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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoLAS COOPERATIVAS DE SERVICIOS PUBLICOS Y SU ROL PROTAGÓNICO
17/mar/2012

La actualidad constituye en desafío relevante para quienes tienen la responsabilidad de conducir sus destinos, pero también nos indica a las bases cuan importante es el conocimiento de la realidad y la participación

 

Por: Aldo Norberto Bonaveri

Twitter: @AldoBonaveri

En Argentina, las Cooperativas de Servicios Públicos cumplen un rol protagónico, contribuyendo de manera fundamental en el desarrollo urbano y rural de todo el interior del país. Con su presencia, han posibilitado que un sinnúmero de poblaciones donde por su escasa de densidad poblacional, no resulten atractivos para grandes empresas prestadoras, o donde el Estado por su insuficiencia no llega, cuenten con servicios esenciales, prestados con eficacia a precios justos.

Cabe consignar que el primer gran hito del cooperativismo de servicios públicos argentino data de 1926, cuando en Punta Alta, Provincia de Buenos Aires, se funda la primera Cooperativa Eléctrica, iniciando así una lucha titánica para sobreponerse a los usos y abusos que ejercían los grandes trust internacionales, que por entonces dominaban a voluntad el suministro energético generado por usinas emplazadas en cada localidad.

Aquella gesta se fue reproduciendo simultáneamente en varios puntos del país; sus comunidades comprendieron que el camino correcto era organizarse en este tipo de entidades solidarias, dando lugar así, que de norte a sur y de este a oeste se constituyeran con dicho fin. Como todo emprendimiento que toca grandes intereses y privilegios arraigados, dichas luchas demandaron grandes esfuerzos de aquellos pioneros que las encararon, muchas de las cuales se vieron sustanciadas en épicas memorables.

Los éxitos alcanzados en el suministro eléctrico, resultaron el fundamento primordial para que las cooperativas se dispusieran paulatinamente a incorporar otros servicios, inspiradas principalmente por la carencia de los mismos en sus pueblos, o en su defecto, para optimizarlos, o bien a los efectos de contrarrestar precios exorbitantes. Así es como por nuestros días, las cooperativas cubren un amplio abanico de servicios, dando así respuestas concretas a requerimientos de una sociedad ávida de contar con prestaciones existentes en las grandes urbes, disponiendo de los avances tecnológicos que constantemente nos proporciona el mundo actual.

Enumerar todas las actividades que por estos días, las Cooperativas de Servicios Públicos le brindan a sus asociados probablemente me lleve a omitir alguna; no obstante cabe consignar aquellas donde están marcando rumbos: Electricidad, Agua Potable, Electrificación Rural, Alumbrado Público, Gas, Telefonía, Internet, Televisión, Cloacas, Sepelio, Cementerios Cooperativos, Ambulancia, Educación a Distancia, Bancos de Sangre, etc.. Amen de todo ello, las cooperativas se constituyen en actores fundamentales de sus comunidades, no sólo por la prestación de servicios que brindan, sino por el apoyo que en muchos casos le proporcionan a establecimientos educacionales, el patrocinio para la formación de cooperativas escolares, como así también el protagonismo institucional que asumen en función de su propio peso específico, sustentado por los postulados de su doctrina y el carácter democrático del movimiento.

La inserción y el desarrollo alcanzado por las Cooperativas de Servicios Públicos se cimentan en varios factores que le son comunes; para sintetizarlo, bien podríamos decir que: las comunidades encuentran en ellas respuestas satisfactorias a distintas necesidades de sus miembros, logros alcanzado sin intermediarios ni fines de lucro, reduciendo el costo de bienes, productos y servicios, lo que a la postre repercute favorablemente en la calidad de vida de millones de argentinos.

No siempre la sociedad justiprecia en su exacta medida los beneficios reales que le proporcionan las cooperativas, es común que por razones antes apuntadas, en varias localidades no existan testigos para comparar costos y servicios; lo relevante entonces es saber que nos brindaría otro prestador y cual sería el valor del mismo. Al respecto, años atrás se solía escuchar que las cooperativas podían proliferar en función de ejercer servicios de carácter monopólico; con la incursión de estas entidades en telefonía e Internet, quedo sobradamente demostrado que pudieron competir aún con ventajas para los asociados, ganándoles buena parte del mercado, pese a que por concesiones de las empresas telefónicas, resultaba ineludible contratarles el tráfico de larga distancia.

Sobre al particular, me viene a la memoria una conversación que mantuve en la década del 80’ con el entonces presidente de EPEC, (la Empresa Provincial de Energía de la Provincia de Córdoba), precisamente la temática abordada era sobre costos y tarifas en el citado distrito; al preguntarle cuanto deberían aumentar estas si prestaran el servicio directamente al usuario todo el territorio provincial, la respuesta fue elocuente “no menos de un 20%”.(1)

A diferencia de empresas privadas, que en tiempos de libre mercado establecían sus tarifas apelando a recursos de marketing; las cooperativas históricamente se manejaron en función de costos reales, los que se reflejaban en los correspondientes balances de explotación de cada uno de los servicios, vale decir que el modelo aplicable consistía en la autofinanciación de cada prestación.

Si bien este concepto hace a la esencia misma del movimiento, en los tiempos que corren por imperio de las circunstancias, las reglas de juego que norman los servicios públicos se lo impiden en varios de los servicios prioritarios, tal como ocurre con la provisión de electricidad. Como es de público conocimiento, el Gobierno nacional viene aplicando desde la salida de la convertibilidad una regulación de tarifas, con aplicación de controvertidos subsidios, que por estos días estan en proceso de revisión, pero que desde su instauración han condicionado la autonomía de las prestadora de los servicios, factor que afecta a las empresas provinciales, actualmente con muchos dificultades de financiamiento y, por ende a las cooperativas, que si bien sobrellevaron pocos ajustes en el costo del flujo, debieron soportar la inflación real en equipamientos, insumos y sueldos.

Esta situación está llevando a que un alto porcentaje de cooperativas estén trabajando a pérdida, resultando principalmente afectadas las más chicas. Dicho proceso no ha sido adecuadamente interpretado aún por la masa societaria de estas entidades, ello ocurre en casos por la escasa participación, otras por no ser debidamente trasmitida por los Consejos de Administración, pero principalmente porque las consecuencias no son advertibles sino a largo plazo.

Habida cuenta de la importancia que reviste lo citado en el párrafo anterior, con conocimiento de causa, me voy a permitir referenciar conceptos determinantes en al composición real de los costos de la tarifa de suministro energético. Una línea urbana se considera con una vida útil de 20 años; su tendido está compuesto por diferentes elementos: conductores, postación, protección, capacitores, aisladores, etc., los que a su vez naturalmente son renovados en tiempos diferentes. En consecuencia, la amortización correspondiente debe ser considerada desde el momento mismo de la construcción, debiendo materializarse su recupero en forma mensual a valor real. Por lo tanto, si en el período determinado no ingresa el monto presupuestado y, se realizan las inversiones inherentes o, se cuentan con los recursos equivalentes en algún momento el problema será inevitable. Si así ocurre ¿Cuál será la solución?.

Sin duda alguna quienes estamos asociados a las cooperativas deberíamos ilustrarnos al respecto, sabido es que las imprevisiones en economía más temprano que tarde se pagan caras. En algunas entidades, sus directivos preocupados por la menor recaudación optaron por efectuar ajustes en sus inversiones; en tanto y en cuanto estas estén previstas en función de la eficiencia en los servicios, ello sólo significa una postergación coyuntural, que en la prolongación del tiempo hará más agudo el problema.

Estas reflexiones no pretenden encender ninguna alarma, simplemente como cooperativista y en virtud de responsabilidades otrora asumidas como dirigente, me impulsan a comentar el escenario tal como lo observo. El movimiento cooperativo es fuerte, consolidado por una historia rica y, naturalmente dotado de una potencialidad, que tal vez en un futuro pueda materializar.

La actualidad constituye en desafío relevante para quienes tienen la responsabilidad de conducir sus destinos, pero también nos indica a las bases cuan importante es el conocimiento de la realidad y la participación.

(1) A los efectos de ilustrar al lector cabe consignar que EPEC factura directamente a usuarios en Córdoba, Capital, Río Cuarto, Villa María, San Francisco, Villa Carlos Paz, Bell Ville, Marcos Juárez (vale decir los principales centros urbanos, donde el servicio es obviamente más rentable) y alguna otra localidad muy puntual

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