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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION: La lucha por imponer e impedir la habilitación de semillas estériles
05/nov/2006

Con la finalidad de tener una dimensión de lo que significa el mercado mundial de semillas, cabe expresar que hoy ronda en torno a los u$s 23.000.000.000 anuales, en el que una decena de “grandes jugadores” dominan el 30%. Por cierto que si la tecnología “Terminator” tuviera vía libre, en poco tiempo esa cifra se duplicaría, consintiendo dividendos excepcionales.

Por: Aldo Norberto BONAVERI

Aún cuando no constituya una novedad, siempre resulta conveniente tener presente que existen avances científicos, que por distintas razones no se están utilizando; en el presente artículo me voy a referir a uno tan revolucionario como polémico: Técnica de Semillas Estériles cuyo nombre oficial es Tecnologías de Restricción del Uso Genético, “GURTS”, por sus siglas en inglés, bautizado como “Terminator” por el arco opositor al descubrimiento.

La ingeniería biotecnológica desde hace ocho años, tiene disponible el más ansiado de los deseos de la industria semillera. Tan innovadora obtención consiste en producir semillas genéticamente modificadas que no germinan una vez que la planta ha alcanzado la madurez. La germinación se contrarresta con la interacción de tres genes introducidos en la planta, uno de los cuales genera una toxina que devasta la semilla en la fase final de su desarrollo. En síntesis, si las grandes compañías multinacionales, con Monsanto a la cabeza, logran que se autorice la comercialización, tal como vienen bregando afanosamente, este suceso les reportará ganancias faraónicas.

Las semillas originales sembradas en el campo nacen como cualquier otra, las plantas del cultivo que se trate se desarrollan con total normalidad, la única diferencia radica en que los frutos obtenidos en la cosecha de ese ciclo natural, no sería posible hacerlas germinar, pues el desarrollo del embrión ha sido detenido previamente por el referido gen. (Unidad hereditaria que determina que algún proceso se lleve a cabo o no en los seres vivos). Este gen es incorporado en forma artificial en el laboratorio y en el material hereditario que el agricultor adquiere e implanta.

Conforme a lo expresado en los protocolos correspondientes, el gen en cuestión, sistematiza la elaboración de una sustancia que detiene el desarrollo celular específicamente del embrión de la semilla (esta sustancia se produce en ínfimas proporciones, y además no causa daño a los humanos y a los animales, etc.); para que el proceso descripto se ponga en funcionamiento, la simiente debe alcanzar un determinado estado de desarrollo en la planta que la gestó, al tiempo de acumular cierto grado de proteínas.

La patente “Terminator”, EP 775212B, fue otorgada a la empresa norteamericana Delta & Pine Land del holding Monsanto, y al propio gobierno de EEUU a través del Ministerio de Agricultura “USDA”. El registro conjunto tuvo lugar en marzo de 1998. Ese mismo año, durante una conferencia de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación “FAO”, delegados de 20 países africanos vaticinaron que el “GURTS” constituía un peligro para la seguridad alimentaria; argumentando que esa tecnología destruirá la biodiversidad y amenazará los saberes locales y los sistemas de agricultura sostenible de los campesinos del continente negro.

Cabe acotar que con posterioridad las más importantes corporaciones multinacionales; Syngenta, Dupont, Basf, y la misma Monsanto, fueron consiguiendo sus respectivas patentes “Terminator” en distinto momento.

En 1999, merced a una avalancha de protestas emanadas de distintas organizaciones internacionales, dos de las más grandes corporaciones de agroquímicos y semillas del mundo, Monsanto y Astra-Zeneca (ahora Syngenta), se comprometieron a no comercializar las “ GURTS” . Entre las expresiones de reprobación, más de 50 organizaciones no gubernamentales y grupos de agricultores de América Latina, reunidos en Ecuador, formaron una coalición contra la introducción de “Terminator” en el continente. En 2000, el Convenio de Diversidad Biológica de Naciones Unidas adoptó una moratoria de facto en relación con las semillas “Terminator”. En mérito de ello, varias personas e instituciones impugnantes de las “ GURTS”, se relajaron entendiendo que la cesación era definitiva, esto contribuyó a que el tema se diluyera en la consideración pública, pero de ninguna manera ese era el propósito de los obtentores, quienes prosiguieron con ensayos del material y, tramitando nuevas patentes.

En el 2002, la 6º Conferencia de las Partes del CDB instituyó un Grupo Técnico Experto “ad-hoc” sobre Tecnologías de Restricción del Uso Genético para examinar los impactos potenciales de “Terminator” “ GURTS” sobre los productores de pequeña escala, las comunidades indígenas y los derechos de los agricultores.

En 2004, la 7º Conferencia de las Partes del CDB pidió al Grupo de Trabajo sobre el Artículo 8 º, que trata los asuntos relacionados con el conocimiento tradicional, que considerara la tecnología “Terminator”, incluyendo el nuevo reporte del Grupo de Trabajo sobre “ad-hoc” “ GURTS” .

En febrero de 2005, el gobierno de Canadá trató de revocar la moratoria internacional de facto sobre “Terminator” en una reunión del grupo consultivo de científicos del CDB en Bangkok. El canadiense y otros gobiernos también cuestionaron el reporte del grupo de expertos técnicos (conocido como el AHTEG Report) sobre los impactos de “Terminator” en, las comunidades indígenas y los agricultores en pequeña escala.

Si bien las protestas internacionales de diversas entidades rurales y ambientalistas han logrado bloquear hasta el presente la implementación de ésta tecnología, la industria de la ingeniería genética no escatimará esfuerzos y ejercerá toda la presión posible, para obtener la legitimación de la liberación comercial. Su poderío, capacidad de lobby e influencias calificadas componen las cartas fuertes dispuestas a jugar, cuando lo consideren propicio.

Las estrategias van variando de acuerdo a las circunstancias; aquellas promesas de no comercializar las “GURTS”, han merecido alguna revisión, la postura actual contempla la utilización en cultivos no alimenticios en una etapa inicial. Las grandes corporaciones vienen planteando su bagaje de propuestas e influjos en distintos países, con vistas a conseguir las ansiadas patentes; en esa sintonía aguardan resoluciones de: Australia, China, Japón, Sudáfrica, Hong Kong y Turquía. En tanto que el año pasado Canadá y la Unión Europea concedieron patentes de características semejantes a la acordada por los EEUU, se estima que el total de registros de ésta naturaleza, suman ya 30 en el mundo.

Como en toda disputa de largo tiempo, hay gobiernos, organismos internacionales, intereses y planteos fuertes a favor y en contra. El fundamento principal que sostienen las grandes corporaciones está vinculado al costo; obtener cultivares de alta performance por manipulación genética lo justiprecian en un rango de 30 a 90 millones de dólares por variedad; según expresan, inversiones de tal magnitud no se compadecen con la usanza de conservación de semillas, que se emplea en la mayoría de los países del hemisferio sur. Para afianzar esa tesitura, aducen que varias empresas se han visto precisadas a suspender sus programas de investigación en algunas especies.

Al abordar esa temática, enfatizan que los estados agrícolas invierten muy poco en biotecnología (lo que es cierto, los países deberían poner más atención en esos programas para no sufrir tanta dependencia). En contraposición las inversiones de las grandes empresas privadas son cuantiosas. Claro esta que el nivel de retorno es muy desigual según la especie que se trate; mientras en los híbridos pueden resarcirse sin dificultad, con las autógamas (trigo, soja, arroz, etc.) los obtentores relativizan su participación.

Con el propósito de neutralizar los efectos “negativos”, derivados del uso que hacen los agricultores de simientes de su cosecha, en algunos países, tal como ocurrió en Argentina, las compañías semilleras exigieron a los productores a suscribir contratos (aquí denominados “regalías extendidas”), mas los resultados concretos no han sido tan satisfactorios como se habían imaginado. En base a estos comportamientos, las multinacionales aseveran que la implementación de las “ GURTS”, se torna indispensable para proteger las patentes de las nuevas variedades.

Con la finalidad de tener una dimensión de lo que significa el mercado mundial de semillas, cabe expresar que hoy ronda en torno a los u$s 23.000.000.000 anuales, en el que una decena de “grandes jugadores” dominan el 30%. Por cierto que si la tecnología “Terminator” tuviera vía libre, en poco tiempo esa cifra se duplicaría, consintiendo dividendos excepcionales.

Cuando hay en juego tanto dinero, nadie puede poner en tela de juicio que quien tiene los recursos hará lo imposible para imponerlos. En éste propósito hay gobiernos que están tomando roles muy activos; representantes oficiales de Estados Unidos, Canadá, Reino Unido de Gran Bretaña, Australia y Nueva Zelanda, operando “codo a codo” con la industria biotecnológica hacen ingentes esfuerzos para lograr al menos una flexibilización de la moratoria. Así lo intentaron en distintos foros internacionales; la Convención sobre Diversidad Biológica, en celebradas en Bangkok. el año pasado y en marzo último en Curitiba, como así también el ámbito de las Naciones Unidas, y cuanta oportunidad se le presente.

En las antípodas se encuentran los gobiernos de India y Brasil. Para la administración de la segunda población del planeta, el derecho de los campesinos a utilizar sus simientes ésta severamente amenazado, razón por la cual en 2001 se pronunció prohibiendo esa práctica; en la tierra de Gandhi el 90% de los 100.000.000 de agricultores replantan sus semillas y, están organizados en grupos combativos, totalmente refractarios a la introducción de la nueva tecnología. En marzo de 2005, el gobierno de Lula Da Silva sancionó una ley nacional que prohibe el uso, venta, registro, patentamiento y licenciamiento de la tecnología “Terminator”.

En América del Sur ningún país se ha mostrado partidario; Argentina, Uruguay y Chile, aún cuando no han avanzado al dictado de una norma terminante, como lo hiciera el líder del continente, han dado señales de resistirse a la aceptación de tal innovación genética.

Los detractores de las semillas estériles sostienen que éstas representan una amenaza para esos agricultores humildes del planeta, a los que empobrecerán aún más. En varios países, a excepción de algunas especies (girasol, maíz, sorgo, algodón), en las que adquieren los híbridos, los productores infrecuentemente compran semillas autopolinizantes. Arguyen que tienen derecho a guardar o a intercambiar las semillas. Según las Naciones Unidas, más de 1.400 millones de personas, esencialmente campesinos pobres, utilizan semillas de las cosechas precedentes o canjeadas con sus vecinos.

Los enrolados entre los antagonistas a “Terminator”, aducen también, que los campesinos pobres de las regiones tropicales producen 15% a 20% de los recursos alimentarios mundiales y utilizan una gran variedad de especies, fuente de diversidad genética. En tal sentido ejemplifican que en Filipinas, el Instituto Internacional de Investigaciones sobre el Arroz utiliza variedades tradicionales de ese cultivo, a fin de elaborar especies de alto rendimiento, conjeturando que “Si los campesinos consumen o abandonan sus semillas tradicionales para adoptar las simientes Terminator, siglos de diversidad genética de especies podrán perderse para siempre”, así lo expresa Pat Mooney, director de la Fundación Internacional para el Progreso Rural de Canadá “RAFI”, capitoste de una campaña contra las “ GURTS”.

Los científicos adversarios de éste conjunto de técnicas, alientan la hipótesis de que ellas podrían contagiar a otras variedades convencionales, si el polen portador del gen esterilizante se deposita en plantas de campos vecinos. Si esto ocurriera, podrían producirse semillas infecundas, de esa manera los agricultores que hubieran sembrado simientes tradicionales se verían perjudicados.

Quienes suscriben a ésta teoría alegan que los genes dispersados de plantas transgénicas están ocasionando contaminación genética y amenazan la biodiversidad agrícola, especialmente en centros de diversidad genética de cultivos. Para respaldar tales afirmaciones, manifiestan que hay estudios que confirman que las variedades de maíz que cultivan los indígenas en México están infectadas con ADN de maíz transgénico.

Las multinacionales que disponen la tecnología “Terminator”, entre sus estrategias, han implementado campañas para concientizar sobre las bondades del sistema; en sus fundamentos señalan que las “ GURTS”, conforman la metodología adecuada para contener el flujo de genético no deseado de plantas transgénicas (especialmente de los nuevos productos que se están desarrollando, como los árboles transgénicos y las plantas diseñadas para producir fármacos o químicos industriales). La industria argumenta que la esterilidad diseñada genéticamente es un carácter de seguridad del cultivo transgénico, pues si los genes de un cultivo “Terminator” llegan mediante la polinización hasta plantas emparentadas que se encuentren cercanas, la semilla producida con los genes no deseados será ineficaz, no germinará.

Para contrarrestar tales aserciones, Greenpeace discrepa espetando que "La tecnología de ingeniería genética no puede controlarse por las semillas “Terminator”. Al contrario, las cosechas se contaminarán con “Terminator” si se introduce. Esta es una amenaza real para el 80% de los agricultores en el mundo que guardan sus semillas para volver a plantarlas.".

Por otra parte, investigadores “neutrales”, quienes entienden como exageradas las apreciaciones de los opositores más acérrimos, a la vez, admiten que las Tecnologías de Restricción del Uso Genético “GURTS”, son complejas y no puede asegurarse 100% su efectividad y confiabilidad, advirtiendo que algunos eventos biológicos podrían sabotear a “Terminator” y derivar en que algunas semillas permanecieran fértiles.

Mucho se ha dicho, seguramente más copioso aún serán los alegatos en pro y en contra de una y otra parte, habrá lugar a varias batallas dialécticas, y ninguno de los actores tiene en mente resignar posiciones. Una reflexión practica nos lleva a pensar que si se habilita la comercialización de “Terminator”, es muy probable que en todas las plantas transgénicas se incorpore el rasgo de la esterilidad, habida cuenta que la impotencia en la semilla garantiza un monopolio mucho más fuerte que una patente, y a diferencia de éstas, no hay fecha de caducidad, ni excepciones para los fitomejoradores, ni necesidad de litigios.


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