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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION: Paladín de la democracia, paradigma de honestidad y decoro intelectual
05/abr/2009

Raúl Ricardo Alfonsín dejó de existir el 31 de marzo, no obstante ya había ingresado a la historia con bastante antelación; varias de las páginas de los anales contemporáneos, fundamentalmente las concernientes al rescate de la democracia, quedaron inmortalizadas por este gran demócrata, con sangre de miles de desaparecidos, lágrimas de los familiares de éstos y, la transpiración de todo un pueblo.

Por: Aldo Norberto Bonaveri

• TRAYECTORIA POLÍTICA

La vida del célebre extinto, fue signada por una opima trayectoria al servicio de las libertades y, de plena coexistencia democrática, valores que se expresan a lo largo de una militancia tan fervorosa como impoluta. Desde el momento mismo en que adquirió sus derechos cívicos se afilió a la UCR, a la que perteneció hasta su último suspiro, simultáneamente se involucró en el debate interno de su partido, enrolándose en el ala más progresista, el Movimiento de Intransigencia y Renovación, orientado por la sangre nueva de entonces, quienes a la postre serían grandes figuras de la política nacional; Arturo Frondizi, Ricardo Balbín, Moisés Lebhensón, Crisólogo Larralde, Oscar Alende, etc.; en 1950 se graduó como abogado en la Universidad Nacional de La Plata y cuatro años despues, se convierte en el concejal más joven de la historia de su Chascomús natal. En 1958 es consagrado diputado provincial bonaerense, en tanto que durante el gobierno de Arturo Illia, 1963-1966, cumple una destacada actuación como Diputado Nacional. En 1965 al joven Alfonsín se le confía la presidencia del comité partidario del primer Estado Argentino, conducción que ejerce hasta 1972.

Derrocado Arturo Illía e instalada la dictadura militar de Juan Carlos Ongania, quien decreta la disolución de los partidos políticos, Raúl Alfonsín emprende la resistencia empuñado el arma de la pluma, así es como en la revista “Inédito” dirigida por el periodista Mario Monteverde, cuenta con su inestimable aporte, utilizando a tal fin para firmar sus editoriales el anagrama de “Alfonso Carrido Lura”, esa batalla contra la dictadura se extendió durante 100 números quincenales, hasta las postrimerías de la llamada Revolución Argentina en 1972.

Raúl Alfonsín se había desarrollado políticamente bajo el influjo del legendario caudillo Ricardo Balbín, empero su convicción de que el viejo partido radical debía adecuarse a la realidad que imponía los tiempos, en 1972 decide conformar una alternativa a la dirección entronizada en 1957, cuando la traumática división partidaria. Así es como funda el Movimiento de Renovación y Cambio, encabezando la formula del nuevo nucleamiento y, secundado por Conrado Hugo Storani, disputa la interna que compite con su similar de la oficialista línea Nacional, integrada por Ricardo Balbín y Eduardo Gamón, para enfrentar en las elecciones generales de 1973 al binomio Héctor Campora - Vicente Solano Lima. Si bien la naciente corriente que encarna el pensamiento progresista del radicalismo, resulta derrotada en esa contienda, ese hito establece las bases de una transformación que resultará incontenible y, forjará los primeros pasos hacia un liderazgo carismático y esperanzador

Su turno llegaría diez años despues, tras extinguirse la más sangrienta de las dictaduras, el “Proceso” . Con la convicción irreductible de sus principios democráticos, que pregonó en todo momento y en cualquier circunstancia, recorrió el país pueblo por pueblo, pronunciando emotivos discursos, los que invariablemente culminó recitando como una letanía el preámbulo de la Constitución Nacional, despertando a su paso el fervor de una sociedad ávida por retornar al estado de derecho, predicado por quien acompañado por Víctor Martínez, se impondría por primera vez el 30 de octubre de 1983, en elecciones presidenciales libres hasta el entonces invicto peronismo. Ocupa la primera magistratura de la Nación hasta 1989. Su último cargo electivo es en 2001 como senador nacional en representación de la provincia de Buenos Aires.

CARACTERISTICAS

Orador brillante y fogoso, imbuido de valores éticos y morales incuestionables; austero, idealista, cascarrabias, apasionado y perseverante. Líder natural de principios republicanos muy profundos, luchador incasable y defensor de la democracia a ultranza.

CONVICCIONES

Cuando la República estuvo acechada no escatimó esfuerzo para encausarla; a Isabel Martínez le requirió un cambio de rumbo, haciéndole notar cuan nefasto para el país era López Rega, ello le valió amenazas de la tristemente célebre Triple A, la que finalmente atentó en su correligionario y amigo Hipólito Solari Yrigoyen, por contraponerse a la ley de sindicatos que arraigaba la burocracia en la organizaciones gremiales.

Cuando estalló la guerra de Malvinas, la Junta de Comandantes aprovechando el impuso triunfalista de entonces y, el espíritu reprimido tanto tiempo por la ocupación británica en las islas irredentas, fleto un avión charter al archipiélago, al que se subieron la gran mayoría de los dirigentes políticos de primera línea; más en esa postura había una excepción, Raúl Alfonsín no se conformó con no integrar aquel contingente, sino que sin titubeos expresó que: “quienes habían entregado el continente jamás podían recuperar nuestras islas”. Su perspicacia le permitió como a ninguno, advertir que aquella trasnochada aventura, significaría el acabose de la dictadura y, en consecuencia la oportunidad insoslayable de reconquistar la democracia.

Durante el ejercicio de la presidencia, sus profundas convicciones, como su espontaneidad, fueron factores determinantes para soslayar el protocolo. Así es como en la iglesia Stella Maris, ante la mirada atónita de los feligreses, subió al púlpito para pedir explicaciones a Monseñor Mediana, que en su homilía había formulado cargos al PEN sin especificar a quien se refería. Tampoco fue óbice ni el escenario, ni el anfitrión, cuando en la mismísima Casa Blanca, rebatió decididamente al presidente Ronald Reagan

Ni bien asumió la presidencia, persuadido que de democracia incipiente no podía erigirse sobre una claudicación ética, no dudó en honrar su prédica de campaña derogando ley de auto-amnistía de los militares, diferenciándose así notoriamente con lo preconizado por su contrincante Italo Luder, quien había concertado mantenerla con la cúpula militar.

SU PRESIDENCIA

Para interpretar cabalmente varias de las decisiones tomadas por Alfonsín en su presidencia, es menester rememorar como era la Argentina de 1983. En aquel tiempo, el país estaba asolado por la intimidación absurda y la animadversión ideológica; ante semejante cuadro de situación fue necesario contar con un conductor de firmes convicciones, pero al mismo tiempo de gran razonabilidad, era preciso superar los estigmas ocasionados por los excesos de aquella cruel dictadura, como el delirio de un terrorismo tan salvaje como inconsciente. Además, había que zanjar las resonancias de una guerra internacional, la que como consecuencia de la adversidad incorporaba nuevas dosis de infortunio, a una sociedad hastiada por tantos desencuentros y frustraciones.

La delicada coyuntura requería un mandatario de las capacidades y características de Alfonsín; ímproba fue la tarea de rehacer los pilares éticos e institucionales de la Nación. En el plano económico recibió el peso abrumador de una cuantiosa deuda externa, en gran medida de dudoso origen, sin reservas monetarias, con el agravante de un aparato productivo destruido en alto porcentaje. Este aspecto no debe soslayarse ni minimizarse, al punto tal que el comportamiento de la economía, es a la postre el talón de Aquiles de la administración alfonsinista.

Es indudable que la presidencia de Alfonsín consiente distintas apreciaciones y opiniones contrastadas. Alternaron aciertos incuestionables con errores evidentes. Evaluando en perspectiva, advertimos existen méritos notorios en su gestión que formaran parte de la historia más gloriosa, también hay que admitir que hubo falencias, algunas por utópicas, otras por impericia de sus funcionarios o producto de diagnósticos desacertados. A la hora de describir equivocaciones, los reproches se concentran en el ámbito de la política económica, en sus distintas variantes ensayadas.

En materia de aciertos, algunos se observarán al analizar los puntos específicos, otros se vinculan con el respeto a los principios que amparaban la vigencia de la libertad y, el afianzamiento del sistema democrático e institucional, o bien atendiendo a demandas de la sociedad moderna. Por cierto, que en la columna del haber cabe insertar la instauración del Plan Nacional de Alfabetización, premiado por la UNESCO, como así también el Plan Alimentario Nacional “PAN”, programa que despertó la atención de varias naciones de Latinoamérica, que luego lo adoptaron. La patria potestad compartida y, pese los cuestionamientos de la Iglesia Católica, la sanción de la ley del divorcio vincular.

ECONOMIA

Como queda dicho, la economía fue la gran asignatura pendiente del gobierno de Raúl Alfonsín y, ello empaño notoriamente la performance alcanzada en otras áreas; prácticamente ningún analista ignora que en sus equipos responsable de hacienda, no evidenciaron estar a la altura que la dura crisis planteada exigía, no obstante, también corresponde señalar las desventuras que en ese terreno debió afrontar; un deplorable estado de la industria que se encontró al asumir y, lo que fue peor, la caída generalizada de los precios agropecuarios en los mercados internacionales.

Las complicaciones financieras surgieron desde el inicio mismo de la gestión, en 1985 Alfonsín “sacrifica” a su amigo entrañable, Bernardo Grinspun en el Ministerio de Economía, siendo reemplazado por Juan Vital Sourruille, éste pergeña el Plan Austral, creando un nuevo signo monetario con esa denominación; en el primer tiempo las cuentas parecen encaminarse y los indicadores responden favorablemente, el alivio dura un año y medio, en 1987 las variables comienzan a hacer “agua” , por lo que se crea un nuevo plan, denominado “Primavera”, las proyecciones gubernamentales no logran su propósito y la situación va empeorando sin solución.

En 1988 el país entró en moratoria del pago de su deuda externa y, en consecuencia el Banco Mundial resuelve suspender cualquier tipo de asistencia. En pocos meses, la inflación aumentó de cerca del 10% a casi el 80%, generando inestabilidad social. Las medidas instrumentadas no producen resultados y la situación se agudiza, arrastrando la caída de Sourrille, quien es sucedido por Juan Carlos Pugliese y luego por Jesús Rodríguez sin éxito alguno. Aquí corresponde mencionar que Alfonsín incurre en un grave error político; advertido por especialistas que la economía tendería a acrecentar sus dificultades, adelanta para marzo las elecciones presidenciales que deberían celebrarse en octubre de 1989, infiriendo que el comicio se desarrollaría en un contexto más controlable. Menen se impone al candidato radical Eduardo César Angeloz y, el escenario se complica más aún.

A la precariedad propia se le sumó un verdadero “golpe de los mercados” inducido, que concluye desatando una hiperinflación que llegó a registrar el 4.700% anual. El dólar se disparó y la hipótesis de estallido social se vislumbraba cada vez más próxima. Ante semejante cuadro de situación Alfonsín entendió que lo mejor era producir la entrega anticipada del poder, lo que ocurrió en mayo de 1989, cuando asume Carlos Menen.

DERECHOS HUMANOS

Será muy difícil que algún argentino pueda cuestionar la política de derechos humanos aplicada por Raúl Alfonsín, los reconocimientos en ese terreno trascienden ampliamente las fronteras del país, al respecto, cualquier lectura de las crónicas de los principales medios de mundo nos dan la pauta de cual es el concepto. Pero más allá de cualquier consideración al respecto, se impone decir que Alfonsín no necesitó llegar a la primera magistratura para sentar su posición.

En 1975, meses antes del golpe militar del 24 de marzo del año posterior, Alfonsín se constituye en uno de los fundadores de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Tamaña conducta en tiempos tan aciagos, desbarata cualquier conjetura que se halla enrolada en esa causa por oportunismo, especulación de rédito político o cosa que se le parezca. La actitud y compromiso asumido por le líder radical en la materia, contrasta substancialmente con retóricas de ocasión o, procederes demagógicos, alentados cuando el riesgo de tal comportamiento es ínfimo.

JUICIO A LAS JUNTAS

A días de ocupar el sillón de Rivadavia, Raúl Alfonsín sancionó dos decretos ordenando el juicio de las juntas militares y los grupos guerrilleros responsables de la violencia durante la llamada "Guerra Sucia" entre 1976 y 1983. Simultáneamente creó la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas “CONADEP”, con el propósito de investigar y registrar los abusos de derechos humanos durante el referido período, la responsabilidad de presidir la misma recayó en el eminente escritor Ernesto Sábato e, integrada por prestigiosas y reconocidas personalidades de diferentes sectores, ellos fueron; Magdalena Ruiz Guiñazú, René Favaloro, Jaime de Nevares, Marshall T. Meyer, Ricardo Columbres, Hilario Fernandez Long , Eduardo Rabossi , Carlos T. Gattinoni y Gregorio Klimovsky.

Del arduo y encomiable funcionamiento de la CONADEP, por unanimidad surgió un informe de valor excepcional titulado “Nunca Más”, el dossier fue entregado al presidente de la nación y, a la postre configuró el documento esencial para que los fiscales Julio César Strassera y Raúl Moreno Ocampo fundaran su acusación ante el tribunal ad-hoc, en el memorable juicio que culminó con la condena a los máximos protagonistas del horror.
El juicio público a los comandantes que habían dirigido a las Fuerzas Armadas durante el auto-denominado “Proceso de Reorganización Nacional”, como a las cúpulas de Montoneros y el ERP, constituyó un antecedente histórico sin parangón. El mundo desarrollado observaba con sorpresa y admiración, como un país periférico, salpicado por golpes de Estado recurrentes, era capaz de llevar a cabo un juicio de tal magnitud, con tanta ecuanimidad y todas las garantías para los acusados.

Para el gobierno no fue tarea sencilla la materialización del juicio, esto quedo reflejado en enfrentamientos con las FFAA, como con el establishment identificado con la dictadura más atroz que azotó la Argentina. Ello le valió padecer tres asonadas militares y, un estado de desobediencia continuo en varios sectores de las Fuerzas Armadas. El proceso demandó 8 meses, por la Cámara Federal comparecieron aproximadamente 800 testigos y, se revelaron entre 20.000 y 30.000 desaparecidos.

PUNTO FINAL Y OBEDICENCIA DEBIDA

Ambas leyes constituyeron instrumentos controvertidos en la gestión presidencial de Raúl Alfonsín. La de Obediencia Debida eximía de responsabilidad penal del terrorismo de Estado a los cuadros inferiores, en tanto la de Punto Final establecía una fecha límite para presentar denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura.

Para muchos argentinos, el dictado de estas leyes significó una claudicación respecto del histórico juicio a las juntas, las resistencias surgieron en las mismas filas oficialistas e, inclusive su sanción no fue acompañada por algunos legisladores propios. No caben dudas que al mismo Alfonsín no le resultó una tarea grata enviar ambos proyectos al Congreso.
Seguramente fueron de las decisiones más difíciles que debió adoptar; para comprenderlas es menester efectuar reflexiones en dos tiempos, por cierto que analizando el cuadro de situación imperante cuando se impulsaron, (el inminente peligro en que denotaba el frágil estado de derecho) y en la actualidad, cuando la democracia esta fortalecida tras 25 años ininterrumpidos de vigencia. Quizás la síntesis más elocuente la hizo Graciela Fernández Meijide al despedir sus restos en la Recoleta; “Cuando ello ocurrió me enojé mucho, y así se lo hice saber, porqué sentí que se hacía injusticia…, pero con el tiempo comprendí que con esto se evitaba derramamiento de sangre y Alfonsín era un pacifista”.

POLITICA EXTERIOR

El manejo de la política externa constituye una de las aristas más destacadas de de la administración 1983-1989. Como principio fundamental, se nutrió del espíritu soberano y neutral que caracterizó a las anteriores gestiones radicales; con los lineamientos ejecutados por el canciller Dante Caputo, se posibilitó la reinserción del país en el plano internacional. Junto a otros gobiernos de la región, nuestro país jugó un rol decisivo en la normalización democrática de Nicaragua.

Un diferendo limítrofe ancestral con Chile, que nos puso en 1978 al borde de la guerra con el país trasandino, Alfonsín convencido de la imperiosa necesidad de resolver problemas que venían de la época de Roca, avaló la mediación realizada por el Vaticano, consultando al pueblo en un referéndum que concitó la aprobación del 87% de los argentinos, la consulta aunque no vinculante fue vital, ya que pese a tan rotundo pronunciamiento, en el senado donde el oficialismo no tenía mayoría, sólo fue aprobado por 1 voto. De esa forma, ambas naciones resolvieron la cuestión del Beagle y, suscribieron el Tratado de Paz y Amistad, por el cual se determinaron definitivamente los límites en 1984

Brasil y Argentina desde tiempos remotos venían desconfiándose mutuamente, tal susceptibilidad hacía que los gobiernos de ambas naciones nunca descartaran una hipótesis de conflicto. La fuerte vocación de paz, sumada a la alta convicción de los beneficios de la integración regional encarnada tanto por José Sarney, presidente de la república hermana, como por Raúl Alfonsín, erradicó las suspicacias existentes y juntos, sentaros las bases para la constitución del MERCOSUR.

FRUSTRACIONES

Una de las iniciativas fundamentales de la plataforma de Alfonsín fue el “Reordenamiento Sindical”, el contenido del proyecto propendía a una ley moderna con la democratización de los sindicatos; el mismo estaba inspirado por un obrero, Antonio Mucci que ocupó el Ministerio de Trabajo. A sólo tres meses de haberse instalado el gobierno radical se trata en el Congreso, en Diputados obtiene media sanción, pero en el senado el oficialismo es derrotado por 1 voto. La reforma laboral que había sido pregonada por Alfonsín a lo largo de su campaña electoral, se derrumbó ante el voto adverso del caudillo neuquino Elías Sapag.

Otro de los grandes sueños malogrados fue el traslado de la Capital Federal a Viedma, Alfonsín estaba convencido de los beneficios que ello traería aparejado, a su entender no solamente se daba un paso fundamental para la descentralización del país macrocefálico, sino que la medida significaba el punto de partida para la integración efectiva de la República, subsanando la contrariedad de una Patagonia con uno de los espacios vacíos más dilatados del planeta, siendo a su vez una región con cuantiosas riquezas, ya sean; energéticas, mineras, ictícolas y de máxima atracción turística. Si bien se votaron dos leyes preliminares, al agudizarse los problemas en otros frentes, la iniciativa quedó en vía muerta.

Soñador empedernido de alcanzar algún día la verdadera unidad nacional, creyó en la utopía de crear un tercer movimiento histórico, superador del justicialismo y del radicalismo. En definitiva una utopía no compartida por los peronistas y recelada por sus propios correligionarios.

DIALOGO

El perfil de Alfonsín se puede definir como dialoguista a ultranza, creía en el a píe juntilla y como tal lo profesaba, firme defensor de sus ideas, pero jamás propenso a la descortesía, el rencor o la descalificación al oponente. En su concepción, si la política no se nutría del dialogo terminaba en agresión.

Defensor de la democracia por antonomasia, no la concebía sino como un proyecto de largo plazo, retroalimentado por el diálogo fecundo y constructivo. Su proceder fue totalmente coherente con su prédica, en el llano lo practicó sin retaceos y, en su función de gobierno, mantuvo innumerables reuniones con políticos de todas las extracciones y, con exponentes de todos los sectores de la sociedad.

HONESTIDAD

Integro, honrado, ninguna actitud de su larga militancia política estuvo vinculada a su lucro personal. Ni el más acérrimo de sus opositores podría objetar su decencia. Alfonsín, es el único presidente de la democracia argentina que no ha tenido en los tribunales denuncias por corrupción, nunca tuvo testaferros, jamás estuvo sospechado, su patrimonio al dejar la presidencia es el mismo que antes de ocuparla.

Su gobierno es por lejos el menos barruntado desde el de Illía a la fecha. Si hacemos memoria, recordaremos que el mayor pecado atribuido a sus colaboradores fueron los pollos de Mazorin, un desliz sin duda, pero si lo comparamos con lo que lo que prosiguió… (Que cada uno saque sus conclusiones)

Esa integridad, le valió en los últimos años el respeto de todos los ciudadanos, cualquiera fuera su filiación. El sentimiento expresado por la multitud que concurrió a sus exequias nos exime de mayores comentarios.

Paladín de la democracia… Ejemplo de honestidad….y Decoro Intelectual…

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