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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEl maíz levanta un techo más alto en la zona núcleo
03/may/2020

Con rotaciones intensivas y manejos nutricionales estrictos, en Monte Buey el cereal promedia los 130 quintales.

Por: Favio Ré



Suelos clase uno y dos, y lluvias a lo largo de todo el año, que suelen dejar napas cerca de la superficie, son dos jugadores de peso que tiene el maíz en el sudeste de Córdoba. Ambas condiciones permiten plantear estrategias productivas para ser competitivos en el campeonato de los rendimientos.

“El maíz es un cultivo muy noble, porque lo que uno programa generalmente es lo que sucede. Tiene algunas pautas claras: cosas que uno hace y dan el resultado esperado, como buenas rotaciones previas o una fertilización ajustada. Y si tengo napa, juego en primera, es como tirar paredes con Messi. Todo el nutriente que ponga, el cultivo me lo va a devolver en rinde”, resume Walter Tanducci, agrónomo de la empresa Okandu, que asesora a productores de la zona de Monte Buey.

Sin apartarse de la analogía futbolera, Tanducci considera que esta región tiene todo para jugar en la “Champions League” de los rendimientos. “¿Por qué nos ponemos contentos si hacemos 120 quintales por hectárea? Ese debe ser un piso, hay que apostar a 150 como promedio”, afirma.

Según el técnico, la genética de los híbridos de punta daría para alcanzar un potencial de hasta 200 quintales por hectárea en condiciones ideales. Por eso, considera factible elevar entre 15 y 20 quintales los valores medios actuales.

Alimentos y rotación

El primer paso, desde su punto de vista, es un estudio exhaustivo de los suelos para ajustar el manejo nutricional. “El maíz tiene un manejo costoso, pero sencillo. Si uno quiere 150 quintales, sabe cuánto nitrógeno tiene que poner. Como sea, a la siembra o chorreado, pero hay que agregarlo. Chaparrones para ayudar a que se incorpore habrá”, menciona el asesor.

Vinculado con lo anterior, Tanducci también recomienda elevar la densidad de siembra, de las 80 mil semillas por hectárea usuales, a más de 100 mil.

“El tema aquí también es nutricional: si pongo cinco kilos de asado en la parrilla, cuando mucho puedo invitar a 10 personas a comer. Con las semillas, lo mismo: si implanto 100 mil, tengo que pensar la comida suficiente para eso. Si me quedo corto, no aprovecho el potencial”, compara.

En este marco, no se trata sólo de reforzar el nitrógeno sino también de otros minerales esenciales: no perder niveles de fósforo, azufre y zinc.

También sugiere que la rotación, con el aporte de gramíneas al menos una vez cada tres años, crea un ambiente que eleva los pisos y permite alcanzar los techos de rendimiento más rápido.

E incluso ser flexible: “Con un productor hicimos maíz sobre maíz: salimos de un lote temprano, incorporamos una vicia en el medio y sembramos de nuevo el cereal en octubre”, ejemplifica.

“En definitiva, hay que estar atento a toda la cancha: la siembra, por ejemplo, es muy importante; no sólo lograr uniformidad espacial, sino también temporal. Si no emergen todas las plantas a la vez, se están perdiendo kilos también ahí”, añade.

Rastrojos productivos

El esquema agrícola que se considera más equilibrado, para lograr una producción rentable y sustentable en zonas de alta productividad, como el sudeste cordobés, es 33 por ciento soja de primera; 33 por ciento trigo-soja, y 33 por ciento maíz.

Para elevar sus techos, un grupo de productores que este año sembró mil hectáreas de maíz también en los alrededores de Monte Buey, viene apostando por una táctica más ofensiva.

“Solo el 20 por ciento de la superficie se siembra con soja de primera, porque la mitad del trigo se implanta sobre los rastrojos de maíz”, explica Joaquín Villavicencio, asesor de estos productores, entre los que se encuentra su padre.

Esta estrategia de rotación lleva ya 15 años –antes, desde la década de 1990 venían aplicándola al 33 por ciento– y tiene que ver con darle más sustentabilidad a la producción y con incrementar la oferta de cereales que utilizan como forraje; ya que los productores también tienen granjas porcinas.

“Pero si hiciéramos sólo agricultura, haríamos lo mismo porque se ve con claridad la cantidad de granos extra que aporta”, aclara el asesor.

Villavicencio asegura que esta rotación intensiva, por la cobertura que genera, es un factor clave para haber logrado este año un rendimiento promedio de 130 quintales por hectárea de maíz.

“Podemos pasar de abril a agosto sin lluvias, y sembrar lo mismo. Y en años secos, también hemos sacado 120 quintales. Sin cobertura, al no haber retención de la humedad por los rastrojos, es otra historia. Cuando hemos alquilado campos que venían con mucha soja, vimos 20 quintales de diferencia”, remarca.

Estrategia

En esta campaña, como en las anteriores, sembraron la totalidad de las hectáreas entre el 15 y el 30 de septiembre, a 52 centímetros entre hileras y con una densidad de entre 80 y 90 mil semillas.

Las variedades son todas de alto rendimiento y no tienen una preferida. “Todas las marcas tienen híbridos de punta que funcionan muy bien acá”, asegura Villavicencio.

En lo climático, reconoce que el inicio de la campaña fue muy seco, pero eso no afectó el nacimiento de las plantas y permitió fertilizar los lotes sin problemas.

En ese sentido, Villavicencio coincide con Tanducci que el manejo nutricional es esencial.

“El trabajo de fertilización se completó sin problemas y, al llover todo junto de golpe, se absorbieron perfecto los nutrientes. Al tener los lotes mucha cobertura, el agua no se filtra y la capta el maíz. Luego, también llovió mucho en etapa de floración y eso ayudó”, completa Villavicencio.

La fertilización se hace en dos etapas: primero un arrancador a la siembra con el que se incorpora fósforo, azufre y zinc. Luego se hace un aporte con sembradora de urea sólida que se suministra entre las líneas.

La dosis depende de lo que arrojen los estudios de suelos, aunque en general ronda entre 300 y 400 kilos por hectárea.

“Es muy importante hacer análisis de nitrógeno, no todos los años son iguales”, remarca el técnico.

Calidad de siembra

El grupo de productores maiceros presta mucha atención a la calidad de siembra, debido a que el proceso se ejecuta arriba de una gran cama de rastrojos.

“Hay que cortarlos (barbecho) bien, que la cuchilla siembre con buen distanciamiento y así se logre una germinación pareja”, menciona. En el caso del trigo implantado sobre el maíz, por ejemplo, la sembradora pasa dos veces: la primera para cortar la cobertura y aplicar fertilizante, y la segunda ya con las semillas.

“La técnica es clave, es incluso más importante que los insumos”, sintetiza Villavicencio.

Sobre la rentabilidad del negocio, los costos de la mayor aplicación de nutrientes y los trabajos que hay que ejecutar para una rotación más intensiva se compensan con el mayor rinde obtenido, afirma el asesor.

Asimismo, en el largo plazo se reduce el uso de herbicidas. “Tenemos un rinde de indiferencia similar al de toda la zona, de 80 quintales”, sostiene.

Fuente: AGROVOZ

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