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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEL COOPERATIVISMO Y LA PAZ DE COLOMBIA
25/abr/2017

Importante es destacar la magnitud del desafío y la responsabilidad conferida al movimiento cooperativo en un tema tan trascendental como los es la Paz.

Por: Aldo Norberto Bonaveri

@AldoBonaveri

@PregonAgro

En lo que va del Siglo XXI y sobre todo en la década que estamos transitando, el movimiento cooperativo, tal como lo hemos señalado reiteradamente en este espacio, viene sumando reconocimientos de los principales organismos internacionales; al tiempo que estos y quienes tienen la responsabilidad de conducirlos, le asignan nuevos roles que trascienden las actividades que le otorgaron el predicamento que ostenta.

Sectores y referentes mundiales que hasta no hace mucho tiempo recelaban del sistema, están concibiendo que fundamentos de la doctrina cooperativa que otrora cuestionaban, constituyen la posible solución a complejos problemas y conflictos contemporáneos. Entre otras consideraciones, es dable consignar que están comprendiendo los verdaderos alcances de una concepción fundamental del movimiento: “El funcionamiento empresarial de las cooperativas tiene como fin el ser humano y como medio el capital”, en contraposición con el capitalismo, cuyo propósito es exactamente inverso. Ahora se está advirtiendo que el citado precepto es más útil y eficiente para resolver situaciones que requieren soluciones que no alcanzan sólo con decisiones políticas y, no están contempladas en las teorías mercantilistas.

Desde el momento mismo de los inicios de las negociaciones de paz entre el Gobierno de Colombia y las Farc, uno de los grandes dilemas que se plantearon consistía en como reinsertar a la vida civil a los guerrilleros cuando entregaran las armas. En los cabildeos entre las partes, como así por sugerencia de expertos veedores internacionales, comenzó a cobrar fuerza la idea que el cooperativismo podría desempeñar un rol fundamental en la contención y asimilación de los beligerantes que tuvieran el propósito de reencausar sus destinos en un contexto democrático.

La hipótesis cooperativa se basó en las posibilidades del sistema en la actividad agropecuaria, máxime teniendo en cuenta que el problema de la tierra fue el origen y el motor de la confrontación armada en el país. También resulta oportuno acotar que el principio de violencia y el crecimiento de las Farc, son producto de la desigualdad social y precisamente la concentración de la tierra, factores se perpetuaron como núcleo del conflicto.

Para entender la problemática, válido es observar algunos datos que surgen del censo agrario de 2015, el que acordaba que el 0,4 % de la población posee el 46 % de la tierra; de las 42,3 millones de hectáreas en producción, 33,8 millones se destinaban a ganadería y sólo se cultivan 8 millones de hectáreas para agricultura. Por otra parte, los 5 millones de pequeños campesinos colombianos, presentan una situación precaria y el 15% son analfabetos.

En los acuerdos alcanzados en La Habana, se convino la Reforma Rural Integral, estableciéndose la necesidad de cerrar las brechas entre el campo y la ciudad, creando condiciones de bienestar para la población rural. Por otra parte concertaron: “integrar las regiones, contribuir a erradicar la pobreza, promover la igualdad y asegurar el pleno disfrute de los derechos de la ciudadanía”. A los efectos de materializar el propósito, coincidieron que las cooperativas, son el modelo de desarrollo agrario que el país necesita para soslayar que se reiteren las causales de violencia. En consecuencia, uno de los objetivos centrales del punto inherente a tierras es “promover la economía solidaria y el cooperativismo de los campesinos que ocupan mini o microfundios”, para lo cual pergeñaron la creación e implementación del Plan Nacional de Fomento a la Economía Solidaria y Cooperativa.

Cabe destacar que en el marco XV Congreso Cooperativo Nacional, celebrado en Cartagena, coincidente con el acuerdo final en La Habana, quedó aprobado el aporte del movimiento en la construcción de un país en paz. En el mismo evento se dio a conocer que diez países miembros de la UE crearían un fondo fiduciario, con carácter de donación consistente en 95 millones de euros para promover y desarrollar el primer punto de los acuerdos de paz, quedando expresamente establecido que para la Unión Europea, lo ideal sería que el dinero se invirtiera en la creación de nuevas cooperativas agrarias y en el fortalecimiento y la capacitación de las ya existentes.

La solidaridad y el aporte de la UE en el proceso de la paz colombiana, fundamentalmente en lo que a la participación cooperativa se refiere, se compadece con la injerencia que tuvo el movimiento en el viejo continente en la distribución equitativa de la riqueza, el empoderamiento colectivo y la democracia, factores importantes que contribuyeron a atemperar el hambre que padecía el continente después de la guerra, concibiendo la política agraria común que todavía rige el comercio, consolidándose como el sistema adecuado para organizarse en el campo, posibilitando que los campesinos pobres accedieran al crédito, tecnología y capacitaciones.

Importante es destacar la magnitud del desafío y la responsabilidad conferida al movimiento cooperativo en un tema tan trascendental como los es la Paz. Por cierto que la tarea a desarrollar por el sector en Colombia deberá ser encomiable. Si bien esto demuestra cuanto gravitaron los logros y las exitosas experiencias del cooperativismo en el mundo, es insoslayable remarcar que la dirigencia del país debe actuar con mucha eficacia en la acción, al tiempo de tomar todos los recaudos y, sobre todo trasmitir a la población nacional la confianza necesaria de que los emprendimientos serán de cooperativismo genuino.

Cabe consignar que Colombia es un país con tradición cooperativa, no obstante, tal como ocurrió en Argentina y otros países; allí también se han verificado casos de pseudos cooperativas, que desnaturalizan la esencia y tanto daño le hacen al movimiento. Malas experiencias con presuntas “cooperativas de trabajo asociado”, crisis desatadas en apócrifas “cooperativas de ahorro y crédito”.

Como antídoto a estas lacras, la Asociación Colombiana de Cooperativas “Ascoop” ha elaborado una estrategia tendiente a fortalecer los principios y los valores del cooperativismo a través de la unificación y estandarización de los cursos de economía solidaria en todo el país.

El gran compromiso asumido, como la dimensión de la responsabilidad delegada, se traducen en una gran oportunidad para el futuro de Colombia y, un paso más en la opima historia Cooperativa Internacional

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