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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoEL CAMBIO CLIMÁTICO PROPICIA EL CARBUNCLO
04/jul/2016

Las variaciones ambientales ya provocaron los primeros brotes epidémicos en la Cuenca del Salado. Sin embargo, un plan desarrollado en Azul basado en la vacunación obligatoria junto con la de aftosa y en un sistema de alertas, demuestra que su control es factible. La experiencia se está replicando en Santa Fe.

Por: Liliana Rosenstein

La ganadería argentina fue una de las pioneras en la vacunación contra el carbunclo. En 1886, la cepa desarrollada por Luis Pasteur se probó en una estancia de Entre Ríos, marcando un hito sanitario a nivel mundial. Sin embargo, el país nunca pudo controlar la enfermedad, que se transformó en un problema endémico, sobre todo en la región pampeana.

Ahora, entrado el siglo XXI, los aumentos de temperaturas y lluvias producto del cambio climático amenazan con agravar la situación. En 2013, se registraron ocho brotes epidémicos en los partidos bonaerenses de Laprida y Olavarría, plena Cuenca del Salado, y primera zona productora de terneros del país.

“Habitualmente, los brotes son esporádicos y propios de la contaminación del suelo, aparece uno aquí y otro a 300 km. En cambio los epidémicos surgen uno al lado del otro y están relacionados con el desarrollo explosivo de tábanos, en días húmedos y calurosos. Las hembras pican a los animales enfermos, pudiendo volar hasta 15 km para luego picar a otros bovinos sanos e incluso a las personas, transmitiendo el mal”, dijo el MV Ramón Pedro Noseda, director de Laboratorio Azul y referente de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en carbunclo rural en la Argentina.

La raíz del problema

La enfermedad puede presentarse en rodeos de todo el país, aunque las zonas endémicas tienen relación directa con las características de los suelos ya que ahí quedan las bacterias en estado de esporos provenientes de bovinos infectados, los que mueren súbitamente y pierden sangre por las aberturas naturales.

“Si el pH del suelo es neutro o alcalino y hay determinadas condiciones de humedad y materia orgánica, los esporos sobreviven decenas de años a la espera de que otro animal los levante junto con los alimentos para volver a iniciar su ciclo. Por eso, la Cuenca del Salado y otras zonas bajas de Buenos Aires y de la región pampeana, tienen brotes de carbunclo. En general, en suelos ácidos la enfermedad no prospera”, aseguró.

Para Noseda, en la Argentina hay carbunclo por negligencia, sobre todo, por no aplicar la Ley. “En Buenos Aires, la Ley de vacunación obligatoria fue sancionada en 1961, pero se aplicó recién en 2014. Desde entonces, se vacunó más, pero menos de lo que se debiera. También en Santa Fe se hizo obligatoria ese mismo año, tras el fallecimiento de una persona infectada que no fue tratada a tiempo”, aclaró. De cualquier modo, planteó que “si se quisiera, se podría imponer la obligatoriedad en todo el país porque la Ley Nacional de Sanidad Animal, de 1900, está tan bien hecha, que contiene una lista de enfermedades que el Gobierno podría ir incorporando en caso necesario. Entre ellas, el carbunclo”.

Por su parte, desde Caprove, cámara que reúne a una treintena de laboratorios de productos veterinarios, desatacan el bajo costo que implica proteger a los animales mediante el empleo de la vacuna, considerando que unas 6.000 dosis equivalen a una vaca de 400 kilos muerta por carbunclo.

“La vacuna es eficaz y se aplica una vez por año, salvo en aquellos establecimientos que tienen gran cantidad de esporos en los suelos, donde se repite durante los primeros 2 ó 3 años de ocurrido un brote,”, explicó Noseda. Y detalló que “más allá del riesgo para la salud de las personas, las enfermedad puede causar estragos en rodeos de cría no vacunados, causando entre 1% y 25 % de mortandad”

Experiencia superadora

En 2004, la Municipalidad de Azul creó un Programa de Alerta y Respuesta contra carbunclo con el objetivo de resguardar la salud de la población rural expuesta a reiterados brotes de la enfermedad y a proteger su patrimonio ganadero de casi 600 mil bovinos. Por primera vez en la Argentina, se comenzó a inmunizar junto con la vacuna antiaftosa y se organizó un sistema basado en acciones interinstitucionales alineadas con el concepto de “una salud”, sustentado por la OMS y la OIE.

Cuando el veterinario llega al campo y ve un caso sospechoso indica los correspondientes análisis. Si dan positivo y el peón cuereó al animal se genera un alerta a salud pública que responde rápidamente derivándolo al hospital más cercano para su asistencia inmediata. La denuncia también puede ser efectuada por el médico si observa en una persona una lesión compatible con el mal.

En paralelo con estas acciones, desde hace 15 años se practica la vacunación carbunclo-aftosa al mismo tiempo, con las consiguientes ventajas logísticas, inmunizándose casi un millón y medio de bovinos sin inconvenientes sanitarios. “Análisis realizados por la Universidad del Centro de Tandil, hace un año, demostraron que la práctica simultánea no afecta la producción de anticuerpos contra la aftosa, por el contrario la mejora”, reveló Noseda. Además, desde que se impuso la obligatoriedad de la vacuna anticarbunclosa se notó un incremento significativo de su aplicación: 72% sobre la población objeto contra 40% histórico de la voluntaria.

“En los últimos tres años, no hubo brotes de carbunclo en los rodeos de Azul, ni casos en humanos, lo que demuestra que el programa que llevamos adelante es eficaz”, aseguró el experto.

El modelo de alerta y respuesta de Azul fue tenido en cuenta por el Gobierno de Santa Fe para desarrollar su plan “Una Provincia-una Salud”, que se basa en un sistema online donde veterinarios y médicos, hospitales, entes sanitarios, facultades y laboratorios, notifican los casos. “Sobre esta base y con la puesta en marcha de la vacunación obligatoria se inmunizó mucho más, aunque aún hoy tienen un brote de carbunclo. Hay que seguir trabajando”, indicó Noseda.

La fuerza de la Ley

Para saber dónde está parada la Argentina en materia de vacunación anticarbunclosa, los números de Caprove son contundentes. “En 2013, habría que haber vacunado 38 millones de animales y se produjeron 17 millones de dosis, o sea que se inmunizó sólo el 43% de la población meta”, dijo el MV Patricio Hayes, Director Ejecutivo de la cámara. Un año después, cuando la práctica se hizo obligatoria en Santa Fe y Buenos Aires, “la industria produjo 25 millones de dosis, y en esas provincias se cubrió el 83%, un salto muy importante, aunque a nivel nacional se abarcó sólo el 66%”, pormenorizó. Así las cosas, según datos publicados por el Ministerio de Agroindustria de Buenos Aires, de los 31 brotes declarados en la provincia en 2013, se bajó a 13 en 2014; 8 en 2015 y 2 en lo que va de 2016, todos ellos en rodeos no vacunados.

“No se ha cuantificado el impacto que tendrá el cambio climático en el carbunclo, aunque los pronósticos son negativos. Por lo pronto, es un motivo más para que la cadena de la carne tome conciencia: los productores deben vacunar; los veterinarios y laboratorios de diagnóstico, denunciar los casos y los organismos oficiales, fiscalizar el cumplimiento de las leyes. Es la única manera de controlar el mal”, finalizó Noseda.

(*) Editora de Valor Carne

Fuente: VALOR CARNE

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