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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoLas Cooperativas Agropecuarias y su incidencia en la economía de Brasil
30/mar/2020


Actualmente Brasil es una de las 10 economías más importantes del mundo por volumen de PIB. Sus avances se han acrecentado fundamentalmente en lo que va del nuevo milenio. En dicho ínterin, con el agro como “locomotora” se ha convertido en el más grande productor y/o exportador mundial de carnes vacuna y de pollos, soja, azúcar, tabaco, café, jugo de naranja y etanol.

A los efectos ilustrativos, es apropiado cotejar sucintamente algunos guarismos:


= En 1991 la producción total de granos totalizaba 58 millones de TT. La campaña 2018/2019 fue de 238 millones de TT.

= El stock de ganado bovino en 1970 era semejante al argentino, 50 millones de cabezas, por estos días supera los 220 millones, exportando el 10,2 millones de TT de carne, que representan el 26% de la producción.

= Las exportaciones de productos agropecuarios que en 2001 sumaban 25.000 millones de dólares, en 2019 el ingreso de divisas derivadas del mismo sector oscilan en 125.000 millones de dólares.

Las estadísticas son copiosas y elocuentes, más el propósito no es analizar la economía del gigante sudamericano, sino dejar sentado el rol y la importancia que ha tenido en ello cooperativismo agropecuario brasilero.

Cabe consignar que los estados más productivos de Brasil: Paraná, Rio Grande do Sul, Santa Catarina, São Paulo, Goiás y Minas Gerais, han registrado un amplio crecimiento del cooperativismo agrario.

Corresponde señalar que hasta las postrimerías del siglo pasado, mayormente en esos territorios, especialmente entre los enrolados en el Movimiento los Sin Tierras se practicaba una agricultura de subsistencia, que no arrojaba excedente y por ende, esos agricultores no eran sujeto de crédito, razón por la cual su destino era vegetar o malvender sus tierras. Frente a esa realidad crece la conciencia de la necesidad de apostar por un modelo productivo cooperativista.

La creación de cooperativas, además cobijarlos bajo el manto jurídico, posibilitar la asociación y los beneficios del trabajo mutuo, significó para aquellos agricultores una motivación transformadora, que trascendió del plano meramente económico, cobrando gran relevancia el aspecto social. Abrigando en estos casos además de los objetivos de aumentar la productividad, racionalizar la producción de acuerdo a los recursos naturales, introducir tecnologías y desarrollar la agroindustria; la probabilidad de participar de una red articulada de resistencia a la exclusión del sistema capitalista a ultranza, con profunda raigambre en el Brasil de entonces.

Las cooperativas de marras, como las ya existentes, cumplieron una excelente labor brindado a sus asociados apoyos en diversas variantes: Acceso al crédito rural, utilización de semillas mejoradas e insumos tecnológicos, adquisición de animales de buena genética, pollitos BB para cría y raciones balanceadas.

Acopiaron sus granos, la leche, los cerdos y pollos producidos por sus asociados, industrializando y comerciándolos con valor agregado, con mínima intermediación. Este circuito permite que los asociados obvien a terceros compradores, habida cuenta que a partir de ese momento, son sus cooperativas las que procesan los cereales y oleaginosas, quienes comercializan directamente en supermercados ya transformado en margarina/manteca, aceites, harinas, etc., embotellados o empacados. Igualmente ocurre con el café que se vende tostado, molido y empaquetado, o con la leche que se expende convertida en queso, manteca, yogurt o dulce de leche.

Otro tanto sucedió con los avicultores y porcicultores, otrora alimentando sus animales con balanceados de alto valor, elaborados por las grandes corporaciones multinacionales. El panorama se revirtió totalmente a partir que sus cooperativas le proporcionan a bajo costo las raciones, empleando para ello maíz, sorgo y soja entregados por los propios asociados; por otra parte dichos criadores ya no venden pollos ni cerdos vivos a los intermediarios, sino que los entregan a sus cooperativas que los industrializan y venden pollos fraccionados, y los cerdos transformados en cortes requeridos: jamones, bondiolas, salames, longanizas, morcillas, etc.

Simultáneamente las cooperativas han crecido reinvirtiendo y retroalimentando un círculo virtuoso. Varias cuentan con amplias plantas de silos, brindando la oportunidad de comercializar la producción allí almacenada cuando los asociados decidan vender sus cosechas; también están las que poseen estaciones de servicios, agronomías, veterinarias y concesionarias de maquinarias e implementos agrícolas.

Las cooperativas brasileras han tenido la virtud de manejarse con eficientes y desburocratizadas estructuras, otorgando asistencia técnica gratuita a sus asociados. Por lo general estás entidades hacen una gran difusión de su actividad y del sistema, a través de medios escritos patrocinados y programas radiales.

Un párrafo aparte merece la Cooperativa Agropecuaria Ltda. Mourãoense “COAMO” la más grande de Latinoamérica que mueve alrededor del 3,5% del total de la cosecha de granos del país, cuenta con 200 extensionistas propios que brindan asesoramiento técnico a sus 26.000 asociados, 116 sucursal diseminadas en diversas localidades y da trabajo a 6.300 personas.

Como corresponde en la integración del movimiento se han conformado cooperativas de segundo grado, algunas de las cuales emplazaron sus propios frigoríficos e industrias lácteas, a tal efecto vale mencionar que la más grande faena 14.000 cerdos al día, 700.000 pollos, y procesa diariamente 1.500.000 litros de leche.

Entre las cooperativas de 2° grado, están las que desarrollan investigación agrícola, en cuyas estaciones experimentales practican mejoramiento genético, ensayos de cultivares y promueven asiduamente encuentros de capacitación y difusión de innovaciones.

La Federación de Cooperativas Agropecuarias del Estado de Santa Catarina “FECOAGRO”, fue concebida con el propósito de realizar compras centralizadas de insumos agrícolas al por mayor e, importar sin intermediación fertilizantes en grandes volúmenes.

Brasil es hoy el verdadero granero del mundo, aproximadamente el 50% de los alimentos son producto de las 1.543 cooperativas agropecuarias del país. Un sector que emplea 361.000 personas, en tanto que el 6,2% de los brasileños son socios de una cooperativa. Más de un 70% del consumo de alimentos del país es doméstico. Las exportaciones totales de las cooperativas ascienden a u$s 5.200.000.000.

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