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Editoriales y Columnas
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoCerdos chinos en Argentina
12/ago/2020

Aparentemente, pues las conversaciones entre los gobiernos, aún no han tomado estado público; existe el interés de la República Popular China, en invertir en nuestro país, para instalarse a producir carne de cerdo.

La intención es exportar a China todo lo que produzcan estos emprendimientos.

El consumo de estas carnes es muy importante en ese país. Junto con la carne de pollo y pescado, ya que son las fuentes de proteínas animales, que más consume su gente. Sin dejar de mencionar el alto consumo de huevo de gallina, que sobrepasa los 300 huevos /habitante/ año.

Si bien producen y consumen otras carnes como pato, ganso, peces en cautiverio, etc. y la dieta del chino medio es muy variada; esas son sus principales fuentes de abastecimiento proteico.

Recién se abren hoy en día, al consumo de lácteos, por el momento no está en sus hábitos culturales.

La lógica que los mueve a este tipo de inversiones, surge, indudablemente del problema de carácter zoonósico que obligó a ejecutar el “rifle sanitario” a casi la mitad de sus piaras. Además, de una lógica inapelable de carácter logístico: Fletar hacia su país 4 y 5 toneladas de insumos, por cada tonelada de carne al gancho, permite no dudar sobre la conveniencia de emprendimientos de esta índole.

Son mis colegas, quienes estarán llamados a intervenir en esos emprendimientos.

Las currículas, de los planes de estudio, contienen la preparación como profesionales que los habilitan a entender las problemáticas que inevitablemente se habrán de presentar. Naturalmente, por el carácter, tantas veces criticado de “carrera enciclopédica”, quedará demostrada la necesidad de una visión integradora.

Antes de ingresar a una descripción técnica del asunto, que como se verá más adelante, es muy compleja, debemos hacer hincapié en cuestiones de otro orden.

En muchas oportunidades, a nuestro país se le han presentado situaciones semejantes. De hecho a fines del siglo XIX y principio del XX, llegaron inversiones extranjeras, con propósitos parecidos. Muchas de ellas, han dejado huellas, hasta de carácter cultural.

Nuestra pasión por el fútbol, tiene su origen en un juego que practicaban los empleados de las empresas ferroviarias que vinieron a instalar y conducir inicialmente esos emprendimientos.

Las industrias frigoríficas, fueron también y para aquel entonces algo parecido. Fueron grandes demandantes de mano de obra por ellas mismas más una gran cantidad de empresas satélites, que generaban puestos de trabajo.

La industria de la carne, hasta movió la industria de material ferroviario. La hacienda llegaba a los mataderos en ferrocarril y los vagones para transportarla se construían en el país (ya en aquel entonces).

Luego hubo abusos que derivaron en los incidentes que terminaron con la vida del senador Enzo Bordabehere. Pero convengamos que del viejo dicho sobre el “Chancho y quién le da de comer”, quien le da de comer, persigue propias conveniencias; pero “el Chancho, no es una animal in imputable”.

Las industrias de la lana de oveja y la confección de casimires y telas de vestir, fue otro ejemplo.

Desde la Patagonia, la Mesopotamia, el sur de la provincia de Buenos Aires y La Pampa, produciendo ovinos; hasta los lavaderos, peinadurías y tejedurías de San Martín (Prov. de Buenos Aires), se creó una cadena de valor que llegó primero a sustituir las importaciones de esas telas y más tarde a exportar a todo el mundo.

Antes de tomarnos el trabajo de analizar la conveniencia o no para nuestro país, de una radicación de semejante magnitud, cabe plantearnos algunas cosas que nada tendrán que ver con cuestiones técnicas, pero que como ciudadanos, nos consideramos en derecho de poner sobre la mesa.

Recordando los episodios del intento de instalación en nuestro país, de la planta para producir pasta celulósica por parte de la empresa Finlandesa Botnia, sucedió que las autoridades argentinas, no llegaron a un “entendimiento”, con la empresa, para habilitar sus “permisos” de instalación.

Se pusieron, como excusa, reparos desde el punto de vista medio ambiental, sobre los eventuales vertidos de efluentes de esa industria, al Río Uruguay.

Prontamente, la empresa advirtió que nuestro país no ofrecía las garantías jurídicas suficientes y trasladó su proyecto a la margen opuesta de ese río (Fray Bentos).

En definitiva la historia terminó así: La República Oriental del Uruguay, recibió la inversión, se quedó con los puestos de trabajo, la percepción de impuestos y cargas laborales, nuestro país siguió con la sempiterna condena de ser un exportador de materias primas (pues los rollizos de eucaliptos de Entre Ríos fueron a parar a la planta, de todos modos).

Si acaso, la actividad de dicha planta realmente produjese contaminación del Río Uruguay, nuestro país recibiría la mitad de la misma.

Un ejemplo paradigmático de cómo opera nuestra clase política.

Otra incógnita o pregunta inevitable de hacerse es: ¿Cuál es la razón para que tales emprendimientos no pudiesen llevarse a cabo por empresas nacionales?

Poseemos las tecnologías suficientes y la que nos falte, la podrían adquirir.

Los capitales necesarios para llevarlos a cabo, en cuanto se demuestra la posibilidad de obtener beneficios, siempre aparecen.

Podrían ser empresas nacionales y/o asociadas a extranjeras; cuando se trata de generar producción y ganancias, siempre hay gente dispuesta.

¿O será el fantasma de Botnia, sobrevolando las intenciones de los emprendedores?

¿Quizás la visión de los bloqueos sindicales y presiones de todo tipo a las plantas productoras de tantas cosas, que acobardan a cualquier inversor? Máxime sin una independencia de un Poder Judicial con la honestidad suficiente, que garantice la defensa de los derechos constitucionales a rajatabla.

Sin entrar en detalles sobre la condición democrática de la R.P. China, no debemos oponernos a cualquier opción que tengamos, para agregar valor a nuestra producción primaria y generar miles de puestos de trabajo en nuestro país, en especial en nuestro interior.

Aquella relación de más de un siglo atrás, con el Imperio Británico, si algo tenía de virtuosa, era que la Gran Bretaña, necesitaba de nosotros, tanto como nosotros de ellos. En contrapartida, nuestra dependencia y negocios con los EEUU tenían la dificultad, que nosotros necesitábamos de su industria, pero ellos no necesitaban nuestros cereales ni nuestras carnes. Siempre tuvimos economías competitivas en ese plano.

Hoy, en este caso, se podría re editar aquella relación asociativa y ser beneficiosa para ambos países.

Pero deberá suceder que ”A LOS CHANCHOS, SOLO SEAN LOS OPERARIOS GALPONEROS LOS QUE LES DEN DE COMER”.

Auspiciantes

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