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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEl surrealismo cambiario
20/jul/2020

El verdadero aquelarre cambiario al que nos encontramos sometidos acaba de mostrarnos una faceta más, adecuada a la modernidad cibernética.


Por: Héctor Blas Trillo

El hecho de que en la Argentina debamos estar sometidos a un denominado “cepo” cambiario que limita la posibilidad de adquirir hasta 200 dólares por mes (o su equivalente en otras monedas) constituye una de las piezas surrealistas a la que nos han sometido nuestros beneméritos representantes de la política y de la economía. Una obra maestra a la que lamentablemente llegó tarde el famosísimo Robert Ripley, aquel estadounidense caricaturista buscador de historias asombrosas que desarrolló aquello de “Créase o no, es verdad aunque Ud no lo crea”.

Pero, como todos sabemos, Ripley se perdió también lo que podríamos llamar la continuación de la triste realidad: el impuesto PAIS. Tal vez a alguno se le escape que el término PAIS, es en realidad una sigla, que significa “Para una Argentina Inclusiva y Solidaria”. Esto significa que los creadores de esta nueva realidad se han preocupado en encontrar una denominación para aplicar un impuesto a la compra de moneda extranjera dentro de los límites a su vez impuestos por el “cepo”, que esté acorde a los tiempos que corren, en los que la solidaridad ha dejado de ser una virtud para pasar a ser lisa y llanamente una obligación. O, para mejor decir, una imposición.

Muy bien, este impuesto es nada menos que del 30% del valor oficial asignado a la moneda extranjera (para simplificar, hablaremos de ahora en más sólo de dólares, porque también esa es la realidad argentina). De tal modo, todos estamos obligados a ser solidarios si compramos dólares, pero nuestra solidaridad está limitada a sólo 200 dólares por mes calendario. Es decir, que podemos y debemos ser solidarios, pero tampoco la pavada.

Muy bien, el dólar en el mercado oficial (que curiosamente sigue llamándose Mercado Único y Libre de Cambios –MULC-), cotiza en cifras redondas a $ 75 por unidad, de tal modo que el impuesto PAIS que se le aplica, significan $ 22,50 que el comprador debe abonar, llevando entonces el precio final a $ 97,50 por cada billete verde adquirido.

La sola existencia de un “cepo” que limita la compra mensual por parte de cada habitante de la Nación a lo que cuesta una cena en un restaurante medio de Nueva York, (por dar un ejemplo acorde al país de emisión de la moneda en cuestión), promueve e incentiva la existencia de un mercado paralelo de cambios, en el cual siguiendo la tradición argentina de inventar una jerga tan particular, se denomina “blue”. “Blue” obviamente quiere decir “azul”, y la razón de ser de este nombre tiene que ver con evitar llamar al tal mercado “negro”. Una curiosidad más dentro del surrealismo que estamos hoy tratando.

Este “cepo”, al ser además tan exiguo, origina una demanda mayor de dólares fuera del mercado oficial, provocando de ese modo una suba mayor del dólar “blue”. Como se sabe, si la demanda aumenta y el bien en cuestión escasea, éste sube de precio. Y cuanto más escasea, más sube.

Así las cosas, todo aquel que cuenta con pesos suficientes y con una cuenta bancaria puede comprar libremente 200 dólares por mes pagando por ellos algo así como $ 97,50 para venderlos luego en el mercado paralelo a $ 130 o cosa por el estilo y hacerse de la diferencia.

No vamos a ahondar aquí en explicaciones técnicas o elaboradas de por qué nuestros beneméritos cerebros financieros llevan adelante esta verdadera obra digna de los museos de Ripley. Sólo diremos que es así y que “aunque Uds no lo crean” es así a propósito. Porque la transacción de los 200 dólares por parte de muchas personas a su vez ayuda a descomprimir el precio del “blue”. Es decir, nuestros funcionarios saben que esto ocurre y lo permiten para evitar que el “blue” se dispare más todavía. ¿No es divertido si no fuera tan patético?. Parece que no lo es. Y así vamos por la vida.

Por su parte, nuestra siempre lista Agencia Federal de Ingresos Públicos (sí, la AFIP), ingresa en estas ventas los $ 22,50 por unidad verde vendida en concepto de impuesto PAIS, y así aumenta su recaudación para convertir a nuestros gobernantes en lo que podríamos llamar “inclusivistas”, dado lo inclusivo de este impuesto.

Bien. Pero resulta que ahora, luego de varios meses, nuestros cerebros han pasado a darse cuenta de que se ha generado una nueva epidemia digna Ripley: la de los “coleros virtuales”. Caramba que no nos andamos con chiquitas tampoco con los bautismos, ¿verdad?. Los “coleros virtuales” son personas que no tienen la posibilidad de comprar los 200 dólares porque carecen de recursos. Entonces, ciertos capitalistas le prestan el dinero para que compren los dólares, que luego los transfieren a la cuenta bancaria de los capitalistas, que de esa manera pueden contar no sólo con los 200 dólares que personalmente pueden adquirir, sino también con todos los 200 dólares adicionales de los “clientes” , que les son transferidos por éstos a sus cuentas bancarias. Huelga decir que estas operaciones generan una “comisión” para los clientes (proveedores, en realidad), que varía según las condiciones del mercado, por decirlo así. Entonces, personas que no tienen recursos, se hacen de unos pesitos gracias a que los prestamistas-capitalistas. Y todos felices.

Pero bueno, todo tiene un límite. Y los funcionarios que llevan al país a su destino de grandeza, han pasado a darse cuenta de esta operatoria y han decido darle un corte. Los bancos deben informar quiénes son tales capitalistas y denunciar transferencias de dólares “sospechosas” por parte de terceros.

Recordemos, una vez más, que estamos hablando del costo de una cena en un restaurante medio neoyorquino. ESAS son las operaciones sospechosas, señores. Esta parece ser la esencia del sistema cambiario, del sistema financiero, y del plan económico para una Argentina que quedará muchísimo más deteriorada económicamente de lo que nunca estuvo como consecuencia de la pandemia.

Cabe al menos hacer una reflexión final, ya que de “inclusivos” hablamos. Más bien una pregunta: quienes no tienen dinero para comprar los 200 dólares, ¿no tienen derecho al menos a hacerse de parte de la diferencia entre el cambio oficial más el impuesto “solidario” PAÍS, y lo que pagan por él en el mercado “blue”? Son los más pobres de los más pobres, pero por debajo de la línea de los 200 dólares deberán esperar, suponemos, el “plato de comida caliente”

Por lo visto no. Somos muy igualitarios, inclusivos, solidarios y todo lo demás. Pero los pobres de toda pobreza que no tienen dinero para adquirir míseros 200 dólares, deberán resignar su “comisión”. Así son las cosas.

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