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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoBienestar animal: subir el precio de la carne no siempre es la solución
14/ago/2020

Muchos critican que en Alemania la carne es demasiado barata. Pero en el ejemplo de Suiza se ve que aumentar los precios no mejora en todos los casos las condiciones, ni para los animales, ni para los seres humanos.


Símbolo de una vaca sobre el techo de la embajada suiza en Berlín.

Muchos critican que en Alemania la carne es demasiado barata. Pero en el ejemplo de Suiza se ve que aumentar los precios no mejora las condiciones, ni para los animales, ni para los seres humanos.

Al planear un asado en Suiza, uno puede llevarse una gran sorpresa al ir al supermercado a comprar la carne. Los precios de la carne son extremadamente altos, sobre todo si se está acostumbrado a los precios de Alemania. Por una simple brocheta de carne de 150 gramos se pagan en Suiza 12 francos, unos 11 euros. Muchos lo piensan dos veces, e incluso deciden asar papas y vegetales en lugar de carne.

De hecho, la carne en el país helvético cuesta casi un 150 % más que en el resto del mundo, según indica un estudio de 2017 de Caterwings, un mercado online que fue a quiebra.

En comparación con el promedio de la Unión Europea, los suizos incluso estarían pagando la carne 2,3 veces más cara, de acuerdo con datos de la Oficina Europea de Estadísticas, Eurostat. Y eso no solo tiene que ver con que en Suiza, por lo general, todo es más caro: los alimentos cuestan “solo” 1,6 veces más que la media de la UE.

Para alguien que vive en Alemania, ir de compras a un supermercado suizo puede ser una experiencia inusual, por los altos precios.

Los comerciantes salen ganando

La Ley de Protección Animal de Suiza es considerada la más estricta del mundo y, por eso, es de suponer que el encarecimiento de la carne en ese país es el resultado de mejores condiciones en los establos y criaderos, que harían que se disparen los precios de los productos, beneficiando así tanto a los animales como a la agroganadería. Sin embargo, esto no es así, dice a DW Mathias Binswanger, profesor de Economía en la Universidad de Ciencias Aplicadas de Olten, en Suiza (FHNW, por sus siglas en alemán): “Los precios más altos benefician, en primer lugar, al comercio, no a los agricultores”.

El amplio margen del que gozan los grandes y pequeños comerciantes incluso es mayor si la carne proviene de establecimientos con mejores condiciones de mantención animal. Así lo confirma un análisis de mercado de la organización protectora de animales suiza STS. En el momento en que se tomaron las muestras para el estudio, en el verano boreal de 2020, un kilo de jamón de producción tradicional costaba, en promedio, 23 francos suizos (21 euros); un kilo de jamón “bio”, o de ganadería ecológica, costaba 51 francos (47 euros), es decir, más del doble. De los 28 francos de diferencia, el productor agroganadero recibe, según la STS, solo 2 francos, el matadero gana 3 francos, y el comerciante recibe 23 francos.

La carne producida en establecimientos que respetan las normas ecológicas se vuelve, de ese modo, demasiado cara, critica la organización. Entonces no sorprende que las cifras de venta de ese tipo de carne se estanquen y hasta se reduzcan. “El cambio a la producción de carne bio a menudo no es rentable para los agroganaderos”, agrega Mathias Binswanger. Pero no es solo el alto precio de la carne el que hace más felices a las vacas y los cerdos.

Vacas en un campo de Berna, Suiza.

Aislamiento del mercado mundial

Un agricultor suizo recibe por la carne que produce cerca del doble que sus colegas en el extranjero, pero también tiene gastos mayores, explica Martin Rufer, director de la Asociación Suiza de Agricultores, a DW. En especial la mantención de establos y el cultivo de pequeñas superficies de terreno son más caros. Sin embargo, según Rufer, los agricultores suizos están “en una buena situación”.

Ese sistema puede funcionar solo porque Suiza, si bien es miembro de la Asociación Europea de Libre Comercio (AELC, o EFTA por sus siglas en inglés), no es parte del espacio económico común europeo. Es por eso que puede aislarse más fácilmente de la eurozona y proteger a sus productos de la competencia extranjera. “Suiza no está invadida por la carne barata de Alemania, y eso es bueno para los agricultores suizos”, señal Rufer.

Quien desee entrar a Suiza, solo puede ingresar un máximo de 1 kilogramo de carne o productos cárnicos. Todo lo que sobrepase esa cantidad se paga caro debido a los aranceles aduaneros.

País pequeño, establecimientos pequeños

El hecho de que Suiza no sea miembro de la UE también favorece a los animales, indica Mathias Binswanger. “El país puede aplicar una política agraria propia. Y a través de la democracia directa, los ciudadanos también tienen mayor influencia en las decisiones. Eso hace que se pueda proteger más a los animales”, explica. Pero aclara que Suiza tampoco es un paraíso para los animales y la naturaleza, solo que es más difícil gobernar en contra de los deseos e intereses de la gente.

Como ejemplo, nombra la cuota que marca la ley para la crianza de terneros, pollos y cerdos. Los establecimientos solo pueden mantener 18.000 gallinas ponedoras, mientras que en Alemania son 30.000 en promedio, y algunos tienen hasta 60.000.

Los establecimientos ganaderos en Suiza son relativamente pequeños, lo que puede significar una ventaja para los animales. Una granja suiza comprende una media de 20 hectáreas. En Alemania, son más de 60 hectáreas.

Y el concepto funciona porque, gracias a eso, Suiza solo produce un 80 % de la carne que necesita.

Un 20 % se importa. Alemania y muchos otros países de la UE, entre ellos, Holanda, tienen una sobreproducción de carne para poder exportarla.

Aparte de las permanentes subidas y bajadas por las montañas, las vacas lo pasan bien en Suiza.

“Veinte años de adelanto en protección animal”

Sea por las razones antes mencionadas, o por lo que fuere, Suiza está mucho más adelantada en cuanto a la protección de los animales que sus vecinos europeos. “Los debates que ahora se llevan a cabo en Alemania tuvieron lugar hace años, e incluso décadas en Suiza”, explica Cesare Sciarra, director ejecutivo del Centro de Competencia de Animales Útiles STS.

En Suiza está prohibida la castración de lechones sin anestesia desde 2010, y la mantención de gallinas ponedoras en jaulas, desde 1992. La ley suiza prescribe que los cerdos cebados deben tener como mínimo 0,9 metros cuadrados para vivir. En la UE, deben tener 0,65 metros cuadrados. Para Cesare Sciarra es claro que “Suiza está adelantada 20 años en cuanto a protección animal”.

Lo que sigue criticando el STS es que únicamente un tercio de los animales vive en sistemas de producción recomendados por esa organización protectora de animales. De las gallinas, incluso solo un 8 %. Según Cesare Sciarra, especialmente en la ganadería vacuna todavía queda mucho por mejorar.

Si hay algo que se pueda aprender de los suizos, es tal vez que ellos son muy conscientes de que los buenos productos alimenticios valen lo que cuestan. "La carne barata que se ofrece en Alemania es casi invendible”, dice Tilman Slembeck, especialista en Consumo de la Universidad de Ciencias Aplicadas (ZHAW), de Winterthur.

(cp/ers)


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