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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un Amigo“FE” EN LA BUROCRACIA
09/oct/2009

La creación del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación no resolverá, por sí sola, el conflicto con el sector agropecuario.

Por: Carlos Mira

Dicen que los Borbones tenían la particular costumbre de crear dependencias del gobierno con el nombre del problema. Con ese procedimiento parecían expiar sus culpas por no atacar realmente las acuciantes demandas de la realidad y poner delante de la gente una aparente acción para enfrentarlas. Se trataría de un ejemplo supremo de “fe” en la burocracia, según el cual basta con agregar una “puerta” oficial con un cartel que la identifique con el nombre de lo que se desea resolver para que surja la aspiración mágica de la solución.

Desde otro lado, también sería una formidable manera de engañar a unos cuantos impávidos que creerán que ya se ha iniciado el camino hacia una nueva era producto de la nueva función burocrática que todo lo resuelve. Mientras, la autoridad se escudará detrás de aquella “puerta” para que todo siga igual, pero con sus culpas lavadas por el gran acto de preocupación que significó la creación de la nueva dependencia. Algo así parece describir el advenimiento del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación. ¡Cuántos temas resueltos de un solo golpe! ¡Ya está!, ¡Ya lo tenemos! ¡Ahora sí que se van a terminar los problemas del campo!

¡Ay, Ay, Ay! ¡Cuánto embaucamiento! Los problemas del campo no se van a solucionar mientras no quieran solucionarse. Y si quisieran solucionarse no se necesitaría crear una nueva capa geológica de la burocracia para hacerlo. Está claro que lo que existe con los productores es una animadversión vengativa que impide ver y enfocar la solución del problema con objetividad e incluso con la grandeza patriótica que la conveniencia del país requiere.

Incrustado este sentimiento de revancha en el corazón de los que gobiernan, eso no va a eliminarse por la simple creación del Ministerio de Agricultura.

El domingo pasado, el diario La Nación publicó la primera de tres notas sobre la crisis del agro con casos en el sur de la provincia de Buenos Aires. Campos cerrados porque donde había pasturas y hacienda ahora solo vuela la arena del desierto.

En el pueblo de Stroeder, en el partido de Patagones, los productores dejan los campos y los cierran porque ya no pueden mantenerlos. La mayoría ha vendido su hacienda porque la sequía la estaba matando de hambre y ellos ya no tenían recursos para comprar alimento balanceado. Una vaca se vendía a menos del precio de un par de zapatillas de marca, mientras que una tonelada de alimento cuesta más de $ 800. Es cierto que muchas de estas calamidades han sido profundizadas por las decisiones de la Naturaleza. Pero también es cierto que el impiadoso ataque del gobierno los ha arruinado: ni siquiera hubo piedad para aceptar la emergencia agropecuaria y la señora de Kirchner vetó la ley que la otorgaba. Me pregunto qué sentirán los Kirchner al ver estas historias verdaderas. ¿Sentirán satisfacción por ver de rodillas y hundidos en la miseria a nombres y apellidos concretos, de carne y hueso, que pertenecen a uno de los tantos sectores que odian?, ¿dirán con goce que está bien que esa gente ahora sufra igual que otra?

Si siguiéramos la escuela de los Borbones sería más apropiado crear el Ministerio del Rencor, porque ese es el verdadero problema que tenemos; el verdadero problema que nos han creado a los argentinos, no solo en el tema campo, sino en una multiplicidad de frentes que cubren sectores internos, organismos internacionales y hasta países extranjeros.

Un eventual -y eficiente- Ministro del Rencor podría mover unos cuántos hilos para intentar remover esos sentimientos malos que le producen a los argentinos tanta pobreza, tanta miseria, tanta desconfianza y tan mala prensa en el mundo. El Ministro del Rencor podría intentar convencer a la presidente de que termine con su costumbre de culpar a unos argentinos de los males de otros argentinos; que termine con su costumbre de clavar la mirada en los odios del pasado; que termine con su costumbre de unirse a personajes que tienen una mala relación con la libertad creyendo que con eso enoja a alguien a quien le gustaría ver enojado; que termine con su costumbre de quejarse de lo que antes utilizó en su provecho; que termine con su costumbre aislacionista; que termine con su costumbre de creer que todo lo sabe; que termine con su costumbre de perseguir un poder hegemónico.

¡Qué bueno sería que los Borbones hubieran tenido razón y con la simple creación del Ministerio del Rencor pudiéramos terminar con el verdadero motor del atraso y la discordia!

Fuente: ECONOMIA PARA TODOS


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