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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoDISCURSO DEL PRESIDENTE DE LA SRA, LUIS MIGUEL ETCHEVEHERE, EN LA INAUGURACIÓN 131º EXPOSICIÓN RURAL
30/jul/2017

Tribunas colmadas, muchos productores y visitantes debieron contentase de escuchar desde las inmediaciones a la pista, en el acto inaugural de la 131° Exposición Ganadera, Agrícola e Industrial en el tradicional predio palermitano.

Productores y visitantes de todo el país, siguieron con atención los discursos el presidente de la Sociedad Rural Argentina (SRA), Luis Miguel Etchevehere, y el presidente de la Nación, Mauricio Macri; en reiterados pasajes ambas alocuciones fueron interrumpidas por aplausos y signos de entusiasmo de la concurrencia.

Participaron del acto la vicepresidente, Gabriela Michetti; la gobernadora de la provincia de Buenos Aires, María Eugenia Vidal; el ministro de Agroindustria, Ricardo Buryaile; el ministro del Interior Rogelio Frigerio; el ministro de Transporte, Guillermo Dietrich; el ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne; el Jefe de Gobierno de la ciudad de Buenos Aires, Horacio Rodríguez Larreta; legisladores nacionales, autoridades provinciales y municipales.

También dijeron presente los presidentes de Confederaciones Rurales Argentina, Dardo Chisa y de Coninagro; Carlos Iannizzotto; miembros de entidades gremiales, técnicas y productivas; empresarios; miembros del cuerpo diplomático; delegaciones extranjeras e integrantes de la CD de Sociedad Rural Argentina,

Discurso completo del presidente de la Sociedad Rural, Luis Miguel Etchevehere

Quisimos destinar los primeros minutos de este acto a hacer un profundo reconocimiento a estos héroes, y a través de ellos, a todos los héroes anónimos, cuyo testimonio de solidaridad y entrega resulta aleccionador.

También queremos reconocer a todos aquellos que han visto sus tierras devastadas por el agua. Sepan que los acompañamos; sepan que su realidad, su preocupación y su desvelo son los nuestros. Como también lo son los de todos aquellos que han sufrido incendios y los de quienes han padecido y padecen los efectos de las sequías.

A todos ellos, hombres y mujeres templados y aguerridos en la confrontación con la adversidad, les hacemos saber que su conducta ejemplar nos enseña que, en circunstancias penosas y desafiantes, es cuando mejor se pondera la consistencia moral del hombre del campo.

Y tampoco puede faltar, en este momento inicial de nuestro reencuentro anual, una palabra evocativa al Momo Venegas, un hombre notable e irrepetible, que supo ser una contraparte dura en la negociación y el debate por el Campo. Pero que veía en el diálogo, al igual que nosotros, el único camino que podía recorrerse para alcanzar una convivencia eficiente y perdurable. Su coraje y buen criterio le permitieron reconocer que, para que abundara el empleo, era preciso que abundara la actividad del productor.

Con la Mesa de Enlace y la Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores dimos vida al Registro Nacional de Trabajadores Rurales y Empleadores, el RENATRE, ejemplo de integración a nivel mundial entre trabajadores y productores del Campo.

En suma, el Momo solía decir que en la Argentina hay que producir, producir y producir. Honremos su memoria y tomemos esa bandera. Nuestro afectuoso saludo a sus hijas, que nos están acompañando en este momento.

Bienvenidos a este acto que celebra el valor del trabajo como fuente de fortaleza y de grandeza.

La política ha sabido reconocer la importancia de nuestra tarea en la construcción y reconstrucción del país. Después de años de obstrucción y desprecio, la política ha sabido ver en nosotros el hecho de que trabajamos para fortalecer nuestra nación; que nuestra prosperidad es la de la Patria. Y que si bien las herramientas de esa prosperidad no se agotan en el aporte del Campo, de todos modos, el aporte del Campo le es indispensable.

Queremos un país próspero, productivo, competitivo y, ante todo, solidario. Porque en estos últimos años, la necesidad de cambiar y crecer infundió un nuevo aliento a la política, y así fue posible esta reconciliación entre el trabajo agrícola ganadero y la gestión pública. Fue posible porque fue posible confiar en la palabra empeñada. Hemos cumplido con la promesa hecha y se ha cumplido con lo que se nos prometió. Esto genera confianza, base del progreso.

Celebramos por lo tanto esta convergencia, que ya está dando frutos.

Y fue por eso que, a pesar de las inclemencias climáticas que azotaron nuestro país en los últimos meses, estamos frente a una cosecha récord, gracias a la inversión, el trabajo y el esfuerzo de cientos de miles de productores.

Y conseguimos derribar un mito. Ocurrió lo que siempre dijimos que iba a suceder: la quita de retenciones generó confianza y un incentivo para la producción.

Y gracias al crecimiento de la producción, la quita de este impuesto distorsivo se vio compensada en su totalidad, a través de la tributación de otros impuestos, gracias al dinamismo que generó la inversión del campo.

Porque aumentó la producción, y con ella, las ventas de maquinaria agrícola crecieron un 104% en 2016; y esto es empleo; y en el primer trimestre de este año la venta de tractores fue récord; y esto es empleo; la venta de fertilizantes aumentó un 42% el año pasado; y esto es empleo; las ventas de camiones se incrementaron un 58% en el primer semestre de 2017; y esto es empleo.

Para trasladar la cosecha, se necesitarán 6 millones de viajes de camión; y esto es empleo.

Está aumentando el stock ganadero, a razón de un millón de cabezas más por año.

El consumo de todas las carnes es el más alto de los últimos cien años, 120 kilos de carne por habitante por año, confirmando que podemos abastecer el consumo interno, al mismo tiempo que consolidamos los mercados externos.

Hay sectores, como la lechería y la fruticultura, cuya reacción es más lenta, a causa de una adversa coyuntura en los mercados internacionales, las inclemencias climáticas, pero sobretodo, como consecuencia de años de políticas hostiles, que generaron endeudamiento y descapitalización.

Esto sólo se resuelve con trabajo de todos los eslabones de la cadena, lejos del cinismo de los responsables de la mayor crisis de la lechería que, haciendo gala de un repudiable oportunismo de campaña, creen que, visitando a un productor, pueden revertir los años en que nos dieron la espalda.

No les creemos una palabra.

Los responsables de la crisis podrán cambiar sus modales, pero las políticas que representan siguen siendo las mismas. Incluimos entre ellos a los que hoy hacen gala de diferenciarse del gobierno anterior, pero que hasta hace poco formaban parte de él y apoyaron políticas nocivas para el campo.

El progreso implica poder resolver problemas del pasado, que obstruyen el presente. Avanzar, progresar, es salir al encuentro de esos nuevos desafíos, sólo discernibles si las deudas con el pasado quedan atrás. Por eso es legítima y necesaria, la pregunta acerca de cómo debemos seguir. Y este debemos nos incluye a todos: a nosotros, que somos parte de la ciudadanía, y al

Gobierno. La gran tarea del presente es la de impulsar el crecimiento, afianzando la justicia social, terminando con la pobreza, ese paradójico y vergonzoso rasgo de una Argentina tan rica en recursos como para poder alimentar al mundo.

Debemos hacer de nuestro país un actor protagónico a nivel mundial en la producción de alimentos. Y para ello, y puesto que podemos hacerlo, debemos medirnos con los países que compiten con el nuestro, en ese escenario productivo. Al hacerlo, al ingresar al mercado mundial con nuestros productos, vamos a generar en el país más empleo, más oportunidades, y eso significa reducir más y más la pobreza, restringir más y más su feroz realidad, arremeter contra lo que tanto daño hace, y por cuya solución poco y nada se hizo durante décadas.

A la hora de diseñar estrategias de inserción en los mercados mundiales , no podemos desconocer cómo inciden y se proyectan en ellos nuestros competidores, cuya veteranía, en este orden, no puede ser ni desconocida ni subestimada. Para ello, corresponde tomar en consideración, distintos parámetros: son los que miden la consistencia competitiva de un país. Entre ellos la estabilidad monetaria, la infraestructura, el sistema impositivo, financiamiento y la inserción internacional.

Producimos algo que el mundo necesita: producimos alimentos. Ayudando a paliar el hambre del mundo, estaremos combatiendo la pobreza, mediante la creación de empleo y arraigo donde producimos.

El Campo fue, es y será siempre un formidable recurso de transformación.

Vemos y apreciamos el esfuerzo y los avances del Gobierno en la lucha contra la inflación. Bajar la inflación es la madre de todas las batallas. Corresponde celebrar que, en un año y medio, se haya bajado la inflación prácticamente a la mitad. Y son necesarios todos los esfuerzos que se hagan para seguir en esta línea.

Las estadísticas demuestran que se ha empezado a proceder con decisión, en infraestructura vial, ferroviaria, portuaria, aero-comercial. Y con costos significativamente menores, en virtud del combate a la corrupción en la obra pública. Es preciso seguir avanzando, para permitir el traslado de las cargas, a costos inferiores a los de nuestros competidores. Y también, son una especial prioridad, las obras que mitiguen los efectos del cambio climático.

En cuanto al sistema impositivo, éste debe estimular las inversiones, y no ahuyentarlas o impedirlas.

En el marco de este trabajo en pos de la competitividad, que tenemos pendiente, se necesita eliminar la superposición entre impuestos nacionales, provinciales y municipales, y terminar con los impuestos disfrazados de tasas y las aduanas internas. Así como también ampliar la base de contribuyentes al sistema, para que la carga tributaria sea compartida, y de esa manera poder reducirla de forma tal que promueva nuevas inversiones.

Hay que profundizar el camino que ya comenzó con la ley de pymes, la ley del emprendedor y otros instrumentos, como el de la ventanilla única de comercio exterior, o la ley de sociedades simplificadas.

Para lograr este propósito, es necesario que concordemos los integrantes de todas las cadenas productivas, precisando cuál va a ser el aporte de cada una para alcanzar precios similares a los de los países que compitan con el nuestro, y acceder así, con ventajas comparativas, a la mayor cantidad de góndolas del mundo.

Y cuando decimos "todos los integrantes de las cadenas productivas" queremos decir: productores, industria, comercio, gremios, bancos, transporte, Estado Nacional, provincias, municipios, y cuanto quepa enumerar para que el consenso en cuestión sea realmente nacional, tal como comenzamos a hacerlo ayer con la firma del convenio de cooperación para la aplicación de políticas de fortalecimiento de la productividad en el sector agrario. Y como venimos haciendo en el marco de la mesa de las carnes, que está generando importantes resultados, como el mercado de futuros de la ganadería, anunciado en el marco de esta exposición.

Destacamos el trabajo del Banco de la Nación y el Banco de la Provincia de Buenos Aires, que están marcando el rumbo de lo que debe ser el financiamiento productivo, y volviendo así a su razón de ser: la producción.

Reconocemos y valoramos la lucha emprendida con resolución y coraje contra las mafias y la corrupción en el Estado y en la sociedad. Es hora de que los jueces y el Ministerio Público se pongan al día para sancionar los delitos cometidos en la década pasada contra la administración del Estado. El fortalecimiento de las instituciones, es también el fortalecimiento de la competitividad.

Otro elemento de competitividad son los acuerdos comerciales, contracara del proteccionismo. Crean previsibilidad e impulsan la integración de la Argentina con el mundo.

El progreso, en este orden, es hijo del comercio de ida y vuelta; de saber comprar y saber vender. No hay otro camino transitable que el de abrir mercados y más mercados en el mundo.

Propiciamos el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, en la medida en que estén contemplados los productos agroindustriales. Nadie imagina un acuerdo con la Unión Europea que los deje afuera.

La integración más propicia no tiene por qué ser abrupta ni indiscriminada. Se puede dar inicio a esa apertura impulsando a los sectores más competitivos y dejar que aquellos que aún no lo son, tengan tiempo suficiente para prepararse y competir.

También debe tenerse muy en cuenta que, tras largos años de haber protegido sectores ineficientes, se han perdido oportunidades de colocar aquellos productos en los que sin duda somos más competitivos.

Dejemos atrás la esterilidad del pasado, tantas décadas de frustración que solo han servido para apartarnos del mundo y de nuestras mejores posibilidades. Dejemos de vivir de espaldas al futuro. Aprendamos a vender y sepamos comprar.

La noción de intercambio que respaldamos, en lo que respecta a nuestro país, se extiende a otros escenarios de la vida contemporánea. Hablamos, ante todo, de la educación, que es el corazón del progreso duradero. Educar es mucho más que capacitar profesionalmente. Educar significa transmitir e incorporar valores que hacen de la persona que se instruye, un ciudadano y un conciudadano.

Formemos ciudadanos, como quería Juan Bautista Alberdi, y estaremos formando con ellos a profesionales capaces de crecer y de hacer crecer, a la vez, a nuestro país.

Conocemos sobradamente las amenazas que se derivan del narcotráfico. Es alarmante la magnitud que ha alcanzado su arraigo en la Argentina. Debemos acompañar al gobierno en su decisión de enfrentarlo. Nuestro porvenir depende de la eficacia con que libremos la lucha contra sus promotores, auténticos criminales con los que se debe terminar, cerrándoles nuestras fronteras y encarcelándolos en el país.

Son graves también las brutales consecuencias del cambio climático. En este aspecto, es preciso ser previsores y dar sustento al Acuerdo de París de 2015. Pero no por ello debemos, en este caso, caer en planteos agoreros y apocalípticos, que pretendan frenar la producción en nombre de una imaginaria pureza ambiental, que puede ser hija de la ideología, pero no del realismo y la sensatez, indispensables en lo que hace al cuidado de la Tierra.

Estamos contra la desmesura, tanto la que proviene de la avaricia como la que resulta de un ambientalismo furibundo y renegador del auténtico progreso.

Lo hemos dicho: sólo hay progreso donde no se repiten los errores del pasado. Sólo se alcanza el progreso donde se está decidido a correr los riesgos de la innovación y de la búsqueda de alternativas hasta el momento insospechadas.

No debemos dejar de reconocerlo, pues es una gran verdad: supimos enfrentar la actitud autoritaria del Gobierno anterior. Nos arriesgamos a hacerlo, porque entendimos, y porque entendemos, que hay una sola forma de vivir con dignidad: en libertad y en el marco de la ley, trabajando incansablemente y buscando, con igual tenacidad, la equidad social. Diciéndole no al delito, a la arbitrariedad y a la obsecuencia.

Pero convengamos, tras haber procedido así, y recogidos los frutos de nuestro empeño, que enfrentarse a la prepotencia, y criticar sus desmanes, no puede seguir siendo ya nuestra principal preocupación. Y no puede serlo porque la realidad ha cambiado. Y con ese cambio se ha hecho evidente cuál es el desafío que nos impone el presente. Hoy el desafío es construir. Y no sólo como sector, sino ante todo como Nación.

Se nos dirá que no es tarea sencilla. Por supuesto que no lo es. Pero no seríamos productores agropecuarios si no tuviéramos temple, para enfrentar con imaginación y decisión lo que el constante desarrollo nos exige.

Volvamos a subrayarlo: las soluciones alcanzadas para los problemas del pasado nos sitúan ante nuevos desafíos. Crecer, justamente, es renovar el repertorio de escenarios que cabe encarar. Ante todo, como Nación. Como Nación que sabe hacia dónde debe ir para modernizarse.

Es preciso aprender a pensar en grande, más y más en términos de Nación. Ya no sólo se trata, entonces, de incitar al Gobierno a respaldar al Campo, sino de incitar al Campo a pensar, proyectar y realizar, en la medida de sus fuerzas, un país de instituciones fuertes. A crecer con la ley, a la que todos debemos vivir subordinados. Y a buscar, sin descanso, la justicia social, pues ella representa la dimensión fundamental de la deuda argentina de hoy con los derechos humanos. Sólo si se promueve una mejor calidad de vida para todos, los argentinos podremos decir que el futuro empieza a convertirse en presente; que el pasado deja de avasallar nuestra realidad actual.

Después de lo que vivimos, si hay algo que tenemos claro, es que no podemos volver al pasado.

¡Volver al pasado es volver a generar pobreza!

¡Volver al pasado es volver al desprecio por las instituciones republicanas, a la mentira, a la demagogia y a la estafa, como recursos políticos!

¡Volver al pasado es impunidad para las mafias, para valijeros y para los corruptos que se escudan en fueros que no merecen!

¡Volver al pasado es dejar las puertas abiertas al narcotráfico, y la puerta giratoria para los delincuentes!

¡Volver al pasado es trenes sin frenos, rutas sin destino, y Venezuela como modelo!

¡Volver al pasado es el insulto y la soberbia por cadena nacional!

Encaminarnos hacia el futuro implica, de igual modo, terminar con la corrupción de quienes simulan representar la ley y sólo encubren el delito. Tengamos en claro que, sin justicia independiente y eficiente en su desempeño, no habrá República posible y el pasado habrá triunfado sobre el porvenir.

¡Si pedimos transparencia en todo, es para que la nueva Argentina lo sea de verdad! ¡Para que haya dignidad para el trabajo!

¡Solidez y hondura para la educación! ¡Seguridad y bienestar para todos y cada uno de nosotros, hombres y mujeres de buena voluntad que queremos habitar, cada día con más orgullo, el suelo argentino!

Muchas gracias

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