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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoOTRA VEZ LA GANANCIA EN EL BANQUILLO
09/feb/2016

La ganancia es el premio al éxito. Es lo que cada uno de nosotros quiere obtener en lo que emprende. Nadie quiere ganar menos, porque incluso aquellos que resignan ganancias materiales lo hacen en pos de obtener ganancias espirituales.

Por: Héctor Blas Trillo

Escuchaba esta mañana en la radio el reportaje al famoso economista Aldo Pignanelli, que supo ser presidente del Banco Central en tiempos de Eduardo Duhalde y hoy colabora con el Frente Renovador peronista, que conduce Sergio Massa.

Por supuesto que la temática versaba sobre la actualidad económica, las subas de precios y tarifas, la inflación y todas las cuestiones que preocupan a los argentinos luego de la salida de la oscura noche kirchnerista, que como se sabe ha dejado el tendal.

Este profesional por supuesto daba su visión sobre la situación que nos toca vivir a todos como consecuencia de la adecuación de precios y tarifas a la pérdida de valor de la moneda producto de años de déficit, emisión sin respaldo, y atraso cambiario. No usaba estas palabras, pero esta es la idea.

Se refería también a la necesidad que hay de alcanzar un "acuerdo" entre empresarios, sindicalistas, funcionarios y políticos para sentar las bases de un camino a seguir que sea coherente y evite, entre otras cosas, los ya consabidos "abusos".

Y como estas cuestiones han sido recurrentes a lo largo de demasiados años, también yo soy recurrente en responderlas dando mi modesto punto de vista.

Pignanelli hablaba de cosas tales como verificar en los balances de las empresas si las ganancias habían sido excesivas, porque en tal caso eso significaba que se habían aprovechado de la situación y subido por demás los precios de sus productos; y que por lo tanto deberían ser sancionadas de alguna manera en términos económicos a los efectos de disciplinarlas, podría decirse; para que se comportaran razonablemente y no se excedieran aprovechando una situación crítica. También hacía referencia a la llamada "teoría del derrame" afirmando que el hecho de ganar más no significaba que esta mayor ganancia favorecería a la economía toda. O algo por el estilo.

Insisto, no han sido estas sus palabras exactas, pero es la idea.

Debo confesarles que a estas alturas sigo sin salir de mi asombro ante este tipo de expresiones.

Empecemos una vez más: ¿cuál sería el precio que no resultaría "excesivo" para la venta de todos y cada uno de los millones de bienes y servicios que componen la economía de un país y quién sería el encargado de analizar los valores de esos millones de productos, conformados a su vez por partes, materias primas e insumos varios cuyos precios también deberían ser analizados para determinar si son "excesivos" o no lo son?

¿Cuál sería la razón por la cual una empresa que puede ganar más dinero porque el mercado paga sus precios debería ganar menos?

Supongamos que una empresa baja sus precios para efectivamente ganar lo que los encargados de determinar la "excesividad" resuelvan, ¿qué ocurrirá con la demanda de los bienes involucrados? Naturalmente crecerá. Y si crece ¿alcanzará la producción o se agotará en algún momento dejando a los que llegan último (en general los más débiles) sin el bien?

¿Cuál sería el incentivo para producir más bienes que pueden venderse a un precio determinado sin luego el organismo encargado de la moral de los precios nos dice que debemos venderlos a un precio menor que ni siquiera sabemos cuál será?

¿Cuál es la razón por la que deberemos resignar acumular capital, que es la fuente de la mejora de la productividad y la única razón por la cual los salarios del primer mundo son superiores a los del tercero?

La idea de que resignando ganancias se mejora la situación económica de la población es una soberana tontería. Tomemos por ejemplo el precio de las entradas para un espectáculo deportivo o un recital de algún cantante famoso muy demandado. ¿Cuál es la razón por la que se genera todo un mercado de "reventa" de entradas? La respuesta es obvia: que el precio "oficial" que se les impuso a tales entradas es bajo. ¿Y quiénes finalmente tendrán acceso al espectáculo? Pues los que lleguen primero a la ventanilla, y los que puedan pagar los mayores precios en la "reventa".- ¿Y quiénes serán unos y otros?, pues los que tienen recursos económicos como para viajar más rápido y llegar primero, y los que tienen recursos económicos para pagar las entradas más caras en la reventa.

Entonces, ¿cuál es la lógica de "bajar los precios" con el objeto de evitar "injusticias económicas"?

Los precios no son ni serán nunca los que Pignanelli o quien fuere consideren que son mejores y más favorables para la gente, sino aquellos que esa misma gente puede y está dispuesta a pagar por tales bienes.

Y si seguimos el ejemplo de la empresa que tomó Pignanelli, podemos decir que si ganó mucho dinero es porque mucha gente pagó más caro su producto, porque pudo o porque quiso, o porque no le quedó más remedio. Para lo cual tal vez hubo de resignar la compra de otros productos. Porque este también es un punto a considerar.

Porque si como consecuencia de que la gente pagó muy caro un producto de una empresa "A", dejó de comprar el producto de la empresa "B", lo que habrá de ocurrir es que mientras la empresa "A" ganó "mucho" la empresa "B" lo perdió. Y si esto es así (y no debería ser de otra manera si seguimos linealmente el razonamiento de que "la plata no alcanza para todo"), Pignanelli debería proponer que del mismo modo que se sanciona económicamente a una empresa que gana "mucho", debería premiarse económicamente a una empresa que gana "poco" ¿no?

Y si esto fuera así ¿no es mejor trabajar menos y ganar poco para entonces recibir el "premio"? ¿Esta es la "justicia económica" que se nos propone?

Este es un modo de razonar la situación planteada. Puede verse desde diversos ángulos. En estos días en que la carne vacuna está muy cara, por ejemplo, ha bajado el consumo considerablemente, por lo cual todos vemos en las carnicerías diversas promociones si compramos mayor cantidad de tal o cual producto. Es que el carnicero necesita obtener un dinero por una media res, que le permita obtener una ganancia. Y si no puede obtenerlo porque le baja la demanda, debe ajustar por precio para por lo menos "salvar la ropa". Esto puede hacerse extensivo a cualquier rubro de la economía.

Los planes en cuotas sin interés, los descuentos con tales o cuales tarjetas, las promociones de determinados días de la semana y las ofertas especiales llevados dos productos iguales entran en la misma bolsa de aplicar descuentos para poder vender. Lo mismo ocurre hoy en los lugares de veraneo, especialmente en la costa, donde los precios han venido bajando y las ofertas se multiplican por la falta de ventas y la baja de la cantidad de turistas, que prefieren por ejemplo irse a Brasil que está más barato. ¿No es más práctico, eficiente y lógico dejar que el mercado ajuste de este modo, en lugar de multiplicar los "Pignanellis" que se erijan en justicieros de los precios, como hacía el inefable Kicillof, o el temerario Guillermo Moreno y así quedamos?

La ganancia es el premio al éxito. Es lo que cada uno de nosotros quiere obtener en lo que emprende. Nadie quiere ganar menos, porque incluso aquellos que resignan ganancias materiales lo hacen en pos de obtener ganancias espirituales. Y es precisamente la ganancia el motor del crecimiento de cualquier economía.

¿Qué hace la empresa que gana mucho dinero con ese dinero? Pues lo utiliza en mejorar su producción, o lo reparte entre los accionistas. En ambos casos el dinero vuelve al ruedo. En el primer caso probablemente la mayor producción baje un poco los precios por aumento de la oferta, en el segundo los accionistas utilizarán su mayor ganancia para demandar bienes y servicios mejorando el "consumo" de toda la economía.

No creo sinceramente que sea tan difícil de entender.

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