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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION – ¿No será el tiempo de preguntarse por qué hay tantos productores que no adhieren o participan?
05/ene/2013

Cuatro años en los tiempos que corren exigen nuevos retos, abarcar más asuntos que conforman la agenda agropecuaria de coyuntura y sobre todo de futuro inmediato. Bregar por la reducción de los gravámenes que pesan sobre el campo o la pérdida de competitividad, son y serán temas centrales pero no excluyentes.

Por: Aldo Norberto Bonaveri

@AldoBonaveri

@PregonAgro

El 2013 no se vislumbra como un sendero de rosas; los vicios que vienen de arrastre complicando la economía siguen intactos y, el escenario político con el condimento propio de los años electorales, se presenta magnificado por el estilo cada vez más confrontativo del Gobierno, ello constituyen las razones más significativas de los potenciales inconvenientes.

Frente a semejante contexto es menester que la dirigencia argentina, cualquiera sea su cargo y rol, se comporte a la altura de las circunstancias. La tarea no es sencilla y por ende instituye un desafío importante, máxime teniendo en cuenta que en los diferentes ámbitos del quehacer nacional, salvando honrosas excepciones, instituciones de diversos signos muestran asignaturas pendientes. Con esta aseveración no me estoy refiriendo exclusivamente a los dirigentes, ya que si bien ellos son quienes asumen mayores responsabilidades, cada asociado, afiliado o componente de una entidad además de los derechos que le asisten, tienen deberes indelegables.

Si bien las generales de la ley le comprenden a cada organización independientemente de su naturaleza, en este caso me referiré al sector agropecuario en particular, el que además de las implicancias inherentes a las demás expresiones y actividades, debe afrontar el hostigamiento gubernamental. A esta altura de los acontecimientos prácticamente no hay productor que pueda desconocer esta realidad, por lo tanto la dificultad debería ser convertida en oportunidad para involucrarse en la problemática, participando activamente en la vida de las entidades representativas.

El Gobierno ha dado sobradas muestras de no titubear ante cualquier posibilidad de debilitar al sector, dividirlo, discriminarlo e incriminarlo; la derrota inferida durante la frustrada resolución 125 no fue digerida y por lo tanto pretende ser vengada en cuanta ocasión se presenta; los hechos sucedidos desde entonces me eximen de mayores explicaciones. Ante ese cuadro de situación, si el campo no retoma la actitud alcanzada en 2008, lo más probable es que tenga que soportar mayores perjuicios.

En aquella gesta los productores ocuparon los lugares que les correspondía, su proceder colectivo prendió en la población contagiando a diversos actores urbanos; los dirigentes de las diferentes entidades supieron relativizar diferencias ancestrales, entendieron que la consigna era propender a actuar conjunta y organizadamente. El individualismo y los intereses particulares fueron soslayados, así es como esa combinación de factores, talantes, grandeza, convicciones y cualidades fueron determinantes para evitar una exacción sin parangón.

Por entonces se produjo un cambio sustancial en la mentalidad de muchos dirigentes y de las propias bases, el sector entendió que debía comprometerse con la democracia, abandonar en alguna medida la platea y pasar a ser parte de la escena; en consecuencia, las boletas de candidatos al Congreso de la Nación y las legislaturas provinciales se nutrieron de referentes agropecuarios. Los comicios del 2009 evidenciaron un respaldo popular importante, consagrando como diputados nacionales a 12 exponentes del sector, más un senador nacional.

Lamentablemente aquel éxito no alcanzó, en los más de tres años que llevan de gestión la producción de los agro-legisladores en general no colmó las expectativas; probablemente habrán influido la inexperiencia propia y los vicios de sus colegas, no obstante ello no es suficiente atenuante para tanta falta de acuerdos y magros resultados.

La oportunidad perdida es muy grande y el tiempo no retrocede, empero el camino iniciado cuatro años atrás es el correcto. Por cierto que ahora convencer a la ciudadanía demandará esfuerzos mayores y asumir compromisos más elocuentes; también significará una mayor responsabilidad de los representados a la hora de exigir rendición de cuentas.

El desafío es muy grande para todo el sector, hoy en día existen muchos productores que no están afiliados a ninguna entidad de base, otros que lo están y pero no al día con sus cuotas societarias, varios cumplen con esa obligación pero no participan; los autoconvocados que jugaron un rol destacado durante el conflicto de la 125 e inclusive a posteriori, cometen el error de no integrarse a las entidades constituidas.

Gran parte de los dirigentes desandaron la senda emprendida en su momento de esplendor. En algún caso será necesario producir algún recambio, pero seguramente no se trata de un problema estructural, habida cuenta que en aquellos momentos difíciles evidenciaron capacidad para manejar situaciones sumamente espinosas. A la luz de lo ocurrido, entiendo que no justipreciaron adecuadamente el post conflicto, que en realidad nunca se extinguió. Quizás habrá quienes han sufrido el desgaste propio de la confrontación o de ciclo cumplido, en ese caso ellos mismos o en su defecto sus electores deberían producir el remplazo.

En la actualidad retrotraer el espíritu, la voluntad y el comando conjunto que caracterizó a la Mesa de Enlace de otrora es trascendental, más ello sólo no alcanza. Cuatro años en los tiempos que corren exigen nuevos retos, abarcar más asuntos que conforman la agenda agropecuaria de coyuntura y sobre todo de futuro inmediato. Bregar por la reducción de los gravámenes que pesan sobre el campo o la pérdida de competitividad, son y serán temas centrales pero no excluyentes.

La realidad del momento requiere del sector más gravitante de la economía nacional definiciones sobre tópicos instalados o a instalarse. La premisa pasa por asumir posiciones coherentes y sustentables en todo lo relacionado a la biotecnología, modificación de la ley de semillas, propuesta para una ley nacional de agroquímicos, políticas de valor agregado, fomentar el Asociativismo en sus distintas formas especialmente para pequeños productores en maquinarias e implementos agrícolas, capacitación de sus cuadros, etc.

Como ya fue mencionado, es fundamental que el productor se acerque a las entidades de base o filiales y participe, que estás nutran a las federaciones y confederaciones con recursos humanos y con los aportes correspondientes, no obstante se supone que la dirigencia debe escuchar y considerar las inquietudes de sus representados, empero tampoco aquí se agota su cometido…., tal vez ha llegado el momento de replantearse algunos procedimientos, erradicar ciertos preconceptos o dar por sentado determinadas situaciones. Acaso…. ¿No será 2013 el año de preguntarse por qué hay tantos productores que no adhieren o participan?

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