinación tan delicada debía discutirse previamente, y con amplitud. Nunca, en estos casos, los requerimientos son urgentes.

2) En lo Institucional: el enfrentamiento de las máximas autoridades del Servicio resquebrajó el trabajo en equipo, máxime si los funcionarios subalternos tomaron partido por uno de los dos.

3) De valor ético: la enrarecida conducción desmejoró la dañada imagen del SENASA, dentro y fuera del ámbito institucional.

4) Técnico sanitario: la pelea interna demostró, cabalmente, que las heridas del brote de Bariloche no habían cicatrizado.

5) En lo político: quedó demostrado, el funcionario metido como ariete para horadar la estabilidad de otro, genera enfrentamientos inútiles que, en definitiva, perjudica a la Institución y debilita la autoridad moral de los actores.

6) En lo social: mientras los funcionarios se pelean, la sociedad observa sin entender.

Rebeldía local contra las barreras.

“No está demás resaltar, por repetitivo que parezca, la necesidad de considerar a la sanidad animal como una cuestión de Estado, cuyos temas no resueltos, también son de interés nacional y deben debatirse en cuerpos colegiados. Es por eso, en cuestiones que inciden en el sector o influyen en otros, no se corresponde el unicato de resoluciones en manos del funcionario de turno, quien cree que la sanidad comienza con su gestión y la maneja de acuerdo a su criterio personal.

En un organismo bien constituido y colegiado, estas cosas no suceden, al contrario, contribuyen a superar mejor los problemas, mediante el disenso y análisis sanitarios.

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