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Pasturas y Forrajes
 
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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoCHILE: AVENA LOGRA RÉCORD HISTÓRICO
22/ago/2013

Las exportaciones ya superan los US$ 250 millones y la productividad nacional llegó a 53,6 quintales por hectárea, casi el doble de una década atrás.

Fue en el campo de José Quintas, en Freire, donde comenzó la revolución. El agricultor prestó su fundo para resolver un grave problema de la avena en La Araucanía. La planta usualmente llegaba a los 1,2 metros de altura y un viento o lluvia fuerte en el verano podía tenderla. El grano perdía su capacidad para ser consumido por humanos y solo servía como forraje. Los usuales $30 por kilo que recibía un agricultor se reducían a la mitad producto de ese problema.

A inicios de la década del 2000, Quintas comentó con Jaime Santander, coordinador de los grupos de transferencia tecnológica de la Sofo, el gremio de los agricultores de la región, la posibilidad de adaptar una técnica usada en Europa con el trigo, los reguladores de crecimiento, para tener plantas más pequeñas. Con el apoyo gremial, comenzó la investigación con distintas marcas comerciales y dosis.

El resultado, sin embargo, no fue el esperado. De hecho, fue mucho mejor.

En el campo de Freire no solo lograron reducir en un tercio la altura de la avena, sino que la caña se volvió más gruesa, lo que permitió agregar más nitrógeno a las plantas, con el consiguiente aumento en productividad.

Si un buen productor ubicado en una zona de alta calidad, lograba 50 quintales por hectárea, con la introducción del regulador de crecimiento, más otros avances posteriores, hoy logra sobre 70 quintales por hectárea. No es de extrañar que esa tecnología se adoptara rápidamente entre los agricultores de La Araucanía.

Ese fue el primer paso de uno de los cambios agrícolas más dramáticos de la IX Región.

Según datos liberados la semana pasada por el INE, la avena destrozó récords históricos en la temporada 2012-2013: la mayor superficie, 126 mil hectáreas, y la producción más grande, con 680 mil toneladas.

La guinda de la torta fue la productividad nacional, que llegó a 53,6 quintales por hectárea, casi el doble que antes de los ensayos en el campo de Freire.

De hecho, hoy la avena es el principal producto agrícola de exportación de La Araucanía, con envíos que superan los US$ 250 millones anuales.

Adiós canadienses

El comienzo de la revolución avenera, en todo caso, tuvo un par de pasos en falso. A pesar del avance que representó el acortamiento de la caña de la planta, el rubro siguió marcando el paso debido a los bajos precios que recibían los agricultores.

Los costos de producción rondaban los $40 por kilo, sin considerar el arriendo del terreno, por lo que usualmente la avena, con suerte, daba para pagar los costos. Su principal aporte era servir como rotación del trigo, pues un terreno no puede tener dos años seguidos ese cereal, por la alta probabilidad de un brote de plagas.

El mercado local para la avena sigue siendo limitado. Se estima que el consumo humano llega a 250 gramos al año, lo que podría ser satisfecho por cerca de mil hectáreas, menos del uno por ciento de la superficie de la última temporada. De hecho, históricamente, el principal uso de ese cultivo fue la alimentación de ganado dentro de Chile.

“La avena era el hermano pobre de la agricultura sureña”, resume Andrés Vera, agricultor de Gorbea.

Sin embargo, un cambio en el mercado internacional sacó de las penumbras a la avena chilena a mediados de la década pasada.

Canadá, por lejos el principal exportador de ese producto, comenzó a salir del mercado latinoamericano. Los crecientes costos de los ferrocarriles canadienses volvieron poco atractivo para los productores -ubicados principalmente en el centro de ese extenso país, en algunos casos hasta 2.000 kilómetros de distancia del mar- sacar su producción por los puertos del Pacífico rumbo a Latinoamérica. Para ellos resultaba más rentable dirigirse a su vecino, Estados Unidos.

La demanda por avena en América Latina no se parece a la chilena. En países como República Dominicana, Guatemala o Puerto Rico, el consumo per cápita supera los cinco kilos al año. No solo se consume al desayuno, sino que como bebida mezclada con agua y azúcar, también en galletas y como ingrediente de las populares arepas.

“En países centroamericanos y caribeños se consideraba un alimento funcional, un llenador de panza”, explica Alex Strodthoff, gerente general de Empresas Agrotop.

Mercado más transparente

La Araucanía rápidamente comenzó a bailar al ritmo tropical. El sur de Chile tiene una gran ventaja climática respecto de otros países, pues cuenta con buenas lluvias en primavera, cuando el grano se llena, y un verano relativamente seco. Empresas como Exportaciones Labbé y Molino El Globo, entre otras, salieron a satisfacer la demanda que abandonaban los canadienses. Pronto se les agregó Avenatop, parte del conglomerado de Karina von Baer. También comenzaron a llegar empresas mexicanas y peruanas que empezaron a actuar como poderes compradores.

La salida exportadora cambió el nivel de precios del cultivo en Chile. Los nuevos valores rondaron los 100 pesos el kilo. Incluso la última temporada llegaron a $135 el kilo, por lo que también se convirtió en un año agrícola de ingresos récords para los productores.

“Para mí, la avena es el cultivo más transparente para vender. Existen muchos poderes compradores activos y no hay tantos castigos por análisis de laboratorios, como sucede en el trigo”, afirma Francisco Manríquez, agricultor de Freire.

La sensación de buenas relaciones en ese rubro está extendida entre los agricultores. Conocedores del rubro explican que se debe al diferente tipo de mercado que enfrentan los procesadores de avena y trigo. Mientras que los últimos deben competir día a día con importaciones fluctuantes en cuanto a precio, los primeros firman contratos de abastecimiento con varios meses de anticipación, por lo que pueden asegurar un precio firme a los agricultores bastante antes de la cosecha.

La suma de cambio tecnológico y una mejor comercialización generó un círculo virtuoso. Los agricultores tienen un gran incentivo para mejorar su productividad y las empresas están interesadas en establecer relaciones de largo plazo.

Por ejemplo, una alianza entre el Inia Carillanca y Molino El Globo permitió lanzar a fines de la década pasada una nueva variedad, la supernova, con un mejor rendimiento industrial. En el sur se estima que entre 80% y 90% de los agricultores la usa.

Además, algunos procesadores ofrecen como factor diferenciador contratos a los agricultores, con un sistema de fijación de precios conocidos y asociado al apoyo de agrónomos.

Meta de 140 mil hectáreas

A pesar de las buenas perspectivas, sin embargo, quedan un par de tareas para el rubro. Hasta ahora el 35% de las exportaciones se realiza sin procesamiento industrial. Y no solo se trata de abrir el grano y secarlo en Chile. La avena abre posibilidades de montar una industria desde barritas, hasta galletas, pasando por alimentos secos.

En el aspecto productivo el desafío que viene es aumentar el material genético disponible, con variedades más adaptadas a microclimas sureños.

“Necesitamos tener variedades más resistentes a las lluvias de verano, pues en algunas zonas todavía hay pérdidas por ese problema. Eso es especialmente importante cuando comienzan a incorporarse nuevas área de cultivo”, reconoce José Quintas.

Y para los procesadores la demanda externa actual puede sostener 140 mil hectáreas en el sur. Sin duda, la avena está más saludable que nunca antes.

Baja el precio

Para Alex Strodthoff, el precio a pagar por la avena en la temporada 2013-2014 será inferior al del año anterior. El gerente general de Empresas Agrotop argumenta que la caída del maíz, que está asociado al de la avena por ser usados ambos como insumo en la alimentación de animales, es el principal responsable. Para el ejecutivo el valor más probable será en torno a los $110 a $120 el kilo, un buen valor, pero inferior al récord de 2012-2013.

Fuente: Revista del Campo - El Mercurio

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