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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION: Es menester que para el 2050 la producción agrícola incremente como mínimo un 70%
30/sep/2009

Si esta premisa no se cumple, 370.000.000 de personas, o lo que es igual, el 5% de la población de los países en desarrollo, seguirán padeciendo hambre

Por: Aldo Norberto Bonaveri

El 17 del mes pasado, en mi editorial “Escalofriante: 1.020.000.000 personas padecen hambre”, redactado en base al informe elaborado por el Programa Mundial de Alimentos de Naciones Unidas “PMA” y, dado a conocer por su directora ejecutiva, Josette Sheeran, daba cuenta del flagelo que está experimentando por estos días la humanidad. Como allí se refleja, el problema de coyuntura no es cuantitativo, sino de la falta de recursos económicos suficientes de más de un millardo de moradores de la Tierra.

Sin pretender restarle un ápice de gravedad al infortunio mencionado, al ser por el momento suficiente la producción mundial de alimentos, los gobernantes del mundo, principalmente de los países desarrollados y, los organismos internacionales competentes tienen el desafío y la responsabilidad de ponerse de acuerdo, para revertir la situación. Tarea por cierto muy compleja, pero no imposible de solucionar.

Observando la situación en prospectiva, advertimos que el intríngulis tiende a potenciarse considerablemente, razón por la cual, es imprescindible que no se desentiendan de la situación ningún referente internacional de: la política, la economía, la ciencia, la producción y, cualquier otro actor relevante relacionado directa o indirectamente con tal vez, el problema más serio de la humanidad. Para concientizarnos adecuadamente, no debemos soslayar de cualquier razonamiento que si los problemas de inequidad no se resuelven de raíz, (lo más improbable), al promediar el siglo las consecuencias estarán magnificadas, y ello habrá que agregarle un factor más importante aún, aumentar la producción como mínimo un 70%.

Las proyecciones del crecimiento demográfico ecuménico, según indican los expertos de la agencia de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura “FAO”, son de 2.300.000.000 personas más para dentro de 40 años, cuando la población mundial llegará a los 9.100.000.000 de almas. En virtud de ello, la FAO ha convocado para el 12 y 13 de octubre a un Foro de expertos de Alto Nivel en Roma, denominado ’Cómo alimentar al mundo en 2050’, para examinar tan trascendentales desafíos. El citado coloquio esta pensado como prolegómeno de la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria, que tendrá lugar en la capital italiana entre el 16 y 18 de noviembre del año en curso.

Si bien se trata de un reto de gran magnitud, los técnicos de la FAO son moderadamente optimistas sobre la capacidad del mundo para poder alimentarse de aquí a 2050; tal como lo aseveró el subdirector general de la agencia Hafez Ghanem.

La asignatura es marcadamente abstrusa, ya que si la producción creciera simétricamente a la población (35%), la respuesta seria exigua. La tendencia viene marcando un cambio de hábitos alimentarios y, progresión en asenso continuo del consumo, fundamentalmente por las mejoras ocurridas y proyectadas, en países populosos del Asia, principalmente los dos colosos: China e India. Ergo la demanda alimentaria reflejará que será atendida, en tanto y en cuanto las disponibilidades aumenten, al menos, un 70% sobre la producción actual.

Otro signo de la dificultad lo indica que el aumento poblacional proporcionalmente ocurrirá en los países en desarrollo, especialmente en África subsahariana, una de las regiones más pobres del planeta.

En concordancia con la complejidad y las acechanzas que se presentan, se impone la necesidad de concebir un marco socioeconómico procedente para neutralizar a los desequilibrios y, garantizar que todos tengan acceso a los alimentos indispensables, al mismo tiempo que la producción alimentaria se planifique de forma tal, que abrace lo mejor de la tecnología, sin actuar en desmedro de las limitaciones de los recursos naturales. A tal efecto, los entendidos de la FAO sostienen que las proyecciones a nivel mundial muestran que, independientemente de las inversiones previstas en agricultura, se requieren más recursos de significación para mejorar el acceso a los alimentos. Si esta premisa no se cumple, 370.000.000 de personas, o lo que es igual, el 5% de la población de los países en desarrollo, seguirán padeciendo hambre

En consecuencia el programa a pergeñar deberá ser tan imaginativo, como eficiente y solidario. La producción anual de granos deberá crecer casi al doble; hoy estamos en 2.100.000.000 TT y deberá aumentarse en proximidades a los 1.000.000.000 TT más. En tanto en materia de carne en cerca de 200.000.000 TT, para acercarse a las 470.000.000 TT que la FAO estima se requerirá en la mitad del siglo.

Siempre en base a los estudios de la FAO, el 90% del incremento en la producción agrícola está previsto que se concrete como consecuencia de un acrecimiento de los rendimientos y, la intensificación de los cultivos; en tanto que sobre la superficie cultivable, los pronósticos prevén una ampliación de 120.000.000 de hectáreas, que tendrá como escenario principal a las naciones en desarrollo, sobre todo en África subsahariana y Latinoamérica. Al mismo tiempo se estima que en los países industrializados el área productiva podría acotarse hasta en 50.000.000 de hectáreas.

El aumento de la producción como consecuencia del regadío para el 2050 estaría circunscripta al 11%, la razón de la moderada expansión en el rubro, obedece a la disminución de la demanda y a un uso más eficiente del agua. Al respecto, cabe indicar que en el planeta, los recursos de agua dulce son suficientes, no obstante están diseminados de una forma muy desigual, en tanto que la escasez de agua alcanzará horizontes alarmantes en un número creciente de países o regiones dentro de esos países, en particular en Oriente Medio, el Norte de África y Asia meridional. Ergo; emplear menos agua y, al mismo tiempo producir más alimentos, constituirá un desafío para hacer frente a su escasez, que podría agravarse por los cambios en el régimen de lluvias resultantes del cambio climático.

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