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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEl “Nunca Más” de Guzmán y el sabio consejo de Lousteau
08/feb/2020

Argentina tiene “intolerancia a la deuda”…y los inversores, a Argentina. Y todo tiene un motivo. Pero entonces, ¿cómo vamos a financiarnos?

El ministro de Economía, Martín Guzmán, celebró ayer el consenso contundente obtenido en el Congreso para aprobar una serie de medidas que le permitirán al Gobierno llevar adelante la reestructuración de la deuda. “Celebro este consenso para que entre todos acabemos con la angustia de la deuda”, dijo Guzmán a través de su cuenta de Twitter. Allí, abogó por que “éste sea el principio de un Nunca Más a los ciclos de sobre endeudamiento”, y cerró con el clásico “Vamos Argentina”.

En la noche del miércoles, mientras Guzmán estaba en Roma, la Cámara Alta aprobó, por unanimidad, el proyecto de ley. El miércoles que viene, Guzmán se presentará en el Congreso para informar sobre la marcha del programa de restructuración de la deuda. Además, oficiará de anfitrión ante una nueva misión del FMI.

Volviendo al punto. Que Argentina no debe sobre endeudarse más es una gran idea. Quizás siquiera moderada o tímidamente. Ya lo dijeron Kenneth Rogoff y Carmen Reinhart: Argentina tiene “intolerancia a la deuda”…y los inversores, a Argentina. Y todo tiene un motivo. Pero entonces, ¿cómo vamos a financiarnos?

Con recursos propios, sugirió el senador Martín Lousteau en la sesión del miércoles. En otras palabras, Argentina necesita superávit fiscal (ya no sólo primario), que debe ser considerable y no transitorio.

En un discurso muy interesante, Lousteau dijo: “No me voy a ir más atrás, porque muchos ya han hablado de períodos históricos más extensos, pero hemos pasado alrededor del 40% de nuestra vida en democracia en default. En 2001 declaramos un default; en 2005 hubo una reestructuración; en 2010 se reabrió y en 2013 también se reabrió. Después tuvimos el ataque de los fondos buitres, pero eso hizo que en algún momento tuviéramos que hacer malabares para ver cómo podíamos, por lo menos desde el punto de vista legal, poner a disposición el pago, aunque no pudieran acceder a ellos los legítimos acreedores que ya habían entrado en los distintos canjes. Recién en 2016 se pudo terminar con los holdouts y, otra vez, cuatro años después, estamos hablando de una renegociación de la deuda”.

Luego, el senador por la Capital Federal agregó: “Hay que buscar qué hacemos si seguimos gastando por encima de lo que generamos. ¿Y por qué digo que ahí somos todos responsables y prefiero mirar el futuro o usar el pasado para indicar como deberíamos comportarnos en el futuro? Porque de los últimos 60 años, vivimos 52 en déficit: solamente en ocho años no tuvimos déficit”.

Luego entró, inevitablemente, en el barro de la política. Además de desmitificar el superávit nestorista, Lousteau hizo lo propio con el desendeudamiento cristinista. “La verdad es que el único desendeudamiento real es el que se da cuando hay superávit fiscal, porque ahí recaudo más de lo que gasto y destino parte a cancelar la deuda. Si tengo déficit es imposible que haya desendeudamiento”, agregó y recordó que el kirchnerismo llegó a la Casa Rosada con un superávit primario de 4% del PIB del PIB y se fue, en 2015, con un déficit de 5,1% del PIB. Y, además, con presión tributaria en ascenso. El kirchnerismo, añadió, abusó del endeudamiento intrasector público. “Arrancó siendo 4 puntos del PIB en 2004 y en 2015 terminó siendo 31 puntos del PIB”, dijo Lousteau. Sí, de 4 hasta 31 (¡8 veces!)…y, sí, con presión tributaria en ascenso. “La historia de nuestra deuda pública (…) no es solamente la historia de un gobierno”, recordó Lousteau quien también tuvo “palitos” contra Cambiemos por su excesivo endeudamiento externo.

Pero, más allá de las chicanas (necesarias porque no se puede entender lo segundo sin lo primero), está claro que la fragilidad financiera es recurrente y bipartidista. No es necesario ir más atrás, pero hay ejemplos que abundan.

Alberto Fernández, quien criticó el desmanejo presupuestario del kirchnerismo (desde que se fue, claro), dice que Argentina debe tener equilibrio en sus cuentas públicas. Es más fácil decirlo que hacerlo, como todo en la vida, pero es un avance. La salud fiscal no es la panacea ni la solución de todo, pero luego de tantos años de déficit, defaults, licuaciones y vivir con la soga al cuello, vale la pena intentarlo.

Fuente: EL ECONOMISTA

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