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Editoriales y Columnas
 
Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEL “DESCUIDO” DE LA CASA COMÚN, CONTINÚA
17/ago/2017

Afrontar humana y sensatamente la cuestión climática, nos exige implementar sin demora y convergentemente los principios de precaución y remediación ambiental.

Por: Prof. Dr. Roberto Fermín Bertossi (*)

“Todo lo que le ocurra a la tierra,
le ocurrirá
a los hijos de la tierra”
(Jefe indio Seattle)

Geométricamente se agota el tiempo para concientizarnos y comprometernos con la crisis ecológica actual, dado que a pesar de su urgencia y gravedad, los remedios intentados local, regional y globalmente, claramente no han logrado los objetivos perseguidos, ni mínimamente.

Es marcada e inaceptable la irresponsabilidad gubernamental por la postergación de una educación ambiental, urgente e imprescindible, concreta, profunda de calidad y permanente en pos de un cambio de actitud personal, económica, productiva, fabril, comercial, tecnológica como en usos y consumos o servicios públicos por parte del hombre con el ambiente y sus recursos naturales.

Por ello hablamos y proponemos una educación ambiental transversal que debe impregnar la gestión pública y la privada Vg., con incentivos impositivos positivos y negativos para revertir la inejecutoriedad del artículo 41 de nuestra Constitución Nacional, colectivamente desairado a la fecha.

Una educación formal que se estructurará desde una metodología educacional “normada” a través de instituciones y programas de estudios, debiendo implementarse la misma en todos los establecimientos educativos y académicos; una educación no formal que, a diferencia de la anterior, no se planifica a largo plazo sino a uno corto o mediano, resultado así más flexible y apropiada a las necesidades de cada contexto geográfico especifico la que generalmente se organiza convergentemente a partir de un diagnostico situacional de las necesidades educativas de un grupo social concreto, complementando la educación formal; una educación ambiental informal que se despliega e implementa sin ninguna clase de estructura curricular, sin programas ni sistemas de evaluación, suscribiendo que la educación se obtiene así de manera no intencionada sino a través de diferentes acciones cotidianas duraderas e incentivadas.

Artículo 41: Todos los habitantes gozan del derecho a un ambiente sano, equilibrado, apto para el desarrollo humano y para que las actividades productivas satisfagan las necesidades presentes sin comprometer las de las generaciones futuras; y tienen el deber de preservarlo. El daño ambiental generará prioritariamente la obligación de recomponer, según lo establezca la ley. Las autoridades proveerán a la protección de este derecho, a la utilización racional de los recursos naturales, a la preservación del patrimonio natural y cultural y de la diversidad biológica, y a la información y educación ambientales. Corresponde a la Nación dictar las normas que contengan los presupuestos mínimos de protección, y a las provincias, las necesarias para complementarlas, sin que aquéllas alteren las jurisdicciones locales. Se prohíbe el ingreso al territorio nacional de residuos actual o potencialmente peligrosos, y de los radiactivos.

A tanto desatino, se le suma ahora el franco despropósito del actual presidente de los EE.UU. Donald TRUMP quien neciamente afirmó -a pesar de las nefastas evidencias planetarias- que (para su otra economía verde o dólares), el cambio climático es un cuento chino, actuando desaprensivamente en consecuencia.

Para los norteamericanos, la cuestión climática se volvió partidaria, sobre todo después de que Al Gore, candidato demócrata a la presidencia derrocado en 2000, fue uno de los ganadores del Nobel de la Paz en 2007 por su militancia por la reducción de los gases que causan la calefacción Global, el principal de los cuales es el gas carbónico (CO2). Desde entonces, la oposición de los republicanos a la reducción de esos gases -que existía por razones económicas-, se tornó sistemática.

Actuar con prudencia, en la visión de la “Carta Encíclica Laudato si” coincidentemente con el Compendio de Doctrina Social de la Iglesia, CDSI 547ss. significa actuar con decisión, responsabilidad, convergencia e interdependencia global en pro del bien común.

El calentamiento global tiene una considerable base científica. La mayoría de los expertos consideran que existen evidencias suficientes de un aumento gradual de la temperatura del planeta, con graves consecuencias para el modo de vida de las poblaciones. Y se documenta bien el efecto de retención de calor del CO2, cuya concentración está aumentando en la atmósfera como consecuencia de la contaminación, estando previsto que la amenaza -que implica la progresión de tal calentamiento, torne imposible la posibilidad de vida humana y en general de todas las especies de la biodiversidad-, está latente pudiendo convertir a la Tierra en otro planeta muerto como Marte, Júpiter o Saturno.

El consenso puede no ser total, pero el compromiso de los países del G-20 en cuanto a esta cuestión muestra la solidez de la posición defendida por el Papa Francisco en Laudato Si ’(LS 23ss);

Lamentablemente EE.UU. recién ahora con su pintoresco y belicoso presidente Trump, necia y temerariamente desautorizó la reducción drástica de las emisiones de CO2 por parte su país, compromiso soberano que prudente y corresponsablemente había asumido al respecto su antecesor Barack Obama (COP21/Paris/Junio 2016).

Afrontar humana y sensatamente la cuestión climática, nos exige implementar sin demora y convergentemente los principios de precaución y remediación ambiental.

Ello implica que se debe disminuir de urgencia la emisión de los gases que causan y provocan un imparable calentamiento global, para evitar el riesgo de empeorar una amenaza natural cada día más inminente, (CDSI 469).

En ese caso, ser prudente significa Vg. invertir en fuentes alternativas de energía, que reduzcan, autolimiten y remedien la emisión de CO2 y gases similares.

Finalmente, ante la flagrante discriminación y violación de derechos y tratados que protegen al ambiente, a la competencia, al usuario y al consumidor, así como a los derechos de incidencia colectiva en general; ante el largo, pavoroso e irreversible agotamiento de los recursos naturales no renovables, ante el desmembramiento y destrucción de “la ecología planetaria”, ante los páramos y desiertos nuevos de la deforestación masiva; ante la pérdida definitiva de flora, fauna y otros recursos naturales; ante el parejo fracaso de cumbres, congresos y conferencias sobre el ambiente; bueno, ya las Naciones Unidas debieran sacudir su pusilanimidad para proponerse como objetivo extraordinario prioritario y apremiante, fuera del alcance de todo veto posible, la restauración ecuánime y equitativa de nuestra ecología, en todo cuanto aún fuere posible.

(*) Investigador CIJS / UNC - Experto CoNEAU/ Cooperativismo

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