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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un Amigo¿POR QUÉ ARGENTINA DEBE DESARROLLAR LA ENERGÍA A PARTIR DE BIOMASA AGROPECUARIA?
10/feb/2015

Contribuciones económicas y sociales

Coordinación y edición: Mgter. Carolina V. Bondolich Investigación: Lic. Agustina E. Izurieta

El sistema energético de un país es fundamental para su crecimiento económico y su desarrollo social. Una oferta energética sustentable, en lo productivo y en lo ambiental, permite un adecuado funcionamiento del sistema económico y, por ende, promueve la generación de puestos de trabajo genuino. Por esto, a la hora de pensar el desarrollo presente y futuro de Argentina resulta fundamental abordar el tema energético.

La biomasa se define como toda sustancia orgánica renovable de origen animal o vegetal, que se produce a partir de un proceso biológico, y que puede ser aprovechada y convertida en combustible. La energía de la biomasa, proviene, en última instancia, del sol. El reino vegetal, mediante la fotosíntesis, absorbe y almacena una parte de la energía solar que llega a la tierra, mientras el reino animal, por su parte, incorpora y transforma esa energía al alimentarse de materia vegetal. Así, en este proceso de transformación de la materia orgánica se generan subproductos que pueden utilizarse como combustibles en diferentes aprovechamientos energéticos.

La energía renovable en base a biomasa se destaca por contar con un enorme potencial para fomentar el desarrollo regional, a través de la dinamización de la actividad económica, la industrialización y la creación de capital físico productivo, el valor agregado, el ahorro de divisas, el aporte a las finanzas públicas de los tres niveles de gobierno, la investigación y el desarrollo tecnológico, y fundamentalmente la generación de puestos de trabajo en las zonas rurales y pueblos del interior.

Una investigación de la Fundación FADA estima los principales impactos socioeconómicos que podría tener la cadena de valor derivada de la generación distribuida en base a biomasa agropecuaria, suponiendo la instalación de 50 plantas de 1 MWh de potencia eléctrica cada una. Estas plantas representarían -en promedio- el consumo energético de 120.000 personas. En base a ello, las contribuciones estimadas son:

• Aporte tributario. $ 220 millones anuales.

El aporte tributario de 1 hectárea de maíz destinada a la generación de energía se mantiene estable ante variaciones en los precios y es un 180% más alto que el de 1 hectárea destinada a la exportación de grano.

• Valor agregado bruto. $ 560 millones anuales que, en términos porcentuales, representan un 130%.

Los cultivos tradicionales utilizados se exportan con bajo valor agregado, así su aprovechamiento como energía propiciará su agregado de valor y su conservación en el país.

• Inversión. U$S 250 millones destinados a la creación de capital físico productivo, uno de los principales determinantes del desarrollo económico de un país.

La acumulación de maquinaria y equipo, junto a su know how, aporta al progreso técnico debido a que la tecnología frecuentemente viene incorporada en éstos. Su integración al proceso productivo promueve el aprendizaje y el incremento en la calificación del personal.

• Empleo. 1.550 nuevos puestos de trabajo, directos e indirectos, con una masa salarial anual de $ 228 millones.

La generación de energía renovable a partir de biomasa agropecuaria promueve la creación de puestos de trabajo a nivel regional, siendo la relación entre empleo directo e indirecto de 1 a 2.

• Ahorro de divisas. U$S 72 millones que permanecerán en las cuentas nacionales y podrán ser utilizados con otros fines.

El ahorro de divisas surge de la sustitución de GNL importado, utilizado para la generación de energía, por biogás producido internamente. Dicha sustitución mejora el saldo de la Balanza de Pagos y disminuye la presión sobre las Reservas Internacionales del Banco Central.

En la actualidad, una parte del consumo interno de energía eléctrica se abastece gracias a la importación de gas natural, lo que conlleva permanentemente a una reducción de reservas internacionales. Paradójicamente, Argentina posee una gran diversidad de materias primas con potencial para ser utilizadas como biomasa para la elaboración de biogás, entre ellas, el silaje de maíz o sorgo y el estiércol animal. En este sentido, resulta estratégico para el país convertir maíz en energía, ya que se transforma un producto que en gran parte se exporta sin valor agregado, en otro que se importa en grandes cantidades. En el proceso se ahorran divisas, se generan empleos y se incrementa la demanda del producto que se exporta.

Los impactos económicos y sociales expuestos de la cadena de valor de la energía a partir de biomasa agropecuaria, así como la multiplicidad de actores involucrados, demuestran la relevancia que puede tener en términos de desarrollo regional.

Acerca de FADA

La Fundación Agropecuaria para el Desarrollo de Argentina (FADA) nace en el seno de la comunidad agroalimentaria con el objetivo de elaborar y contribuir a implementar propuestas de política pública que propicien el desarrollo del potencial del sector agropecuario y agroindustrial, y que permitan mejorar la calidad de vida de los argentinos a través de la generación de empleo genuino en todo el país.

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