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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoSr. Presidente, tenemos un problema
13/oct/2020


Si bien en términos generales la política no es el objetivo último de estos comentarios, sí lo es la política económica. El estrecho vínculo que relaciona las decisiones políticas con las reacciones que se producen en la economía, que como sabemos es una ciencia social

Las reacciones de los seres humanos pueden ser más o menos predecibles dentro de un determinado marco. Pero el margen de error que suele existir entre la teoría y la práctica puede terminar en daños colaterales que finalmente subsumen el objetivo buscado.

Este breve introito lo hacemos para, de alguna manera, intentar justificar el motivo último de este breve trabajo.

El llamado “banderazo” acontecido el 12 de octubre en todo el país tiene un origen bien definido, aunque las motivaciones sean muchas. Y aún siendo que no son las mismas o las más relevantes para todos quienes se manifestaron.

Si observamos lo que ha venido ocurriendo desde la llegada del nuevo gobierno al poder, el 10 de diciembre último, podemos tener una idea de qué cosas producen un altísimo grado de disconformidad. Hagamos una breve enumeración:

La sola elección de Cristina Fernández como vicepresidenta en una fórmula que ella misma conformó y anunció ha provocado un gran disgusto en muchísima gente, que simplemente esperaba que las causas en su contra avanzaran y se resolvieran.

La cuarentena establecida por el gobierno para evitar la propagación de la enfermedad que produce el coronavirus. Esta ha dado lugar a una verdadera destrucción de la economía de base, con millones de desocupados y miles de empresas y comercios que han cerrado en forma definitiva, incluso con empresas multinacionales que optaron y optan por abandonar el país.

La clara diferencia que ha establecido el gobierno nacional y los gobiernos provinciales entre empleos públicos y empleos privados. Si bien es cierto que se han tomados medidas de ayuda como el IFE u otras, lo cierto es que la gente ve con malos ojos que los empleados públicos en general no han sufrido quitas en sus sueldos, y por supuesto ninguno ha sido despedido, mientras que el sector privado sufre penosas consecuencias.

La liberación de miles de delincuentes presos con la excusa de la pandemia, que ha dado lugar a un más que serio recrudecimiento de la inseguridad.

La liberación o el otorgamiento de prisión domiciliaria a los principales responsables de la corrupción habida durante el gobierno de Cristina Fernández.

Los claros intentos de avanzar sobre la justicia, sobre los jueces e inclusive sobre la Corte Suprema de Justicia de la Nación, con el pedido de juicio político a uno de sus integrantes incluido.

Los permanentes ataques a silos bolsa en todo el país, que hasta donde se sabe han quedado y siguen quedando impunes.

Ciertos voceros del gobierno que comparten y manifiestan públicamente la idea de atacar a los productores con el argumento de que no quieren vender su producción.

Voceros vinculados al Frente de Todos que justifican los robos, en un verdadero panegírico basado en consignas del tipo “cada cual toma lo que necesita” y similares.

El vano intento de confiscación de la empresa Vicentín.

La conversión en “servicio público” de los sistemas de comunicación e Internet.

El recurrente ataque al periodismo y a los medios de comunicación, que ha llegado al extremo de conformar un ente encargado de monitorear y regular contenidos, atacando claramente a la libertad de expresión.

La inflación galopante que en buena medida ha sido producto de la emisión de moneda para otorgar subsidios por la pandemia, pero que ha derivado en devaluaciones incontroladas del peso, ante la mirada impávida de ministros y del propio presidente, que incluso ha llegado a culpar al periodismo de “fomentar el dólar blue”.

Los insultos y diatribas de todo tipo a cargo de conspicuos funcionarios del oficialismo contra los manifestantes de ocasiones anteriores, que han sido maltratados una y otra vez con insólitas acusaciones entre las cuales se lleva las palmas calificarlos de “viejos”, “gorilas”, “profetas del odio” o simples corderitos llevados de la mano por medios opositores al gobierno.

Con toda seguridad existen otras motivaciones, que por razones políticas el oficialismo no quiere o no puede ver. Pero es absolutamente cierto que el disconformismo tiene su razón de ser.

El presidente de la Nación no puede ni debe ignorar todo esto. Enojarse y salir a culpar a la gente, a la oposición o a los medios de comunicación no sirve sino para azuzar aún más a la población. Vemos las marchas y los reclamos en todos los rincones del país. Y es responsabilidad de los dirigentes examinar y avanzar sobre los problemas.

Lamentablemente lo que vemos es una enorme inacción, un gran enojo. Acusaciones vacuas como eso de que es culpa de los medios, o de los “odiadores” constituyen verdaderos actos de negación o de cinismo. Es necesario que el presidente en especial, y su entorno en particular, dejen de pensar, como parace ser que piensan, que están en condiciones de hacer cualquier cosa sin sufrir consecuencias, simplemente porque fueron la primera minoría en votos en las últimas elecciones.

Tenemos un problema Sr. Fernández, y muy serio. Y si no se encaran soluciones de fondo todo esto irá para peor, y cada día más rápidame

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