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Ganadería Bovina
 
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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION: El Norte Argentino: escenario propicio para el nuevo paradigma ganadero
20/dic/2007

Los progresos ocurridos tanto en el NEA como en el NOA son más que significativos, pero el gran desafío, ya no privativo de esas regiones, sino como estrategia nacional dado el rol que allí tendrá la producción bovina futura, consiste en profundizar la eficiencia. Ello se dará en la medida que se logre minimizar las limitaciones, sustituir o corregir manejos superados y, puedan capitalizarse tanto experiencias exitosas como tecnologías específicas.

Por: Aldo Norberto Bonaveri

En los últimos 10 u 11 años, desde que la agricultura tomo la recta del crecimiento sustancial y constante, venimos observando como la ganadería va resignado paulatinamente superficies que otrora eran fundamentalmente de invernada, a favor de la producción granária; desde el comienzo de éste proceso hasta la presente campaña, la que está en su último tramo, la cantidad de hectáreas que modificaron su estilo de producción estará rondando las 12.000.000.

No vale la pena extenderse demasiado en las razones que llevaron a tal situación, ya que es público y notorio que obedece a rentabilidades muy distintas y, a los manejos reiterados que viene siendo objeto la actividad ganadera en los últimos años. Aún así, el país ha logrado mantener el stock ganadero (55 o 56.000.000 de cabezas.). Este cuando de situación se registra producto de dos factores primordiales; avances en la eficiencia productiva e, incorporación a la ganadería de vastas zonas tiempo atrás consideradas marginales o ineptas.

Considero si oportuno explayarme, en torno a lo que se está transformando en el nuevo paradigma de la ganadería nacional. Cualquier análisis, más allá de las conclusiones a las que se arriben, no puede dejar de discurrir que los entretelones de éste proceso son complejos; para hacerlo sustentable fue necesario la adecuación y descubrimiento de nuevas tecnologías, superar la siempre escabrosa resistencia al cambio, más la aceptación de asesoramientos innovadores.

Los números gobiernan el mundo y las estadísticas son importantes, mas éstas no pueden reflejar aspectos insoslayables tales como; el significado cualitativo del desplazamiento del ganado desde ambientes de excelencia para el engorde, hacia escenarios históricos de cría, desplazando ésta a lugares hasta hace poco prácticamente ignotos.


Si bien la sucesión de desencuentros entre el gobierno con el campo, especialmente con los productores lecheros y ganaderos, han repercutido muy negativamente en el desarrollo de ambas actividades, las situaciones son distintas; la ganadería ha arrojado resultados muy disímiles, con marcada disminución ya comentada en las zonas mixtas, pero encontrando un bálsamo en el crecimiento operado en regiones sin tradición bovina de relevancia.

El balance del quinquenio 2001-2006 nos indica importantes incrementos de los rodeos en varias provincias del territorio nacional; San Luís 27%, Salta 25%, Formosa 24%, Mendoza y Misiones 23%, Corrientes y Entre Ríos 20%, Santiago del Estero 15% y Chaco 13%. Es evidente que esta evolución ha operado a favor de la economía de estos distritos, corresponde destacar que en la medida de sus posibilidades algunos de los gobiernos provinciales contribuyeron para fomentar la tendencia citada. Cuando se conozcan los datos finales del 2007, seguramente los guarismos serán mucho más determinantes aún, dada el avance que expresa la evolución.

Por lo general las autoridades de estas provincias acompañaron el desarrollo ganadero, fijándose el objetivo de duplicar la producción de carne bovina, con el convencimiento que ello permitiría la consolidación de una alternativa económica real, para ello desde el 2004 vienen implementando Planes Ganaderos Provinciales. En dicho marco, se previeron incorporación de tecnologías de proceso, volcándose recursos en ampliar la información y la capacitación, programando en consonancia con el INTA, universidades y colegios profesionales. El denominador común consistió en propósitos claros; acrecentar los rodeos, pero también la cantidad de kilos por hectáreas.

Los progresos ocurridos tanto en el NEA como en el NOA son más que significativos, pero el gran desafío, ya no privativo de esas regiones, sino como estrategia nacional dado el rol que allí tendrá la producción bovina futura, consiste en profundizar la eficiencia. Ello se dará en la medida que se logre minimizar las limitaciones, sustituir o corregir manejos superados y, puedan capitalizarse tanto experiencias exitosas como tecnologías específicas.

Si bien los especialistas difieren con respecto de cuánto más es capaz de crecer la ganadería del Norte, lo concreto es que todos son halagüeños. Varios técnicos afirman que esta región puede llegar a concentrar el 50 % del rodeo nacional, aún cuando tal aseveración parezca ambiciosa, otros son todavía más optimistas, confían que con decisiones acertadas, allí podrían cohabitar tantos vientres como actualmente hay en todo el territorio nacional (20-21.000.000 de hembras). Algunos más eufóricos van más lejos, hacen cuentas que transitando el camino correcto y con inversiones puntuales, el Norte argentino estará dentro de unos años en condiciones de poner en explotación ganadera aproximadamente 27 o 28.000.000 de hectáreas más.

El Congreso Ganadero del Norte Argentino, organizado por AACREA en octubre del año pasado en Santiago del Estero, del que participaron unos 1000 asistentes, aportó ideas, pergeño perspectivas y dejo conclusiones muy importantes; algunas ya comenzaron a implementarse, otras son aplicables en el corto o mediano plazo.

Claro está que al tratarse de un territorio tan amplio, con problemáticas y condiciones totalmente diferenciadas, las estrategias ha desarrollar tienen que contemplar matices específicos según los ambientes, además es menester programar recetas a medidas acordes a las situaciones que se presentan peculiarmente. La siembra aérea, no contemplada años atrás ha realizado un aporte sustantivo en el incremento de la producción; ello se noto considerablemente en norte de Santa Fe y Entre Ríos, Sur de Corrientes y Chaco, donde e abundan los montes bajos invadidos por malezas arbustivas. La solución implementada, al tiempo de erradicar malezas agresivas, transformó esas tierras fértiles en campos de engorde.

En Formosa, norte de Chaco y Corrientes, existe una zona históricamente dominada por pajonales que no producían más de 30/35 kgs de carne por hectárea, allí se descartaron quemas de material seco, además de reducir las posibilidades de incendio, con las implicancias que ello conlleva, sustituyéndolas por pradera en base a especies forrajeras autóctonas de aceptable valor forrajero, que dieron lugar a verdaderos colchones vegetales, con lo que se mejoró substancialmente la productividad.

El todas la superficie considerada es imprescindible mejorar los porcentajes de parición y más aún los de destete, estos apenas sobrepasan el 50%, por lo tanto allí urge la adopción de otros sistemas de manejo y mejoramiento de sanidad. Ampliar la oferta forrajera, capacitación de operarios, mejoramiento de la infraestructura existente y otro tipo de ajustes, posibilitarían transformar el magro registro actual por un 70% de ternero al destete, cuando ello se concrete, el stock aumentará por ese factor en 1.400.000 cabezas adicionales.

Los contundentes resultados obtenidos mediante sistemas simples, pero que la implementación en el norte es nueva y su adopción aún selectiva, constituyen experiencias de gran valía para avanzar a su generalización. De montes que requerían 15/20 hectáreas para una vaca, a la implantación de pasturas que transformaron la receptividad de de 0,8 a 1 vaca por hectárea.

A efectos de tener más certezas de que manera van variando los espacios ganaderos corresponde expresar: En el 2003 el 62,5% pastaba en la pampa húmeda, el 21,4% habitaba el NEA y un 7,3% en el NOA. El año pasado en tanto cerraba con esta ponderación; 57% para la pampa húmeda, 25% para el NEA y 8,5% se encontraba en el NOA. Estimaciones fundadas arriesgan que la distribución actual podría ser 51,5%, 29% y 10% respectivamente, con tendencia sostenida.

La transformación del campo en la última década le ha otorgado a las zonas subtropicales y semiáridas del norte del país un rol preponderante a la producción de carne. La ganadería se desplaza sin intermitencias y ello, impulsa la adopción de planteos productivos actualizados y eficaces. Como hemos visto; manejo, sanidad y nutrición han jugado un papel relevante y, seguramente su profundización estará apuntalando las metas propuestas. Pero aún no hemos mencionado a un factor substancial; la genética.

Los progresos verificados en mejoramiento de los rodeos del norte son sorprendentes, así lo corroboran los emplazamientos de nuevas cabañas y las adecuación de las precursoras; el crecimiento alcanzado es importante en lo cuantitativo, pero mucho más aún cualitativamente. El aporte ofrendado por razas como Braford y Brangus es realmente superlativo; su gran rusticidad y magnifica adaptación, manteniendo calidad de exportación, las consagran como las alternativas optimas para todo el norte argentino.

 

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