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Imprimir esta páginaEnviar este artículo por E-mail, a un AmigoREEDICION: Fallo esquivo para Monsanto en Europa
20/ago/2006

Lo concreto es que el juzgado pertinente de la UE entendió insuficiente el fundamento de que "la información genética se haya incorporado en el producto y que esté siempre presente en el mismo". Para concluir "Por consiguiente, la protección de la patente no puede extenderse a los productos derivados en los cuales la información genética es residual y no ejerce ya función genética"

Por: Aldo Norberto Bonaveri

La Dirección General de Mercado Interior y Servicios de la Comisión Europea le dio la espalda a la multinacional Monsanto, al pronunciarse a favor de Argentina en el diferendo por el ingreso a Europa de soja generada por semilla genéticamente modificada producida en el país. El dictamen en cuestión avala la exégesis del Gobierno argentino que sustenta que la harina de soja derivada de simiente transgénica que se importa en la UE "no infringe la patente de la empresa Monsanto".

Si bien los especialistas no atribuían a la corporación mayores posibilidades de lograr un resultado favorable, en los litigios no son pocos los casos donde los fallos tribunalicios terminan por no ser lo esperado; por lo tanto, el veredicto trajo tranquilidad a las autoridades nacionales y fundamentalmente al Secretario de Agricultura Ganadería Pesca y Alimentos de la Nación, Ing. Miguel Campos quien no escatimo esfuerzos para que al país fuera aceptado en los estrados del Viejo Continente, ya que de haber prosperado la demanda, la cadena agrícola argentina podía llegar a registrar una baja en la facturación realmente significativa.

Como es conocido, oportunamente Monsanto logró que fueran detenidos varios buques de harina de soja en España, Holanda, Inglaterra y Dinamarca, donde inició procesos judiciales. La compañía, que no tiene patentada en Argentina la tecnología "Roundup Ready", reclamó a los importadores el pago de entre 15 y 18,75 dólares por tonelada. Al efectuar el planteo voceros de la corporación de Saint Louis, arguyeron que dichas acciones constituían un "último recurso" para acceder el cobro de derechos por la tecnología desarrollada.

Lo concreto es que el juzgado pertinente de la UE entendió insuficiente el fundamento de que "la información genética se haya incorporado en el producto y que esté siempre presente en el mismo". Para concluir "Por consiguiente, la protección de la patente no puede extenderse a los productos derivados en los cuales la información genética es residual y no ejerce ya función genética",(texto difundido oficialmente por La Dirección General de Mercado Interior y Servicios de la Comisión Europea) Tal interpretación se compadece con la determinación del gobierno italiano de no hacer lugar a las demandas de Monsanto.

La medida reviste gran significado para la economía nacional en general y en particular para la producción sojera, habida cuenta que establece un elemento de juicio esencial para soslayar embargos y pagos de caución a los que eran obligados importadores de harina de soja en territorio europeo, para poder liberar los cargamentos.

Es evidente que la táctica empleada por la multinacional norteamericana ha fracasado, seguramente al plantear la instancia judicial no estaba en sus cálculos llegar a un pronunciamiento, todo hace suponer que la apuesta tenía como premisa presionar fuertemente para “obligar” a negociar tanto al gobierno como a los productores. Al parecer la querellante no consideró en su exacta dimensión la firmeza oficial, ni tampoco conjeturó acertadamente sobre la repercusión que tendría en los agricultores, aún cuando algunos se mostraron proclives a llegar a un acuerdo, estos numéricamente no eran relevantes y las condiciones del obtentor poco atractivas.

Sin dudas tienen razón los voceros de la compañía cuando difunden que la soja RR es , en gran medida, responsable del boom sojero en nuestro país de la última década. Ubicó al cultivo en el primer lugar entre las distintas especies de cereales y oleaginosos que produce el campo nacional, posicionando a la Argentina como el segundo productor mundial de soja transgénica, el primer exportador de harina y aceite de soja, y el tercero de porotos de soja, en tanto que la Unión Europea es su mercado más importante.

Es tan cierto como que Monsanto introdujo en 1996 con singular éxito la soja transgénica, fenómeno este que no tuvo parangón en ningún otro país que emplea igual tecnología, en virtud de la forma masiva y la rapidez con que se extendió. Para que ello aconteciera de tal manera intervinieron varios factores convergentes; una decisión política por parte de la SAGPyA que no primo de la misma forma en terceras naciones (que se manejaron con mucho más cautela, observando reservas sobre la novedad), la predisposición de los agricultores argentinos por marchar a la vanguardia de los procesos innovadores, y la apuesta fuerte de la corporación que captó la importancia trascendental que significaba tal circunstancia, que le permitía incursionar en nuestro mercado, solo un año después de haberlo hecho en su país de origen.

Por entonces Monsanto tuvo la oportunidad de patentar el gen RR y no lo hizo, ni el más candido podría pensar que no supo o se le paso por alto; para entender el porqué, es menester retrotraerse a aquella época y situarse en el escenario correspondiente. Es axiomático que la estrategia central de los “altos mandos” de la multinacional privilegiaba sobre todo, potenciar todas las acciones que le consintieran arribar lo más pronto y contundentemente, al objetivo supremo de la captura del mercado con su tecnología transformadora. Seguramente los popes de la en aquel tiempo compañía química, (aún no disponían de ninguna empresa semillera), interpretaron que registrar la patente podría haber obstaculizado sus planes.

Alguien podrá conjeturar que ese proceder significaba resignar cifras de dinero muy grandes, pero esto no es tan así, considerando las distintas variables y perspectivas que afloraban diez años atrás, como las que derivaron después, no caben dudas que la política instrumentada en la materia, le brindó a Monsanto excelentes resultados y pingües ganancias. Sobre el particular resulta interesante efectuar un repaso de las implicancias del camino emprendido en los albores de la transgénia en nuestro país:

· El gen Roundup Ready (RR) ingresó a la Argentina luego de una negociación entre las norteamericanas Monsanto y Asgrow, mediante el cual posibilitó a esta última acceder al gen para utilizarlo en sus variedades. Posteriormente Nidera compró Asgrow Argentina y potenció notablemente la difusión de la soja resistente a glifosato en todo el territorio nacional.

· Las condiciones que en esa etapa se comercializaba la semilla genéticamente modificada, establecía la obligatoriedad de compra de glifosato marca “Roundup” cuyo precio era más del doble que en la actualidad.

· Ante el gran suceso ninguno de los criaderos quiso quedar fuera del negocio, por lo que a Nidera se le sumaron Novartis (hoy Syngenta), Don Mario, Pionner, Relmo, etc., a todos ellos vía jugosos contratos de licencia, que estas empresas deben celebrar por cada cultivar que se incorpora la resistencia, y en el que asimismo la contraparte le reconoce la titularidad de la patente. Además, Monsanto percibe un porcentaje de la regalía por cada bolsa original que facturan los obtentores, como así también de la semilla legal que venden los semilleros multiplicadores. Este último ítem es el único donde los pronósticos no se cumplieron (producto de abusos en el uso propio y de la ineficiencia del estado en el control del mercado ilegal)

· Los capitostes que conducían Monsanto infirieron certeramente que si se “encapsulaban” en la patente, el proceso sería mucho más lento y cuantitativamente mucho más restringido, ya que seguramente hubiera generado “anticuerpos”. Aparte de las utilidades que estaría dejando de recoger por el descubrimiento genético, ¿Cuántos litros de menos Roundup habría colocado?. Hay que cuantificar realmente cuanto rédito le proporcionó a la compañía la evolución exponencial, que en solo 5 años había conquistado más del 90% del mercado, concluyendo en la “glifosatización de la agricultura”. Muy difícilmente que otro plan le habría redituado los millones de dólares que este le proveyó

A partir de 2002 Monsanto, con un sistema totalmente consolidado, comienza sus reclamos al gobierno nacional con miras a la implementación de un mecanismo para el cobro de regalías por el uso de las variedades transgénicas. Cabe destacar que con esa “movida” la dueña de “Asgrow” y “Dekalb”, se diferencia de la reiterada petición de sus colegas nucleadas en ASA y ARPOV en torno a las regalías. Es que la legislación argentina reconoce como obtentor, y por lo tanto le otorga el titulo de propiedad a la empresa que obtuvo la creación fitogénitca, (para mayor detalle sugiero la lectura de las siguientes editoriales: “ Es necesario resolver el tema de las regalías” Publicado en el Nº 5 de Pregón Agropecuario y “Monsanto mete presión por regalías” Editado en el Nº 12 – ambos están disponibles en la página Boletines Electrónicos de el sitio www.pregonagropecuario.com)

Volviendo al fallo, el gobierno nacional sostuvo que en la Directiva de Biotecnología 98/44/CE, en su artículo 9º, establece que los productos procedidos de la semilla de soja RR no son alcanzados por la patente de ese gen, puesto que tal norma instituye que “la protección se extiende a la materia en la que se incorpore la información y en la cual se contenga y ejerza la función genética”

Basada en tal elucidación, y en que Monsanto no registró la patente de la soja RR en la Argentina, la Secretaría de Agricultura argumentó que no existía mérito alguno para que la multinacional pretenda derechos de patentes sobre productos provenidos de la soja transgénica exportada a miembros de la Unión Europea.

Corresponde destacar que el dictamen del tribunal europeo no imposibilita la continuidad de las causas judiciales en demanda de resarcimientos por daños y perjuicios, no obstante el pronunciamiento significa un aval importante para el gobierno argentino.

Por encima de del resultado de esta “batalla”, sería fundamental que se intentara en serio una ronda de análisis y debate, para buscar un consenso en torno de la ley de semillas y la unificación de una aquiescencia por las regalías; en ese foro no puede faltar el INASE, ASA-ARPOV, las entidades representativas de los productores, la Federación que agrupa a las Cámaras de semilleros multiplicadores y demás sectores involucrados. Hoy difícilmente haya algún sector que no este persuadido que corresponde y hay que pagar. El tema es cuanto, en que forma y porqué concepto.


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