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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoCuarentena, pandemia y sarasa
14/jun/2020

Empecemos este comentario aclarando que “sarasa” para la RAE es un hombre afeminado, pero no es ese el sentido que se le da a esta palabreja en la Argentina. En nuestros años estudiantiles hablábamos de “guitarreo” y también de “sanata” o “sanateo”. En fin, para el caso es lo mismo. “Sarasa” es decir de todo sin decir nada, más o menos.

Por: Héctor Blas Trillo

Entrar en detalles acerca de la cuarentena es un trabajo bastante arduo. Establecer escalas de “aislamiento social” o directamente encierro no es un tema menor. Dar permisos a tales o a cuales, en tales o cuales horarios, de tales y cuales formas, tomando tales y cuales precauciones es, para decirlo también coloquialmente, un mambo absoluto. Siendo “bambo”, nuevamente entre nosotros, un estado de alteración mental producto de alguna ingestión no apropiada de estimulantes o narcóticos.

Si pensamos que el mundo tiene 7.500 millones de habitantes y debemos establecer “protocolos” de movilidad, aislamiento, encierro y todo lo demás para cada una de las millones de actividades diferentes, en los más diversos lugares del planeta, con las más diversas costumbres, las más diversas composiciones sociales, los más diversos estándares de calidad de vida, los más diversos climas y todo un etcétera que supera más que largamente la capacidad humana podemos tener una dimensión de la ímproba tarea reservada hasta ahora a las divinidades, que por la pandemia del nuevo coronavirus, han asumido distintas autoridades hasta en los más recónditos lugares del orbe.

Pero quedémonos en la Argentina, justamente para por lo menos reducir un poco el universo y dejando en lo posible las distintas situaciones que se han planteado y se plantean en el mundo entero.

Los ensayos de apertura de la cuarentena más estricta vienen sufriendo distintas alteraciones. Se dictan normas específicas para cada actividad, para el transporte, para el paseo, para la entrada y salida de nuestros hogares, para el esparcimiento, para el distanciamiento social y para lo que se nos ocurra. Todos lo vemos y oímos todos los días todo el tiempo.

Para no entrar en el análisis o los dichos de innúmeros infectólogos, biólogos, bioquímicos, políticos y demás encargados de sugerir y tomar medidas y explicarnos lo que nos puede pasar y nos pasa, quedémonos únicamente en la Organización Mundial de la Salud (OMS). O sea, una vez más, reduzcamos el universo para hacerlo más fácilmente comprensible.

La OMS viene dando marchas y contramarchas en sus informes y en sus recomendaciones. En los últimos días se dijo que los infectados asintomáticos no contagian, pero hace algunas horas oímos que ha dicho lo contrario. La verdad es que nadie sabe con exactitud cómo encarar la protección, la defensa o incluso la cura de la enfermedad que provoca el virus en cuestión.

Todos hemos recibido a lo largo de estos ya largos meses todo tipo de información. Estamos atosigados de ella. Es la verdad. Pero cada día parece que supiéramos menos. Cuanto más nos dicen, más incertidumbre tenemos. Al menos eso nos pasa a nosotros.

De manera que podríamos resumir las cosas como sigue:

- La única medida de protección segura y que nadie discute es el aislamiento. De modo que la toma de distancia social y el evitar salir de casa son largamente el único dato contante y sonante que puede evitar que nos infectemos.

- Todo lo que sea apertura, flexibilización, “fases” o como se le llame, apunta en el sentido contrario de lo anterior. O sea, aumenta el riesgo de contagio. Éste podrá ser mayor o menor, dependiendo de un montón de factores, varios de ellos desconocidos o sobre lo que existe controversia.

- Ante el contagio, el desarrollo de la enfermedad es incierto, depende de múltiples factores y no hay datos suficientes para saber qué puede ocurrir en cada caso. Algunos infectados resultan asintomáticos, otros tienen síntomas leves, otros muy agudos, y algunos simplemente fallecen.

Cuando los gobernantes inician procesos o fases de apertura todo lo que nos dicen es que están probando a ver qué pasa. El clásico “arremanguémonos y vayan”, sería. O más o menos. Porque está claro que con otras palabras eso es lo que nos dicen.

Se encaran procesos de flexibilización de la cuarentena para ver qué pasa.

Entendemos la situación económica. Ojo. Todo es un gran dilema y un enorme desastre de proporciones desconocidas. No sabemos cuándo y cómo terminará todo esto. Y el daño es imposible de medir, tanto en materia económica como social. Tanto en vidas como en daño psicológico, descuido de otras enfermedades. Lo que sea.

Finalmente, pensamos que hay que tener sumo cuidado con caer en la negación freudiana. No se trata de contar los muertos de las demás enfermedades que aquejan al mundo para comparar con esta pandemia y terminar diciendo que no es para tanto. Porque la verdad es que nadie sabe si no es para tanto. Y en todo caso, ninguno de los daños colaterales que puede provocar la toma de medidas de aislamiento, cuarentena, lavado de manos, desinfección de objetos, alcohol en gel, barbijos y demás elementos, tiene que ver con otra cosa que el hecho de minimizar el riesgo ante la infección por éste virus


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