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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoUn plan para el desarrollo energético
10/sep/2022

Por: Jorge Lapeña

Argentina atraviesa un presente energético altamente complicado. Múltiples problemas de vieja data se conjugan; y al no estar resueltos se complementan y se potencian para generar un presente angustiante. Argentina no puede satisfacer en 2022 su consumo energético y difícilmente lo logre hacer en 2023.

Este año el problema crónico e irresuelto de los subsidios energéticos, asociado a la necesidad de importar gas natural licuado y gasoil para sostener el consumo en un contexto de altísimos precios y falta de divisas, pone al Gobierno en un brete sin fácil salida.

El problema energético no es nuevo, los males más importantes fueron diagnosticados hace más de diez años, entre otros, por el grupo de ex secretarios de Energía, pero no fueron corregidos.

La raíz de los problemas se sintetiza en dos causas: la mala política y el vaciamiento del Estado nacional de funcionarios capaces e idóneos, y lo más grave, su reemplazo por militantes políticos del gobierno de turno sin experiencia concreta. Los males de la política son los clásicos: la demagogia, la corruptela, la corrupción en gran escala y una dosis supina de ignorancia y falta de experiencia concreta a la hora de cubrir cargos.

La ignorancia trajo como consecuencia también el incumplimiento de las leyes; y la intervención “sine die” de los Entes Reguladores. La incapacidad de modificar las leyes por otras de mejor calidad genera un presente complicado y contradictorio.

Valga un ejemplo como síntesis: el ministro Massa tiene la misión de reducir el déficit provocado por los Subsidios a la Energía que este año se prevé que superen los 16.000 millones de US$. Para ello, debería derogar la absurda ley del subsidio al gas a zonas frías que a iniciativa del Poder Ejecutivo fue aprobada por mayorías apabullantes en ambas cámaras del Congreso Nacional hace menos de un año.

Dicho lo anterior cabe un comentario sobre la situación energética mundial que a raíz de la guerra en la Ucrania - invadida injustamente por Rusia y defendida por gran parte de la comunidad occidental- ha provocado una convulsión energética de escala planetaria que cambia los paradigmas sobre los cuales se basó el desarrollo energético en los últimos 30 años: mercados abiertos y desregulados; ausencia de planificación estratégica y menoscabo de conceptos tales como seguridad energética para el abastecimiento, que hoy comienzan a ocupar un lugar central en los países del primer mundo, y que Argentina -país periférico- abandonó en forma definitiva con las transformaciones de los 90 y que continuaron sin modificaciones de fondo con los gobiernos del siglo 21.

En este contexto, Argentina en 2022 presenta una actitud extraña. En vez de generar una política pública que corrija los errores domésticos que la precipitaron en este presente inviable, pareciera alegrarse exclusivamente con las oportunidades que le abriría un mundo en crisis energética para exportar el gas de Vaca Muerta a Europa, previa substitución de las importaciones cuantiosas de gas que alcanzan a casi el 20% de nuestro consumo interno de gas.

Pero para eso es imprescindible certificar reservas comprobadas, que hoy son insuficientes para firmar contratos de abastecimiento de largo plazo con cualquier país que quisiera abastecerse de Argentina y para viabilizar la infraestructura de transporte y liquefacción necesaria para concretar las exportaciones.

Es extraño también que las empresas privadas interesadas en la construcción de infraestructura de transporte para promover esas exportaciones hayan elegido a Enarsa para construir el gasoducto Néstor Kirchner, en vez de invertir ellas mismas en la obra, habida cuenta de la mala performance de Enarsa en la construcción de obras públicas, además de no tener acceso a al crédito nacional o internacional alguno sin garantía del Estado argentino. Se trata de una irracionalidad que debería ser explicada en detalle.

El sector energético exhibe un enorme atraso en la inversión en construcción de nueva infraestructura ya sea para la modernización de la existente como para ampliación y diversificación de la misma.

Existe hoy un fenomenal atraso en varios rubros: a) Transporte eléctrico en alta y muy alta tensión; b) Construcción de nuevos gasoductos; y terminación de los que están en construcción como el GNEA; c) nuevas centrales hidroeléctricas; d) exploración de hidrocarburos.

Dentro de un contexto político, económico y energético muy complejo como el que atraviesa la Argentina en estos días, que probablemente se extiendan a los próximos meses, sería importante que los partidos y los espacios políticos generen propuestas concretas y las sometan a debate amplio.

Sería deseable arribar a consensos básicos que deberían articularse en torno a siete temas claves

1) Elaboración de un Plan Energético Nacional en un plazo de 6 meses y aprobación parlamentaria del mismo;

2) Regularización de los Entes Reguladores cesando las intervenciones;

3) Fijación de la Tarifas reguladas por el Estado de los Servicios Públicos Energéticos conforme a las leyes vigentes;

4) eliminación de subsidios energéticos socialmente innecesarios;

5) eliminación de subsidios a las empresas del tipo “barril criollo o similar”;

6) prohibir el lanzamiento de obras públicas energéticas que no cumplan previamente con la ley de Inversión Pública,

7) acelerar al máximo la certificación de reservas en Vaca Muerta.

Fuente: NUEVOS PAPELES

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