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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoECONOMÍA Y POLÍTICA
16/feb/2014

Sería bueno que más temprano que tarde el ministro de economía se ocupara de su labor específica, dejara de lado los ataques a quienes no piensan como él, y sobre todo ensayara un discurso coherente y demostrable.

Por: Héctor Blas Trillo

En estas horas difíciles que, a nuestro entender, está viviendo la República, se conjugan los enojos presidenciales, las declaraciones destempladas de los políticos en general, y la increíble falta de profesionalismo de los encargados de dirigir la economía del país.

La contundencia con que aplico esta última calificación surge, justamente, de las insólitas afirmaciones del ministro de economía en oportunidad de dar a conocer el nuevo índice de precios elaborado por el INDEC. Y es bueno aclarar que al hablar de falta de profesionalismo no estamos pretendiendo juzgar los conocimientos en materia económica del actual ministro, sino sus expresiones, sus ataques a quienes no piensan como él, y la forma en que ha venido reiteradamente negando algo tan obvio como la inflación que carcome los bolsillos de millones de argentinos sin que el gobierno haga, hasta el momento, absolutamente nada. A menos que consideremos que hacer algo significa intentar una y otra vez acuerdos de precios para algunos productos en una moneda que ha perdido toda valía.

Haber pasado de un índice de precios que durante varios años arrojó un coeficiente mensual creciente de no más de 0,8%, y una tasa anual que apenas alcanzaba el 10%; a otro índice que arroja en esta primera oportunidad nada menos que un 3,7% no es un tema menor, ni producto únicamente de un cambio metodológico. Aquel valor promedio se multiplicó por cuatro en esta oportunidad. Es evidente que semejante diferencia no puede ni debe ser atribuida a simples cambios en las ponderaciones o donde sea.

La verdad es que el ministro ha decidido una vez más ignorar la realidad, como cuando, a poco de su designación, se negaba sistemáticamente a utilizar la palabra “inflación”. Y aún hoy sigue haciéndolo. Y es precisamente este punto el que particularmente nos hace hablar de falta de profesionalismo. Porque por más motivaciones políticas que se tengan, por más verticalismo que exista, hay siempre un cierto punto por encima del cual ningún profesional pasa. Y creemos que este señor ha pasado sin ponerse colorado. Y encima pontificando y agraviando a quienes no piensan como él, en una muestra más de la intolerancia reinante.

El INDEC fue intervenido por el ex secretario Guillermo Moreno a instancias de Néstor Kirchner, con el único objetivo de adulterar los índices de precios. Ese tragicómico personaje ocupó literalmente con su gente el ente encargado de las estadísticas y a partir de entonces, sin cambio alguno de metodología y sin ninguna otra razón que tuviera algo que ver con la marcha de los precios de toda la economía, las cifras oficiales comenzaron a alejarse cada vez más de la realidad. Siempre hacia abajo.

Es obvio y sabido por todos que la intención fue política, y fue incluso públicamente reconocida por el personaje de marras en más de una oportunidad. Porque el señor Moreno, en sus increíbles cortas luces, llegó a afirmar que de ese modo la Argentina se ahorraba miles de millones de dólares por el pago de la renta de los bonos indexados, emitidos por el mismo gobierno de Néstor Kirchner un par de años antes de la intervención señalada. Esta gente no previó que alterar los índices en teoría “ahorraba” dinero al Estado, pero al mismo tiempo hacía perder valor a los títulos en posesión de, por ejemplo, la ANSES, que como todos sabemos se quedó de un plumazo con los aportes de millones de futuros jubilados en las AFJP. Y tampoco previó que la adulteración de los índices produjo una sobrevaluación del crecimiento del PBI, dando lugar a que más fácilmente se supere el crecimiento del 3,22% del PBI obligando al país a abonar la renta de los bonos emitidos con cláusula de crecimiento. Y ni qué hablar de la ridiculez a que se llegó de fijar índices de pobreza tan bajos que supuestamente una persona podría comer con 6 pesos por día.

Los daños provocados por semejante estafa se sentirán por muchos años. Pretender supuestamente salir de ella, pero teniendo como laderos del ministro justamente a los dos hacedores del desastre estadístico, tales como Norberto Itzcovich y Ana María Edwin verdaderamente colma la capacidad de asombro. Y ni qué hablar de los intentos de estos funcionarios por explicar lo inexplicable.

La nefasta intervención del INDEC hizo que no solamente las consultoras privadas, sino también varias provincias que calculaban índices de precios propios, comenzaran a distanciarse cada vez más del cálculo oficial. Eso llevó, como se recordará, al oscuro secretario a fijar multas y prohibir la difusión de los trabajos de las consultoras, al tiempo que políticamente el gobierno Nacional presionaba a las provincias para que dejaran de calcular los índices locales.

Que el ministro venga ahora a decir que las consultoras mostraban índices con “un fuerte contenido político” es bastante más que una falta de respeto a la gente; es, también, y ya bastante acostumbrados estamos a su tono, una forma de descalificar el trabajo de muchos y poner intencionalidad en todos los economistas profesionales que, tal como lo hacían antes de la intervención, vienen calculando con sus recursos el índice de precios. Pero, claro, como es costumbre, las acusaciones y los intentos descalificatorios están siempre en la boca de este ministro, que sigue, por lo que se ve, a pies juntillas copiando el estilo de la presidenta de la Nación. Mientras los índices privados se acercaban a los del INDEC ninguno de los encumbrados funcionarios del gobierno tuvo nada que objetar, cuando merced a la trapisonda descripta, los índices oficiales se volvieron ridículos aún para el más osado defensor de la actual gestión, entonces ahí apareció la intencionalidad política. Un recurso tan pueril para intentar zafar de la responsabilidad mueve a risa, a no ser por lo trágico que resulta.

¿Está o no está a la vista al conocer el “nuevo índice” que el cálculo privado estaba bastante más cerca de la realidad?

Ahora bien, el ministro también habló de una “campaña fuerte, furiosa…(para hacerse) de ganancias extraordinarias que no tienen justificación”, cuestión que atribuyó, como es costumbre, a empresarios y comerciantes.

Acá alguna vez estos señores van a tener que explicar en qué consisten tales “campañas”, cómo se gestan y cómo se llevan a cabo, con nombre y apellido, y no con pegatinas al mejor estilo fascista en el Microcentro “escrachando” a individuos supuestamente culpables, sin prueba alguna.

Qué cosa es una ganancia extraordinaria. Cómo la mide el ministro. Cuál sería la parte de la ganancia que no tiene justificación. Cómo es posible que los mayores precios que en principio posibilitarían tal mayor ganancia, se paguen si no hay inflación.

Porque una vez más hay que decirlo: los precios de los bienes y servicios son aquellos que la población puede pagar, no los que el gobierno quiere que se paguen. Fijar precios por debajo del punto de equilibrio produce escasez o mercado negro. Acá y en donde sea. Y esto el ministro lo sabe muy bien. Porque él es un economista supuestamente brillante. Y entonces no puede ignorar lo obvio. Y si no lo comparte debería explicar por qué cree que no es así en lugar de salir a insultar a la gente. Ser un poquito más profesional, un poquito menos pontificador, y un poquito más debatidor de sus razones y motivaciones, en lugar de avalar con su discurso la propaganda fascista que solo sirve para enfrentar a la gente. Falta de profesionalismo es, todavía, una apreciación bastante suave. Porque enfrentar a la sociedad acusando a algunos de ladrones mientras no se dice una sola palabra de qué piensa hacerse con el signo monetario , que pierde valor cada hora como consecuencia de la feroz emisión en que se incurre para pagar el déficit creciente, no es un tema menor.

Porque este señor, y la presidenta de la República, no solo han venido negando la inflación durante todos estos años, o la adulteración de los índices. También se han venido negando, y siguen haciéndolo, a atacar las causas de la inflación, que están en el desmanejo monetario que ahora se intenta tímidamente y sin decirlo, corregir al haber borrado de un plumazo a la ex presidenta del Banco Central para colocar en su lugar a un técnico como Juan Carlos Fábrega.

Y para terminar, algunas reflexiones sobre la especulación, que es el término más utilizado en estas horas por la casta política gobernante. Especular es un verbo que significa, literalmente, jugar con el espejo, moverlo para buscar el mejor ángulo y pode observar mejor aquello que se pretende mirar. La palabra tiene varias acepciones y una de ellas, por derivación, está vinculada a la búsqueda de un mayor provecho económico. En términos generales, todos los seres humanos especulan en la vida para lograr un mejor posicionamiento en donde sea. También lo hacen los animales. Y los países. Y los estrategas militares.

En los años 50, cuando la situación era parecida a la vigente hoy, se incitaba a la población a combatir “el agio y la especulación”, frase a la que se le agregaba: “denuncie al comerciante deshonesto”. Y por supuesto deshonesto era aquél que no vendía sus bienes al precio que el gobierno quería y en el momento en que el gobierno quería.

Pero, claro, el pequeño detalle es que una transacción se hace en moneda nacional. Se entregan bienes a cambio de pesos. ¿quién garantiza en la Argentina la conservación del valor del peso, que hace rato que viene devaluándose y que el gobierno pretende de manera increíble que la gente lo conserve como forma de ahorro?

Hace apenas unos meses se aprobó el Presupuesto Nacional con una estimación de valor para el dólar durante el año en curso de $ 6,30 por unidad. Apenas ha transcurrido un mes y medio y el billete norteamericano está cercano a los $ 8.- Todas las críticas efectuadas desde diversos sectores al cálculo presupuestario chocaron, como no podía ser de otro modo, con las descalificaciones oficiales, los insultos y las pontificaciones.

Sería bueno que más temprano que tarde el ministro de economía se ocupara de su labor específica, dejara de lado los ataques a quienes no piensan como él, y sobre todo ensayara un discurso coherente y demostrable. Sería bueno separar, al menos en lo posible, la política partidaria de la economía. Y sería bueno también terminar con el maniqueísmo, que es una característica muy marcada de este gobierno y de sus defensores en general, incluyendo los “intelectuales” de Carta Abierta, que no emiten un solo documento en el que no se consideren a sí mismos salvadores de patria enfrentados a las fuerzas del mal, que vienen a ser todos los habitantes del país que no concuerdan con su punto de vista.

El reconocimiento de la inflación no ha tenido que ver con un cambio necesario para reflejar mejor la realidad estadística. Ha tenido que ver con las exigencias del FMI de hace ya varios años, pero que ahora resultan imprescindibles para arreglar la situación argentina ante el mundo y lograr alguna forma de financiación, cuestión que está vedada para una Argentina que rápidamente está quedándose sin recursos, merced a las pésimas políticas en materia de importaciones y exportaciones, al increíble déficit energético producto de años de congelamientos de tarifas; y la patética política exterior de enfrentamiento y bravuconería, que llevó a la presidenta a afirmar en su momento que jamás les pagaría un dólar a los llamados “fondos buitre”, cualquiera sea el fallo de la Corte norteamericana. Ahora, con la lengua afuera, la señora, el ministro y en general la cúpula gobernante, están tratando de hacer •”buena letra”, como se sabe. Con el FMI, con Repsol, con el Club de París, con los “fondos buitre”. Esta es la verdad.

Los economistas, y máxime si llegan a ministros, deberían intentar dejar de lado la chicanas políticas, las acusaciones vacuas, los insultos infantiles y toda las pontificaciones, para pasar a analizar números, política monetaria, seguridad jurídica y condiciones para que alguna vez algunas inversiones lleguen al país. Porque lo cierto es que no llegan, pese a que según esta gente nos va fenómeno. No solo no llegan sino que se van. Y esto debe ser explicado, y nada tiene que ver con los panfletos fascistas atacando a comerciantes, o con descalificaciones a “neoliberales” que incluyen a los propios peronistas, muchos de ellos formando parte de este mismo gobierno.

Fuente: EL AGORA

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