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Pasturas y Forrajes
 
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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION – Pensar en verde
31/mar/2011

Las pasturas son una inversión a largo plazo. De su producción y calidad depende su aporte forrajero. Hora de planificar su manejo y convertirnos en productores de pasto.

El primer paso de una buena producción ganadera es generar la mayor cantidad y calidad de forraje posible. En este sentido, el ganadero deberá convertirse, a través de un uso apropiado de las tecnologías disponibles, en un buen productor de pasto. A este proceso lo sostienen tres pilares: pasturas, forrajes y maquinarias.

Marcelo De León , un conocido especialista en este tema y Coordinador del proyecto Nacional forrajes conservados del INTA– nos contó lo que se va a ver en el INTA Expone de la región pampeana: “En esta oportunidad el INTA mostrará toda la tecnología disponible para lograr pasturas y forrajes conservados de calidad y de alto rendimiento. Su aplicación permite la intensificación de los sistemas ganaderos con un importante aumento de rentabilidad”.

¿Qué se entiende por pastura y qué tipos de forrajes conservados hay en nuestro país?

Debemos hacer una diferenciación importante. Mientras que los forrajes conservados son una estrategia para producir alimento para el ganado a partir de cultivos agrícolas o pasturas que se cosechan, se conservan y luego son destinados a la producción ganadera, las pasturas en general están orientadas a producciones bajo pastoreo y se clasifican según la región en la que se encuentran. Así, nos encontramos con la alfalfa, una de las pasturas más clásicas –que se usa también para la conservación de forrajes– que junto con las gramíneas templadas son aptas para la región pampeana, las pasturas tropicales o megatérmicas que son características del norte y el semiárido del país y las anuales como los cereales de invierno y verano. Hay una gran variedad de pasturas y sus características nutricionales y de uso están directamente relacionadas con la región en la que se desarrollan. En este sentido el INTA viene aportando nueva genética de pasturas y cultivos mediante sus programas de mejoramiento de forrajeras.

¿Qué factores se deben tener en cuenta a la hora de planificar la utilización de recursos forrajeros?

La adaptación de la pastura al ambiente –precipitaciones, temperaturas y tipos de suelo– es lo que va a definir el tipo que se puede cultivar en cada zona. Una vez que estamos frente a una pastura adaptada, valoramos la producción y la calidad, dos factores que sirven para determinar cuál es su aporte forrajero en cantidad y calidad al sistema ganadero que podemos implementar en cada caso. En base al uso que se le dará, se podrá establecer su manejo. Así, se podrá definir las épocas de utilización, la carga animal y el tipo de pastoreo a realizar. El objetivo de un manejo adecuado, es la planificación del uso de las pasturas, tendientes a obtener una máxima producción animal, económicamente sostenida y compatible con la conservación de los mismos. La suplementación estratégica y el uso de forrajes conservados son las herramientas más importantes para complementar y mejorar los sistemas pastoriles. Aún así, se requerirá un monitoreo permanente para poder realizar ajustes y así adecuar la oferta a los requerimientos nutricionales de los animales.

¿Qué riesgos se enfrentan?

El primer paso es la implantación de las pasturas, lo que va a depender directamente de las condiciones de las zonas agroecológicas en que se encuentre el campo del productor. Una vez implantada, los riesgos están relacionados con las condiciones ambientales a las que deberá enfrentarse: sequía, exceso de lluvias, altas temperaturas y heladas. En este sentido, la producción de forrajes proveniente de las pasturas es muy variable. Esta dependencia da origen al forraje conservado como complemento. En épocas de alta producción es recomendable realizar reservas para poder usarlas cuando la calidad de la pastura es baja. Así, la suplementación estratégica se presenta como una alternativa para mejorar la respuesta animal en épocas críticas de invierno. Entonces, si bien el costo aumenta al realizar la reserva o hacer el forraje conservado, el impacto que tiene en el sistema de producción es positivo y beneficioso cuando el recurso forrajero se transforma en un producto final de alta calidad.

¿Qué factores garantizan la calidad de los forrajes conservados?

Una opción es hacer silajes de maíz y sorgo, por su alto potencial de producción de forrajes de buena calidad. Este aspecto es esencial para la intensificación de los sistemas de producción. Para lograrlo se deben tener en cuenta una serie de factores como la elección del híbrido, el momento óptimo del picado, el tamaño de partículas, el grado de humedad, la compactación y la conservación. Cuando los silajes son utilizados como principal fuente de alimentación, permiten la conformación de dietas muy bien balanceadas mediante la adición de concentrados proteico y/o energéticos, con un impacto importante en la respuesta animal. Las principales características de estos recursos forrajeros son su alta producción de materia seca por unidad de superficie, con una elevada concentración energética y alta digestibilidad, aunque son deficitarios en su aporte proteico para cubrir las necesidades de los bovinos, por lo que siempre se debe incorporar proteínas a la dieta.

¿Qué implica la intensificación ganadera?

Implica el mejoramiento de una serie de factores de producción, con el objetivo de lograr una mayor eficiencia en el uso de los recursos, una mayor productividad y por lo tanto un mejor resultado económico de las empresas. Los principales aspectos que se deben contemplar para lograr estos objetivos son: obtener una alta producción de forraje de calidad, lograr un alto grado de cosecha del forraje producido, cubrir adecuadamente los requerimientos nutricionales del ganado con dietas balanceadas y plantear modelos de producción estables y seguros con sustentabilidad ambiental y económica.

Una nueva área en la que trabaja el INTA es el agregado de valor: ¿Qué papel juegan las pasturas en este proceso?

Muy importante, porque en muchos casos el agregado de valor pasa por la calidad del producto que se obtiene, tanto para carne como para leche. Parte de ese valor es el tipo de engrasamiento y ácidos grasos que tienen esos productos. Una alimentación a base a pasturas presenta beneficios por sobre aquellos sistemas que no contemplan las pasturas como el engorde en corral o a base exclusivamente de granos. Una producción ganadera eficiente, a base de pasturas, define la calidad del producto final y eso es válido tanto para carne como para leche. El desafío para las empresas ganaderas, es generar modelos alternativos más eficientes, más precisos, que permitan incrementar la productividad con el mejor uso posible de los insumos utilizados hasta ahora –pasturas, suplementos, fertilizantes y genética– para combinarlos adecuadamente según la circunstancia de cada zona y cada establecimiento.

¿Por qué se lo considera “un desafío”?

Porque hablar de ganadería implica que tengamos que referirnos a aquellos sistemas de producción basados en tecnologías de procesos, en los que resulta difícil visualizar el resultado final, cuantificarlo en el tiempo y verificar cuál es la respuesta a la aplicación de cada una de las tecnologías. Sin embargo, en ganadería hay un margen amplio de crecimiento en la medida que se vayan ajustando cada uno de los componentes del proceso de producción, al utilizar tecnologías de intensificación. Esto es posible mediante la planificación y gestión de los sistemas ganaderos y aplicación de conceptos de ganadería de precisión, cuyo fundamento reside en cuantificar y optimizar la utilización de cada uno de los componentes del sistema ganadero

Más voces hacia la precisión forrajera

 “Los forrajes y el agregado de valor en origen”

Ing. Agr. Mario Bragachini

El productor ganadero deberá ser un agricultor eficiente y competitivo que logre las máximas producciones forrajeras de materia seca digestible por hectárea y luego utilice un sistema de cosecha eficiente que le permita almacenar y conservar el forraje con las menores pérdidas. Finalmente, podrá racionar una dieta balanceada de acuerdo al requerimiento nutricional de cada categoría de animales mediante el uso complementario de granos y concentrados proteicos. De esta manera se puede explicar los beneficios que provoca el asociativismo empresarial de productores que –integrados verticalmente a la cadena de valor agroalimentario– pueden beneficiarse con la industrialización primaria de sus granos. Así, podrán pasar de ser un productor de alimento animal a uno de alimento humano de competitividad global. Este agregado de valor realizado desde el origen por los productores y de manera asociativa generará una multiplicación de puestos de trabajo en el interior productivo, lo que logrará un desarrollo regional con inclusión social.

“La importancia de la calidad forrajera”

Ing. Agr. Miriam Gallardo

En Argentina, la competitividad en el uso del suelo por actividades agrícolas más rentables, cambió profundamente el perfil productivo de la ganadería. En este sentido, el clásico modelo ganadero pastoril –asistido con una suplementación coyuntural de tipo estacional– dio paso a un sistema en el que la alimentación de los animales con dietas a base de forrajes conservados –ensilajes y henos–. Estos alimentos –que provienen del procesamiento de cultivos clásicos de cosecha o de pasturas típicas– poseen un valor nutricional que puede ser muy variable según su origen. En consecuencia, la calidad está ligada a adecuados procesos de conservación e influye en los costos de producción y por lo tanto, en la rentabilidad del negocio. Por eso se recomienda aplicar tecnologías de proceso e insumos apropiados en los recursos forrajeros, por tratarse de variables de gran impacto económico que contribuyen a la rentabilidad y sostenibilidad del modelo ganadero.

Contacto: Ing. Marcelo De León

mdeleon@manfredi.inta.gov.ar

Fuente: INTA EEA Manfredi

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