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Cooperativismo
 
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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEpítome del Cooperativismo Italiano
17/sep/2021

A los diez años del nacimiento de la cooperativa Sociedad Equitativa de los Pioneros de Rochdale, en Turín, provincia de Piamonte, región con alta incidencia de clase obrera se constituye oficialmente la primera cooperativa de Italia, emanada de una sociedad de trabajadores de esa ciudad, consorcio creado cuatro años antes con centenares miembros, con fines de ayuda mutua, apodándola “Il Magazzino di previdenza di Torino” (El almacén de pensiones de Turín), cuyo objeto consistió en la apertura de una tienda de productos alimenticios básicos, a tal efecto, se adquirían bienes a granel, para comercializarlos al menudeo, al costo real, preservando así el poder adquisitivo de los salarios en tiempos de acelerada inflación.

Los anales de la entidad indican a Giuseppe Boitani, funcionario del Ministerio de Finanzas del Reino de Cerdeña y secretario de la Sociedad General de Trabajadores de Turín y Camillo Benso, Conde de Cavour como los mentores de pergeñar la iniciativa y principales protagonistas de la concreción.

Cabe consignar que ambos compartían la teoría que las clases pudientes debían ayudar a las más humildes a organizarse y administrarse, conforme a los cánones de eficiencia y moralidad, evitando que grandes sectores de la comunidad fueran víctimas de problemas sociales como alcoholismo, prostitución y pobreza, factores que a la postre alteraban el orden público.

Dos años después, en Altare, provincia de Savona, nace la cooperativa de Trabajo “Artistica Vetraria”. Prontamente esta iniciativa prende y es emulada en todo el norte de Italia y otras regiones de la península, donde los problemas sociales vinculados a la industrialización generan las primitivas formas de organizaciones de las clases trabajadoras.

En sus albores el cooperativismo presentó una variante respecto al paradigma anglosajón, que luego se adoptó en otros países, de allí surge el precepto de operar al costo, agregando sólo al valor de compra, un diferencial que cubriera los gastos de manipuleo y gestión. En la práctica dicha consigna redundó en acelerar la expansión de la economía solidaría de consumo.

El advenimiento del cooperativismo en Italia, bajo principios solidarios, significó dar respuestas y paliar necesidades básicas de poblaciones jaqueadas por el desempleo y un proceso inflacionario imperante por entonces.

En 1886 se produce un hito importante, el Congreso de Milán celebrado con la participación de centenares de delegados que representaban a 248 cooperativas, las que en su conjunto ya contaban con 70.000 asociados.

El citado evento resultó fundamental para concebir la estructura organizativa, que posibilitaría el futuro desarrollo y coordinación de un movimiento en constante crecimiento, con la incorporación de diferentes actividades. De allí surgió la Federación Nacional de Cooperativas, la que en 1893 pasaría a denominarse Liga de Cooperativas.

Previo a la Primera Guerra Mundial (1914-1918), el movimiento había alcanzado cierta solidez económica; proceso interferido por la conflagración, máxime teniendo en cuenta que Italia participó de la alianza derrotada. Una vez firmado el armisticio, era de suponer que el movimiento retomaría la marcha interrumpida. Pero en los hechos no fue así, en 1919 se produce una división interna, por una parte, se alinean las entidades de tendencia católica y por la otra, las de inspiración secular socialista, las que convergen en la naciente Confederación de Cooperativas Italianas. Antinomia que expresa cuan perverso resultan en el cooperativismo los alineamientos políticos y religiosos.

Con la llegada de Benito Mussolini al poder en 1922 el accionar del cooperativismo se ve afectado, por las políticas intervencionistas y dictatoriales del fascismo. Finalizada la Segunda Guerra Mundial y tras la destitución del “Duce” en 1945; fue menester reconstruir las ciudades y recomponer el aparato productivo, tarea en las cuales las cooperativas tuvieron un rol manifiesto.

Caber destacar que desde la posguerra, la cooperación ha logrado, incluso a través de las dificultades, consolidarse y crecer, pasando a contar con una presencia generalizada en todo el territorio nacional.

En la década del ’70 en, Italia como en otros Estados europeos se registró una crisis económica, que trajo aparejado un elevado índice de desocupación; el Gobierno de entonces implemento legislaciones que favorecieron al cooperativismo, lo que redundó en positiva participación del sector en el proceso de recuperación de fábricas.

Al presente en Italia hay registradas alrededor de 102.400 entidades cooperativas, las que suman algo más de 6.200.000 asociados.

COOPERATIVAS SOCIALES

Actualmente existen 2000 cooperativas sociales en Italia, en consonancia con la inclusión de personas en dificultad y la prestación de servicios a la comunidad. Dentro de ellas un párrafo aparte amerita la Cooperativa Fraternitá, una de las más antiguas del país, emplazada en la periferia de Brescia, operando como ejemplo multiplicador en diversas zonas rurales de menor potencial, fundamentalmente en actividades como horticultura, fruticultura, floricultura y mantenimiento del espacio.

Cooperativa Fraternitá fue creada en 1979 y, en sus comienzos se circunscribió exclusivamente en el hospedaje y el amparo a personas en dificultad: jóvenes con problemas familiares, adultos sin hogar, excluidos etc. A partir de 1984 se involucró en la gestión y del mantenimiento de los espacios verdes municipales, especializando a su personal en crear estructuras para la inserción profesional.

Las cooperativas sociales en Italia funcionan en efecto como auténticas empresas. Excluyendo algún aporte que perciben para al comenzar, las únicas ayudas públicas directas que reciben corresponden a cargas sociales por dar empleo a trabajadores con dificultades, estos representan a un 30% del personal de las cooperativas de inserción.

La mayoría de las cooperativas sociales se han agrupado en consorcios organizados sobre una base territorial que equivale, a menudo, pero no necesariamente, a una provincia.

COOPERATIVAS DE CONSUMO

El crecimiento económico itálico se vislumbra durante los años ’60, debiendo sobreponerse a un aparato de distribución vetusto, ineficiente y gravoso. En tanto en el norte del viejo mundo se instauraban, gradualmente, las nuevas tipologías de venta, Italia presentaba un gran retraso que penalizaba, a la producción y especialmente al consumidor, sobre quien recaían los costos ocasionados por la carencia de eficacia.

Tras sobreponerse a momentos inciertos, el cooperativismo tomó la delantera en los procesos de transformación, inaugurando el primer supermercado en 1965, diseñando una estrategia de desarrollo que contemplaba el cierre de negocios tradicionales, suplantándolos por instalaciones de libre servicio.

Dicha reconversión fue consumada en un ciclo de diez años, resultando las cooperativas la mayor cadena de supermercados del país. Las innovadoras metodologías, sumadas a la vocación de privilegiar las necesidades del consumidor, originaron un considerable crecimiento en la participación del mercado y, por consiguiente, engrosar el padrón de asociados, circulo virtuoso que se coronó al promediar la década del 80’, cuando las cooperativas del rubro tomaron la vanguardia en la instalación hipermercados.

COOPERATIVAS AGRARIAS

Aproximadamente el 40% de las cooperativas italianas son agrícolas, dentro de ellas un 20% vitivinícolas, generalmente integrada por pequeños productores asociados, contando con procuradurías para su gestión. Estas entidades están nucleadas en una gran Federación, disponiendo en cada zona productiva del país con su propio Consejo Directivo.

En Italia los vinos gozan de un bien ganado prestigio, obtenido a merito a su reconocida calidad, asegurada por las estrictas exigencias tanto en los cultivos como en el proceso de elaboración; en los últimos años el país lidera las exportaciones mundiales a las que se derivan alrededor del 50% de la producción.

La mayor concentración de cooperativas agrarias se da en el norte del país, encabezada por la región de Emilia Romagna que alberga a 985 entidades de base, siguiéndole en importancia Lombardía el Véneto. Sus asociados son pequeños y medianos productores y/o sociedades.

La principal participación del cooperativismo agrario en materia productiva es la siguiente: pollo 45%, vinos 40%, leche 40%, cereales y oleaginosas 20%, carnes rojas 18%, aceite de oliva 12%. Con menor incidencia en productos frutihortícolas. Vale destacar que dichas cooperativas industrializan la producción de sus asociados.

PROMOCION INTERNACIONAL

Mediacoop Internacional es un organismo dependiente de la Confederación Italiana de Cooperativas, para la promoción del cooperativismo a nivel internacional, creado hace 23 años.

Mediacoop, está en capacidad de proponer proyectos de distinta naturaleza y con buenas perspectivas para diferentes países. El objetivo debe estar orientado hacia el agregado de valor de pequeños campesinos. La cooperación no se circunscribe a la capacitación y asistencia, sino que contempla asesoramiento en lo referente a industrialización. Otro de las premisas es el acceso a mercados de alta producción o competitivos.

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