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Pasturas y Forrajes
 
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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoPASTURAS PERENNES: PARA PELEARLE TODAS AL CLIMA
09/nov/2015

Tal como atestiguan los lotes de pasturas de llorón y agropiro existentes de hace más de 40 años en la región y los trabajos locales de ajuste de la tecnología y minimización de los riesgos de implantación, sumado a las nuevas alternativas forrajeras que se han empezado a trabajar en la zona como Panicum coloratum, sorgo negro y Digitaria eriantha, las pasturas perennes en zona semiárida son un eslabón fundamental de la cadena forrajera.

Por: Ingr. Agrs. (Mg) Carlos Torres Carbonell, (Mg.) Andrea Lauric, Gerónimo De Leo, (Mg.) Ángel Marinissen, Tec. Corina Cerdá y Lic. Soledad Carrasco.

Las principales fortalezas de las pasturas perennes se basan en:

• La seguridad de producción pasto incluso en ciclos con largos y recurrentes periodos de sequía. Esto lleva a que los establecimientos puedan planificar en zona semiárida su actividad ganadera a partir del conocimiento de los umbrales mínimos de forraje observado en los años secos previos, con producciones de pasto moderadas para la zona (2000- 2500 Kg MS/ha). Asimismo, contar con la posibilidad de que en años húmedos, estas forrajeras expresen sus altos potenciales de rendimiento, lo cual confiere una alta flexibilidad al sistema

• La producción de carne/ha/año puede elevarse significativamente a partir de la seguridad y niveles de producción de forraje. Esto permite incrementar la receptividad ganadera y el resultado económico por unidad de superficie.

• Las pasturas perennes de alta longevidad generan una reducción marcada de los costos de alimentación debido a que sus costos de implantación se pueden amortizar mediante un uso adecuado, en más de 15 años.

• La ausencia de roturaciones periódicas de los lotes con suelos susceptibles a la erosión permite realizar una explotación agropecuaria, conservando este recurso. Asimismo, la alta producción de biomasa aérea y de raíces confieren un importante aporte de materia orgánica al suelo durante muchos años.

Dificultades

• A través de ajustes de la tecnología de siembra se pueden minimizar los riesgos de logro de implantación, no obstante el factor decisivo es la precipitación en el periodo de implantación, razón por la cual, la realización de pasturas en zona semiárida debe ser paulatina, de manera conservadora y progresiva.

• Según la especie y fechas de siembra se debe tener en presupuesto que el periodo de implantación se puede extender a 8 a 16 meses, lo cual implica un largo periodo de inmovilización del lote.

La ganadería de cría en la zona semiárida: asociar sistemas al ambiente.

Este es uno de los fundamentos que ha enfocado el trabajo local del INTA, a realizar ingeniería de sistemas para diseñar producciones de cría vacuna que permitan una explotación de los recursos naturales sustentable y eficiente a partir de las características edafoclimáticas de esta región.

En este sentido, se arriba a la 4ta Jornada Ganadera de Cría del Sudoeste Bonaerense Semiárido a partir de un proceso de muchos años de trabajo en experimentación, validación de tecnología a nivel de los campos y extensión, en respuesta a la necesidad continua de productores locales de adecuar los sistemas de producción agropecuaria a las características ambientales presentes.

Desde el punto de vista técnico, la región presenta una alta proporción de su superficie limitante o de muy baja aptitud para la producción de cultivos anuales agrícolas o forrajeros. Entre las más importantes se encuentran los suelos de baja profundidad (10-50 cm), baja capacidad de retención de agua, bajos contenidos de materia orgánica y fertilidad, alta susceptibilidad a la erosión, suelos salino y/o sódicos, etc. En segundo lugar el régimen de lluvias semiárido, caracterizado por una muy alta variabilidad en la cantidad y distribución de precipitaciones (300 a 750 mm) que conlleva un alto riesgo de la producción de especies no tolerantes a largos periodos de sequía.

Para este tipo de suelos de baja aptitud agrícola y bajo este escenario de precipitaciones, la ganadería de cría sobre pasturas perennes y forrajes de baja calidad, permite realizar múltiples ajustes de manejo, que derivan en una mayor estabilidad productiva entre años y por lo tanto una utilización de los recursos puestos en juego muy eficiente.

Por un lado, la vaca de cría adulta seca es un animal que ya ha concluido su etapa de crecimiento, por lo cual es la categoría de menores requerimientos nutricionales. Este hecho permite que puedan satisfacerse sus requerimientos de energía y proteína con forrajes de una calidad relativa mucho menor que la que necesitan las categorías en crecimiento. Consecuentemente, se puede programar cadenas forrajeras sustentables a partir de especies como las propuestas. Estas especies, si bien presentan en regimenes semiáridos las ventajas mencionadas anteriormente, también frente a la volatilidad de las lluvias, manifiestan una alta variabilidad en su calidad nutricional anual y presentan largos periodos de baja calidad relativa. En este sentido, muchos de los mecanismos de las plantas de tolerancia a la sequía se encuentran relacionados a una reducción en la calidad del forraje. Motivo por el cual, la utilización de estas pasturas requiere planteos basados en la utilización de categorías animales “flexibles” en cuanto a la calidad de forraje y su disponibilidad. Es decir, que en la práctica que el productor agropecuario tenga a disposición alguna herramienta técnica sencilla y económica, para poder aprovechar también los momentos de baja calidad o disponibilidad de los forrajes, para seguir produciendo carne, sin que su actividad productiva se estanque o presente pérdidas severas de cualquier tipo.

En la vaca preñada en los últimos meses de gestación los requerimientos nutricionales se incrementan y llegan a ser máximos con el avance de la lactancia. En esta última etapa, los mismos pasan a ser superiores a los de la mayoría de las categorías en crecimiento. No obstante, en función de las condiciones del año, el control de la lactación a través de la aplicación de distintas técnicas de destete permite manejar y limitar este periodo de altos requerimientos de la vaca de cría.

Las posibilidades que brindan las distintas tecnologías de destete y reducción de lactancia existentes son una herramienta técnica fundamental para terminar de adecuar las necesidades nutricionales de los vientres adultos a limitantes en la oferta y calidad de forraje recurrentes en zonas semiáridas de cada año.

En sistemas de base a pasto, cuando no se adecua esta demanda y oferta de nutrientes en la lactancia del ternero, los efectos sobre la producción y el resultado económico pueden ser sumamente nocivos. Por un lado, si la alimentación de la unidad vaca terneros es deficitaria, esto repercute en pérdidas de peso de la madre y una caída en la condición corporal que afectará negativamente la tasas de preñez y por lo tanto la producción de terneros del ciclo próximo. Incluso, esta situación puede traer aparejado la necesidad de gastos de suplementación en la categoría vaca en distintos momentos: durante la lactancia o antes de la entrada al próximo invierno para recomponer su condición corporal. Por el lado del ternero en lactancia, una restricción en la calidad y disponibilidad de forraje afectan directamente la producción de leche de la vaca y por lo tanto su dinámica de crecimiento y sus ganancias de peso al pie de su madre. Asimismo a medida que avanza el periodo de lactancia, la ingesta de forraje incrementa su participación en la dieta diaria del ternero. En situaciones restrictivas de la calidad y disponibilidad de forraje, ambos factores conjugados, pueden determinar un bajo peso de destete incluso en terneros de destete tradicional (215 días).

Por último la producción de leche es un proceso costoso en términos de energía y demás nutrientes, lo que deriva en que la leche sea un sustituto normalmente costoso en cantidad y calidad de forraje disponible en el campo. En esta situación, la reducción del periodo de lactancia, permite por el lado de la madre, bajar sus requerimientos y satisfacer los mismos con forrajes de una menor calidad relativa, confiriendo una eficiente solución en la región, a los problemas típicos de caída de la condición corporal y pérdidas del índice de preñez mencionados.

Por el lado del crecimiento del ternero, la interrupción de la lactancia genera la anticipación del proceso de recría. Esto manifiesta ventajas y desventajas diferentes para cada establecimiento, según las posibilidades de recursos, mano de obra y organización del sistema de producción, objetivos, etc.

En una primera medida, el ternero destetado precozmente es la categoría bovina, a través de un manejo adecuado de su nutrición, de mayor eficiencia de conversión alimentaria (Kg de alimento consumido/Kg de carne producido) potencial. Es decir que puede brindar altos niveles diarios de producción de carne, observables en sus altas ganancias de peso, a partir de bajas cantidades de alimento, ya que sus costos energéticos de mantenimiento son substancialmente menores a los de los animales de mayor edad y tamaño. Esto se traduce en que se pueden lograr altas ganancias de peso incurriendo en bajos gastos de alimentación, fundamentados en bajos consumos de forrajes de calidad y suplementos. Lo que en la práctica significa, el requerimiento de pequeñas superficies de verdeos o pasturas con bajas asignaciones de suplementos concentrados, para la producción de altos niveles de carne.

Este aspecto biológico es muy importante y permite utilizar a la anticipación del destete como una herramienta esencial para potenciar los niveles de producción y resultado económico de la actividad de engorde de los terneros. Siendo de esta manera la reducción de la lactancia un instrumento que permite favorecer no solo la performance de la madre, si no también los resultados económicos y productivos de sistema de recría de terneros.

Por añadidura, un engorde económico y eficiente de los terneros de destete precoz desde los 60 días hasta los 215 - 250 días de vida puede potenciar los resultados económicos y productivos de todo el sistema ganadero, el cual cobra mayor importancia cuando en el campo se cuenta con genética seleccionada para tal fin.

En una segunda instancia, en zonas como la presente, de alta volatilidad en las precipitaciones, la anticipación del destete puede ser utilizada en primera medida para como una herramienta para evitar que la nutrición del ternero quede determinada exclusivamente el azar de la variabilidad climática del año, que influye sobre la disponibilidad de pasto y la producción de leche de las madres. Este hecho en zonas semiáridas deriva en una alta variabilidad del peso final del ternero a los 6-7 meses de vida.

Según de que lado se lo visualice, la anticipación del destete “exige” o “permite” que la nutrición del ternero pueda ser programada de una manera más controlada, eficiente y/o segura. Un mayor control de la mano del hombre, sobre la nutrición del ternero, eliminando la aleatoriedad del efecto de las lluvias mencionado anteriormente sobre la producción de leche de las madres, permite lograr de manera más segura y estable entre años, altos pesos vivos de los terneros a los 7 meses de edad.

Por otro lado, la nutrición del ternero destetado a partir de suplementos de menor costo energéticos y de los demás nutrientes, requeridos para la producción de leche, significa en sistemas pastoriles menores requerimientos de calidad y cantidad de forraje para la alimentación anual del rodeo vacuno. Este hecho, genera excedentes de forraje que se traduce en reducciones de la superficie requerida para el sistema productivo, que pueden ser utilizados para incrementar la carga animal o la realización de otras actividades productivas.

La combinación racional de este tipo de tecnologías, según sus costos relativos y recursos disponibles en los campos de la región, permite a la cría vacuna alcanzar un alto grado de asociación del sistema productivo a los ambientes limitantes, y este viene siendo el motor de esta Jornada Anual.

El encadenamiento forrajero una tecnología de aplicación de alto nivel de conocimiento del sistema pero de bajo costo:

El concepto de armado de cadenas forrajeras radica en la necesidad en un sistema ganadero de sincronizar las necesidades nutricionales de las distintas categorías presentes en un campo, con la distribución del crecimiento y calidad nutricional de las distintas especies forrajeras en el predio.

Esta es una herramienta de bajo costo, una tecnología de procesos, que se logra a través del asesoramiento de técnicos capacitados en esta temática. La misma requiere de conocimientos de bases nutricionales y de la dinámica de crecimiento de la hacienda, como de las especies forrajeras adaptadas a una región.

La importancia de este instrumento, es que permite potenciar la eficiencia de uso de los recursos y capitales puestos en juego en el sistema de producción ganadero, con un impacto muy significativo en los resultados productivos y sobretodo económicos.

No se trata de instrumentos excesivamente sofisticados, si no mas bien de realizar un monitoreo racional, a partir de conocimientos técnicos, del proceso productivo, para corregir oportunamente, realizar ajustes, identificar con antelación posibles resultados y realizar las acciones que deban ejercerse.

De manera práctica, el encadenamiento consiste en la planificación y adecuación de un balance mensualizado de la disponibilidad de forraje y los nutrientes contenidos en el mismo, respecto a las demandas de las distintas categorías animales, según las modalidades de manejo de los rodeos. Esta planificación anual se va ajustando con el transcurrir de los meses en función del monitoreo de los recursos y niveles de nutrición de los rodeos, realizando ajustes a la realidad climática de cada año y de cada campo.

El pasto llorón (Eragrostis curvula):

Las pasturas de llorón se presentan en nuestra zona semiárida como un recurso insustituible para incrementar la producción y la seguridad forrajera en los sistemas ganaderos locales.

Esta especie, de origen sudafricano, una vez implantada se adapta a condiciones de sequía muy extremas, hasta niveles de precipitaciones mínimos de 250 mm anuales, donde otras especies no logran prevalecer. Posee una alta eficiencia del uso del agua y nutrientes, característica de las especies C4 o megatérmicas, presentando sus mejores aptitudes en suelos arenosos de baja fertilidad. Asimismo posee una alta tolerancia a las bajas temperaturas invernales donde esta especie se presenta en latencia.

Es una especie perenne de crecimiento primavero-estival, que en nuestra zona inicia su rebrote en el mes de septiembre, conjuntamente con el inicio del aumento de las temperaturas.

Las épocas de siembra principales son la primavera temprana (agosto-septiembre-octubre), o finales del verano (fin enero, principios de febrero). En la región, la primera fecha suele presentar una mayor variabilidad de lluvias, por lo cual el resultado de la implantación también es más variable. Sin embargo, en primaveras lluviosas la eficiencia de implantación es muy alta y el lote puede llegar a estar listo para su primer pastoreo en el otoño inmediatamente siguiente, a los 6-7 meses de la siembra. En el caso de las siembras de finales de verano, una vez iniciada la emergencia el crecimiento de las plántulas se ve detenido por las heladas otoño-invernales. Razón por la cual el periodo de inmovilización de lote, se ve extendido hasta el siguiente otoño (13-14 meses). Sin embargo, dado que las lluvias de finales de verano y de otoño son más estables en la región, las siembras en esta fecha suelen manifestar una mayor seguridad de logro, respecto de las siembras primaverales. Como otras forrajeras megatérmicas poseen una semilla muy pequeña que debe ser sembrada en superficie y presentan dormancia de semillas que puede ser suspendida mediante distintos métodos de escarificación.

Desde el punto de vista nutricional, alcanza sus mayores niveles producción y calidad en los primeros rebrotes de primavera (octubre-noviembre). A través de una adecuada planificación resulta muy versátil en los rodeos de cría, la conjugación de este momento del llorón, con la época de servicio.

Bajo condiciones de manejo conservacionistas la pastura de llorón llega a exponer una larga longevidad (30 años y superior), atributo que la posiciona en uno de los recursos de menores costos efectivos para la alimentación de rodeos,

Mijo perenne (Panicum coloratum):

Esta especie también originaria del continente africano, se destaca por su resistencia a sequía y heladas. Manifiesta su pico de producción de forraje posterior al llorón, a mitad del verano, lo cual permite encadenar su utilización a continuación de los pastoreos del pasto llorón en primavera y ocupar un importante vacío regional en la cadena forrajera estival. Su calidad estacional y de su diferido es superior a la de pasto llorón, por lo que en sus momentos de mayor calidad puede ser utilizado para encadenar los pastoreos de categorías de animales e crecimiento como los terneros de recría. Los mejores suelos para el mismo son los francos a franco arenosos, pero se comporta bien en suelos pesados con encostramiento superficial manifestando una importante plasticidad. Las consideraciones de siembra son muy semejantes a las mencionadas para el pasto llorón. Como un atributo diferencial, se resalta que soporta muy bien niveles moderados de salinidad y suelos sódicos, siendo una especie interesante para suelos en esta región con este tipo de limitantes.

Sorgo negro (Según almum parodi):

Esta especie es también conocida con otros nombres como “Garaví” o “sorgo de los cuatro años”. En Argentina fue descubierto en 1943 por Parodi, importante botánico del país. Esta especie se encuentra originada por cruzamiento espontáneo entre Sorghum halepense (S. alepo que había sido introducido en el país a principios de siglo pasado y fue declarada plaga nacional en 1930) y un sorgo cultivado (Posiblemente Sorghum bicolor). La planta es de tipo cespitosa, posee rizomas cortos y determinados (menores que los de alepo), que le confieren su perennidad y mantener su característica de invasora como este último. Puede llegar hasta una altura desde 1 a más de 2 m según condiciones humedad y suelo. Se comporta muy bien en la zona, manifiesta buena tolerancia a sequía y en menor medida a las heladas. Sin embargo presenta rebrotes tempranos primaverales desde los rizomas, aunque inicialmente a una baja tasa de crecimiento hasta que la temperaturas aumentan. Estos primeros rebrotes frente a heladas tardías de octubre o noviembre se ven afectados totalmente por las mismas, por lo que su pico de crecimiento en la práctica se observa en el verano. En nuestro país prácticamente ya no se halla en estado puro, se encuentra contaminado con alepo, lo cual ha sido una limitante para su difusión. En zonas áridas y semiáridas se presenta como un recurso muy interesante. Pero debería ser utilizado en lotes de uso exclusivo ganadero destinado a permanecer por muchos años con este recurso. Asimismo se debe tener recaudos con la posibilidad de toxicidad por ácido cianhídrico en el forraje de rebrotes. Se debe evitar el pastoreo en estadios tempranos (menor a 60 cm de altura), con los animales muy hambreados o inmediatamente después de una helada (esperar 2 a 3 días). La fecha de siembra en la región es luego de las últimas heladas, principalmente el mes de noviembre- principios de diciembre.

Agropiro alargado (Thinopyrum ponticum):

A diferencia de las demás, es una especie de fotosíntesis C3 o de climas templados, originaria del Asia menor introducida en el país y naturalizada desde hace más de 50 años. Su ciclo de crecimiento es otoño- inverno - primaveral (OIP) y es reconocida por su adaptación a suelos inundables, y con moderados niveles de salinidad y sodicidad. A nivel de la región de Bahía Blanca, se ha observado una muy alta tolerancia, respecto a otras especies de gramíneas y leguminosas templadas, en las condiciones de sequía extrema de dicho ciclo productivo. Asimismo, se ha constatado una gran aptitud para los ambientes de secano fuera de los bajos inundables de la zona, con suelos de tipo franco, en planicies, incluso de baja profundidad efectiva de suelos (35 a 45 cm a la tosca). Su sistema radicular es muy desarrollado, característica relacionada a su resistencia a los periodos prolongados de sequía como de inundaciones. Inicialmente son muy tiernas y con un alto nivel de digestibilidad pero con la evolución y desarrollo de la planta se vuelven mas duras y su tasa de digestión decrece. Al ser una especie templada donde su calidad se ve poco afectada por las heladas, se la visualiza de gran utilidad para la época de parición de los vientres en invierno previos a la explosión del rebrote primaveral de la mayoría de la forrajeras. En este sentido, su vasto espectro de adaptación a distintos tipos de suelos y manejos estaría demostrando el enorme potencial de esta especie para incrementar y estabilizar la receptividad de los sistemas de la región.

¿Como apoyar este proceso de cambio tecnológico y productivo en una región?

La actividad de un Sistema de Extensión Intergrupal enfocado a la difusión, cooperación de experiencias y resultados, intensificar el monitoreo técnico y avanzar en la precisión de los Sistemas.

Desde hace ya varios años el desarrollo, validación y puesta en práctica de este tipo de tecnologías a nivel de los campos de la zona que venían trabajando con la Agencia de Extensión Bahía Blanca, INTA Bordenave, se materializó inicialmente en tres grandes grupos de productores (ESTE, CENTRO y OESTE) con unidades demostrativas en cada uno de ellos y distintos tipos de experiencias de experimentación a campo y demostración. A partir de 2012 se planteó dar un paso adelante en la efectividad de la Extensión Agropecuaria. De esta manera se organizó un esquema de Extensión apoyado en la división de estos tres grandes grupos en 10 grupos Cambio Rural con sus asesores técnicos nucleados en una Mesa Técnica de Asesores de Grupos de la Agencia.

Este cambio en el sistema de Extensión permitió una mayor frecuencia de interacción entre productores y técnicos, sobre todo multiplicar los ámbitos de discusión, experimentación y monitoreo técnico de los campos para repensar e intercambiar soluciones a los problemas reales observados y concretar mejoras productivas.

La conformación de estos grupos de productores a nivel de subzonas por parajes dentro del área permitió el agrupamiento de vecinos con características agroecológicas semejantes y problemáticas comunes. De esta manera, observamos, que el conocimiento y encuentro periódico entre pares ha hecho surgir múltiples iniciativas, comerciales, productivas y de cooperación de manera espontánea, que empiezan a generar un capital social territorial muy importante. Mientras las actividades Intergrupales están comenzando a conformar una red de grupos de productores que buscan mejorar su actividad y calidad de vida en su lugar originario de radicación.

Asimismo, esta permitiendo conocer la dinámica del trabajo grupal en una región que históricamente dados sus bajos niveles de producción tradicionales, presentaba una muy baja proporción de su población con experiencia previa de trabajo en grupo, asistencia e intercambio técnico aplicado a los sistemas.

A estos objetivos apuesta la Extensión, lograr promover el desarrollo local de los propios actores, a partir de la aplicación del conocimiento científico en forma de tecnologías prácticas que permitan fortalecer sistemas sostenibles adaptados a las características edafo climáticas de cada región.

El desafió en las grandes extensiones de superficie presentes en zonas semiáridas de alta volatilidad en las precipitaciones es lograr conformar sistemas sustentables de alta eficiencia en el uso de los recursos escasos disponibles y con niveles de producción estables entre años.

En múltiples aspectos en este sentido se viene trabajando durante cada ejercicio productivo y en cada Jornada Anual.

Informe especial elaborado en 2014 por el Grupo Técnico de la Agencia de Extensión Bahía Blanca y Cnel. Rosales –

Fuente: INTA EEA Bordenave.

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