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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION: Errores y contradicciones Made in Argentina
20/jun/2006

De no haberse aplicado restricciones, nuestro comercio exterior de carnes estaría por encima del millón de toneladas, con divisas que andarían por los 1.600 millones de dólares. Vale decir que al record del 2005, lo hubiéramos superado por un 55 o 60%

Por: Aldo Norberto Bonaveri

Argentina constantemente sorprende a los extranjeros, a ellos le resulta muy difícil interpretar muchos de los sucesos que aquí acontecen, aquellos que nos visitan con alguna periodicidad quedan estupefactos de observar posiciones o actitudes, diametralmente opuestas a las que detectaron cuatro o cinco años antes. Ello no lo experimentan solo simples turistas, sino que tenemos gran facilidad para desconcertar a personajes eruditos e informados; claro es que esto no puede llamarnos demasiado la atención, si los propios argentinos a menudo vemos colmado la capacidad de asombro.

¿Cómo entender que en pleno ejercicio de la democracia, con la crisis que terminó con el gobierno de De la Rúa hayamos batido el récord de 5 presidentes en sólo dos semanas? De que manera van a entender que hayamos liquidado en un solo pago la deuda con el FMI, si cinco años atrás éramos para el mundo, un país hundido bajo la devastadora deuda externa de 130 mil millones de dólares, cuyos intereses devoraban un tercio de la renta
nacional, apareciendo como víctimas de la más tremenda crisis fiscal de América Latina; menos aún pueden comprender, cuando alguien llegó a contarles que hace unas cuantas décadas ostentábamos uno de los niveles de vida más altos del mundo y que todo hacía suponer, en unas cuantas generaciones más, estaríamos compitiendo con Holanda, Irlanda o Suecia en desarrollo y bienestar, hayamos retrocedido de forma tal que en el 2001, se nos llegó a comparar por empobrecimiento, ineficacia y desorganización, con algunos estados africanos.

Naturalmente Argentina tiene el privilegio de estar entre los cuatro o cinco países más favorecidos del mundo, más no se puede pedir; la divina providencia nos proveyó de cuantiosos minerales, vastas riquezas marítimas, petróleo, climas variados que permiten a los nuestros fértiles suelos expresar todo el potencial agrícola, prodigo en cantidad y diversidad de especies cultivables, y producir en las extensas pampas las mejores carnes del planeta. Lastima grande que los argentinos, no hayamos sabido aprovechar tanta buenaventura, y aún hoy, cuando desorientamos al mundo recuperándonos de la debacle del 2001, volvemos a cometer errores y contradicciones, los que por sus características bien podemos decir que son “made in Argentina”.

En la década del ´50, nuestro país contaba aproximadamente con 17 millones de habitantes y en sus llanuras pastaban 65 millones de cabezas de ganado bovino, algo así como 3,8 vacunos por persona. Por estos días somos alrededor de 39 millones de almas y el stock ganadero ronda en 54 millones de vacunos, menos de 1,4 “per cápita”. Esto es una clara muestra cabal de las tantas equivocaciones incurridas. Pero no solo nos hemos estancados, hoy, habría que hacer muy bien las cosas para poder volver a contar con el rodeo de otrora, habida cuenta que más de 6 millones de hectáreas de la región pampeana se le han restado a la ganadería.

Un desliz recurrente cometido por distintos gobiernos de turno lo ha constituido el utilizar al pan y la carne como variables de ajuste de la inflación, o los bajos salarios. Ante cualquier complicación en la economía, recrudecimiento de exigüidades salariales o demandas sociales, con distintos matices, las soluciones se buscaron vía intervencionismo del estado. Pero lo peor no es que el poder hubiera inmiscuido, sino de la manera que lo ha hecho. Está bien que el gobierno tenga sensibilidad social y se ocupe de la alimentación del pueblo, sin embargo está mal que lo haga a costas de la actividad productiva que genera los alimentos y recursos, que el país precisa para dar respuesta entre otras, a los estamentos que desea proteger. Acaso ¿no hubiera sido, y no es mejor, subsidiar determinados cortes populares? ¿No es misión de un estadista plantear alternativas de hábitos de consumo o promover la ingesta de otros pábulos o carnes alternativas?

En esta gestión se está subsidiando el transporte público, los combustibles y hasta los peajes, sin entrar a considerar si tales auxilios están mal o bien, ¿Cuál es la diferencia filosófica?, económicamente tampoco resiste demasiado comparaciones, si se le permitiera a los ganaderos exportar libremente, con los precios internacionales y en el actual contexto para la carne vacuna, los ingresos de divisas que ello implica, como las exageradas retenciones impuestas, compensarían holgadamente los costos de tal subvención.

Para justificar yerros incididos ha sido habitual que funcionarios responsabilizaran a los productores por la falta de crecimiento del número de hacienda, no es posible que con las evidencias elocuentes aún se persista con estas ligerezas; ¿Son tontos los productores que pudiendo ganar dinero y no lo hacen?. ¡No es tan complicado determinar los números de la realidad¡. Presentemente en nuestros campos hay 22 millones de vacas, a las que paulatinamente se las ha desplazado a los peores lotes, con esta dotación podemos aguardar la gestación de 12 millones de terneros, cifra muy parecida a la cantidad de hacienda que nos manducamos. Si esta situación no se revierte en 6 o 7 años, será menester importar carne para satisfacer el consumo interno.

Como ya he expresado las equivocaciones en la materia no son privativas de este gobierno, pero también es verdad, que las consecuencias del error de la suspensión de las exportaciones no tienen parangón con el significado de esta medida. Esto en la jerga se puede traducir en “escupir para arriba”, no existe explicación valedera alguna, por que ya no se trata solo de una nueva postergación para los ganaderos, esto constituye un error y una contradicción que conspiran contra el país mismo, y muy caro la habremos de pagar.

Es irracional tirar por la borda las oportunidades excepcionales que se nos ha presentado, seguramente habrá países que no serán tan afortunados acumulando en una centuria momentos tan propicios. Ni el más optimista hubiese pensado este contexto inédito a nivel internacional. Cabe recordar que en menos de dos años Argentina como exportador de carnes salto del 8º al 3º puesto, con una demanda externa dispuesta a llevarse todo lo que tuviéramos para ofrecerle, el mercado interno en crecimiento, precios como hacía mucho tiempo no se presentaban, cuantiosas inversiones en el sector. Si a ello le sumamos que no hace tanto tiempo atrás no encontrábamos plaza para nuestros productos. De no haberse aplicado restricciones, nuestro comercio exterior de carnes estaría por encima del millón de toneladas, con divisas que andarían por los 1.600 millones de dólares. Vale decir que al record del 2005, lo hubiéramos superado por un 55 o 60% ¿Qué más podíamos pedir? ¿Puede el país darse el lujo de despreciar esta coyuntura?

Hoy con la escasez de carne imperante en el mundo, posiblemente hay gente que no mide las consecuencias de no atender a los clientes que fuimos a buscar por el mundo, promoción mediante, tal vez no han evaluado lo que significa no honrar los contratos internacionales. Lo más probable que en mérito a los faltantes, los clientes en lo inmediato y de mala gana, aceptaría una rectificación del gobierno nacional. Empero cuando la situación tienda a normalizar, ¿Qué actitud asumirán los desabastecidos de hoy?

Algunos funcionarios tendrían que ilustrarse con relación a como han resuelto estos intríngulis nuestros competidores. 25 años atrás Brasil y Argentina estaban equiparados en 50.000.000 de cabezas, ahora nosotros estamos en 54 o 55 millones, pero los de habla portuguesa contabilizan un stock de 170.000.000, ellos en el 2000 exportaban 730.000 toneladas, pero supieron traducirla en 1.860.000 en 2005, posicionándose como líder absoluto. Además la hacienda vacuna traccionó las aves y los cerdos ¿Milagro Brasilero?, Yo prefiero decir “Brasil tuvo un Plan Ganadero de verdad”. Pasaron Figueiredo, Sarney, Color de Melo, Cardoso y Lula, con distintas ideologías, diferentes concepciones políticas, pero una sola meta “Desarrollo y liderazgo de Brasil”

Tabaré Vázquez (quien doctrinariamente podría decirse que no está distante del presidente Argentino) no se preocupó tanto por darle carne barata al pueblo uruguayo, entendió que era más positivo ocuparse en fortalecer el tejido social, ¿insensibilidad? No, el socialista moderno privilegió en aprovechar la ola favorable, el valor de la carne se triplicó, pero el estado “supo intervenir” y utilizando subsidios que financiaron las crecientes exportaciones, más un acertado programa promocional de carnes sustitutas neutralizaron cualquier defasaje, sin que por ello la oposición se rasgara las vestiduras, ni los sindicalistas ganaran la calle.

Otro caso para apreciar es Australia, supo cambiar y los resultados están a la vista, en la década del 70 sostenía una formula parecida a la que hoy sustenta la administración kirchnerista: “Gran oferta + precios bajos = Alto consumo interno”, las consecuencias fueron reducción de la tecnología y resentimiento del sistema productivo. Cuando comprendió que el negocio estaba en abastecer el mercado externo, entro en sintonía y hoy es uno de los principales jugadores internacionales.

¿Será nuestro destino seguir sorprendiendo a los extranjeros..?. ¡Si… dejémoslos atónitos¡ sentémonos en una mesa, discutamos con fundamentos y demostrémosle al mundo como los 3.800 millones de dólares que se cuantifica hoy nuestra producción, puede transformarse en un lustro como se convierten en más de 6.000 millones. Manos a la obra


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